Thursday, August 13, 2020

ROSITA BRAVO EJECUTÓ COMO NADIE EL ARMONIO DE LA IGLESIA DE PENCO

ARMONIO, foto tomada de internet.

       La iglesia estaba con su capacidad completa. La aglomeración bloqueba la puerta principal que daba a la plaza. Por ese motivo, el silencio se hacía más imponente esa mañana de noviembre en que un grupo de niños de ambos sexos, luego de aprobar su curso de catequesis, se presentaba en el templo para su primera comunión. El cura y sus acólitos con sus relucientes indumentarias para la ocasión observaban a la grey reunida y silente en los momentos previos a la celebración. Las niñas y los niños que comulgarían por primera vez lucían sus tenidas nuevas y cada cual mantenía en su mano y con el brazo semi levantado un nardo de pétalos blancos. Los estómagos crujían vacíos por el respeto debido al precepto de no desayunar antes de recibir la hostia. Siguiendo el uso clásico anterior al Concilio Vaticano II, las mujeres cubrían sus cabezas con velos negros, las mayores, y con velos blancos las jóvenes. Los hombres vestían dignamente sus trajes oscuros. Y aquellos que usaban sombrero, lo sostenían en una mano apegada al pantalón en señal de respeto.
          En ese ambiente de expectación, el sacerdote giró la cabeza a su derecha, todos miraron con él en esa dirección. Ahí estaba la conocida vecina Rosita Bravo sentada frente a un hermoso armonio lutúrgico de color caoba. El cura le hizo un imperceptible gesto. Era la seña que ella esperaba para presionar sus dedos contra el teclado, puesto que desde hacía rato tenía sus falanges apoyadas ahí. Una ayudante le sostenía partituras. El bello y ronco sonido, pleno de personalidad, del armonio se oyó con fuerza en todo el espacio de la iglesia y el coro que estaba cerca de ella cantó con energía el “Espíritu Santo”, una dulce emoción se apoderó de los corazones. La ceremoia de la primera comunión de 1957 en Penco había comenzado.
         La iglesia católica del pueblo ocupaba el solar donde hoy está el auditorio parroquial, como aquella quedara en muy mal estado a causa de los terremotos del 21 y 22 de mayo de 1960, hubo que deshacerla. Seguramente el armonio se dañó también o lo trasladaron a otro recinto. Desde entonces las ceremonias religiosas en la iglesia que se levantó al lado y que hoy es símbolo local ya no cuentan con la sonoridad del armonio.
         Interesante es recordar que quien ejecutaba ese instrumento con gran maestría era Rosita Bravo, una mujer de unos 50 años, que vivía en la casa paterna de Las Heras con Alcázar. En ese lugar ahora funciona un centro de diálisis. Ella trabajaba atendiendo el negocio de abarrotes su padre. Rosita era diligente y rápida detrás del mesón. En la esquina opuesta había otro negocio, menos surtido eso sí, que atendía la Elbita, una mujer un poco menor que Rosita. Ambas eran amigas, a pesar de la competencia comercial.
         Al final del día, Rosita Bravo se arrancaba del negocio e iba a la iglesia a practicar en el armonio. Tocar piezas en ese instrumento exigía gran coordinación porque como usa fuelles que se inflan por la acción de pedales, requiere dedicación y práctica. En virtud de esa habilidad, de sus conocimientos de música, y de su entrega a actividades pastorales, era conocidísima en la comunidad católica local. No supe de otra persona que tocara el armonio en Penco en esos años, de allí que Rosita estuviera presente en casi todas las ceremonias que requerían de ese sonido único, cargado de notas sagradas, que evocaban los coros gregorianos o la misa del Papa Marcello₁... El armonio pencón se lo llevó el terremoto del 60. Algo parecido ocurrió con las frases y las oraciones en latín que pronuncicaba el cura, pero esto último debido a los aires modernizadores del Concilio Vaticano II.
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₁ Autor: Giovanni Pierlugi da Palestrina 1562.

Monday, August 10, 2020

EN PENCO NOS GUSTABAN CANCIONES QUE NO ENTENDÍAMOS


          Las radios de esos años rara vez difundían canciones en otro idioma que no fuera en español. Tonadas, tangos, boleros y marchas conformaban las parrillas de las emisoras comerciales. Las interpretaciones más solicitadas por las audiencias eran de Lucho Gatica, Antonio Prieto, Raúl Shaw Moreno, Violeta Parra, Sonia y Miriam, Ester Soré, Carmencita Ruiz, Carlos Gardel, Guadalupe del Carmen, Enrique Balladares, Monna Bell, etecétera. En realidad los discos de esos cantantes no eran solicitados por el público, salvo en programas especiales, era la oferta que hacían los discotecarios orientados por su intuición. Hasta que irrumpieron masivamente los cantantes extranjeros y las canciones de otras partes del mundo. ¿Y qué pasó entonces? Que de a poco, pero de repente comenzamos a acostumbrarnos a oír música popular en lenguas distintas. Edith Piaf, Johnny Halliday, Gilbert Bécaud (franceses); Doménico Modugno, Adriano Celentano, Mina, Paolo Conte (italianos); Franz Reuther, Wolf Biermann (alemanes).
         Sin embargo, lo que cambió todo y puso el mundo al revés fue la llegada incontenible de los intérpretes y cantautores angloparlantes: Presley, Franklin, Halley, Berry, Lee, Anka, etc. Con toda esta enumeración más la del párrafo anterior, las audiencias locales tuvimos que amoldarnos a escuchar muy buenas creaciones musicales populares, pero nadie entendía nada. Nunca supimos qué decían las letras de esa canciones, a diferencia de las que se cantaban en castellano.
         Los jóvenes tararéabamos e imitábamos los sonidos vocales de esos discos pero el asunto era ininteligible. Con otros compañeros de curso del Licero Vespertino conversábamos esta dificultad con la profesora de inglés, una joven de apellido Rubio, que vivía en la Población Perú. Y ella nos motivaba a que tradujéramos con su ayuda. Algo aprendimos, pero el trabajo era demasido, las canciones eran muchas y cada mes había más estrenos, y cuál todavía mejor. No, intentar traducir así no se podía. ¿Si no entendíamos ni un rábano de lo que decían las letras, por qué nos gustaban y seguíamos oyéndolas incluso más que aquellas en nuestra lengua? Con los años di con la respuesta.
          La voz es un instrumento musical, por eso cantamos y podemos incluso hacerlo sin articular palabra, emitiendo puros sonidos. Si, por el contrario, habamos a nuestro discurso agregamos en forma natural algo de musica, por ejemplo, en las preguntas, en las respuestas, en la risa o el llanto. Sin contar que añadimos acentos locales, zonales o nacionales. Enfrascados en una conversación nos preocupamos de los contenidos, pero también oímos la musiquita disfrazada en la prosodia que usamos.
         De este modo al escuchar la canción que nos gusta en un idioma que no conocemos, nos agrada por la música, por el ritmo, por la voz o las voces. El cantante ejecuta con maestría el instrumento de su voz y las palabras se convierten en rasgueos, toques, golpes, silencios. Las frases funcionan como arpegios, compaces. Los versos originales de su lírica no contienen significados para nosotros. La voz humana es la vibración maravillosa de un instrumento vivo manejado por el artista que la posee y que se traduce en pura música. La semántica no cuenta.
         Si nos interesa investigamos, averiguamos y traducimos, afloran los significados del verso, los que agregan otra dimensión. Pero, el impacto emocional de la primera vez, permanece, la traducción no lo modifica.
        He ahí mi hipótesis de por qué seguimos oyendo canciones populares que nos gustan en otros idiomas. La razón es puro agrado porque nos recuerda algún momento feliz o una etapa linda de la vida, como la juventud por ejemplo. Los versos están vacíos de significado y a nadie le importa. La canción queda grabada en nuestra memoria para siempre. Mmmm, no siempre.
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₁ El discotecario pertenecía al equipo de producción de la radio y su trabajo consistía en mantener y guardar los discos de vinilo en la discoteca, además confeccionaba la lista de las canciones que debían emitirse a tal o cual hora y llevar ese material a la mesa de transmisiones.

Thursday, August 06, 2020

LA PELEA POR SALVAR LA BAHÍA Y LOS CERROS DE PENCO

 OPINIÓN:

        Que haya en Penco personas o grupos de personas que defiendan la bahía, los cerros, el agua del estero, en general la naturaleza, es un asunto que va más allá de simples protestas. Es la conciencia colectiva que valora el entorno, lo quiere, lo respeta y desea mantenerlo, por tanto, merece nuestro respaldo. Y de otro lado están las empresas que buscan generar riqueza interviniendo y alterando el medio natural que además es muy frágil.

           Hay a lo menos 3 razones muy fuertes detrás de este conflicto de la ciudadanía frente a las empresas cuya dedicación es instalar un terminal de gas en la bahía y la explotación de mineral estratégico en el fundo El Cabrito. Analizaremos esta controversia con criterio científico para comprender mejor.

           La primera razón es la economía o, mejor dicho, el capital. Lo que buscan las empresas es generar riqueza y aprovechan cualquiera oportunidad para conseguirlo. A primera vista se ve razonable. Sin embargo, este principio de racionalidad de aumentar la tasa de ganancia se vuelve irracional porque es ambientalmente destructivo. Está probado en todo el mundo, y todos lo pueden ver: las montañas de basura producida por la industria, la tierra irremediablemente destruida por la explotación de minerales, el mar vacío por la pesca indiscriminada y la contaminación. O sea, vamos directo al abismo, al suicidio. Entonces esta es una causa, sino LA causa, del rechazo a que estos proyectos sigan adelante. Los habitantes de Penco intuyen y saben que hay que detener esta lógica, que la economía por sí misma ya no es capaz de parar. Al capital se le cortaron los frenos. Se hace necesario plantear una economía de otra manera.

        Una segunda razón de la lucha pencona contra la lógica del capital es de tipo estético. Y entendemos la estética como una emoción de alegría frente a la vida. Ahí radica el estímulo que proviene de la naturaleza y que en nosotros se traduce como la vibración de la belleza. Entonces comprendemos que los pencones y lirqueninos quieran preservar la belleza de la bahía, ya bastante congestionada, porque cualquier proyecto de la envergadura de la gasífera cambiará eso irremediablemente. O sea, sería una pérdida que todavía se puede evitar. Porque decíamos que el capital sólo quiere ganancias no le interesa la estética. Además, la defensa que hace la gente tiene que ver con lo que los griegos llamaban el telos: eso de dejar que la naturaleza sea y se realice en su fin. Lo opuesto es interrumpir ese fin con el abuso. Lo mismo aplica para la extracción de mineral en los cerros. Es la destrucción de todo el delicado sistema ecológico. Las salvaguardas que la empresa dice emplear son contradictorias. La lucha también es estética.

          Y la tercera razón de este conflicto, es moral. Conseguir detener la destrucción del medio ambiente si la empresa logra los permisos para montar toda la infraestructura de explotación que necesita, es una pelea ética. ¿Cómo no va a ser ético luchar en favor de la vida? De este modo, la postura social de los pencones contiene un principio justo que es innegablemente moral. El capital trabaja como si el planeta fuera infinito, pero es finito, o sea, hay límites. Por un lado con la explotación irracional los recursos se acaban y por otro, la actividad económica produce contaminación, basura inmanejable y destrucción de la que no nos podremos recuperar. Los movimientos pencones que están en esta lucha deben tener claro que pelean contra el poderoso capital, pero que los ampara la moral y la estética. Hallar una forma moderada, equilibrada y humana para construir una economía es un desafío. Y, lamentablemente, la respuesta nadie la tiene. Esto es como el virus no hay remedio ni vacuna, estamos expuestos. Así nuestra única esperanza es tratar de pisar el freno, es lo que está intentando la sociedad pencona.

                                                                                                                     EL DIRECTOR


Sunday, July 26, 2020

YA NO SE VEN CABALLOS NI BUEYES POR LAS CALLES DE PENCO


         Era una visión común: el transitar lento de carretas de bueyes por las vacías calles de Penco y jinetes que iban en sus cabalgaduras en distintas direcciones y propósitos, carretas de mano de un solo eje con alguna carga menor empujadas por personas se añadían a la escena de aquellas calzadas en mal estado. Esos medios urbanos de movilización y transporte entraban en la categoría tracción de sangre, clasificación que se modificó después. Y el panorama urbano se completaba con ene peatones que iban y venían por las aceras entonces de tierra y empedrado. Era habitual ver caballos o bueyes en sitios baldíos de esos años, por ejemplo donde hoy se levanta la población Facundo Díaz o la población Perú. Otros simplemente, por descuido de sus dueños, andaban sueltos por las calles de las afueras.
         Los almacenes que usaban sus propios carretones tirados por caballos para los antiguos delivery guardaban y mantenían sus equinos no lejos de las tiendas. El negocio de abarrotes de Mario Zúñiga, por ejemplo, tenía una pesebrera para tres pingos en un sitio de calle Alcázar detrás de los pabellones de madera. Santiago Herrera, poseedor de fundos en los alrededores del pueblo, mantenía su caballo en el patio trasero de su casa por calle Penco. Carabineros disponía de pesebreras que lindaban con casas particulares. 
        Los equinos y los bueyes que cumplían estos trabajos descansaban en horario nocturno bajo techos especialmente construidos para ellos en medio de las poblaciones. En la mitad de las noches o en las madrugadas se oían los relinchos y los bramidos cerca de los dormitorios. Pero, el pueblo estaba acostumbrado a estos inconvenientes porque entendía que esos animales eran parte de la rutina.
            En términos históricos, los caballos y los bueyes fueron unos afortunados en cuidados y supervivencia, pero sólo por sus servicios. En Penco, en tiempos aún más pretéritos, hubo otros animales también, pero que se fueron, los correteamos, los arrinconamos, los matamos porque no nos servían. Había pudúes, huemules, zorros, coipos, chingues, huiñas, gatos monteses, pumas, guanacos. Todos estos animales nombrados, hoy ausentes y tal vez otros más, convivían con los grupos humanos originarios aquí en Penco. Ninguno estaba demás, ni ninguno era eliminado por criterios economicistas. Se los cazaba nada más que para comer su carne o para conseguir sus pellejos.
PINTURA RUPESTRE descubierta en Tassili, Argelia, data de 12 mil años (Wikipedia).
        Veamos ejemplos en otros lugares: en pinturas rupestres en la meseta de Tassili en el sur de Argelia que datan de 12 mil años se ven hombres de raza negra arreando un rebaño. Y registros más antiguos aún de unos 44 mil años muestran escenas de cacería. Nos referimos a pinturas descubiertas recientemente en Indonesia. A comienzos del Neolítico la humanidad estableció las primeras ciudades, las que se formaron en lugares donde había alimentos. Esto ocurrió cuando el ser humano se hizo sedentario, porque desarrolló la agricultura y la ganadería. Ya no fue necesario salir a cazar ni a recolectar frutos u hortalizas. Eso estaba en casa, en las huertas y en los corrales. A partir de entonces, el hombre seleccionó los animales que más le servían y los más favorecidos fueron los vacunos y los equinos, además de algunos otros. Pero, la gran mayoría fue descartada. Desde entonces comenzó la extinción de especies por responsabilidad humana. Y hoy en día esos animales exóticos que han sobrevivido permanecen encarcelados en los zoológicos.
CACERÍA prehistórica. Pintura rupestre descubierta en Indonesia.
Su fecha ronda los 44 mil años (The Economist).
           Pero, volvamos a Penco. Vemos menos caballos, como decíamos al comienzo. Tampoco se ven carretas tiradas por yuntas, la carretas de mano tampoco se ven. Sin embargo, cuidado, no hay que sacar cuentas rápidas. Ni los vacunos ni los equinos están en peligro de extinción. Se puede asegurar como si se tratara de una hipótesis comprobada, que primero se extinguirá el ser humano. Las vacas nos sobrevivirán.

Thursday, July 23, 2020

MÚSICA CULTA EN VIVO, RECITACIONES Y CHARLAS CIENTÍFICAS EN UNA BIBLIOTECA DE PENCO EN LOS AÑOS 40 Y 50

SALA DE LECTURA, Biblioteca Nacional. (Foto internet).
UNA JUGADA PREVIA: ¿PODRÍAMOS OCULTARNOS EN UNA BIBLIOTECA?
         Un día leí un texto de ficción que sugería una biblioteca como el mejor lugar para huir de la realidad omnipresente. Bueno, para tragarse la metáfora hay que conceder que eso sería posible si uno pudiera disociar el espíritu del cuerpo, como lo hacen los santones orientales en estado de concentración. Así lo que se escondería en una biblioteca sería el espíritu del lector y no el cuerpo. Sólo una poesía puede tomarse tales licencias para imaginar acciones separadas del cuerpo por un lado, y del alma por el otro. La prosa no acepta este trueque porque faltaría a la verosimilitud y se rompería la confianza que el lector deposita en quien escribe. Sin embargo, ya que estamos en esto juguemos y veamos qué pasaría. Imaginemos estos hechos: los que afanosamente te buscan te hallarían en la biblioteca leyendo, pero fruto de tu lectura estarías de viaje, lejos, ausente, entonces ¿quién podría contar contigo si en ese momento marchas con el ejército griego a las órdenes del gran Ciro en el año 530 antes de Cristo? ¿O si navegas junto al irritable Ahab persiguiendo a la ballena blanca? ¿O, acompañas a Bloom en un sombrío funeral en Dublin? Quizás Mefistófeles trataba de engatusarte en el tugurio Auerbach de Leipzig. Y, quién sabe, a lo mejor Rodión Raskólnikov te confesó su horrible crimen antes de entregarse a la justicia₆. En circunstancias tan curiosas como si de un sueño se tratara, nadie daría con tu parte espiritual si estás inmerso en una página indeterminada de las historias o las ficciones de algún libro de la biblioteca. Pues bien, el que te busca ya habría localizado tu cuerpo, o sea una de las dos partes. Sólo que tendría que sentarse a tu lado y esperar o simplemente darte un empujón y traer de vuelta bruscamente tu espíritu a la realidad. Y solo ahí estarías entero.  
         El filósofo francés Jacques Derrida dijo que los textos de los libros son mensajes muertos y que por ese motivo se exige silencio en las bibliotecas, como un honor eterno a los idos. La figura derridiana remite a un «mausoleo» donde los estantes serían los nichos. Pues bien aquel honor a los libros lo aprovechan los lectores en las salas silenciosas de esos establecimientos para no desconcentrarse. El mismo filósofo añadía que afortunadamente la muerte de los contenidos de los libros es reversible, porque vuelven a la vida cuando alguien, los estudiantes o los adultos los abren y comienzan a leerlos. En ese momento las historias despiertan del letargo y comienzan a latir.
     El juego de imaginación del comienzo y la hipótesis de la escritura de un filósofo contemporáneo nos pintan modos de ver el ambiente de una biblioteca. Pues bien, en Penco hay y las hubo. Pero, a lo menos una de esas bibliotecas fue además espacio de otras actividades humanísticas. Miremos en retrospectiva y ubiquémonos a mediados del siglo XX.


DOS MAGNÍFICAS BIBLIOTECAS PRIVADAS DE PENCO
         En la casa signada con el número 53 de Cochrane, Penco, había una biblioteca privada la que además de contener libros era escenario de actividad social y cultural. El aspecto exterior de esa dirección decía poco: una pandereta blanca interrumpida por una puerta que tenía un golpeador de bronce para que quien llegara se hiciera oír. No había otra puerta con un golpeador como ése en el pueblo, que consistía en una manito de bronce sosteniendo una esfera de metal. Con cierta frecuencia, malillas se atrevían a usarlo para molestar a las nanas que eran las que abrían mientras ellos huían riendo. La puerta tenía además un dosel de protección para la lluvia. Ésa era la entrada/salida de servicio de la casa de don Óscar Contreras, jefe de recursos humanos de Fanaloza. Sin embargo, la puerta principal, de esa casa concebida originalmente para veraneo, daba a la playa, a la línea del tren. Dos robustas palmeras le otorgaban carácter y dominaban el antejardín. Su antiguo morador fue don Facundo Díaz, uno de los dueños de la fábrica locera.       

     Cuando la familia Contreras Torres se instaló en esa dirección, destinó una pieza para biblioteca, porque don Óscar era un hombre estudioso, ilustrado, culto y asiduo lector. En esa sala tenía su escritorio; de uno de los muros colgaba un enorme óleo de temática campestre con la firma del pintor de Valparaíso Rocco Machassi, un regalo del artista a su amigo Contreras ex vecino del puerto. Cuando vivía en Valparaíso don Óscar participaba en reuniones y tertulias de un reconocido círculo de artistas, pintores, escritores, intelectuales, poetas, músicos los que con alguna frecuencia lo visitaban en Penco. Pues bien, junto a la puerta de la sala de libros, que daba al pasillo central, había dos armarios con libros y en el otro muro tres grandes repisas atiboradas de volúmenes. Al frente de la pintura, un amplio ventanal semicircular se orientaba al jardín y extendía la mirada a la playa pencona y la bahía. Esa era la biblioteca de los Contreras, tal vez la mejor biblioteca privada, ordenada y quizá indexada de Penco. Tanto así que don Óscar tenía un timbre de goma para marcar sus libros: «Biblioteca Privada Óscar Contreras, Penco». Pero, no era la única en el pueblo. Había otra, menos conocida, también en manos particulares y súper interesante además.
        El doctor Salomón Margulis Repetur, era médico de la Refinería. Residía con su familia en una casa grande con jardín amplio en el recinto refinero, donde hoy se levanta la escuela «Gloria Méndez Briones», frente al inmueble de la ex administración. De especialidad bronco pulmonar, el médico atendía en el hospital Regional de Concepción y en la clínica de la Refinería. Estudió medicina en la Universidad de Chile y fue uno de los fundadores de la Sociedad Chilena de Enfermedades Respiratorias en 1930. El doctor Margulis disponía también, decíamos, de una biblioteca con muchos volúmenes. Pero, a diferencia de los Contreras, a ella no accedía gente de afuera, salvo sus cercanos, quienes comentaban en sus círculos sobre esa maravilla escondida. En cambio en la casa de don Óscar autorizaban a niños y jóvenes del pueblo que nada tenían que ver con la famila para tomar y hojear ordenadamente esos libros en busca de algún tema en particular, o un texto literario específico encargado por el profesor.
       
          En una ocasión de esos años, uno de esos jóvenes visitantes era José «Checho» Vergara, quien le pidió a don Óscar que le prestara la novela «Mónica Sanders» de Salvador Reyes, un escritor de Valparaíso₇ conocido por su prosa audaz y demasiado liberal para su época. Como se trataba de un libro que se podría clasificar «para mayores» el señor Contreras le preguntó al muchacho su edad, luego lo miró a los ojos con el ceño fruncido y le facilitó el libro con la advertencia «tenga cuidado joven, no lo preste a otros y me lo devuelve en mis manos».
          Había una tercera biblioteca, era de propiedad del sindicato de obreros de Fanaloza, bien dotada, por lejos superior a la que tenía su contraparte el sindicato de empleados de la empresa ubicada pocos metros más allá. Ofrecía una cómoda sala de lectura amplia y acondicionada donde también se desplegaban diarios y revistas locales y nacionales. En esa pieza espaciosa siempre había socios e hijos de socios que aprovechaban la ventaja. Los trabajadores de la Refinería también dispusieron, aunque un poco más tarde, una biblioteca para asociados. Por otra parte, los scouts de Penco, del grupo «Armando Legrand» consiguieron, a instancia de los dirigentes entre ellos el propio señor Contreras y el doctor Emilio Suárez, una abundante colección de libros de una editorial mexicana, cuyos contenidos, entretenidos por lo demás, eran moralizadores y se basaban en fábulas y en la mitología azteca orientados a la formación de buenos ciudadanos. Dichos libros estaban disponibles para la tropa scout en el cuartel de la Legrand en calle Infante. Hay que añadir que a finales de los 60 y bajo la administración del alcalde de Penco de entonces, Bernardino Díaz, la Municipalidad inició una campaña para que los vecinos donaran libros y así formar en parte una biblioteca pública pencona. Mucha gente regaló lo que tenía, quizá libros de poco valor, pero igualmente llegó a la dirección una cantidad voluminosa de ejemplares. La nueva biblioteca, pero con libros viejos, se instaló en Las Heras, en el local vecino al Banco del Estado de la época, que anteriormente usara la tienda del “turco” Seda (Jacinto Seda Cabezas).

TERTULIAS Y CENÁCULOS EN LA BIBLIOTECA DE LOS CONTRERAS
PABLO GARRIDO
         En más de una ocasión las notas de un violín trascendían a la peatonal paralela a la línea ferroviaria. Salían de la casa de los Contreras. Porque en la biblioteca doméstica un grupo de amigos provenientes de Santiago y Valparaíso se reunían para oír el talento del violinista nacional Pablo Garrido. Los aplausos tambien los sentía la gente que apresuradamente pasaba por allí, quizá caminando hacia Cerro Verde. Tetulia o cenáculo, que concluía con magníficas recitaciones de la actriz Silvia Thayer, que con frecuencia aparecía en las portadas de revistas. En otras leía sus últimas creaciones el poeta Pablo de Rokha. También asistía para exponer ante el grupo de selectos amigos los avances de sus investigaciones científicas en la zona el naturalista Carlos Oliver Schneider. Por años, estos encuentros de intelectuales se sucedieron en Penco en el ámbito privado de una biblioteca privada.
CARLOS OLIVER SCHNEIDER
        Decíamos que don Óscar disponía de muchos volúmenes. Su hija Luz Irene Contreras nos mencionó algunos de ellos. En su casa había diccionarios, enciclopedias, varias ediciones de El Quijote; obras de autores franceses: Guy de Maupassant, Romain Rolland, Marcel Proust, Gustave Flaubert, Víctor Hugo, Honoré de Balzac, Alejandro Dumas; británicos como Charles Dickens, Somerset Maugham, H.G Wells, William Shakespeare; alemanes como Goethe, Thomas Mann; y los rusos con su gran literatura no podían faltar Fédor Destoievski, León Tolstoi, Nicolai Gógol. La Eneida, La Iliada, La Odisea, La República de Platón, La Ética de Aristóteles. Había una enorme cantidad de autores latinoamericanos, harta literatura chilena. Estaban las publicaciones de don Enrique Molina y de la Universidad de Concepción. Más tarde el material bibliográfico se incrementó especialmente con obras de ciencias sociales del Fondo de Cultura Económica, de sociología, de filosofía... Jóvenes pencones obtuvieron libros generosamente facilitados por esa familia para fines de estudio. Probablemente algunos de esos ejemplares no volvieron nunca. Don Óscar Contreras Yáñez murió en 1959, año que marcó el inicio del paulatino ocaso de su biblioteca y terminaron también las tertulias intelectuales.
PABLO DE ROKHA
          La vida cultural que floreció en el ámbito privado pencón fue pródiga como que un Premio Nobel, Gabriela Mistral, estuvo de paso en la casa de las profesoras/señoritas Rodríguez, curiosamente vecinas de los Contreras Torres. La música culta ejecutada en vivo atravesó los muros y se escuchó en la calle. Los aplusos por una emotiva recitación en una de tantas tertulias también se oyeron en el vecindario. Estas actividades humanísticas calaron en algunos y tangencialmente tocaron a muchos. ¿Quedará algo de nuestro modesto «siglo de la luces»? Sin duda, nuevas muestras y formas distintas de cultura se conocen en Penco: cine club, museo, exposiciones de fotografía, de pintura, proyecciones de videos, concursos literarios, teatro al aire libre inspirado en la historia, conversatorios radiales... porque el pueblo pencón nunca ha perdido el interés por el buen gusto y de mirar a lo alto.
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₁  Esta propuesta de que existe una separación cuerpo-alma es conocida como dualismo y defendida tanto por Descartes como por Kant. La Antropología moderna o la filosofía de la liberación, por ejemplo, se oponen señalando que cuerpo y espíritu son una sola corporalidad. 
₂ «La Expedición de los diez mil», Jenofonte (400 aC)
₃ «Moby Dick», Herman Melville (1851)
 «Ulises», James Joyce (1922)
₅ «Fausto», Johann von Goethe (1832)
«Crimen y Castigo», Fédor Dostoievski (1866)
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₇ POST SCRIPTUM: Recibimos un mail de nuestro colaborador en Copiapó, profesor Juan Espinoza Pereira, de origen pencón y cuyo texto es el siguiente: 

Estimado Nelson...

Me pareció muy interesante el escrito que habla sobre las Biblioteca que había en Penco, desde pequeño me han apasionado los libros; recuerdo cuando pequeño que visitaba la biblioteca de la CRAV, también en el Sindicato de Fanaloza habían libros que se podían leer ahí  mismo.

No obstante lo anterior, quiero hacer una observación para ajustarse a los datos duros de la información y que guarda relación con Salvador Reyes, él no es de Valparaíso, sino que nació en Copiapó (calle Colipí esquina Infante), luego de unos años  en la ciudad su padre se traslada a Antofagasta, donde desarrolla sus estudios. Acompaño la foto de un monolito que es lo único que queda en el lugar; en Atacama hay varios seguidores del autor, en lo personal no me gusta mucho, pero tengo todos sus libros que he adquirido en mis viajes a Penco.

Un saludo a la distancia y que te encuentre muy bien.

Placa recordatoria del lugar donde nació Salvador Reyes, en Copiapó. Agradecemos el aporte de Juan Espinoza Pereira.







Thursday, July 09, 2020

ESTRECHEZ POR LA PANDEMIA VIVE HOGAR SINDICAL FANALOZA, TESTIGO DE UNA RICA HISTORIA COMPARTIDA CON PENCO


         La crisis que ha causado el virus con todas sus devastadoras consecuencias en la salud, en la economía y en todo aspecto también impacta al gran edificio blanco de los trabajadores loceros el «Hogar Sindicato Industrial Fanaloza». Al estar paralizadas las actividades deportivas que se practican en el gimnasio, no hay ingresos por arriendos de la cancha. Regularmente esos dineros se destinan para los pagos de servicios básicos. Mismo fin tienen los ingresos por el arriendo de los espacios comerciales que dan a la calle. En consecuencia no está fácil la subsistencia operativa del inmueble, por lo que la dirigencia ha tenido que hacer «malabares». Y la guinda de la torta de esta situación crítica fue la imposición del cobro de contribuciones que comenzó a aplicarse el año pasado. Antes el hogar estaba exento. Pareciera que ninguna autoridad hizo algo para conseguir la suspensión del gravamen teniendo en consideración a su favor el incalculable apoyo hacia la comunidad que el inmueble ha prestado en distintas situaciones a lo largo del tiempo. Demos un vistazo resumido a la historia.
         Es cosa de recordar por ejemplo, que nunca un invierno fue más cruel y más crudo que el de 1960. Los terremotos de mayo y sus réplicas violentas desencadenaron para muchos el «infierno del Dante» en Penco. En esa circunstancia, se echaba de menos una voz de esperanza, pero la gente estaba muda por el miedo y el sufrimiento. Por fortuna, sin embargo, había un lugar tibio y acogedor en medio de ese caos, donde las personas no se sentían del todo abandonadas por Dios. Era la sede del sindicato de obreros de Fanaloza que por entonces abrió sus brazos a los necesitados: familias que perdieron sus casas fueron admitidas para que se cobijaran en la cancha del gimnasio. Esos damnificados demarcaron con paneles de papel el espacio necesario de su intimidad, todos los hogares improvisados allí semejaban a un panal de abejas; otras ocuparon el escenario detrás de las cortinas; el garaje del fondo destinado a la cureña para féretros y los implementos de servicios fúnebres de los asociados fallecidos, también se habilitó como casa. La cureña de fierro, con pértiga de metal y pintada de negro con sus 4 ruedas con rayos de madera se quedó todo ese período en el pasillo. Al mismo tiempo, debido a esta emergencia y el uso de la mayor parte del recinto como habitación de muchos, se suspendieron las actividades deportivas bajo techo.

          La propiedad sindical se ubica en calle Penco N° 125 junto al estero. Tiene 29 metros de frente por 57 de fondo, remata en un callejón perpendicular de 4 metros de ancho que desemboca por el otro lado a la calle Freire. El edificio principal consta de 2 pisos. En la planta baja hay un local destinado al arriendo para fines comerciales. Arriba están las instalaciones del sindicato, la oficina de la presidencia y una gran sala de lectura. [En esta última durante los tiempos en que llegó la señal de televisión a Penco hubo un receptor (Bolocco) para distracción de los socios y sus familias, además había diarios para informarse y se podía disfrutar de algún libro gracias a una bien dotada biblioteca]. La entrada principal al recinto continúa en un largo pasillo de distribución. Por el lado izquierdo están los camarines con sus duchas para deportistas, los baños, un patio de luz y las salas cerradas para camerinos de los artistas que se han presentado en ese escenario a través del tiempo. Por la derecha, se encuentran la escala interior que conduce al segundo piso, los accesos al gimnasio, a las graderías destinadas a público y al escenario.
        Cuando se incendió la municipalidad en los 60, por razones de apuro y de servicio, reparticiones municipales se instalaron temporalmente en las oficinas sindicales. También durante esa década Correos y Telégrafos funcionó en el local comercial del primer piso, la correspondencia, venta de estampillas, despacho de encomiendas, mensajes por telegrafía, casillas postales, recepción de votos en elecciones políticas, todo operó desde ahí. El uso polifacético del edificio además incluyó en su historia haber servido como escuela informal para alfabetizar a personas iletradas.
        En ciertas temporadas, el gimnasio se destinó como cine improvisado, a modo de respuesta del sindicato ante la alta demanda local por ver películas. Una pantalla se desplegaba contra las cortinas del escenario y los equipos de proyección se empotraron en el rellano del segundo piso. El gimnasio se dividía en 2 secciones: la galería a precios módicos y, la «platea» que se ubicaba en el piso frente a la pantalla, consistía en sillas plegables de madera, las que terminada la función se retiraban para que el espacio recobrara el uso original. En ese mismo lugar se realizaban las asambleas de los loceros donde se adoptaban decisiones a mano alzada, ahí con grandes aplausos se celebraban los logros o en otras, se conocían a viva voz las noticias insalvablemente malas.
        De seguro que aquellos obreros de los orígenes del sindicato, en la primera mitad del siglo XX, ni sus dirigentes pensaron en todas las posibilidades de servicios que el inmueble prestaría a la comunidad en emergencias que ellos tampoco alcanzaron a imaginar. El edificio, reconstruido después de 1939, tenía primariamente fines deportivos, sociales y sindicales. En deportes fue hecho para la práctica del básquetbol y del baibifútbol; para espectáculos como el boxeo, para las presentaciones artísticas penconas y de artistas consagrados; para  bailes a beneficio con el fin de recaudar fondos ya fuera para personas por enfermedad, para boy scouts o clubes deportivos. Y cuando se presentaron las emergencias, decíamos, el edificio sirvió de albergue temporal, durante crisis económicas severas ahí se cocinaba para las ollas comunes, también se disponía de espacio para modestos pero dignos servicios funerarios. El «hogar» (¡qué nombre tan bien puesto!) siempre ha sido hogar en su historia. Como tal no le ha cerrado puertas a nadie, incluso al momento de dormir algún necesitado ha tenido un techo. Por ejemplo, a principio de los 90 albergó a mucha gente sin recursos que buscaba empleo.
LUIS ASCENCIO, PRESIDENTE DE
LA FEDERACIÓN DE
TRABAJADORES LOCEROS.
        Quien concurra a esa sede encontrará una sonrisa cálida, un gesto de acogida o simplemente un saludo amistoso y si se trata de un problema más de alguien ahí ayudará a pensar una posible solución. Sin embargo, no confundir. No es un «Hogar de Cristo», es nada más que el sindicato de trabajadores loceros, un importante referente local, un respaldo de la comunidad. Es también un testimonio de la confianza de los trabajadores como clase social y en el valor de la unidad con la que han logrado mantenerse en el tiempo, pese a los grandes problemas que han enfrentado.
         La generosidad y la solidaridad comunitaria del sindicato locero constituyen un fenómeno valioso, un modelo humano Y colectivo en Penco, en particular en tiempos en que todo es dinero, lucro y frío cálculo costo-beneficio.
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Agradecemos la información proporcionada para esta crónica por don Luis Ascencio, presidente de La Federación de Trabajadores Loceros.

Wednesday, July 08, 2020

UN SUEÑO PENCÓN QUE SE CONVIRTIÓ EN PESADILLA HACE 30 AÑOS


           El diario electrónico EMOL de la empresa El Mercurio publicó una nota retrospectiva sobre lo ocurrido con el club Lozapenco a finales de los 80 e inicio de los 90. El episodio histórico involucró emotivamente a todos los habitantes de la comuna por los triunfos y los éxitos. Sin embargo, cuando la burbuja de alegría colectiva nos estalló en la cara, y que está resumida en esta crónica, un número importante de inocentes familias penconas sufrió las consecuencias indecibles del descalabro. El texto íntegro con sus comentarios es el siguiente:
EL EQUIPO DE LOZAPENCO EN LOS 90
«  Auge y caída de Lozapenco: La historia del club que revolucionó el fútbol chileno gracias a un fraude con palos de escoba. El cuadro de la Región del Biobío creció gracias al mecenas Feliciano Palma. Sin embargo, el dirigente acabó detenido por un inmenso fraude tributario.
07 de Julio de 2020 | 09:39 | Redactado por Felipe Santibáñez, Emol.

Fuente:Emol.com


La historia de Deportes Lozapenco es tan breve como fantástica. Su auge fue tan inesperado como su declive. Hoy ni siquiera existe el estadio en que jugaba. Sin embargo, el relato de lo que ocurrió en la Región del Biobío sobrevive al tiempo y tiene un lugar de privilegio en el catálogo de anécdotas del fútbol chileno. Todo partió en 1987. Feliciano Palma, junto a su esposa, compró la empresa de sanitarios y menaje Lozapenco. Le dio trabajo a más de mil 500 personas de la ciudad y al año siguiente invirtió en el equipo de la zona, que estaba en Tercera División. Todos los empleados se hicieron automáticamente socios del club. Palma hizo crecer al elenco a punta de billetera. Contrató como técnico a Alex Veloso con la asesoría del experimentado Luis Santibáñez y se puso a buscar cracks de selección. El primero que llegó fue Mario Soto, el central que jugó tres finales de Copa Libertadores.

"Querían a alguien que fuera responsable, serio, que tuviera buen nivel. Llegamos y recomendamos dos o tres jugadores más. Logramos hacer una campaña extraordinaria. Hay una parte social en la historia del club. En Penco se había acabado la pesca, la parte forestal, entonces apareció el equipo y le dio alegría a un pueblo. Por eso que cuando uno habla de fútbol, es más que pegarle a la pelota. Es relacionarse con la gente", le dice a Emol.
El equipo ascendió rápidamente en 1989 a segunda con apenas dos derrotas. Tenía, además de Soto, a figuras como Rodolfo Dubó, José Luis Sánchez y Luis "Pelé" Araya. La prensa comenzó a llamarlo la "Sinfonía Azul". Feliciano Palma a esas alturas era un ídolo en la ciudad, un mago de las finanzas que daba trabajo con su empresa y alegría con el fútbol. La ambición crecía a la par de la popularidad de los loceros. El objetivo era la división de honor. A Luis Marcoleta, goleador de fuste antes de convertirse en entrenador, lo contrataron a principios de 1990. "Se conformó un tremendo plantel. Muy buenos futbolistas, todos muy bien catalogados, con gran currículum. Había para hacer prácticamente tres equipos. Se invirtió harta plata", comenta. Deportes Lozapenco era un club modelo. No había problemas de infraestructura y el plantel se alojaba en hoteles cinco estrellas cuando salía a la carretera. Los sueldos que se pagaban eran incluso mejores que los de Primera División y se recibían bonos semanales y mensuales por objetivo cumplido. "Fue un bonito inicio, con muchas cosas a favor, con un equipo que ganaba y con mucha multitud acompañando hasta que pasó lo que pasó", afirma Marcoleta.
Lo que pasó es que "se destapó la olla". A través de la empresa Agrícola y Forestal Penco, Feliciano Palma exportaba palos de escoba a Estados Unidos a un precio ridículo. Si la competencia lo cotizaba a 20 centavos cada uno, Palma los vendía a cincuenta. Esos precios inflados le permitían recibir íntegramente la restitución del Impuesto al Valor Agregado (IVA), lo que le reportaba mensualmente alrededor de dos millones de dólares. Un fraude gigantesco. Lo descubrieron cuando funcionarios de Aduanas Chile le consultaron a sus pares estadounidenses por la situación. La respuesta dejó al descubierto el fraude: las autoridades estadounidenses informaron que los palos enviados por Palma ingresaban a un valor de veinte centavos de dólar, y no a los cincuenta declarados por el empresario en Chile. De ahí en adelante, la autoridad descubrió que este modus operandi se repetía en casi todas las exportaciones de Feliciano Palma: un lavatorio con pedestal, por ejemplo, Palma los facturaba a US$ 152, cuando el precio real era de US$ 11. Palma se escabulló a Argentina para evadir a la justicia y de ahí viajó a Estados Unidos. En Pennsylvania intentó abrir una fábrica de loza, pero al iniciar los trámites se dieron cuenta de quién era. Agentes del FBI lo detuvieron el 31 de julio de 1991 en un restorán de Manhattan. Se le extraditó y el '94 lo condenaron a once años de cárcel. En 2003 volvió a caer en prisión por intentar cobrar un cheque falso y en 2013 por una deuda pendiente por sus delitos tributarios. "Era un hombre inteligente, aunque cometió errores. Yo me quedo con que le dio una alegría a la comunidad por largo tiempo. Dio trabajo, le dio opciones de ir a un campo de juego y sentirse feliz por un momento. Con nosotros fue extraordinario, siempre nos cumplió", recuerda Mario Soto. Deportes Lozapenco aterrizó de golpe en su nueva realidad. Nada de lujos y puro esfuerzo. Pese a los problemas, el equipo logró mantener la categoría, pero en el '91 ya no pudo más. Volvió a tercera y se mantuvo ahí hasta que la nueva empresa Fanaloza cortó definitivamente el financiamiento para el fútbol. Los sueños de grandeza se disolvieron en el aire.

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comentarios en emol

Felic Palma: LA CAIDA DE LOZAPENCO , FUE EL MAYOR TONGO POLÍTICO DE LA HISTORIA DE ESTE PAÍS. NO HUBO FRAUDE TRIBUTARIO Y ESO DE LOS PALOS DE ESCOBA NO FUE TAL . LA JUSTICIA TARDA, PERO LLEGA , COMO DICE EL RESFRAN , LAS QUIEBRAS FUERON ALZADAS Y A PALMA SE LE CONDENO POR NO ANOTAR EN LOS LIBROS UNAS NOTAS DE CRÉDITOS. ADEMAS LA CORTE SUPREMA POR 3 VOTOS CONTRA 2 , DOS MINISTROS CONSIDERARON QUE NO HABÍA DELITO ALGUNO .  MUCHOS POLÍTICOS NO PUDIERON VER A UN PUEBLO ALEGRE , LA ENVIDIA SE LOS COMIÓ . LA HISTORIA SE  ENCARGO DE CASTIGAR , NINGUNO DE ESOS POLITIQUEROS, FUE REELEGIDO . PERO LA HISTORIA NO HA TERMINADO , PRONTO HABRÁN NOTICIAS MUY POSITIVAS PARA PENCO , PORQUE LOS JUICIOS NO HAN TERMINADO. SI DIOS ASÍ LO QUIERE. 


Johan Bustos: Llorar sobre la leche derramada no tiene sentido... Los clubes no necesariamente deben estar bajo el alero de un gran privado. Los Pencones debiéramos mirar el ejemplo del Conce levantando un club con su gente... El estadio, el capital, las barras y el movimiento en la ciudad vienen por añadidura.

Samuel Del Canto: Casi calcado con lo que le paso al Green Cross, aunque muchos no lo recuerden..

Rodrigo Tapia: Ahora una historia de Nasur

Don Populus: Palma, nunca compró, a la buena la fabrica nacional de loza FANALOZA, se le asignó entre gallos y medianoche, su directorio lo encabezaba Sergio Arrellano Stark y Augustito Pinochet Hiriart (supongo les suenan esos apellidos), es la historia jamas contada de LOZAPENCO, se remato en x cantidad de dinero, pero nunca se pagó por ello. Penco al ser un laboratorio político,  fue explotado de esta manera, un gobierno dictatorial, puso en una empresa a su gente, inventó puestos de trabajos,  de tener 60 trabajadores al momento de la quiebra, en 3 meses tenía 600 y en 3 años 6 mil (uno piensa que andaban a cabezazos adentro), pero habían unos muchos, que sólo estaban para saber info de otros...Nunca se pagaron las imposiciones al trabajador, tanto Palma como su esposa Margarita, eran vistos como semidioses, en el pueblo, organizaban viajes a ver al club, a un pueblo como la Unión,  "contrataban" un tren que seria descontado en cuotas el viaje a los trabajadores, ganaba el club y el lunes era asado en la empresa y este personaje corriendo medio desnudo, arriba de las mesas primero borracho y después "resucitado" de la nada bailando arriba de estas... Le dijo un trabajador Gracias "Don Feli" y el lo miró y le dijo en sus ataques de risa, no agradezcan tanto, que en cualquier momento me los cago, volvió a su risa demencial y arrojando vino sobre los comensales.Lo escribo como Pencon, nieto y sobrino de loceros, participé directamente de algunas celebraciones ( mi colegio  fue campeón de voley en Penco, así que el nos invitó). Luego parte de mi tesis fue lozapenco.

Andres Abarca Jaque Un claro ejemplo cuando al pueblo se le da pan y circo. Tarde o temprano se viene la cruda realidad.


Ricardo Mahnke: Cuando Penco fue Macondo.

Adolfo Sanchez Sanchez : Que recuerdos, soy un orgulloso Pencon viviendo hace rato en Santiago. Me tocó vivir esa época de bonanza de mi pueblo, mis padres no eran loceros, eran profes, pero en esa época, trabajar en Lozapenco era tener buen sueldo, acceder a bienes que hoy para un obrero serían inalcanzables... Feliciano Palma repartía su riqueza por medio de bienestar y estabilidad económica a su gente. Recuerdo la llegada de Santibáñez como entrenador, la fiesta de viajar en tren al sur de chile, siguiendo al equipo, el estadio con más de 12 mil personas cada fin de semana....uf que niñez. Conversando con algunos amigos, hago la analogía entre Feliciano Palma y Pablo Escobar...es inevitable.

Juan Rios: Justificar este fraude es como justificar a Jadue.  »