martes, abril 13, 2010

EN PENCO TODO TIEMPO PASADO FUE MEJOR


Mediaguas de emergencia se levantan en la cancha del cura. Para quienes no se ubican, es el espacio que queda frente a la iglesia de la refinería, en el recordado recinto de Penco. Son techos sin las comodidades mínimas, habitaciones frías poco atractivas.
Valga esta situación para comparar sin ánimo crítico los estándares distintos para momentos similares de la historia pencona. Por causa de los terremotos y los maremotos, Penco ha vivido en los últimos cien años, con casas de emergencia.

Hubo pabellones de emergencia en Alcázar con Freire. Luego del sismo de 1939, episodio conocido como el terremoto de Chillán, el gobierno construyó veinte casas para cobijar a familias víctimas de la destrucción.
Pero, aquellas casas estaban a años luz de las mediaguas actuales. Tenían dos piezas grandes, con un corredor que podía ser cerrado para crear otra habitación y una patio techado al fondo, que de cerrarse creaba un cuarto ambiente. Disponía de cocina con un pollo para hacer fuego y una campana para sacar al aire libre el humo, los gases y los vapores. Pegado a la cocina, con acceso por el lado opuesto, estaba el baño perfectamente equipado con ducha y lavamanos.
Y si eso era poco, tenían un pequeño patio donde los vecinos podían criar aves, cultivar hortalizas, construir nuevas habitaciones o contar con espacio suficiente para instalar hornos de barro.
Esas eran las casas de emergencia del siglo XX. No hay comparación posible con lo que vemos hoy y eso que entonces el país era más pobre. Junto con esta crónica publicamos dos fotos con las mediaguas actuales y los pabellones de emergencia. Esta última imagen es un testimonio gráfico del fallecido don José Riquelme, que nos ha hecho llegar su sobrino Andy.

jueves, abril 08, 2010

DEMUELEN LA ESQUINA DE LA ELBITA

     Más que el terremoto de 1960, éste modificará la fisonomía de la ciudad y los cambios se llevarán para siempre pedazos de la historia de Penco. En la esquina de Alcázar con Las Heras se ha perdido una casa añosa que permaneció erguida prácticamente todo el siglo XX: la casa de la familia 
Aburto. Me informan que Elba Aburto, con toda su larga existencia enraizada en esa casa, es la principal damnificada. Mientras la demolición de la antigua construcción de adobes está en marcha, ella tendrá que amoldarse en alguna mediagua. Es la realidad de una mujer, adorada por sus padres y heredera de esa esquina del recuerdo.
       Durante los años de 1950 la familia administraba un almacén, normalmente atendido por Elba. Recuerdo el piso de madera y un enorme mostrador que hacía ángulo contrario con la entrada. Allí sentada o de pie estaba Elba atendiendo a sus clientes, que en verdad no eran muchos. El almacén era alto, oscuro y fresco con olor a objetos antiguos, como si hubiera estado prestando sus servicios al público por más de un siglo. El almacén y la casa serán demolidos porque con el paso del tiempo ya no pudieron seguir resistiendo los corcoveos de la tierra. El terremoto, con su mano destructora remueve lo que hay que remover y plantea desafíos de nuevas construcciones que moldeen el nuevo siglo, otra fisonomía y otra historia para vivir y contar en el futuro.
ELBA ABURTO en el ángulo superior derecho, al centro su hermano pedaleando una bicicleta. Al fondo, la casona demolida después del terremoto de 2010. (Fotos de Andy Urrutia tomadas de Facebook).