Sobrevolando en mis pensamientos, me encuentro cierto día guitarreando con mi mamacita, y con un papel y lápiz en mano, empecé a escribir, toda melancólica, esta canción a Concepción, ya que se hacía inminente, la partida a Santiago, por el traslado de mi padre, Armando Álvarez.
“En Concepción nací, bella ciudad natal,
Que tienes río y mar, flores y juventud,
Tus calles tus paseos, tus mañanitas de sol,
Ciudad universitaria, con tu hermoso campanil”.
“Y aunque me vaya muy lejos, te dejo mi corazón.”
En realidad, y a modo de anécdota, nací por casualidad en Concepción, ya que no pudieron atender en el Hospital de Penco a mi madre, la señora Gaby, entonces fue trasladada allá, por ser un parto de alto riesgo, y terminó dando a luz, en el 4º piso, del Regional.
LAS DORADAS ARENAS
Así es que el corazón en realidad lo dejé en Penco, donde crecí junto al mar, con su playa, hermosa y tranquila, con arenas doradas y calientes, casi aterciopeladas, que invitaban a retozarse en ellas, por horas y horas, y ser cómplice de todo el devenir estival playero, sus aguas quietas como piscina; ( pero respetables en invierno, con el poderoso viento sur, azotando sin piedad ) de un azul profundo, meciéndose incesante y divisando a través de la brisa y las gaviotas, el hermoso frontis de la Isla Quiriquina, la Boca Chica, la Boca Grande, los barcos pasando, con su tráfico incesante, y perdiéndose en el horizonte, hasta Dios sabe qué latitudes.
La gente de mi pueblo de un universo muy transversal, la mayoría bondadosa y tranquila, de caminar aletargado y relajado, buena para las fiestas, los cholguazos y el pipeño; las cuecas y las empanadas y por tal razón, me siento versátil en mis andanzas y flexible en mis pensamientos.
(En la foto, la banda de guerra de los scouts marinos de Penco, con un rol destacado de sus girl guides.)
SCOUTS MIXTOS
En todo este ambiente pueblerino, un día y en el afán de mi padre, porque fuera excursionista y a falta de hijos, le planteó esta inquietud al recordado Sr. Lagos, si los Scout Marinos que próximamente quería formar, podrían ser mixtos, ya que tenía una hija… bueno le dijo; “con su ayuda porque no, yo también tengo hijas”, y fue así, como se gestaron los cimientos, casi familiares, que también involucraron a mi madre, la cual dentro de otros tantos esfuerzos porque todo funcionara, se quemaba las pestañas, haciendo los trajes, sacos, etc., mi padre, se trajinaba los bolsillos sacando plata, porque faltaba una trompeta, en fin, también solicitaba aporte a todo pencón amigo que podía.
Un año recuerdo, ya formada la Brigada, fuimos al Jamboree Internacional, en la Isla de Chiloé, (Ancud). “Todos en tren miércale, y arriba los corazones”. Largo e interminable viaje, el coche, lleno de sacos, mochilas, báculos, tambores, bombos y vamos cantando y jugando, ¡ayayay!; pero bien valió la pena, ya que todos regresamos con variadas experiencias y anécdotas por doquier, como por ejemplo, la de Angelmó, casi todos compramos Loros, para que les cuento como venía el tren de regreso, si ya de ida era toda una Odisea; pero muy entretenida por cierto.
DESFILE EN LA PLAZA DE PENCO

(En la foto se ve a Gabriela Álvarez, en la tercera fila, única girl guide de los scouts marinos de Penco. Después el grupo de hizo completamente mixto.)
Entre los recuerdos que más atesoro, de mis tiempos en la Brigada, eran los “18 de Septiembre”, todos amanecían en las afueras de mi casa, de la Población Perú, se izaba el Pabellón Patrio muy temprano, y al son de los estandartes, llegaba y llegaba la gente atraída por la novedad y ante tan sonoro evento. Mi madre, que seguía con sus constantes desvelos en bien de los Scouts, no sentía cansancio, cuando de ellos se trataba, y después de finalizado el homenaje, festejaba a los niños con un rico desayuno con chocolate caliente, para después todos marchar hasta la Plaza de Armas, ya toda engalanada y lucirse en el Desfile, en la más importante Ceremonia Dieciochera, en donde la novedad y las mas aplaudidas eran siempre las Girl Guides.
Hasta estos días me acuerdo con mucha emoción y cariño, haber tenido una infancia tan rica en afectos, solidaridad, compañerismo y tantas otras cosas, en un pueblo realmente pacífico, como el mar que tranquilo lo baña.
Es por eso y para recordar viejos y hermosos tiempos, es que este Dieciocho, lo pasaré en mi “inolvidable Penco”, con mis adorables y coterráneas amistades.
