Si los chilenos somos modestos, los pencones nos pasamos. Veamos por qué: ¿Conocen ustedes la tremenda historia detrás de la Virgen de los Milagros del Boldo? Es la Virgen de Penco, la guardiana de la ciudad, desde los tiempos de la Colonia. Y nuestro mayor homenaje a esa imagen centenaria se reduce a un espacio mínimo en el cerro junto a la calle Membrillar. ¡Demasiado modestos! ¡La ermita debería ser un gran santuario!
El siguiente relato, lo preparé con antecedentes publicados en libros y crónicas históricas. Sin duda la esencia de la narración es correcta:
La Planchada y la Ermita de la Virgen de los Milagros del Boldo, son los únicos testimonios a la vista de la presencia de los conquistadores en la antigua Concepción de Penco.
Al fundarse oficialmente la ciudad al borde de la playa el 5 de octubre de 1550, los castellanos se comprometieron a levantar una ermita en homenaje a la Virgen de Guadalupe, en la loma de Cerro de Landa, hoy sector Membrillar.
Frente a las peores calamidades de la naturaleza: temblores o salidas de mar, los españoles y los criollos de Penco corrían a refugiarse en este lugar. A venerar la llamada Virgen de la Loma venían las viudas y los huérfanos de la Guerra de Arauco.
En 1599 los mapuches destruyeron las siete ciudades fundadas al sur del Gran Río (el Bío Bío), a saber: Imperial, Valdivia, Angol de los Confines, Osorno, Cañete y Santa Cruz. Sólo se salvó en parte Villarrica. Los sobrevivientes se organizaron y corrieron a través de los bosques para buscar amparo en Penco. Como en la ciudad no había casas ni alimentos suficientes para esa gente, fue necesario enviarlas al norte escoltadas por algunos soldados.
Cuenta la historia que la guarnición de Penco estaba muy disminuida, cuando el cacique Ainavillo se dispuso a cruzar el Bio Bio para atacar esa plaza fuerte. Había aquí menos de 50 hombres, en su mayoría ancianos. Ainavillo y sus mocetones subieron los cerros y aislaron la ciudad de los otros fuertes: Chillán, Yumbel y Santiago. Los indios sólo retrocedían ante el cañoneo.
Durante una breve tregua, un accidente causó una explosión en el polvorín que había en la plaza donde se guardaban también las armas de repuesto. Temerosos de las consecuencias, los pobladores de Penco hicieron una ordenada procesión a la Virgen de Guadalupe. Todos iban descalzos, en penitencia. Entonces un vigía gritó que las hordas de Ainavillo bajaban de los cerros.
El capitán Joaquín de Benavides capturó a Ainavillo con cierta facilidad porque el jefe mapuche estaba enceguecido. Le preguntaron por qué había perdido la vista y éste dijo que cuando se acercaba a la ciudad con su montonera, una joven se apareció súbitamente en la copa del boldo que había en el lugar asustando a los atacantes.
Ainavillo dijo que él no se amilanó y atacó el árbol. Entonces, la joven descendió, tomó tierra y se la arrojó a los ojos, dejándolo ciego. Ainvillo cautivo suplicó que le devolvieran la vista. Los sacerdotes conmovidos rogaron a la virgen de Guadalupe. Cuando el cacique recobró la visión reconoció en la imagen de la Virgen a la joven que los había rechazado en el boldo. Desde entonces a la Virgen de la Loma se la llamó la Virgen del Boldo y a partir de esa experiencia, el ejército araucano no volvió a sitiar a la capital del sur.
Estos argumentos son más que suficientes para crear en ese lugar un gran y hermoso santuario que perpetúe la gratitud de Penco y sea además un sitio de encuentro de la cultura chilena y la tradición mapuche.