lunes, agosto 31, 2009

UN CARIÑOSO RECUERDO DE LA PROFESORA MARÍA ADRIANA MEZA

Por estos días se cumplieron cinco meses de la partida de quien fuera vecina de Penco, María Adriana Meza de la Sotta. Profesora de vocación y aptitud , inició su carrera como maestra en Arauco y Coronel y la prosiguió en los años 40 y parte de los 50 en la Escuela de Niñas Nro. 32 de Penco, vecina al Mercado Municipal.
En este último establecimiento, tuvo como colegas y compañeras a Dudomilia Matus, Laura Eriz, Ana Parada, Ana Benavente y varias otras profesoras. Entre sus muchas alumnas, no la olvidaron nunca Nieves Núñez, Celmira Dueñas y las hermanas Chávez, algunas de las cuales la acompañaron en un último adiós.
Sobrina de Julio Meza y de Dudomilia Matus, llegó a su casa de calle Penco 250 luego de quedar huérfana en Santiago, su ciudad natal. Allí formó su familia con Enrique Wenger, quien fuera empleado de Fanaloza antes de dedicarse a la actividad privada. El matrimonio tuvo siete hijos.
En los últimos años, Adriana Meza se dedicó con amor a la poesía luego de participar en talleres formativos en Concepción en donde residió los últimos 45 años. Publicaciones, encuentros en el país y en el exterior y varios galardones, fueron reconocimientos que recibió siempre con modestia y sencillez.
Su fallecimiento ocurrió en marzo de este año cuando se aprestaba a celebrar 92 años, en momentos en que leía poemas en un taller a amigas en Concepción al mediodía y como consecuencia de un accidente vascular cerebral.
M. Adriana Meza, llevó toda su vida a Penco y su gente en el corazón y nunca dejó de mantenerse en contacto con sus amigas y con su gente. Sin duda Dios la tiene ahora en su reino, desde donde podrá seguir creando poesía y compartiendo sus emociones con humildad y sencillez.
(MAX  WENGER)

miércoles, agosto 26, 2009

¿PAUL ANKA EN PENCO?: SUEÑO DE UNA NOCHE DE INVIERNO

Paul Anka actuando en el Arena Santiago.
          La clásica voz de Paul Anka emergió como un submarino nuclear que aflora repentinamente en un mar calmo. Fue como una señal del ayer vibrando, sonando en el presente.

            I’m so young and you so old, oh Diana…

         El cantante en primer plano y más atrás una orquesta con doce músicos, emitiendo cada detalle auditivo de las canciones originales registradas en mi memoria. Al minuto de la primera interpretación, me transporté. Mi imaginación voló del teatro Arena Santiago, a Penco. Porque para mí, la voz de Paul Anka está ligada a la imagen pencona. Y estoy seguro que a miles de los presentes en el recinto, les ocurrió lo mismo, en sus mentes se agitaron escenas de adolescencia.

           Tonight, tonight, my love tonight…

       Mientras Paul Anka continuaba su concierto, su voz me acompañaba recorriendo con mi imaginación Penco y sus calles, La Planchada, los olvidados casinos de la orilla de la playa, los puentes del estero. O el Wurlitzer, de la fuente de soda de la señora Amanda. Porque tener a ese cantante al frente interpretando esos mismos temas, no quedaba más opción que regresar a los orígenes con la piel erizada por emociones.
            It was your love…

         Fueron más de dos horas de concierto y de aplausos. Paul Anka demostró su vigencia con un talento de clase mundial. Su voz suena igual que en el Wurlitzer de la antigua fuente de soda pencona, que hoy ya no existe. Con Nancho Ramos, César Arriagada, Rubén Careaga y tantos otros amigos, reuníamos peso a peso de los bosillos para hacer sonar el equipo y oír una y otra vez esas canciones. Y de nuevo giraban los discos de Paul Anka, Diana: "Put your head on my shoulder" y tantas, tantas otras.

      Trescientas imágenes de Penco, de caras amigas, de muchachos de entonces se agolparon en mi mente, como una galería de fotos puesta en el modo de presentación. Y como se trataba de imaginar, me preguntaba: ¿Y si en vez de cantar aquí en el Arena Santiago, este show estuviera desarrollándose ahora mismo en el estadio de la Refinería? ¿Cuántos miles de amigos de entonces estaríamos ahí en la cancha coreando y avivando aquellas canciones de otros tiempos? In the Garden of Eden se oiría por calle Membrillar, por Las Heras, subiría por calle Talcahuano hasta el Recinto. Las melodías a alto volumen llegarían hasta la plaza y tal vez más allá.

           ¿Amigos pencones, por qué no soñar de vez en cuando?

jueves, agosto 20, 2009

FALLECE UN ANTIGUO VECINO DE PENCO



Ha dejado de existir en Penco el antiguo vecino de la comuna don Alberto Segundo Hormazábal Alarcón, quien cumpliera recientemente 86 años.


Don Alberto realizó numerosas obras por el bien de Penco y sus habitantes, entre ellas integró la Junta Central de la Edificación de la actual Parroquia. Como se recordará el terremoto de 1960 destruyó la antigua iglesia. El señor Hormazábal también dedicó sus esfuerzos y contribuyó en la fundación del Hogar Santa Catalina.


Trabajó durante treinta años en la Fábrica Nacional de Loza, Fanaloza. Su numerosa familia, amigos y conocidos testimonian hoy su lamentable partida. Los funerales se efectuaron el sábado 22 de agosto, luego de una misa en la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen.


En la fotografía, de marzo de este año, aparece don Alberto Hormazábal junto a su esposa Chelita, luego de participar en una ceremonia.

martes, agosto 18, 2009

EL SABOR DE LOS DESAPARECIDOS ALMACENES


El comercio de Penco también tiene su historia. La segunda mitad del siglo XX recuerda la presencia y el tesón de familias que se esforzaron por prestar un buen servicio y también de hacer sus propios negocios. Hubo familias de ascendencia italiana que tenían la mayoría de los rubros, pero no todos.


Recordada fue la tienda de don Héctor Boeri, en la esquina de calle O’Higgins y Robles (foto 1 hoy). Un emporio con un largo mesón donde se expendía de todo. Desaparecido don Héctor, la tienda declinó y terminó por cerrar. La esquina después adoptó otros giros.


Don Atilio Zunino tenía un almacén en calle Alcázar con la línea, jun
to a la cancha de Gente de Mar (foto 2 hoy en día). Era habitual ver carretas en la puerta del negocio, donde se abastecían de fardos de pasto para los bueyes. El almacén de don Atilio tenía una exclusividad, vendía quesos muy sabrosos, fabricados con leche con toda su crema. Vecinos de Penco desde los lugares más distantes se acercaban a esa tienda para comprar los mentados quesos.


El hermano de don Atilio era don Gerónimo Zunino, quien inició el negocio de los helados en el local de calle Penco entre la línea y Freire. Desarrolló un tipo de helado especial que bautizó “bocado”, lo que hoy sería un helado de vainilla. Zunino vendió después la heladería al turco Marco, quien siguió con la fábrica y acogió ideas de vecinas penconas, como la señora Inés Braun quien le sugirió que hiciera helados de frambuesa, con muy buenos resultados (foto 3 hoy).

Gardella era un gran negocio en la esquina de Yerbas Buenas con Freire. Don Guido Gardella creó un emporio con vitrinas y mesones. Entrar al local era percibir una mezcla de olores y aromas, de los diversos productos a granel que expendía. La tienda fue adquirida después por otro gran comerciante de Penco don Mario Zúñiga.

El negocio Mancinelli estaba por Cochrane al llegar a Infante. Don Manuel Mancinelli tenía el pelo crespo y la tez roja, un hombre fornido, quien atendía personalmente a su abundante clientela. Eran los tiempos de las vacas gordas de Fanaloza.

El Almacén Chile era propiedad del señor Monteguirfo, de calle Freire al llegar a Membrillar. La tienda era muy conocida por sus buenas ofertas y resultaba difícil no recomendar que tal o cual producto estaba más barato en el Almacén Chile.

La distribución de los productos CCU en Penco corría por cuenta del almacén Melitón, en la esquina de Las Heras con Talcahuano. El negocio era atendido por la familia, pero en particular por la señora Pepa.

Las dos farmacias del pueblo eran la Farmacia Méndez, de don Luis Méndez y la Farmacia Penco, de don Óscar Olavarría(foto 4). Ambas tiendas se turnaban por semanas para atender emergencias nocturnas. No era raro ver a pencones afligidos por un dolor de muelas golpear la ventana de esta última donde solícita atendía la señora Pastora.
(La Panadería Jofré será tema de otro post.)

lunes, agosto 17, 2009

LAS GRACIAS DEL PERRO DE DON JOSÉ

Cuento de Iván Ramos Castro.


Fue en aquellos fríos días del mes de junio de los años setenta. - ¿Que celebrábamos? - ¿Y qué vamos a celebrar gil oh! - No se puh cualquier g.- El gordo Beltrán después de medio orientarse propuso que nos juntáramos en la plaza de Lirquén. - ¿Les parece a las seis..? - Démosle pues, allá nos vemos, sin achaplinarse. Celebrábamos las dos últimas horas libres de clases en el Liceo, el profe de artes plásticas estaba con gripe o enfrascado de dia viernes. Fin de semana largo, mañana a las nueve un partido de futbol en la cancha de Gente de Mar contra el Atlético F. C. Bueno, que más, seguro que don José después del partido nos va a mirar con enojo, pero así es el futbol, esta vez les vamos a pasar por arriba. Yo iba a jugar por un combinado de jugadores de los clubes Miramar, Cerro Porteño, Unión Cruz y el Coquimbo Crav en un clásico en homenaje al Club más antiguo de los barrios de Penco. Llovía, salimos del liceo como a las cinco de la tarde y me fui derechito a la parada de buses, era cruzar la plaza nomás y en un dos por tres ya estaba en Lirquén. - Un ratito nomás cabros, tengo partido mañana. Ahí estábamos, el gordo Nelson, el flaco Belmar, el Tomate Rivera, el Ariel Muñoz y quién les cuenta. Vamos donde Cayo a picar algo. Y fuimos puh. Rebuscamos en los bolsillos, monedas y algunos billetes los cuales fueron aumentando las esperanzas de pasar un rato agradable en el bar de nuestro amigo ubicado allá en el Barrio Chino. El ratito se fue animando a razón de unos cuantos chufláis y unas empanaditas de mariscos para picar, después otra jarrita de chuflái, otras empanaditas, salud carajo, ¡viva la libertad!- El gordo Nelson estaba eufórico y medio agresivo. -¿qué, dijo el flaco Belmar, acaso estabai preso guatón..- Mi amigo el Tomate, más sobrio que nosotros nos paró en seco: - Nada de política, ni de religión. Seamos tolerantes, hablemos de algo interesante, de pintura o literatura por ejemplo. Ni lo uno ni lo otro, optamos por enfrascarnos en el tema del futbol. Mi amigo el tomate escuchaba a cada uno, escuchó y escuchó los mejores goles del Beltrán en el patio del liceo, las mejores paradas de pelota del Flaco, el oportuno saque en boca del arco de..- ¡Ya basta! me cansaron, ¿alguno de ustedes conoce algo sobre Robles Acuña, Lavanchy o de quien m.. pintó el mural de la estación central en Conce.- Este gil ya está curao, dijo el flaco Belmar, vamos a llevarlo a su casa. El gordo Nelson se opuso, había mandado a preparar un curanto, pero como nos vieron pelando, no le pararon bola. Nos fuimos caminando por la línea férrea rumbo a Penco después de sacar a empujones al Nelson de aquel lugar, pues le quería dar unos puñetes al Cayo por lo del curanto. - Vámonos por Cerro Verde Alto. Y subimos. Llegamos encendidos, agitados y con la garganta más seca que una lija. De pronto frente a nosotros, el muro blanco y silente del Cementerio. Nos miramos, y después de pensarlo brevemente decidimos brincar y atravesar el Campo Santo saltando de tumba en tumba y haciendo maromas frente a los silenciosos habitantes de los nichos adyacentes. Fue cuando el Tomate Rivera dijo: - Entre las doce y la una se remueven las losas de los sepulcros y las aves que velan el reposo de los muertos, alzan vuelo para espantar a los intrusos que les perturban el sueño que debe durar hasta el dia del Juicio. - Pensé que mi amigo se había vuelto más loco o estaría leyéndose algo de Edgar Allan Poe o de otro autor medio misterioso. Eché un vistazo a la esfera luminosa del reloj que me regalara mi viejo. Chuuuch..es casi la una.., y justo cuando el gordo Nelson gritara:-¡Yo no creo en h..! - se escuchó un sordo aletear de una gran bandada de pajarracos ocultos entre los nichos vacíos. La carrera que pegamos fue a una. Lo terrible es que mientras más empeño y fuerza le imprimíamos a nuestras extremidades, parecíamos simples corderitos corriendo en cámara lenta. Era el sello del miedo, sentíamos por nuestras espaldas un frío espantoso y pesado, el que se fue disipando a poco de llegar cerca de la entrada. - ¡Que susto de madre carajo! - Poco a poco nos fuimos calmando, y luego hasta nos reímos a gritos imitando a personajes como el inefable y siniestro doctor Mortis o a más de un personaje de la serie radiofónica, "Las Confesiones de un Espejo". De nuevo la burla, pero detrás, el miedo. Vamos, salgamos de acá.., - Brincamos por sobre los nichos por un costado de la entrada principal, el flaco en su apuro se metió de cuerpo entero dentro de un nicho vacío dándole un fuerte golpe a la pared del fondo, escalamos y..- escuchamos unos gritos de espanto, de verdadero terror. Entonces vimos como a cuatro tipos que salieron corriendo cuesta abajo como almas que lleva el diablo. Bajamos y allí bajo el alumbrado, en el suelo y sobre un pedazo de tela vimos tiradas unas cartas de baraja española, unas cuantas monedas y un gran fajo de billetes sujetos por un elástico. Lo recogimos todo y pegamos carrera por senderos alternos hasta llegar a la vía férrea. La aventura no termina allí, el hambre nos acorraló hasta "El Casino Oriente", Emilio Jr. se nos acercó preguntándonos de quién veníamos escapando. Plata había y sobraba, pedimos cuatro mariscales calientes y dos botellas de blanco.., y que sea rápido. Suculenta la comida, calmada la sed y el hambre, ya eran cerca de las dos y media. Fuimos, nos fueron o que, pero el flaco Belmar se fue a dormir a la casa del Nelson allá en la calle Yerbas Buenas, El Tomate tomó rumbo por la calle Cruz y yo, comiéndome la cuesta hacia Penco Chico. Así pasan las cosas, de andar pelando sin niuno en el bolsillo, a tener para darse un banquete a lo señor. Llegué tarde al partido, bien pasado el segundo tiempo e íbamos ganándole al Atlético una pepa a cero, Don José estaba serio, junto a él un enorme perro pastor alemán, y que la mascota del equipo. Veremos en que te ponemos, fallero, me dijo el entrenador y capitán de nuestro combinado, el "Beno" Torres quien por esa época jugara de titular por el "Fanaloza" junto a otros conocidos como el viejo Ocaranza. El partido estaba al rojo, Atlético presionaba, en eso vi al perro de don José merodear por donde estaba nuestra ropa por un costado de un bote. El muy descarado se pegó de un costado de la embarcación, levantó una pata y nos orinó la ropa, los zapatos y el orgullo propio. Perro de m..., después regresó junto a su amo echándose a sus pies como si nada. En eso, un pitazo, se detiene el partido y sacan al Tiuque Monsalve, el arquero nuestro, totalmente nocaut después de chocar con un delantero del equipo contrario. Llegó la orden: Vas por el Tiuque Pájaro..- y allí bajo los tres palos me creía el Misael Escuti, Yashin, la araña neg..en eso un tiro y goool, goool, y yo parado ahí bajo el arco como un pájaro bobo. Nos empataron y no moviste un dedo jetón y el juego ya termina, concéntrate en el juego, concéntrate en el..viene el ataque, un centro, el delantero salta a cabecear, yo también salté y puenteo el balón con fuerza, sentí un fuerte dolor en mi mano y caí sobre mi atacante quien se desploma aparatosamente sobre la arena, sobre él don José lo auxilia con prontitud, lo vi que sangraba, sangraba espeso de una de sus orejas. Don José le aplicó un paño e hizo presión sobre la herida mientras sus compañeros lo sacaban a un costado de la cancha. La barra del Atlético fue implacable, me gritaron de todo: anda a pelear pal Roberto Ovalle abusador, penal, penal, el arco se me hizo inmenso, el delantero, ya repuesto del nocaut se metió de nuevo al juego, carajo, estoy seguro que le dí a la pelota con el puño flojito, por eso me torcí la mano con el balón, y el arbitro, viejo ciego y de por ahí mismo.., pero la sangre, esa estuvo fea. Y vino la cuenta de los doce pasos, balón en el punto y el agraviado tomando distancia, vino el pitazo, el verdugo pega la carrera y..se detiene justo antes de patear, pero también justo al momento en que volada hacia el palo vertical izquierdo, mi cuerpo patinó unos centímetros, me permitió ver, con rabia y desesperación como el infeliz se puso de espaldas a la pelota y darle un suave taconazo mandándola por el centro al fondo de la red. Casi ahí mismo, se termina el partido, mis compañeros se fueron molestos, por supuesto con el principal culpable, o sea Yo. Los orines de la mascota ya medio se habían secado, me vestí y guardé mi equipo en el bolso, de pronto una voz. Era don José: “mira cabro, vente con nosotros”. Compró unos refrescos en un negocio que quedaba a mitad de cuadra de allí antes de llegar a la Población Perú, el perro daba vueltas entre los muchachos como celebrando el triunfo de su equipo, el delantero goleador tragándose la Bilz, se tragaría las cataratas de Iguazú el desgraciado este y seguiría tragando, alguien le quita su bolso y lo lanza por los aires celebrando, la camiseta rayada del número nueve se desprendió del bolso y me cae sobre el hombro, lo agarro y observo, la mancha roja, aun húmeda desprendía un olor dulzón por mi nariz, don José reía, entonces, no me quedó más remedio que acompañarlo en su gracia. Aprendí que además de condimentar la pasta, la pomarola también puede definir un partido.

martes, agosto 11, 2009

MANIFESTACIÓN CONTRA LA TERMOELÉCTRICA

El Diario El Sur on line publicó la realización de un acto de protesta en Penco, contra el proyecto termoeléctrica. El texto de la nota es el siguiente:

En el marco de las acciones en contra la instalación de una planta termoeléctrica en Penco, a manos de la empresa Southern Cross, se realizó hace instantes (alrededor de la 13:00 hrs. de hoy martes 11 de agosto de 2009), una multitudinaria protesta de pobladores y estudiantes, los que llegaron hasta la plaza de armas de dicha esa ciudad.
La masiva protesta se realizó por las principales calles de Penco, la que fue liderada por un grupo de allegados, a quienes el Gobierno les prometió una vivienda, pero el problema, según dicen, es que éstas se están levantando al lado del terreno, donde se instalaría esta termoeléctrica.
La representante del Movimiento Ambiental Bío Bío, Carolina Pineda, señaló que “se trata de un problema que va más allá, pues la raíz radica en la falta de políticas medioambientales por parte del Gobierno”.
En este contexto, Rodrigo Vera, concejal (UDI) de esa comuna, precisó que “no podemos aceptar una termoeléctrica en Penco, ya que va contra el potencial turístico de la zona”.
Agregaron que no sólo ellos serán afectados por esta nueva empresa, sino también Penco en su totalidad, además de Tomé, Concepción y Talcahuano, pues enfatizaron que “por los vientos la contaminación afectaría a todas estas comunas y no sólo se reduciría al lugar geográfico donde se pretende instalar”.
La edición impresa del diario abordó el tema del proyecto de termoeléctricas en la que reproduce citas del alcalde Cáceres, como se puede leer a continuación. (Para verlo ampliado, hacer click dos veces)

martes, agosto 04, 2009

EL RECORDADO DOCTOR SUÁREZ

Por Nelson Palma
       
       Si la comunidad de Penco tuvo un médico para recordar con respeto y cariño, ése fue el doctor Suárez.
Emilio Suárez Ordóñez nació en Cochabamba, Bolivia, en 1890. Siendo joven decidió venir a estudiar a Chile, no tenía claro qué. En Santiago decidió seguir medicina graduándose en la Universidad de Chile en 1923. Participó como médico voluntario en la guerra del Chaco (1932-1935) entre Paraguay y Bolivia, escenario en el que alcanzó el grado de mayor de sanidad. Después trabajó en las salitreras del norte y en hospitales capitalinos. Luego de ejercer en la zona campesina costera de Maule y Ñuble, llegó a Penco en 1936, contratado por la Refinería. Al poco tiempo conoció a Inés Braun, hija del ingeniero alemán Egidio Braun, quien fuera traido a Chile por Gildemeister para construir la planta Refinería de Azúcar de Penco (para entonces no era CRAV). Egidio Braun y su familia vivían en la hermosa casa señorial, que aún se conserva, en calle Maipú camino al fundo Coihueco.
El noviazgo del doctor Suárez con Inés, una joven educada en la Inmaculada Concepción y el Colegio Alemán, condujo al matrimonio, el que se celebró en 1939. Luego de vivir algún tiempo en el hogar de sus suegros, el doctor Suárez construyó su casa frente a la plaza, en la calle Penco 260. Entretanto, el doctor era cada vez más reconocido y querido por la comunidad pencona destacando por su abnegado servicio. Nunca lo movió el interés de hacerse rico con su profesión. Fuera de sus horarios de trabajo, atendía a decenas de pacientes sin recibir dinero a cambio. En noches con lluvia salía a ver enfermos en Penco Chico, Lirquén, Cerro Verde. Pescadores agradecidos venían personamente a la casa del médico a dejarle merluzas frescas para retribuir servicios a modo de pago.
Después de dejar la Refinería, el doctor Suárez fue contratado por Fanaloza, donde se hizo más conocido y apreciado aun. En el intertanto, el doctor participaba en una serie de actividades sociales y académicas. Fue socio de Rotary Club de Penco, integró sociedades médicas penquistas y fue socio fundador de la Universidad de Concepción. Alcanzó altos grados como miembro de la logia masónica local. Recibió la nacionalidad chilena en 1954. Era un gran amigo de la lectura, tenía varias ediciones del Quijote de La Mancha, uno de sus libros favoritos. Recordada fue la celebración en 1973 de los cincuenta años del curso de oro de Medicina de la U. de Chile, encuentro que se realizó en Concepción. El nombre de Emilio Suárez Ordoñez está junto a los de Hernán Alessandri, Sótero del Río, Manuel Avilés, Hernán Grez, Jorge Garretón Silva, Othmar Wilhelm, Salomón Margulis y Luisa Pfau. Son numerosas las historias de personas relacionadas con la vida del doctor Suárez en Penco. Una de ellas: un conocido vecino de Lirquén, Emilio Navarro lleva ese nombre en honor al médico que atendió su nacimiento. Manuel Suárez, hijo menor del médico, recuerda que a la madre de Navarro se le diagnosticó un inminente parto muy difícil. El doctor Suárez le aconsejó irse al hospital de Concepción. Por algún motivo, ella no pudo hacerlo. De modo que aguardó el alumbramiento en su domicilio. Como el riesgo vital era muy alto, el médico tomó la decisión de acompañar a la mujer por más de un día en la espera del parto, de ese modo el niño nació sin inconvenientes. Y por eso, Navarro se llama Emilio. El doctor Suárez tuvo tres hijos: Héctor Emilio Suárez Guglielmini, médico pediatra (fallecido); Donato Suárez Braun, médico oftalmólogo radicado en Curicó; y Manuel Isidoro Suárez Braun, ingeniero, quien heredó la casa paterna de calle Penco 260. Manuel recuerda también un episodio muy revelador de la admiración del pueblo por su padre: “Hubo un concurso en la escuela 32 de Penco, en la que el señor Óscar Conteraras, otro ilustre vecino pencón, preguntó a una estudiante que cuál era la edificio más importante de Penco, esperando por respuesta la municipalidad, la estación o el cuartel de carabineros. Pero, la niña respondió: la casa más linda de Penco es la del doctor Suárez…” El médico Emilio Suárez Ordóñez falleció a la edad de 92 años, el 7 de septiembre de 1982. Son miles las personas de Penco que recuerdan al doctor Suárez, pero aun no sabemos de ninguna calle local que lleve su nombre.
(Foto de arriba, una de las últimas imágenes del doctor Suárez.)
La casa del doctor Suárez y familia en calle Penco 260.

Emilio Suárez Ordóñez y su señora Inés Braun.

La casa señorial de los Braun en calle Maipú, camino a Coihueco.

El doctor Suárez junto a su hijo mayor Héctor Emilio.

(N. de la R.: Agradecemos el material biográfico entregado por el ingeniero Manuel Suárez Braun, así como las fotografías de familia.)