miércoles, octubre 20, 2010

CUANDO PENCO RECORDABA A SUS MUERTOS

Por las razones que hubieran tenido las autoridades de Penco de esos años, se decidió establecer el cementerio en el sitio que ocupa actualmente. Se abrió un espacio en la ladera del cerro rodeado de bosques –porque así debió ser--, y comenzaron a llegar los deudos con los primeros difuntos. El perímetro estaba abierto, por lo que se podía entrar por cualquier parte. Como un cerco de alambres de púa era insuficiente, se planteó la opción de construir nichos, los que servían de muro. Sin embargo, estos muros siempre presentaban grandes brechas creadas por los sucesivos temblores y terremotos.

El cementerio estaba a cargo de la parroquia pencona, en tanto católico el recinto excluía a los difuntos que habían profesado otro credo dentro del cristianismo. Este hecho creaba problemas. ¿Dónde sepultar a los evangélicos? Algunos eran enterrados inmediatamente afuera del perímetro, a la espera de una reconsideración. Algunos se quedaron ahí para siempre.

Pero, éste no es el tema de esta nota. Es un intento por recordar cómo el pueblo de Penco rememoraba a sus muertos cada Primero de Noviembre. En los años cuarenta y cincuenta, el cementerio estaba semi rodeado por el flanco sur y poniente de tupidos bosques de pino. Sólo las perspectivas del norte y el oriente permanecían despejadas. El viento se colaba entre los encumbrados pinos creando ese sonido típico, como un susurro lúgubre. Para ir al cementerio había que subir por un camino estrecho que cruzaba el bosque. En los descansos, con cruces clavadas en los troncos de los pinos, el sonido potente y triste del viento creaba el clima psicológico adecuado que precedía la llegada a un cementerio. Un dicho popular de entonces, algo cruel, para señalar que alguien estaba próximo a la muerte era: “está listo para irse al fundo los pinos”.

Sólo dos veces al año los niños de Penco se levantaban antes que rayara el sol: para ir a la murtilla en Semana Santa y para visitar el cementerio el Primero de Noviembre. Había competencias: quién llegaba más temprano al lugar. Lo curioso era que aquellos competidores de madrugada tan pronto alcanzaban su destino se percataban que ya había gente arreglando las tumbas y floristas exhibiendo sus ramos en la puerta principal.

El cementerio se convertía en un paseo para visitar las tumbas de seres queridos y de amistades idas de este mundo. En los callejones se desarrollaba una intensa actividad social. Allí se encontraba gente que no se había visto por largo tiempo. Los bosques que rodeaban se convertían en un espacio de esparcimiento, donde centenares de familias hacían picnic y pasaban la festividad compartiendo con los demás, luego de haber dejado flores.

Los bosques permitían protegerse del potente sol de noviembre, los niños correteaban entre los pinos y los más grandes aprovechaban las pendientes como toboganes para deslizarse en “chalacas”. Los árboles dejaban algunos espacios suficientes para improvisados partidos de fútbol, en los que tomaban parte todos los familiares.

Junto con lo anterior florecía un comercio informal. Dueñas de casa se convertían en entusiastas cocineras de sabrosas empanadas fritas. Pero, el producto que más se vendía eran las nalcas, unos tallos muy finos y delgados a los que los campesinos añadían pequeñas porciones de sal.

Tan informales eran estos comerciantes improvisados que no era de extrañar oír ofertas como la siguiente: “Vengan niños a comprar, prueben la novedad del día a diez pesos: nalcas con sal o si quieren también tengo dulces con azúcar”.

Así transcurría el Primero de Noviembre alegre y en familia, en que todo Penco se convertía en una enorme familia reunida en torno a los recuerdos y a las imágenes no olvidadas de seres queridos.

lunes, octubre 04, 2010

¿UN PUERTO RUSO EN CERRO VERDE?



Una chica Bond.


El gobierno de Salvador Allende estudió en 1972 la posibilidad de construir, con algún préstamo soviético, un gran puerto pesquero estatal en el sector de El Refugio, al norte de Cerro Verde. Una delegación vino de Moscú a Penco para imponerse de las condiciones naturales de la costa con el fin de adoptar decisiones: financiar y construir o dejar la idea de lado.



Funcionarios del gobierno de la UP acompañaron a los rusos que, parece vinieron a Penco con fines turísticos y gastronómicos más que a otra cosa. Después de un sabroso almuerzo en el barrio chino de Lirquén, los visitantes se fueron en autos a la playa El Refugio. Sin
Turistas chinos se divierten en Vladivostok.
duda que esa visita también serviría a los rusos para calibrar los ánimos: hasta adonde podría ser viable la experiencia chilena al socialismo.  La presencia de los funcionarios moscovitas traía de la mano a Penco el escenario de la guerra fría, con todas sus consecuencias, incluida las ficciones de James Bond, los agentes secretos y el espionaje estratégico.

Algunos de los rusos tomaron fotografías. Uno que parecía el jefe miraba a su alrededor con lentes de larga vista y gesticulaba con los brazos, mientras un intérprete traducía diciendo que al jefe le parecía que El Refugio sería un gran puerto tanto para una flota pesquera chilena, como para buques factoría rusos que operan en alta mar. El jefe miraba con curiosidad el orden natural de la bahía, preguntaba a los chilenos sobre la altura de las mareas y hacia dónde estaba el norte. Luego se tomaba el mentón en actitud pensativa y decía a través de su intérprete que él apostaba porque el Kremlin realizara ahí una inversión de muchos millones de rublos.

Los funcionarios chilenos que acompañaban a la delegación soviética imaginaban un peregrinar interminable de barcos pesqueros atracando en los modernos muelles y una entusiasta actividad en tierra, generando centenares de puestos de trabajo de la más variada índole. Hay que aprender ruso, pensaban los anfitriones. Esto va a ser como un Vladivostok chileno en chico, ese puerto soviético del Pacífico septentrional, se decían entre ellos, mientras que los rusos comentaban sus propios asuntos en su lengua ininteligible para los dueños de casa. Mucha gente de Cerro Verde --mayormente curiosos-- no daba crédito a tanta bonanza económica en perspectiva. Estos últimos mezclados entre esos extranjeros que hablaban su idioma duro y carraspeado en la playa de El Refugio, creían que por fin le había llegado la bonanza a Cerro Verde. El puerto pesquero internacional va a quedar al ladito, se decían los más audaces mirando casi con reverencia a los empingorotados funcionarios soviéticos.


Sector de El Refugio en la actualidad.
 Pero, al igual que otras iniciativas y promesas de progreso ésta no se materializó. Los rusos se fueron para siempre, el gobierno de Allende fue derrocado, Pinochet les hizo la cruz a los soviéticos y años después el régimen moscovita también se vino al suelo. El cuento del puerto pesquero estatal pasó por un zapatito roto y hoy El Refugio en lugar de hospedar a un pujante puerto pesquero industrial del estado, cede sus espacios para la empresa portuaria privada de Lirquén.

Daniel Craig (James Bond) y su chica Camille Montes (Olga Kurylenko) en Quantum of Solace (2008). Caminata imaginaria por Cerro Verde, Penco.



Si el imaginario puerto soviético en Cerro Verde se hubiera materializado, los británicos --en el contexto de la guerra fría-- se las habrían arreglado para incluir a El Refugio en un escenario para alguna de las películas de la saga de James Bond. Imagínese usted al agente 007 huyendo en su auto por las polvorientas calles de Cerro Verde, acompañado de su chica...
(Sólo se vive dos veces, tema de la película de James Bond en la interpretación de Ren Harvieu con el acompañamiento de la Orquesta Filarmónica de BBC, dirigida por Robert Ziegler. Presentación en Londres con motivo de la celebración de los 50 años de la saga cinematográfica.)
 

UN SITIO BALDÍO DONDE ESTUVO FANALOZA

¿Descorazonador?

Sí, descorazonadoras son las fotos que me ha enviado Andy Urrutia Riquelme y que nos muestran el amplio espacio que han dejado las máquinas luego de retirar los escombros de la antigua planta de Fanaloza, que se levantaba en la manzana comprendida por las calles Toltén, Cochrane, Infante y Freire. Los niños que han nacido hoy en Penco no tendrán la imagen de la vieja fábrica grabada en sus memorias. Para ellos, la industria nunca habrá existido. Es la ley de la vida.

La planta vajillería de Fanaloza funcionó la mayor parte del siglo XX en ese espacio. Fueron miles los obreros y empleados los que trabajaron a lo largo del tiempo en la industria. Esa labor les permitió mantener y hacer crecer a sus familias y hacer grande la economía de Penco.

Fue una fábrica que dio tanto empleo a la población local, que era habitual ver en la esquina de Cochrane e Infante a personas esperando su turno para una entrevista en el edificio de la administración --que aún permanece en pie--, con miras a obtener un trabajo allí. Esta demanda por mano de obra generó migraciones de familias de los campos, cuyos jefes de hogar terminaban siendo obreros de esa fábrica.

Fanaloza laboraba con un régimen de tres turnos. Tenía una sirena eléctrica de la segunda guerra mundial, que marcaba el comienzo de cada turno y el mediodía. Más que un llamado a su gente para presentarse al trabajo, la sirena era una alarma. En Europa usaron ese tipo de alerta ante la proximidad de un ataque de la aviación enemiga durante el conflicto. Oírla de lejos parecía el largo maullido de un gato.

Fanaloza tuvo una vida provechosa para Penco, pero también fue un fiero impacto al medio ambiente. Durante un tiempo fue una costumbre de la administración arrojar los desechos industriales en la playa, que si bien no eran orgánicos ni mal olientes, creaban problemas. Esta operación se cumplía a la entrada del camino a Cerro Verde. Camiones con loza rota arrojaban su carga al mar, la que debido al efecto de las corrientes terminaba en la playa. Hasta que se terminó esa práctica y el balneario se libró de los platos rotos.

Hay que recordar con cariño sin olvidar que también se cometieron errores. Cuando veo el espacio del barrido de las máquinas de demolición sobreviene una pena grande. Pero, habrá que pensar en positivo, que el lugar podría ser usado en creativas nuevas ideas empresariales, ideas limpias, renovadoras y modernas que levanten otra vez a Penco y devuelvan a su gente la fe y la esperanza.