Sunday, March 22, 2020

PENCO Y LA CIUDAD DE LA PESTE EN LA RUTA DE UN AMIGO «NÓMADE»


          Para introducir esta historia debo, primero, situarme en el argumento de la novela «La Peste» del premio Nóbel y filósofo francés Albert Camus*, que ha reflotado por estos días de cuarentena, miedo e incertidumbre1. Según el cuento, la ciudad enfrentó un largo aislamiento forzado a raíz de una enfermedad mortal de explosiva propagación. Y no digo más para evitar el spoiler y usted lea ese libro porque, además, es actual, conveniente, vale la pena y es entretenido. Pero, veamos cómo se enlazan estas cosas.
       A mediados de los años 60 se incorporó al grupo scout de Penco, Armando Legrand, Osvaldo Vega, un muchacho que recién se instalaba por estos lados. Provenía de Lota con su mujer y su hijo.  Arrendó una casa situada en las poblaciones del camino viejo a Lirquén, sector que antes llamaban «Corea». Consiguió un empleo en Fanaloza. Vega era un tipo bajo, delgado, ojos chicos y vivaces, inteligente, estudioso, harta labia, bueno para la talla. Decíamos que ingresó a la Legrand, pero no en un puesto raso sino en el nivel de jefatura. Y por su personalidad fuerte de a poco comenzó a eclipsar a los jefes con años de circo, hecho que le granjeó enemigos en el staff, pero perseveró, no se amilanó. Hice buena amistad con él sin yo desconocer y respetar a las antiguas jefaturas. Bueno, finalmente mi amigo asumió las funciones máximas en el grupo y los otros hicieron mutis por el foro. Pero, eso duró poco. Porque el día menos pensado el nuevo jefe desapareció de la escena así como había aparecido. Por tanto, el grupo de la Legrand volvió a lo clásico, los ex jefes reasumieron y todo ahí siguió el ritmo de antes. Nunca más vi a mi amigo en la circunstancia pencona. Entregó a sus dueños la casa que arrendaba en «Corea» y partió con su gente, ¿adónde? Debido a que no vivió en el pueblo por más de 3 años, no echó raíces por eso la gente rápidamente lo olvidó.  Lleno de curiosidad por saber, pregunté a sus próximos los que se encogieron de hombros. Deduje que Vega debía tener algo de nómade.
           ─¡Nelson!
          Oí que me llamaron en voz alta, casi a gritos, en la multitud del centro de Santiago, Portal Fernández-Concha, ya de noche. Me giré entre el gentío y ahí vi a Osvaldo Vega, con sus brazos abiertos, extendidos, sus pequeños ojos vivaces, su risa franca, delgado como entonces. Interminable fue ese abrazo. Habían pasado 30 años2 de nuestra última conversación en la Legrand.
Vista de Orán, al occidente de Argelia. Foto tomada del portal viajero.
           ─Ya no vivo en Chile, estoy de paso; después de Penco me fui a Bahía Blanca en Argentina. Y de ahí me mudé a Francia y después al norte de África, vivo en Argelia.
             ─¡Oh!, medio periplo, le dije sorprendido. ¿Pero qué haces ahí?
           Trabajo para una compañía petrolera.
           ¿En Argel, la capital?
             ─No, vivo en Orán. Hace años que estoy ahí con toda la familia.
        ─¡Oh!, la ciudad de la peste, el Orán de Camus, le repliqué con picardía pero igualmente más sorprendido que antes.
      ─¡Jajaja! Cierto, quien viva en Orán tiene que haber leído esa novela. He verificado que todo era igual como en el libro, tal como se describe ahí₃. Es una linda ciudad árabe, bastante afrancesada por su historia como tú sabes; estoy feliz en Argelia.
      ─Osvaldo, he pensado muchas veces que tú eres un nómade...
    ─Y estoy cerquita de las tribus nómades del desierto de Argelia. Jajaja. A lo mejor me vuelvo beduino.
      Después de ese simpático e inesperado reencuentro, que duró menos que una fusa, no supe más de Vega, tal como ocurrió luego de su partida silenciosa de Penco. Para colmo, no anoté un número de teléfono o una dirección debido a la vorágine. Quizá por lo fortuito de habernos visto, no pierdo la esperanza que de repente, entre la gente de la calle, oiga a mis espaldas que griten mi nombre y sea él de nuevo. Si eso ocurriera, juro que ya no me sorprenderé escuchar que me diga entre risas que se aburrió en Orán y que se instaló en Kabul, Afganistán, porque de él yo esperaría algo parecido. Bueno y si además él estuviera planeando regresar a vivir en Penco yo tampoco lo descartaría.
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* La novela «La Peste» fue publicada en 1947. Albert Camus nació en Argelia en 1913 (entonces colonia francesa) y  murió en Francia en 1960. Se le otorgó el Premio Nóbel de Literatura en 1957.
1 Tiempos oscuros por el corona virus en el mundo (2020).
2 Este encuentro con mi amigo Vega ocurrió a mediados de la década de 1990.
El impacto del COVID 19 en nuestros tiempos fue tan horrible como lo descrito por Camus.

Sunday, March 15, 2020

UNA POESÍA NOS DA NOTICIAS DE LOS ANTIGUOS HORNOS CALEROS DE PENCO

Un horno calero de España. (Foto tomada de www.mondoñedo.net).

               La historia también se conoce a través del arte, la poesía. Los versos de Homero, por ejemplo, han servido para conocer la guerra de Troya, hecho acaecido en la nebulosa de los tiempos. El trabajo del historiador es estudiar el poema, seleccionar los datos razonables y coherentes y construir un modelo aceptable del pasado del que no se dispone de más información para triangular. A escala nuestra y muchísimo más reciente, no tenemos una prosa que nos aporte pistas, por ejemplo de unos hornos para fabricar cal que hubo en Penco, conocidos entonces como hornos caleros. A riesgo de incurrir en una exageración y tal vez en una irreverencia al citar a Homero en esta nota, podemos decir que hemos hallado información de los mencionados hornos en una poesía del profesor pencón Enrique Fernández escrita en 1990.

           Los hornos caleros de Penco estaban en el talud entre la línea del tren y la playa en el camino a Cerro Verde. Eran de estructura circular y construidos, al parecer, con ladrillos refractarios. Los obreros caleros cargaban la capacidad de los hornos con conchas mayormente de locos y en la base les allegaban fuego. El proceso de transtormación de las conchas en cal tardaba 3 días, puesto que los hornos debían alcanzar altas temperaturas para lograr el proceso químico de conversión del carbonato de calcio en óxido de calcio. Una vez alcanzado el máximo de calor, que se advertía por la tonalidad blanca de los ladrillos, los hornos se apagaban y se esperaba el enfriamiento total durante otros tres días. Transcurrido ese tiempo se retiraba la cal. Esta se utilizaba en blanquear fachadas y también con fines de higiene. Existía un mercado para el producto en Penco y concepción.

          Los hornos caleros de Penco fueron abandonados durante los años 50 y después desmantelados para usar esos espacios en la edifición de casas. Los dos hornos se ubicaban entre la línea y la playa a unos 100 metros al norte del cruce ferroviario de calle Infante por el camino a Cerro Verde.

        A continuación reprocimos los versos del profesor Fernández sobre esos hornos:

HORNOS CALEROS
                               Por Enrique Fernández Salgado (Penco, 1990)

Progenie formal de familia Roa, con tesón,
en 1850, auscultando el ambiente trabajador,
moluscos, dureza triturada, Cal de Concha ideó.
…..
En 1934, siguieron moliendas de caparazones.
Don Pedro Roa Valenzuela (hijo), continuó
igual obra, la Línea Férrea-Infante, al fondo.
Instaló dos Hornos Caleros, aplicando hombro.
La Cal de Concha se vendía bastante en Penco,
codiciada en Concepción, “La Mocha” del tiempo.
Su padre daba ritmo a: pesca, teja y ladrillo.

Original escrito por el profesor Fernández. Este material fue cedido
a nuestro blog por Luis Navarrete.



Friday, March 13, 2020

LAS LENGUAS MUERTAS DE PENCO

Indios fueguinos publicados en 1937 por la enciplopedia juvenil El Tesoro de la Juventud. Aclaremos que la foto fue una producción para el propósito de difusión y turismo. En ese tiempo los aborígenes ya no vestían así y estaban insertos en la sociedad. La imagen es solamente referencial al texto.


          La luna llena asomó enorme, como nunca. Así se veía desde la loma que caía al río cristalino que después llamarían Andalién. Su luz de plata cubría, sumada a la claridad crepuscular, el descampado que lindaba con la bahía. Las olas distantes quebraban sus crestas blancas por delante de la isla que interrumpía el horizonte no tan lejos. El niño adolescente Marároo de pie en la loma se giró hacia el oriente y contempló sorprendido el espectáculo que brindaba la luna apenas levantándose sobre los cerros. Fue tal su emoción que llamó a su madre Saúco enfrascada en quehaceres del hogar, en el ruco de la familia levantado en un reparo del bajo. Le mostró el cielo. Ella miró hacia arriba y ambos guardaron silencio durante un rato y después sonrieron. Saúco hizo unos curiosos movimientos con sus manos sobre la cabeza, gestos supersticiosos y volvió a sus tareas. Esta imagen es una posibilidad de la prehistoria de Penco.
     ¿Esa gente cómo diría luna?, ¿cómo se decía mamá? La frase fíjate, mira hacia allá, ¿cómo la armaban? Ellos conversaban con toda naturalidad pero ni usted ni yo entenderíamos hoy en día a Marároo en esa circunstancia remota. ¿Pero, por qué no entenderíamos? Porque para nosotros sería una jerigonza desconocida y no tenemos pistas para traducir, además porque ese grupo humano que vivió en los cerros de la actual Playa Negra desapareció y la lengua que ellos hablaban murió con el último de sus integrantes que partió de este mundo.
     Es descorazonador leer que los científicos digan que cuando una lengua ha muerto aunque la reconstruyamos, si pudiéramos, nunca más sería hablada con la fluidez de entonces. Y agregan: porque vivimos en el lenguaje. Es decir el destino de la lengua es aquel de quienes la cultivan, la hablan. Pero, también puede dejar de hablarse por decisión u obligación. La historia tiene ejemplos. Dictaduras han prohibido las lenguas que consideraron una amenaza. En el presente jóvenes que hablan una lengua en su casa con sus papás y abuelos se ven forzados a aprender el idioma oficial para poder tener éxito en la vida. Es otra causa de la muerte de lenguas.
    Según UNESCO en el planeta se hablan 7.000 lenguas, pero muchas están muriendo sin ninguna esperanza de resucitarlas. Estudios afirman que 2 lenguas desaparecen cada mes. La única que volvió de la desaparición fue el hebreo, pero porque quienes lo sabían lo practicaron muchas veces a escondidas, hasta que regresó a la luz en 1948, cuando se consolidó el estado de Israel en Palestina.
         A comienzos de marzo de 1965 se iniciaban las clases en la Universidad de Concepción. En el auditorio de la Escuela de Derecho introducía su cátedra Derecho Constitucional el profesor Sergio Galaz. Ante los mechones el maestro Galaz dijo: “la sociedad humana es un hecho primario y natural y no el resultado o el producto de la voluntad de los hombres. El ser humano no puede vivir al margen”. A ese enunciado agreguemos que según todas las ciencias filosóficas pertenecer a una sociedad es ser parte de la lengua que ahí se practica. Incluso, si la comunidad es pequeña, sus miembros están dentro del dialecto del grupo. Si uno no habla eso, está afuera, es un extranjero.
El río Andalién en la desembocadura, al fondo las lomas de Playa Negra, citadas en este relato.
       Atón, el padre de Marároo, estuvo todo el día recolectando mariscos en compañía de su hermano. Desde el mar ambos volvieron caminando por las arenas pardas del borde del río; del otro lado se mecían los juncos de los humedales agitados por el viento nocturno. La luz de la luna los guió directo al ruco en la pendiente abrigada de la loma adonde llegaron con sus cestas llenas. Marároo que también quiso ir al mar, tuvo que quedarse para ayudar a proteger a su familia y al grupo de la cercanía de carnívoros merodeadores y otras alimañas de los bosques, que en realidad no eran muchas.       

        El grupo dedicaba casi todo su tiempo en procurarse alimentos. No cultivaban huertas ni tenían animales de corral. Por eso migraban por más cercanías de frutos y posibilidades de comida en el entorno de la bahía. Esas comunidades humanas del lugar –área que muchos siglos después sería Penco‒ hablaban su lengua con fluidez, un argot primario, desconocido para nosotros porque no disponemos de un registro gráfico o escrito (la prehistoria) para intentar interpretarlo. Sin embargo, es lógico pensar que escasas reminiscencias de esa lengua original permanecieron y quizá permanecen en el mapudungún de los lafquenches.
         Marároo, su padre Atón, su madre Saúco, su tío y otros vecinos del grupo esa noche comieron mariscos típicos de Penco: caracoles, machas, locos, picorocos y changayes de la recolección de la jornada. Ahí quedaron las conchas y otros restos como testimonio para el presente₁. Arriba, la luna en la fresca noche del verano acompañaba con su luz. ¿Encendieron fuego? Tampoco tenemos noticias si ellos habían domesticado el fuego.
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₁ Estudios científicos descubrieron conchales y algunas herramientas peleolíticas que dejaron esos grupos humanos prehistóricos tanto en Playa Negra, sector puente La Ballena, y en quebrada honda.

Saturday, March 07, 2020

ENTONCES, UN MUCHACHO DE PENCO SE SALIÓ DEL GUIÓN


          Al Pilo Domínguez le fluían con naturalidad su educación, su fineza en el trato y una madurez superior a su edad. Tales categorías lo colocaban sobre el promedio de los muchachos de nuestro barrio. Participaba en las actividades callejeras de los jóvenes, pero su presencia no era tan frecuente, estaría en otras cosas. Sin embargo, cuando se integraba al grupo, se notaba. Su presencia subía los estándares de las conversaciones, el vocabulario se hacía agradable a los oídos, las opiniones adquirían asidero y sentido. El joven Domínguez vivía en una de las casas de 2 pisos de la población Perú en Penco por la calle Freire. Delgado, no muy alto, tenía tez blanca, nariz respingada, ojos castaños y pelo negro siempre con el corte preciso. Sus manos eran finas. Vestía con buen gusto. Se preocupaba de su aspecto. Sin embargo, no por eso se perdía las pichangas que armábamos ahí en plena calle Freire. Corría, chuteaba, trancaba contra los demás sin amilanarse. Nos abrazábamos todos felices por la conquista de un gol. Celebraba esos intrascendentes triunfos del juego a la pelota porque correspondía. Transcurrían los inicios de los años 60. Y después volvía a ser el muchacho sensato, de voz varonil y sonrisa no afectada. El Pilo añadía el plus de la pandilla. La diferencia entre él y el resto se establecía sola. Todos los demás del grupo compartíamos el trato, el aspecto; pero él era distinto, estaba en un nivel por arriba, fruto de su ascendiente social. Y no recuerdo que haya despertado envidias, más bien admiración. En silencio contemplábamos su autenticidad, humildad, su cultura. Pura clase. Hablaba correctamente y siempre le asistía la razón. En una oportunidad en que un carabinero nos interrumpió una pichanga en la calle, el Pilo le habló de frente, sin alterarse y en un lenguaje cortés. Al oírlo el policía se quedó sin palabras y aceptó el argumento que el grupo jugaba ahí porque no había otro espacio para hacerlo como se debía. Y el Pilo le agregó que nos retiraríamos de la calzada. “El carabinero entiende porque es gente que seguramente también jugó en la calle. Con un oficial la cosa puede ser distinta”, nos comentó cuando el funcionario se retiró.
Calle Freire en Penco y la población Perú, a la derecha.

  Qué hacía un muchacho como el Pilo en Penco, pensábamos‒ si él parecía traído a nuestro grupo desde el barrio alto de Santiago. Al menos eso nos inspiraba. Cuando pasaron algunos años supe que trabajaba como vendedor en una zapatería ubicaba en Freire al llegar a Caupolicán en Concepción y que hoy en día no existe. En una ocasión decidí concurrir a esa tienda a comprar zapatos en pleno conocimiento que allí me encontraría con mi amigo. En efecto, grandes abrazos. Y me exhibió lo más nuevo de esos productos que disponía la tienda. Me los probé, los hallé bonitos, modernos y a buen precio, pero me sobrevino una inseguridad en mi decisión de comprar y le pedí que me trajera unos zapatos de diseño más tradicional. Entonces el Pilo me miró serio y me dijo con ese genio persuasivo que ya le conocía: “Tú eres un hombre joven --afirmó--. Son los jóvenes los rupturistas, los que están a la vanguardia en el vestir y en todo orden de cosas. No me puedes pedir a mi que soy tu amigo, que te traiga un par de zapatos tradicionales. Cómo se te ocurre vestirte como cualquiera de la calle. No. Tú tienes que ir a la moda. Tú eres moderno. Lucirás con orgullo estos zapatos y no otros. Déjate de provincianismos”. Parece que lo veo diciéndome eso, una lección para toda la vida. Fue también la última vez que vi al Pilo Domínguez. Murió en los años 70 víctima de una leucemia fulminante, según me dicen. Para entonces seguramente él no tendría más de 26.
          Pido perdón a mis lectores por enfrascarlos en la lectura de la memoria de un muerto. Pero, lo he contado sin otro propósito que recordar a un amigo. Es que escribir sobre él era algo que tenía pendiente y que siempre lo iba postergando. Los filósofos dicen que cuando recordamos traemos realidades pasadas al presente y hasta las imágenes de los que se han ido parecen recobrar vida. Fue nada más que eso.
Freire esquina Alcázar en Penco.
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₁ La comparación sólo aplica en un sentido figurado, considerando nada más que el refinamiento de algunos jóvenes santiaguinos. Sabido es que en el barrio alto de la capital hay de todo.

Thursday, March 05, 2020

UNA ARISTA DESCONOCIDA DE LA HISTORIA DE LA «ESCUELA ISLA DE PASCUA» DE PENCO

LA ESCUELA ISLA DE PASCUA, en otro tiempo Grupo Escolar o Escuela Modelo, tuvo entre uno de los activos gestores de su construcción a don Luis Navarrete, destacado vecino de Penco por más de 60 años.

 NOTA DE LA EDITORIAL: Reproducimos aquí una carta de don Luis Navarrete Valenzuela (fallecido en 2018 a la edad de 94 años) dirigida a sus ex compañeros del Liceo de Aplicación de Santiago donde estudió. La nota abunda en información, desconocida hasta ahora, sobre las intensas diligencias que debieron realizarse en Penco y en la capital para dotar a Penco de un moderno establecimiento educacional. Al señor Navarrete cupo una parte importante de esas diligencias como fue persuadir a las autoridades de la Sociedad Constructora de Establecimientos Educacionales S.A. para la urgente edificiación de una escuela en Penco, además, por cierto, de ayudar a reunir fondos. El texto que leerán fue cedido a nuestro blog por Luis Navarrete F., hijo.    

       Hurra muchacho noble y contento vibra en las notas de esta canción donde refleja tus sentimientos, nuestro Liceo de Aplicación... Algún error podrá haber en el recuerdo del himno del Liceo, nuestro Liceo. Pasé por sus aulas desde 1937 hasta 1941. Primer ciclo y segundo ciclo. Seis años compartiendo con los inolvidables profesores y su director señor Isamith en primer ciclo, y don Carlos Silva Figueroa en el 2do ciclo. Profesores: Labut, Barraza, Machuca, Erazo, Prat-C./Casals, etc.etc.
       Fueron convivencias inolvidables en mi vida, con tanta variedad de compañeros. No pude seguir compartiendo en sus logros del futuro con mis amigos compañeros ya que por motivos de trabajo me radiqué en la 8va región, Concepción, comuna de PENCO. 
Luis Navarrete F. a la izquierda, revisa documentos de su padre, junto a Manuel Suárez, de la Sociedad de Historia de Penco.
          Formé hogar, llegó la familia -4 hijos- la formación recibida en el Liceo de Aplicación , moral, respeto, optimismo, espíritu de superación, responsabilidad en mis actividades diarias, amplia sensibilidad con el mundo que me ha rodeado en los 58 años que vivo en la Comunidad de Penco.
     Y recordando viviencias, como ustedes lo expresan en su mensaje publicado en Las Últimas Noticias del 8 de julio de 2001, deseo ampliarme en detalles para expresar lo que significó para la comunidad que vive en Penco, el haber sido discípulo por 6 años del Rector: señor Carlos Silva Figueroa, Rector-autor de los libros de enseñaza «Zoología» y «Botánica» editor de estos textos de enseñanzas tan expresivos y sencillos para ser comprendidos por todo alumno.
      En 1955 por 2 siniestros () ocurridos en Penco, incendios ocurridos en las 2 escuelas con edificios de maderas, construidas luego del terremoto de 1939, lo que da que pensar que su deterioro y fallas eléctricas dejó a Penco, sin locales para la enseñanza primaria a niños y niñas. Escuelas N° 31 y N° 32.
      Al dolor de los hogares por no poder reconstruir locales para educar a sus hijos, incluyendo en estos locales a mis hijos, surgió en mi la idea de viajar a Santiago para exponer al presidente de la Sociedad de Establecimientos Educacionales S.A. el problema creado en Penco por los siniestros.
      Mi vivencia de inolvidable valor se basa en haber contado en esa actividad para conseguir la construcción de la escuela Edificio Modelo, con quien fuera rector del Liceo de Aplicación, y luego en 1956 presidente de la Sociedad Constructora de Establecimientos Educacionales S.A. para todo Chile.
LUIS NAVARRETE VALENZUELA, reconocido
CIUDADANO EJEMPLAR DE PENCO en 2015.
Murió el 19 de noviembre de 2018.
        Mi trabajo prometido a don Carlos Silva Figueroa, y cumplido en un año de diaria actividad, consistió en charlas, reuniones gremiales, a nivel de pueblo y gerencias de Fanaloza y de CRAV Penco, para conseguir reunir la meta de dinero efectivo, para aportarlo a nombre del pueblo de Penco al presidente de esta Sociedad Constructora: un año recorriendo casa por casa, negocios, profesorados, administrativos y particulares hasta avanzar día a día en la meta fijada por la Constructora que aliviaría a Penco de no contar con establecimientos para educar a gran población en edad escolar, desde kinder a 6ta Preparatoria. ( 2.000 alumnos m/m). Para esos años 1956-57 – era penoso ver lo imposible y lejano de conseguir un nuevo edificio escolar.
      A fines de 1957 fue inaugurado el nuevo EDIFICIO ESCOLAR construido gracias a todo el apoyo del gran Rector quien junto a autoridades educacionales del Ministerio de Educación, la plana mayor de la Sociedad Construtora con don Carlos Silva Figueroa y don Sergio Undurraga, gerente, y toda la comunidad de PENCO – FUE INAUGURADO EL EDIFICIO ESCOLAR, local que normalizó la enseñanza educativa en todos los hogares. Qué felicidad para el pueblo de PENCO.
Fotografía del educador Carlos Silva Figueroa fue autor de textos escolares de Zoología y Botánica, en los que estudiaron millones de alumnos chilenos. El profesor tuvo activa participación en la edificación de la Escuela Isla de Pascua, gracias a la mediación de don Luis Navarrete.
        Don Carlos Silva Figueroa, el día de la inauguración del Edificio Escolar donó mobiliario y libros para iniciar la Biblioteca y los representantes de la I. Municipalidad de esa época, prometieron que esa Biblioteca llevaría su nombre como homenaje a su labor educativa y autor de la realidad del Edificio Escolar Construido en Penco.
       Esta promesa «Biblioteca Carlos Silva Figueroa» no se ha cumplido en Penco, razones que me llevan a pedir a Uds. como Liceo de Aplicación, se contacten con la actual administración comunal Penco – para que sea realidad ahora que la Biblioteca se llame «CARLOS SILVA FIGUEROA». Escuela N° 598- Las Heras 499- FONO 451207 – 453603 PENCO.-
        Afectuosamente S.S.S.
Luis Héctor Navarrete Valenzuela
rut: 1.883.465- 0 Freire 809
FONO: 45.1153 P E N C O

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()  En realidad se trató de un incendio que destruyó un mismo edificio donde funcionaban 2 escuelas de niñas y niños en media jornada cada uno. En su nota el autor usó una metáfora.

Thursday, February 27, 2020

ODA AL PERSONAL DE ASEO DE PENCO


En el actual negocio de flores, en la esquina de las calles Penco con Freire, tenía su tienda de libros y su residencia el profesor de educación física (y entonces para nosotros desconocido poeta) don Enrique Fernández Salgado (fallecido). Tuvimos acceso a algunos de sus escritos en el Menaje Lina, porque su dueño Luis Navarrete, los guardaba en una carpeta. Para este post escogimos un poema inspirado en el personal de aseo de la Municipalidad de Penco y el trabajo que ellos desempeñan. Resulta interesante comprobar cómo una actividad tan distante del glamour haya sido tema para unos versos, hecho que dejó al descubierto las escondidas sensibilidades literarias de don Enrique. La breve composición poética es la siguiente:


                 ASEO

     Autor: Enrique Fernández (10 de octubre de 1989)

Aquí, están listos para la jornada.
personal del aseo, de fibra asegurada.
Guiñosos, con su nueva distribución.
….........
Temprano limpian las arterias de Penco,
retiran los desechos, estimulan la belleza,
se estiman prevenidos, --sanos elementos.
Al rato, los camiones ubican los residuos,
personal aleccionado, cumple su obligación,
únicamente: desea público comprensivo.
Todo, resuelven con diligencias,
e ideas luminosas.

Brigada del aseo.....de labor modesta,
encomiable,.......... es una ocupación.
Alguien tiene que efectuarla, con razón.
Su figura es opaca. …. Con la vida guarda:
conexión.

Arriban estos pensamientos,
al valle de la concordia,
de recíproco amor y aliento,
a los que hacen aseo. A mucha honra.
Están, justos, en el camino,
que, conduce al bienestar:
buen sino.


Wednesday, February 26, 2020

UN NUEVO ANIVERSARIO DE PENCO Y UNA NUEVA PLAZA PÚBLICA

En una ceremonia encabezada por el alcalde Víctor Hugo Figueroa y por el Concejo municipal se celebró un nuevo aniversario de la fundación de Penco, a la vez que se inauguró una plaza frente a la Casa del Adulto Mayor. El siguiente texto corresponde al discurso que pronunció el presidente de la Sociedad de Historia de Penco, Jaime Robles en dicho evento.
JAIME ROBLES, presidente de la Sociedad de Historia de Penco. (Fotos de Antonio Garrido).


Penco, el peso de la Historia

       Un valle que mira al mar, rodeado por ondulantes colinas, cada una con carácter propio, dado por sus habitantes... los de hoy y los de antes, de aquel 23 de febrero de 1550.
        Es que ya son 470 años, los que sobre el Penguco atávico, viniera a instalarse la empresa de conquista, para tomar como su bastión la comarca de Ainavillo, "señor de los pencones y caudillo" en letras de Ercilla.
     Los cronistas que acompañaban la hueste en campaña hicieron saber en sus escritos repartidos por el imperio que en el “nuevo mundo”, existía el valle que ellos, castellanizando la voz mapuche llamaron Penco, desde aquel remoto verano, justo en la mitad del siglo XVI.
     Pedro de Valdivia, se impresionó con la belleza y abundancia de ésta bahía, flanqueada por cursos de agua, el Andalicán por el sur y por el norte un estero de límpido torrente, nuestro remozado y turístico estero Penco.
   Estas fuentes de agua resultarían fundamentales para la subsistencia del nuevo asentamiento hispano, el que daría paso 7 meses más tarde, a la fundación de Concepción en su primera cuna, en este valle de Penco.
   Sería por esos días la más meridional de las posesiones de la corona española en América.
   El avance del conquistador y su gente fue relativamente calmo desde su salida del Cusco hasta el valle del Mapocho, con la excepción del levantamiento de Michimalonco de 1541; conforme se avanzaba hacia el sur, la hostilidad crecía, pasado el río Maule, el escenario sería por siglos la antesala de la guerra de Arauco; por ello que la frontera se establecería al norte del río grande, del Butalebu o Bio Bio, según la piel y el habla de quien lo cruzase.
   Valdivia da las coordenadas al emperador Carlos V en sus misivas, hace ver que ha dado con un lugar estratégicamente singular, del cual ya tenía referencias previas...
   Escribe el Conquistador:
" Yo fui a mirar donde había los años pasados determinado poblar que es legua y media más atrás del rio grande que llamo BíoBío, en un puerto y bahía, el mejor que hay en las indias, y un río grande por un cabo que entra en el mar, de la mejor pesquería del mundo, de mucha sardina, céfalos, tuninas, merluzas, lampreas, lenguados y otros mil géneros de pescado, y por la otra otro riachuelo pequeño, que corre todo el año de muy delgada y clara agua”.

   Hasta ahí, pareciera que el paraíso se abre ante sus ojos; pero a menos de un mes de la llegada al valle de Penco, una batalla quedará grabada en la historia, el 12 de marzo, una recién levantada empalizada se verá asediada por guerreros mapuche, que a pesar de ser vencidos, darán fama del coraje de la gente de tierra, que hará de ésta guerra una fuente pródiga de inspiración para crónicas y poemas épicos, no por nada a éste territorio se le conocerá como el "Flandes Indiano", como un mal recuerdo de la guerra de Flandes, hoy Países Bajos, que significara 80 años de desgaste militar y político para el imperio español, fue ese episodio su gran derrota en Europa, y en América, se comenzaba a repetir la misma historia.
   Uno tras otro, cada Toqui a su tiempo, tomará la toquicura para liderar la defensa del wallmapu.
    Lautaro ha sido el ícono de esa resistencia, se convirtió en la némesis de Valdivia y luego de vencerlo en Tucapel, repite la victoria en Marigüeñu esta vez sobre Francisco de Villagra, el sucesor del gobernador caído.
    Lautaro entonces vuelve a Penco, ya no como lo fuera 4 años antes, de sirviente del conquistador, en la Batalla de Penco, sino que ahora, como líder de su pueblo, logra que los castellanos muevan su línea de ocupación más hacia el norte, recuperando por un tiempo la comarca del penguco nuevamente para su gente.
    En febrero de cada año, estos pasajes de la historia se nos vienen a la mente, porque como se indicó al inicio de estas líneas, un 23 de este mes, hace 470 años, las primeras páginas de esta epopeya comenzarían a escribirse, en una tierra que desde los cerros mira al mar, desde Penco “agua de peumo” en la voz ancestral, nuestra ciudad histórica.

Jaime Robles Rivera
Presidente
Sociedad de Historia de Penco.