Sunday, June 28, 2020

UCRANIANO CAÍDO AL MAR DE UN BUQUE ESTUVO A PUNTO DE MORIR DE FRÍO EN LA BAHÍA


   El pasado 26 de junio de 2020, un hecho muy raro difundió la prensa electrónica y del que investigó poco: desde un barco de contenedores, de bandera ucraniana, que abandonaba Talcahuano, cayó un tripulante al mar. La situación ocurrió en la tarde de ese día en algún punto de la bahía a poco que la nave saliera a alta mar por la boca grande. Como el periodismo penquista no averiguó, se produjo una doble interpretación del hecho: que el hombre cayó por accidente o que se lanzó al mar por decisión propia. Por la bajísima temperatura del mar, el marinero pudo morir por hipotermia. Sin embargo, de este  episodio ni siquiera supimos los nombres del barco ni del protagonista. Es lo que hay, por lo que nosotros vamos a unir los elementos disponibles de esta noticia y trataremos de reconstruir la historia.
          Por la bandera, ese barco tiene su base Odessa, el puerto de Ucrania en el Mar Negro, país que como sabemos es la cuna de los temidos guerreros cosacos. De seguro el buque regresaba al término de operar de carga y/o descarga en Talcahuano. Luego de zarpar, el tripulante ucraniano en cuestión caminó por la cubierta y, por alguna razón, se cayó al mar (primera versión). Si, por el contrario, se hubiera tirado de cabeza (segunda versión), igualmente hubiera caído a las frías aguas de la bahía. En ambos casos posibles eso fue definitivamente así. Y de aquí en adelante, la historia es más o menos sabida. El capitán ni nadie a bordo se dieron cuenta por lo que no hubo grito de «hombre al agua» y el barco siguió navegando. Mal, porque un capitán debe tener un control sobre su tripulación. Correspondía en tal caso informar al puerto y que la guardia costera apoyara en la ubicación del hombre. Pero, eso no ocurrió y al marino ucraniano no le quedó más opción que nadar a tierra firme en la dirección que le pareció más apropiada: la isla Quiriquina.
        Su decisión por proximidad no fue la mejor para su suerte, porque llegó a un recinto naval. Y allí un «cosaco» de guardia, nombre informal de los soldados de la infantería de marina de la Armada de Chile, lo tomó prisionero. El pobre ucraniano, mojado hasta la médula y aterido hasta el alma, fue conducido en esa condición a las instalaciones militares y más tarde entregado en calidad de detenido a la Policía de Investigaciones de Talcahuano. Al día siguiente fue dejado en libertad y la empresa naviera a la que pertenece fue informada del incidente.
        La segunda versión especula que en realidad el marino ucraniano se tiró al mar para pasar por desaparecido y esperar a que lo dieran por muerto y que así su familia en Odessa pudiera cobrar un suculento seguro de vida. Si la verdadera trama fue ésa, en el cálculo del ucraniano sólo falló la playa que eligió. Su plan (supuesto) hubiera funcionado de haber nadado hacia Cocholgüe, pero aterrizó en las fauces mismas del león: marino de origen cosaco capturado en casa de «cosacos».

Monday, June 22, 2020

UN CUENTO: «UNA CARTA ABANDONADA EN LA BIBLIOTECA DE PENCO»

LA NIÑA DE DINAMARCA QUE MASCABA CHICLE hace 6.000 años, según una concepción artística de Tom Björklund.  El chicle en realidad era un trozo de resina (ella lo sujeta en su mano izquierda). La imagen de "Lola", así la bautizaron los científicos, nos ayuda a ilustrar este texto de ficción que evoca situaciones hipotéticas en el Penco de la edad de piedra.  
Por Nelson Palma

Dos jóvenes universitarios se encuentran a la salida de la biblioteca local e inician una conversación referida a sus materias de estudio. Xaviera está en el último año de Licenciatura en Historia, Mauro es alumno de Antropología. Y todo comenzó porque el muchacho le cuenta a su amiga que encontró una hoja manuscrita abandonada dentro de un libro de la biblioteca. El papel contenía un cuento sobre la vida de un grupo humano del pasado muy remoto en Cosmito. El tema desató opiniones encontradas entre ambos sobre el aporte de los textos literarios para comprender a la raza humana y hasta adonde debe ir la Historia en la averiguación de hechos. 


MAURO: Mira, encontré una hoja manuscrita, anónima, dentro de un libro aquí en la biblioteca. Está redactada como una carta dirigida a alguien, pero no dice a quién.
XAVIERA: ¡Oh, una carta de amor para la bibliotecaria! Cuenta, cuenta...
MAURO: No precisamente, te lo diré en un momento porque antes, y sobre esto mismo, me surge una pregunta para tí, estimada amiga: ¿Por qué ustedes los historiadores miran a la prehistoria por encima del hombro, con un dejo de superioridad, de suficiencia como si desconocieran que de allá venimos?
XAVIERA: Estás equivocado. No hay tal menosprecio. La consideramos, revisamos constantemente los avances en su estudio.
MAURO: Considerarla como un objeto es insuficiente, Xaviera. Tú sabes, el ser humano no partió con la invención de la escritura, es anterior miles de años. Nuestros ancestros tenían necesidades que debieron solucionar: hambre, enfermedades, seguridad, un techo donde pasar la noche, donde capear la lluvia, amaban, sentían alegría o pena. Los historiadores le dejan la tarea a otras ciencias. Te lo diré como el Génesis: a esos parientes los hemos expulsado del Paraíso de la Historia.
XAVIERA: Eres categórico, pero me gusta tu metáfora del Paraíso aunque, convengamos, que la Historia tampoco sea un paraíso. ¿Y qué podríamos hacer si esas comunidades a que te refieres, anteriores a los mapuches, no dejaron registros como para hacerlos entrar en la Historia?
MAURO: Es una excusa. Vivían en comunidades, iban de un sitio a otro, se valían de la generosidad de la naturaleza, pero también la temían. Entendían algo así como una lengua o, tal vez, más de una y su memoria debió ser muy capaz. Hoy la memoria nuestra es ínfima, dependemos de internet, nuestros niños no tienen que aprenderse las tablas de multiplicar. Las operaciones aritméticas las hacen las calculadoras. Y para qué sigo. A esos hombres de ayer, que vivieron acá, los llamamos recolectores como si esa categoría bastara para quedarnos satisfechos.
XAVIERA: Insisto, no podemos penetrar en esa enorme zona del tiempo que te preocupa porque no hay textos o jeroglíficos para interpretarlos racionalmente. A lo más podemos hallar indicios.
MAURO: Escucha, te leo un trozo reducido de «El Cazador Gracchus», de Franz Kafka: «¡Esas antiguas historias! Todos los libros están repletos de ellas, las sueña la madre mientras le da pecho al niño, los soldados las cantan durante sus marchas, el sacerdote las grita en el sermón, los historiadores boquiabiertos las descubren tal como sucedieron hace mucho tiempo y las describen sin cesar. Los pasajeros las proclaman desde las ventanillas de los trenes en lejanos países que surcan. Pero aún antes las aullan los salvajes»... Kafka, el más grande escritor del siglo XX, incluye los relatos prehistóricos porque no puede ser otra cosa eso en boca de salvajes y él dice aullido porque desconoce esas lenguas incultas.
XAVIERA: Lindo relato, pero eso no es Historia porque precisamente no tenemos esos relatos. Si los tuviéramos sería distinto. Y te digo más, aunque dispusiéramos de algo así tendríamos que tener una visión amplia de la trabazón social, el poder, la política, la economía. La Historia es una comprensión racional del todo, no es cosa simple, no se trata de relatos sueltos.
MAURO: Los hombres y mujeres prehistóricos también debieron tener cuentos de sus vidas, sobre sus organizaciones elementales, debieron contarse los cambios de las estaciones, la época de frutas, se dieron consejos para enfrentar mejor los inviernos. Conocieron las cualidades medicinales de plantas y las transmitieron oralmente. Fabricaban herramientas y utensilios. Se concertaban para cazar animales para comérselos en el grupo. Quizá estaban preparados para repeler a tribus molestosas de otras partes. Como tú dices, te hablo de gente mucho antes de esos mapuches que enfrentaron la Conquista, quizá 10 mil años atrás. ¿Cómo no va haber historia ahí que la Historia no pueda averiguar?
XAVIERA: Está bien, amigo, pero... ¿Tienes acaso una idea por dónde empezar?
MAURO: Eso quería oírte. ¡La literatura!, mi amiga, puede ayudarnos. ¡Cuántas novelas han sido proféticas! Baste nombrar a escritores como Camus, Dostoievski, Orwell. Ellos vaticinaron. Camus nos anticipó cómo era vivir y morir en epidemia, no lo sabíamos; Dostoievski nos contó por adelantado acerca de una plaga mortal que llegaría desde China, hoy lo comprobamos; Orwell, anunció una sociedad inhumana con súbditos sometidos por la fuerza y por la tecnología, hay quienes dicen que eso ya llegó. Al mismo tiempo, los cuentos, los relatos también miran hacia atrás en el tiempo más remoto. Fíjate tú lo que Kafka escribió sobre la edificación de la Torre de Babel y la construcción de la Gran Muralla China. Y postuló razones modernas y relaciones humanas contemporáneas para explicar por qué la torre fracasó y por qué la muralla tuvo éxito. La Ilíada de Homero, no aclara dónde la ficción se traslapa con la Historia. Virgilio con La Eneida nos sugiere un supuesto nacimiento del imperio romano. La línea separatoria entre realidad y no realidad es demasiado delgada. Por eso pienso que alguna clave pudiera haber en la literatura. Si bien en esos cuentos no encontrarás datos, te darán una perspectiva humana de cómo pudieron ocurrir las cosas en esos años oscuros para el conocimiento actual. 
XAVIERA: Pero, cuéntame sobre la carta, me tienes intrigada con eso...
MAURO: No dudo que el autor de la carta es de acá, porque en su relato me demuestra que recorrió los humedales de Playa Negra, las vegas de Cosmito, los cerros de Landa, bordeó el río Andalién. Miró, meditó, especuló y después escribió eso que imaginó y la hoja la abandonó a propósito en un libro de historia...
XAVIERA: Léela, aunque no sea una carta de amor, igual eso se pone interesante.
LAS ANTIGUAS VEGAS DE COSMITO, en aquellos años ricas en camarones (2017)
MAURO: Bien, escucha:
«La hermanita menor de Cáutar se llamaba Cerikó y tenía cerca de 9 años. Junto a sus padres gozaban del cariño de la comunidad tribal integrada por unas 20 personas, todas de lazos sanguíneos cercanos. Se instalaban una vez aquí, otra allá. Eran nómadas a escala de la bahía. Cáutar admiraba la elasticidad de su hermanita para saltar, rodar por el suelo, trepar árboles, pero en paticular le celebraba a Cerikó su habilidad para sacar camarones en la vega, ésa que se inundaba. Y el anegamiento era el resultado de la combinación de las lluvias y las altas mareas, fenómeno que hacía lento el desagüe en la desembocadura.
«Cáutar, su hermana y otros primos, fueron a buscar camarones en las vegas que muchísimo tiempo después llamarían Cosmito aunque también había en los bajos de Playa Negra. Las finas manos de Cerikó penetraban con facilidad en los agujeros barrosos sin lastimarse y sacaba uno, dos y hasta tres de estos artrópodos de cada cueva, los que echaba a su cesta. Los niños de la tribu vestían pobremente. Se abrigaban con unos pellejos de conejo cosidos con tiras de cuero. Para protegerse de la lluvia usaban unos gorros de forma cónica hechos con piel de lobo marino. Sus caritas estaban sucias y descuidadas porque al ir agachados sacando camarones, les salpicaba agua barrosa. Hablaban y reían cerca unos de otros.
«Las cuevas eran trampas sumergidas al caminar por ahí, los pastos espinosos clavaban y el agua emposada tenía barro que producían tanto los camarones en el fondo como los niños que iban detrás de ellos. Sin embargo, metros más allá el río avanzaba cristalino, no arrastraba sedimento de erosión porque los bosques no se explotaban.
VEGAS DE PLAYANEGRA, SECTOR PUENTE LA BALLENA (2016)
«Cáutar ordenó regresar, porque la tarde caía y ese día invernal el cielo amenazaba con venirse abajo lloviendo. Cuando Cerikó y los otros lo oyeron, se enderezaron y se dispusieron a seguirlo. Sólo que antes Cerikó metió sus manitas al agua corriente y se limpió la cara, retiró el barro adherido a las puntas de su mata de pelo que habían entrado en contacto con el agua. Se acomodó el gorrito y con mucho cuidado salió de la vega pantanosa. Los niños caminaron hacia el norte y llegaron a la suave pendiente de una loma, donde la tribu paterna levantó unos toldos, el hogar de todos.
ILUSTRACIÓN de Internet
«Debajo de esos toldos miserables se acurrucaron a la espera de la lluvia. Conversaron en su lengua de frases cortas acompañadas de histriónicas expresiones corporales y faciales. Mientras cada cual se protegía, Cerikó se quedó como ausente. Miró fíjamente sus manos con una agradable sensación, extrañada descubrió que estaban limpias, sin costras, sin verrugas, completamente rosadas. El barro de la vega y el enjuegue en el río habían hecho su trabajo. Y su carita, lo mismo, ella podía notarla. La limpieza como una semilla se plantaba en su personalidad como una curiosidad nueva». 
XAVIERA: ¡Oh! Bonito cuento. Pero, no confundas Historia
con ficción.
MAURO: Un cuento puede ser una ventana al entendimiento. Por ejemplo, nuestros modales los transmite la cultura, que al final se vuelven estereotipos.  Si analizas, la niña Cerikó notó en carne propia el efecto de la limpieza. Para nosotros eso es obvio, pero basta pensar un poco para admitir que entonces tal vez no. Ella estaba a un tris de un cambio cultural.
XAVIERA: Eres apasionado en tu interpretación de ese texto anónimo, amigo, lo defiendes como si lo hubieras escrito tú. Pero, vuelvo a lo central: no hay por dónde abordar el asunto.
MAURO: Se me viene a la memoria la siguiente afirmación del escritor checo Milan Kundera: «La Historia narra los acontecimientos que han tenido lugar. La novela, en cambio, no examina la realidad, sino la existencia humana.Y la existencia no es lo que ya ha ocurrido. La existencia es el campo de las posibilidades humanas». Y Cerikó vivió una experiencia inédita parecida a un chiripazo, una luz, que guió a los  humanos primitivos a que dieran un pasito adelante.
XAVIERA: Me parece estupendo. La literatura nos brinda una sensación posible de tiempos remotos, en cambio la Historia exige un apoyo concreto.
MAURO: El episodio de los niños y los camarones no ocurrió exáctamente, pero pudo ser. Y que alguien se haya preocupado de escribirlo y sin destinatario me ayuda, fíjate, a dar otra mirada a nuestros orígenes profundos.
XAVIERA: Desde la perspectiva histórica, respeto tu punto de vista.
DESEMBOCADURA DEL RÍO ANDALIÉN EN PLAYA NEGRA (2020)
MAURO: Finalmente comparto contigo una idea peregrina: un trocito de la herencia cultural de ellos, a quienes Kafka llama salvajes, otros apodan proto-hombres o los clasifican como recolectores, permanece en nosotros. Por ejemplo, la forma como recogemos una zarzamora desde la planta o el modo como miramos y tomamos una manzana. Quizá esa forma y ese modo pertenezcan a aquellos tiempos y se esconden bajo nuestra piel.
XAVIERA: Es cierto.
MAURO: Discúlpame, amiga por haberte sometido a injusta presión con mi postura, todo por esa carta que encontré en la biblioteca. Respeto la ciencia de la Historia porque gracias a ella tenemos una perspectiva ordenada de nuestro tiempo y nuestro pasado. Bueno, algunos hablan de reescribirla, pero en fin... Igual, te aclaro que no soy ni un nihilista ni un dadaísta de la Historia.
XAVIERA: Allá tú, Mauro. Y te recuerdo que estamos investigando, buscamos pistas.
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₁ El verbo conversar conlleva la idea de civilización, de civilidad, por lo que es inapropiado que el escritor anónimo lo emplee tan audazmente para referirse a algún tipo de interacción social entre los miembros de ese grupo humano primitivo que no era civilizado.

Sunday, June 14, 2020

CARLOS VARELA FUE UNO DE LOS FUTBOLISTAS MÁS BRILLANTES QUE HAYA TENIDO PENCO

CARLOS VARELA, el privilegio de salir en la portada de revista ESTADIO
se conseguía por méritos en la cancha. (1944)
En la foto del lado izquierdo, MANUEL PIÑERO es el primero y CARLOS VARELA aparece al centro. Ambos integrantes de la delantera del equipo campeón Audax Italiano, tuvieron como denominador común Coquimbo CRAV de Penco. En la foto de la derecha, Carlos Varela viste el overol de la maestranza Mademsa de Santiago y aparece junto a una máquina y a sus compañeros trabajadores. Había que trabajar paralelamente en otra cosa, porque la paga de un jugador profesional en ese tiempo no alcanzaba. (Fotos revista Estadio 1946).

TEXTO : Abel Soto Medina                     
         Penco, al igual que un slogan que dice que somos la tercera ciudad más antigua de Chile por el solo hecho que en este lugar se fundó la ciudad de Concepción, y con ello pasamos a ser la Cuna de Concepción, sin duda que como pueblo y literalmente hablando, nuestro Penco ha sido Cuna de muchos exponentes de fútbol, algunos con más pergaminos y otros más famosos, pero al fin desde el Fortín Refinero, han salido para el fútbol profesional chileno varios jugadores y que en esta ocasión queremos resaltar a uno de los grandes olvidados.
OMAR SOTO
         Vamos recordando, desde aquí y jugando por Fanaloza fue transferido al Audax Italiano Don Lucho Vera; Salinas de Minerales de Lirquén a Magallanes; Óscar Barraza del Vipla de Lirquén a Unión Española; y Omar Soto arquero de Fanaloza, (y quien se inició en Atlético de Penco)  se fue a defender el pórtico de Colo Colo. Vale recordar también a Adolfo Neff de Lota, quien jugó la final del Campeonato de la región en 1963 contra Coquimbo Crav, y se fue a Universidad de Chile. Ya que hablamos de arqueros, el más destacado fue Onofre Pino, guardavallas de Fanaloza, fue el mejor del Campeonato Regional, nada tenía que envidiarle a los de la liga profesional. De Fanaloza se fue a Fernández Vial y reforzaba a cualquier equipo cuando éstos tenían que enfrentar algún compromiso con equipos o selecciones profesionales. Su más recordado palmarés fue haber defendido el pórtico de Naval cuando jugó contra el Santos de Pelé en el estadio El Morro en 1963. Pero me detendré en un gran olvidado, pero que sin
ONOFRE PINO 1988
duda fue de los grandes, me refiero a Don Carlos Varela Aguirre, discípulo de Carlos
«Zorro» Vidal, para los efectos del fútbol él fue Pencón, porque desde aquí y vistiendo la casaquilla de Coquimbo fue transferido al Audax Italiano el año 1943, así lo escribía la Revista Estadio o Luis Osses Guiñez en su libro «Naval» del Fútbol Regional. Sus orígenes son de la zona minera de Schwager, y entrenado por Don Carlos Vidal, fue Vice campeón con la Selección de Concepción contando recién con 17 años posteriormente y seguramente recomendado por el «Zorro», se integró al equipo refinero, estamos hablando de los años 1939 al 1942 y según su versión en la revista Estadio, fue campeón con Coquimbo de Penco del Campeonato de Concepción los años 1941 y 1942. Estaba aquí cuando se le nominó para la Selección Nacional, pero en un entrenamiento sufrió una lesión que lo marginó. Su incorporación al fútbol rentado en Santiago, fue quizás por una recomendación que nunca buscó, un prestigioso entrenador uruguayo que había sido contratado por la Refinaría de Azúcar y que no se acostumbró a la región al pasar por la capital, recomendó a la gente de Audax Italiano que en Penco había un jugador con técnica superior a la media conocida y que no tenía duda de su éxito en el fútbol profesional, fue entonces que el club verde de la capital envió un emisario y se llevó a Carlos Varela.

         El primer año no rindió con la expectativa que se tenían de él, incluso los socios e hinchada no podían creer el alto valor pagado por su transferencia, pero su sangre de minero y corazón de Pencón, lo hicieron redimirse y al segundo año, todo cambió, empezó a brillar con luces propias, el público asistía a los estadios a ver a Carlos Varela, que en ésos entonces estaban apareciendo en Chile, jugadores de la talla de Atilio Cremaschi que jugaba en Unión Española, y otros virtuosos con el balón que cubrían las plazas de interior izquierdo o derecho (8 y 10).
      Audax Italiano se coronó Campeón del Fútbol Profesional, contando con Carlos Varela los años 1946 y 1948, siendo nuestro Pencón, un baluarte de ésas conquistas, titular inamovible y aportando siempre el gol. En audax exhibió sus cualidades técnicas que lo llevaron a la Selección Chilena, representando al país en los Sudamericanos de 1947 y 1949. La primera vez que vistió la roja, fue en un amistoso contra Estudiantes de la Plata (Chile ganó 2-0), y formó delantera como interior izquierdo con Armingol, Cremaschi, Alcántara y Balbuena.

          Después de ser protagonista desde 1943 a 1949, Audax Italiano inició un proceso de renovación del plantel en 1950 y comenzó a ver su retiro del fútbol profesional, pero antes dejando una huella de su brillante carrera en el fútbol de la Zona y de Santiago, así como también en el ámbito internacional.
             De acuerdo a una nota de este blog sobre Manuel Piñero que jugó en Fanaloza, y fue compañero de Varela en Audax Italiano, aparece un homenaje reflejado en un Diploma que recuerda a ambos por tener la Maestranza Crav a dos Jugadores Internacionales. 

          De esta forma el Club Deportivo Barrio Cautín de Temuco rendía honores a estos jugadores que hicieron de Penco su casa. Como la fecha del Diploma data de 1955, un recuerdo hizo mi hermano Jorge, donde todos los niños querían abrazar al personaje, acompañado de su gran fama, según esto podemos decir claramente que Carlos Varela se retiró del fútbol en el equipo dónde saltó al éxito y respecto a la sección maestranza que se indica en el Diploma, Carlos Varela en Santiago trabajó también en la maestranza de Mademsa según se aprecia en fotografía adjunta. Los jugadores en esos años debían compartir el fútbol con trabajo por cuanto los ingresos por el deporte no eran suficientes para solventar a los profesionales. Antes de finalizar quiero hacer notar que los jugadores Manuel Piñero y Carlos Varela fueron protagonistas en la misma época y ambos salieron campeones con Audax Italiano siendo compañeros de equipo. Por lo tanto el Diploma recordatorio de Temuco hizo un merecido honor a ambos jugadores.

         He querido escribir esta nota para hacer notar que por Penco pasaron grandes Jugadores de fútbol y muchos con una exquisita técnica como fue el caso de Carlos Varela. Y estaban en el olvido popular de este deporte, bien cabe aquí una frase habitual mía que cito: «siempre es bueno mantener una ventana abierta de la historia, para recordar a quienes nos precedieron».

Abel Soto Medina
Aficionado a la Historia
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Revisión de estilo, N.Palma



Thursday, June 11, 2020

UNA HISTORIA INEXPLICABLE OCURRIDA UNA NOCHE EN LA EX SEDE DEL CLUB ATLÉTICO DE PENCO


LA EX SEDE DEL CLUB ATLÉTICO, ABAJO A LA IZQUIERDA, SU PRESIDENTE
Y FUNDADOR JOSÉ RIQUELME ARANEDA.
          Penco está lleno de historias inexplicables. Son relatos que circulan entre la gente y que se cuentan al final del día. Cuando una leyenda de aparecidos se pone sabrosa, se terminan los bostezos. Y vienen las preguntas, más preguntas en la idea de verificar. Estas historias de trasnoche pertenecen al país del «créalo-o-no» porque no se puede averiguar e intentarlo es darse cabezazos contra la muralla. Un hecho por el estilo me lo relató mi amigo Andy Urrutia y es el siguiente:
«Mi tío José Riquelme, fallecido hace un par de años, quien fuera presidente y fundador del desaparecido club de fútbol Atlético de Penco me contó un hecho que pertenece a lo inexplicable. Ocurrió en la sede del club entonces ubicada en calle Penco, un poquito más allá del puente de Freire, por la orilla del río, yendo hacia la Planchada, donde hoy existe una bomba bencinera. Esa sede era de madera y él la construyó con la participación de amigos, vecinos y jóvenes socios. Cuando quedó habilitada se instalaron mesas de pimpón, tableros de ajedrez, juegos de la dama y también había una oficina. A veces se hacían fiestas para reunir fondos con fines sociales o deportivos. En las tardes siempre había jóvenes, niños, socios, realizando alguna actividad. También se planificaban los partidos, se estructuraban los equipos para el fin de semana. La casa del Atlético era una auténtica sede social, de la que mi tío estaba muy orgulloso. Fue el sueño hecho realidad de mi tío que su club tuviera un domiclio y lo consiguió también gracias al apoyo del doctor Díaz. El espacio donde se edificó fue cedido, quizá con alguna cláusula de temporalidad que desconozco. Eso fue a finales de los años 60 o a comienzos de los 70.
ANDY URRUTIA
«Bueno, él me contó que una noche, serían tal vez las 10, él se disponía a cerrar la sede, como lo hacía todos los días, para irse a dormir por sus actividades del día siguiente. Así que dio instrucciones a los últimos niños y jóvenes que permanecían en el recinto que terminaran lo que estaban haciendo y calabaza. Hora de cerrar. En ese momento alguien tocó a la puerta. Le abrieron. Era un hombre desconocido de edad adulta, algo barbón, vestía un abrigo oscuro, descuidado, parecía venir viajando de lejos, ni bolsa ni maleta, sólo lo que llevaba puesto. Era pobre, pero se expresaba bien, parecía tener educación, daba la impresión de ser un rico venido a menos por algún vicio. Mi tío José se acercó al umbral donde el hombre permanecía para que alguien lo atendiera. Luego de los saludos, mi tío José le preguntó que qué necesitaba. El desconocido le dijo que había llegado a Penco esa noche, que estaba en tránsito en el pueblo y que iba no sé para adónde. Su problema era que necesitaba pasar esa noche de invierno bajo un techo. Estaba a punto de llover. Mi tío consideró suficiente la información que le dio así que no más preguntas, lo hizo pasar y le dijo bueno, por una noche no hay problemas, veremos cómo usted se puede acomodar por aquí. Los niños y jóvenes que quedaban en el club miraban sorprendidos. De alguna parte alguien sacó una frazada se la pasó y el hombre agradeció, no le quedaba más que dormir en el suelo, pero había resuelto su problema más importante gracias a mi tío y al Atlético.
«Entonces el hombre dijo, “a modo de agredecimiento quiero hacerles una demostración del arte que conozco y lo que sé hacer. ¿Me pueden facilitar una escoba, por favor?”. Se la trajeron los muchachos, él la tomó y la apoyó en uno de los muros, se sentó en una silla y se tapó la cara con ambas manos, en un acto de aparente concentración. No pasó un minuto cuando la escoba comenzó a levitar y a volar en círculos por todo el ámbito del club...
«Eso me contó mi tío, una persona seria. Yo no puedo dudar porque además él había sido testigo directo igual que los otros niños. Y eso es lo que lamento ahora, no haberle preguntado quiénes eran los que estaban con él esa noche. A lo mejor ahora yo los hubiera buscado en Penco para escuchar la versión de ellos sobre ese episodio, a los que todavía queden vivos».
Luego de oír esta historia de mi amigo Andy, recordé una frase que leí en el cuento «Prometeo» de Franz Kafka y que dice: «La leyenda quiere explicar lo que no tiene explicación». Bastaría agregar que un hecho de este tipo nacido de la verdad de un relato y contado por una persona digna de credibilidad vuelve necesariamente al ámbito de lo inexplicable. Siempre será así.
CLUB DE HONOR DE ATLÉTICO DE 1959. La alineación: ARRIBA de derecha a izquierda Constanzo, B. Pantoja, Aguilar, Montero, Zambrano, Sánchez. ABAJO, Víctor Riquelme, Rivera, Molina, J. Pantoja y Lagos.

Tuesday, June 09, 2020

TUMULTUOSA FUE LA OCUPACIÓN ILEGAL DE LA POBLACIÓN PERÚ EN PENCO EN 1955


NOTA DE LA REDACCIÓN:  Presentamos a continuación un avance del libro, próximo a su publicación, que narra la historia de la población Perú, de Penco, investigada y documentada por el profesor del Liceo Ríos de Chile de Lirquén, señor Julio Zambrano Recabarren. El autor nos entrega un resumen de su trabajo que incluimos en nuestro blog. La historia de dicha población contiene aspectos inéditos y novedosos, como por ejemplo que estando terminada fue tomada por sorpresa, convirtiéndose tal vez en la primera ocupación ilegal de casas en la historia pencona, de Chile y quizá del mundo. El libro promete muchas otras novedades que esperamos leer pronto. El año en que ocurrieron estos hechos fue 1955, siendo Presidente de la República, Carlos Ibáñez del Campo.

                    
                     P O B L A C I O N   P E R Ú   -   P E N C O

Por Julio Zambrano Recabarren    juliozam_7@hotmail.com
JULIO ZAMBRANO R.


A finales del año 1953 y comienzo de 1954, se construía la Población Perú en el cuadrante de las calles Alcázar, Cochrane, Freire y Yerbas Buenas de la comuna de Penco, con habitaciones para 66 familias, de las cuales, 54 de un piso, 10 de dos pisos y 2 casas –locales comerciales.
Producto de la tardanza en la construcción, por ende la demora en la entrega de las casas; los beneficiarios esperaban tranquilamente, hasta que, por segunda vez escucharon rumores de que mineros de Lirquén, procederían a “tomarse las casas”.  Los vecinos empezaron a organizarse para defender sus casas y procedieron a reunirse en la entrada del fundo Coihueco, con el fin de no despertar sospechas.   A dicha reunión, los vecinos acudían de dos en dos.
Reunidos un día Miércoles, acordaron tomarse las casas el día Sábado (8 de enero de 1955) a las 14,30 hrs., es decir, horas antes de la supuesta toma por parte de los mineros.   Una vez concretada la toma, cerca de las 18,30 hrs. Autoridades municipales y carabineros, notificaron a los vecinos que debían desalojar las casas en forma voluntaria, en un plazo de 1 hora.  Cerca de de las 19,20 hrs., un diputado de la república, solicitó al Ministro del Interior, que se buscara una solución.  El Ministro respondió, que ya había ordenado el desalojo y esa era su última palabra.
Cerca de las 20 horas empezó el desalojo por parte de militares llegados desde Concepción, situación que demoró 45 minutos.  Posteriormente, los militares empezaron a sacar las pocas cosas que habían trasladado los vecinos (1 catre) y, las fueron depositando en un lugar abierto (donde actualmente están los bloques, en calle Cochrane) y derechamente botaron las cosas en la playa.    Todo el procedimiento término a las 1,30 hrs. de la madrugada. Lógicamente, los vecinos durmieron a la intemperie en la playa.
Después de detener a los dirigentes y, esperar un largo tiempo de conversaciones con las autoridades del momento, se procedió a la entrega de las primeras viviendas.
Según el testimonio de vecinos que vivieron durante ese tiempo, dicha acción fue catalogada como la primera toma de casas en Chile y, algunos de ellos manifestaron que fue la primera toma de casas en el mundo, según informaciones provenientes de la República de Cuba.   Hecho que este autor, no pudo verificar.
Así nació nuestra querida población Perú, gracias al esfuerzo y constancia de un grupo de vecinos y, desde ahí surgió la solidaridad y unidad de los vecinos antes situaciones negativas o amargas.   Nuestro respeto y admiración por nuestros hermanos, padres y abuelos que participaron de esta heroica acción.
Este en un breve resumen extraído del libro “MEMORIAS VIDAS DE BARRIOS – HISTORIAS DE LA POBLACION PERÚ PENCO”,  de mi autoría, próximo a ser publicado.
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POST SCRIPUM: De acuerdo a los antecedentes podemos agregar: 1.- Se cuenta que la gran mayoría de los ocupantes ilegales regresó a sus lugares de origen, pero queda constancia de que algunos vecinos estuvieron acampando en la playa, por cuanto, habían conversado con sus arrendadores que no volverían a habitar sus casas. 2.- Las viviendas habían sido previamente asignadas, salvo 2 casos, una de las casas fue entregada a un obrero de fanaloza, de nacionalidad peruana, que no tenía donde vivir y la otra fue entregada a la familia Fuentealba Rivera, que por tener su 7° hijo varón, interviniendo el Sindicato de Suplementeros, por cuanto ellos eran asociados.  El séptimo hijo, se inscribió con el nombre de Camilo, en homenaje a Camilo Henríquez y por haber nacido el día de la prensa el 13 de febrero.


Friday, June 05, 2020

PINTORESCA E INTENSA ACTIVIDAD PORTUARIA TUVO PENCO EN AQUELLOS AÑOS DE LA REFINERÍA


MANUEL PALMA
NOTA DE LA EDITORIAL:  Las nuevas generaciones quizá ni sepan que en Penco existió una fábrica que refinaba azúcar: la Refinería de CRAV. Menos sabrán que esa industria tenía un muelle por el que ingresaban la materia prima  y por donde salía la producción al comercio ubicado en el litoral. La fábrica desapareció hace un par de años y el terminal marítimo muchisimo tiempo antes. El siguiente relato que incluimos fue publicado en la revista interna de la Refinería «Pan de Azúcar» en los 70 y su autor fue Manuel Palma Ruiz. Destacamos la descripción detallada de ese muelle, la jerga local de esos años, la visión colorida del paisaje y el quehacer logrado con una maestría no pretenciosa de la pluma  de quien la escribió, mi padre. 
              
              CUANDO LA CRAV TENÍA UN MUELLE
El viejo muelle de la Refinería de Azúcar de Penco entraba al mar en una longitud aproximada de 450 metros en el nacimiento de la calle Talcahuano. Estaba iluminado por el lado de la travesía (Oeste) en toda su extensión; su construcción era de pilotes de rieles dobles, amarrados con fuertes abrazaderas de fierro, sus vigas de madera como en igual forma su piso. En el extremo terminal en el mar, donde atracaban los remolcadores con su lanchaje, habían tres grúas para su carga y descarga, las que comúnmente se les llamaba «burros». En este extremo también había un estanque de agua dulce y una oficina para que atendiera los trabajos un empleado de la Empresa, una garita en que se guardaba el material de maniobras como ser bozas, estrobos, etc.
            Sobre su piso había dos línea de ferrocarril y por ellas las pequeñas locomotoras del Ferrocarril Interno corrían con agilidad, remolcando carros planos cargados con sacos de azúcar cruda amarilla y brillante, que llegaba en los barcos de la Compañía Sud-Americana desde el Perú, Ecuador y otros países. Entre esos barcos recuerdo al «Aysén», «Mapocho», «Imperial», por citar algunos, los que lucían en su proa un delicado mascarón pintado de blanco. (Estos barcos eran llamados por los habitantes «vapores perros», ya que cuando sonaban sus sirenas, las que eran bastante estridentes, hacían llorar a todos los perros del poblado y sus alrededores).
           Cuando había embarque o desembarque de azúcar se trabajaba febrilmente de día y de noche y era entonces cuando las locomotoras imprimían más velocidad a su marcha, cubriendo el cielo con negros penachos de humo, atochadas sus pequeñas carboneras con carbón del Mineral de Lirquén. Iban y venían desde el muelle a la bodegas o a la Fábrica para depositar la mercadería. Los nombres de estos pequeños monstruos de acero con pequeñas ruedas, pero con voluntariosas bielas y con hombres que con mano firme las conducían y que tan populares eran en la temporada de verano al ser fotografiadas por los turistas, eran: «Laurita», «Olga» y «C. Wernecking», las que con su continuo pitar daban una nota de gran colorido a nuestro pequeño pueblo de aquellos tiempos.
«OLGA», una de las 3 locomotoras a vapor de la Refinería.
              Este muelle no sólo servía para el descargue de azúcar para la Fábrica; en él se descargaba fruta de la Frutera Sud-Americana y se embarcaba azúcar elaborada, la que los barcos distribuían en cajones a lo largo del litoral para endulzar la vida de los chilenos. La CRAV contaba con vapor y lanchaje propios, como también fondeadero de naves. Debido a lo bajo del fondo de la bahía, fondeaban a unos 500 mts. del muelle y esta distancia la cubría el remolcador con sus lanchas a la cola, ya fueran cargadas o vacías, y su rutina del barco al muelle o viceversa. Entre los remolcadores que le daban más colorido a esta cinta de hierro y madera que entraba al mar figura en el recuerdo el «Penco» por lo bonito de su forma, su pintado y conservación, que lo convertían en un barquito de ensueño, sobre todo para los niños de la Familia Refinera.
UNO DE LOS REMOLCADORES que operaba carga en el ex muelle de la Refinería,
seguramente se trataba del remolcador «Penco».
             Entre los barquitos miniaturas que cargaban azúcar elaborada están latentes en mi recuerdo dos de la Compañía Armadores de Lebu, que por su poco calado atracaban al muelle para llenar sus ventrudas panzas con materia elaborada y entregarla a comerciantes establecidos en el Golfo de Arauco. Estas naves no pasaban de los 15 mts. de eslora y sus colores eran: casco negro, casitas blancas y chimenea amarillo ocre.
               Los nombres de los componentes de esta flota liliputiense eran; «Lebu», «Tomé» y «Tirúa», que con sus timoneles en manos de veteranos lobos de mar nunca le temieron a temporales, por muy bravos que fueran.
         Cuando estaba anunciado un barco y éste aparecía a la distancia, comenzaban a dar pitazos, tanto el remolcador como las grúas para que las autoridades, de la Gobernación Marítima y funcionarios de Aduana fueran a su recepción pertinente. Además estos pitos servían de llamado para el personal que trabajaría en las faenas que se empezarían a desarrollar desde ese momento.
            En la temporada de verano la Refinería otorgaba permiso, sobre todo en las noches, para que la gente pescara, y centenares de cañas extraían la sabrosa merluza, que abundaba y hacía más placentera la estadía de algunos veraneantes que disfrutaban de este grato y bello deporte.
          El varadero, donde se reparaba el equipo flotante en malas condiciones, quedaba al lado del puelche del muelle (Este) y el ruido continuo de las herramientas de los picasales, caldereros, herreros, carpinteros de rivera y pintores daban al sector un movimiento de existencia de un pequeño astillero.
        Un día crudo de invierno de 1945, un temporal desatado en forma inclemente, azotó nuestras costas, fue entonces cuando nuestro muelle tocó a su fin, siendo destruido por la furia del oleaje, a vista de todo el pueblo, sin saber nada que hacer para salvarlo. Desde 1945 los refineros y Penquistas ₁ han seguido esperanzados en que algún día se cnstruya otro en su reemplazo.
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₁ Para referirse al gentilicio de Penco, el autor usa Penquista; es probable que la opción se haya debido a que para entonces el gentilicio correcto pencón no hubiera estado instaurado o se lo consideraba no eufónico.

Tuesday, June 02, 2020

LOS ESTIBADORES DE PENCO Y LIRQUÉN DURANTE EL SIGLO XX DESCARGABAN LOS BARCOS A PURO ÑEQUE

EX DIRIGENTES DE LOS ESTIBADORES de Penco, de izquierda a derecha: Carlos Wedel, tesorero; Rodolfo Jaramillo, secretario; Marcelino Vera, vicepresidente; y Julio Navarrete, presidente.

          En los años 60 y los 70 cargar o descargar buques en el muelle de Lirquén era una tarea pesada porque los productos o venían a granel o en sacos de 80 kilos. El cuerpo sentía ese peso ya fuera en el interior de las bodegas sorportando altas temperaturas y encierro o en cubierta al aire libre, a veces bajo fuertes aguaceros. No había excusas, la tarea tenía que cumplirse en los plazos porque las navieras imponían exigencias; para ellas un retraso les significaba la pérdida de miles de dólares. Estas presiones: las metas, los horarios, la severa mirada del capataz y las inclemencias atmosféricas hacían de los estibadores hombres bizarros. 
          En los años 60 en Penco el gremio marítimo tenía su sede en calle Maipú a pasos de Freire y al lado del paradero de buses, que consistía en un refugio metálico instalado en la vereda que hace años fue retirado. Arrendaban ahí una pieza amplia cuyo amoblado recordaba una sala de clases con butacas y un escritorio frontal al fondo. Allí se reunían los estibadores así fuera para tratar materias gremiales como para la asignación de tareas, esta última consistía en la confección de una lista de nombres correspondientes a los trabajadores que atenderían tal o cual buque, según los requerimientos. Se llamaba «la nombrada». Estar en esa lista significaba tener trabajo y, por tanto, buena paga. Pero, la prioridad para ser incluido la tenían los socios activos del sindicato. Sólo cuando se producían ausencias, suplía un trabajador no afiliado, al que llamaban «medio pollo».
EL EX VICEPRESIDENTE Marcelino «Nino» Vera es entrevistado por un reportero en Valparaíso. 
           Los días en que se confeccionaba «la nombrada», esto era en vísperas de llegadas de buques, los «medios pollos» se achoclonaban en gran número en la puerta de la sede para probar suerte. Los más audaces ponían el pie en el umbral, en cambio los más tímidos o con menos influencias, esto es con menos pitutos, esperaban a distancia prudente que se produjera un milagro: la convocatoria. Las butacas estaban reservadas a los estibadores titulares quienes desde ahí escuchaban las propuestas, la conformación de las cuadrillas, los buques y la carga: «la nombrada». En el escritorio frontal se ubicaban los integrantes de la directiva, la que había sido elegida por votación de los socios, incorporada oficialmente a la confederación nacional y aprobada por la empresa portuaria.
EX INTEGRANTES DEL Sindicato de Estibadores, a la izquierda un señor de apellido Díaz; y a la derecha, Óscar Vera.
        Esos dirigentes tenían prestancia sindical. Vestían impecablemente, corte de pelo, bien afeitados y, dentro de sus tareas mantenían fluida comunicación con representantes nacionales (FEMACH), con sede en Valparaíso. Por lo que había muchos viajes tanto de Penco y Lirquén al puerto como viceversa. Su categoría de dirigentes establecía una diferencia con el resto de los asociados y los convertía en figuras nacionales dentro de la organización. Los sindicatos de estibadores eran poderosos. Una huelga interrumpía la economía por su base: el intercambio comercial del país. Sus contactos internacionales, en particular con sus congéneres norteamericanos, acrecentaban su poder. Por eso no era de extrañar que de vez en cuando llegara una invitación, hecho que permitió a varios de esos dirigentes viajar a Estados Unidos, seguramente a los puertos de Philadelphia y Los Ángeles.
             Los estibadores de Penco, primera línea en la interacción con los buques extranjeros, tenían un privilegio con respecto a los pencones comunes y corrientes, porque accedían a productos exclusivos que traían los marineros y que no estaban en el mercado local, por ejemplo los wiskies, perfumes, cigarrillos, blujeans. En cantidades mínimas los trabajadores marítimos los adquirían a los tripulantes a precios convenientes y los podían revender o regalar entre sus amigos de la comunidad. Era quizá la única ventaja glamorosa de un trabajo propio de hombres rudos.
              Este panorama que hemos descrito se modificó con el aumento del comercio internacional, la automatización y la incorporación de los contenedores. Hoy en día los estibadores ya no usan un garfio de fierro para enganchar sacos, cargarlos en bandejas que se izaban al cabezal del muelle para que la cadena de transporte prosiguiera por tierra.
EL GREMIO DE ESTIBADORES durante un paseo en las cercanías de Penco. A la derecha de traje oscuro, Óscar Vera, y a su lado, más bajito, Guillermo Betancur (Q.E.P.D.), recordado estibador en el ambiente portuario.
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NOTA DE LA REDACCIÓN: Las fotografías fueron facilitadas a nuestro blog por Carlos Wedel, quien a su vez las obtuvo de una hija de don Óscar Vera. Gracias.