Sunday, August 07, 2016

ALGUNA VEZ HUBO PECES DE AGUA DULCE EN EL ESTERO PENCO

El río avanzando hacia su desembocadura entre dos tajamares.
Sí, el río tenía un comportamiento distinto. No era como lo vemos hoy, en que está extendido a todo lo ancho, de muro a muro. Entonces estaba canalizado por el centro, hecho que dejaba dos bandas de pasto por ambos costados. Esta curiosa característica permitía caminar por los costados y a su vez hacía más profundo el curso de agua. No era extraño, por tanto, ver a niños corretear por el pasto o permanecer sentados por allí con una caña intentando capturar algún pez. Había peces de agua dulce en el estero. Los improvisados pescadores empleaban corchos para mantener sus carnadas y anzuelos en condiciones de lograr picadas. No era extraño que los más expertos tuvieran a su lado el resultado de su paciencia: varios pececitos pequeños capturados, relucientes al sol. Cuando uno contaba estas cosas, los más irónicos preguntaban que cuántos zapatos rotos o tarros vacíos de conserva habrían agarrado los pescadores amateurs, evocando los chistes de Condorito.
Aspecto del río en verano, extendido de lado a lado.

Cuando hoy en día miro el río desde los puentes, compruebo que la imagen descrita más arriba no existe, el cauce avanza hacia el mar lentamente entre malezas y vegetales ocupando todo el lecho, sin dejar la opción de corretear por sus costados. Y da la impresión que ese comportamiento no se debe a que haya aumentado el volumen de agua que pasa por allí, sino a que el antiguo concepto de río acanalado dentro del espacio de los tajamares cambió o se modificó. Igual, tengo entendido que la autoridad tienen contemplado aplicar mejoras sustanciales al estero para recuperar su aspecto y darle más relevancia, no en vano es parte de la historia de Penco. Baste recordar que era el límite norte de la ciudad colonial, que fue un lugar apropiado para lavar ropa y que marcó una división imaginaria de Penco en dos sectores: un área de la ex Refinería de azúcar y la otra de Fanaloza.


 

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