PENCO

La Comuna que Llevamos en el Corazón

Wednesday, December 23, 2009

LOS AÑOS NUEVOS DE PENCO




Marcaban la medianoche la potente sirena de Fanaloza y al unísono el ronco y profundo silbato del pito a vapor de la Refinería. Los bomberos hacían sonar su alarma.

El ulular de las sirenas y ese silbido similar al de un barco perdido en una tormenta anunciaban la llegada del año nuevo. ¿Esa era la característica de tales celebraciones durante Era Industrial? Al menos así ocurría en Penco en los años cincuenta.

El reloj pulsera a cuerdas podía marcar las doce de la noche, las radios podían emitir sus gongs horarios, pero si no soban las tres bocinas antes señaladas, simplemente no había abrazos. Tal era el rito de las fiestas.

La Refinería hacía sonar su pito a vapor durante tres minutos. Fanaloza y los bomberos se tomaban tiempos similares. La gente llenaba sus copas de ponche de frutillas y duraznos, los niños retiraban los viejos calendarios de papel colgado de las murallas y los reemplazaban por nuevos, los que lucían la misma publicidad, del almacén de la esquina.

Acto seguido, todos a la calle, a visitar a los vecinos a repartir abrazos. Los niños más grandes disparaban petardos, empanadas y viejas. Los bolsillos de sus pantalones cortos iban cargados de cohetes y piedras embadurnadas de pólvora seca. Esas piedras se hacían rodar por la calles. Brincaban como trompos cucarros por los golpes y las explosiones.

Los viejos se iban a la cama después de los pitazos; los enamorados caminaban por la plaza en la noche cálida y los borrachos tambaleándose buscaban algún sitio donde comprar más vino.

Temprano al día siguiente, las familias se iban de picnic. Los pinos de Playa Negra; la poza de Coihueco, las bateas de Copucho eran los lugares preferidos. Así se cerraba la celebración de año nuevo en Penco.

¡Feliz 2010!

Wednesday, December 16, 2009

CARACAS-PENCO-CARACAS EN CADILLAC



Ocurrió hace 25 años. Segua vivía Caracas, donde se había trasladado procedente de Penco. Se instaló en la capital venezolana, como muchos que se vieron obligados a buscar horizontes después de 11. Al quedar cesante en Cholguán intentó sin suerte volver a Fanaloza, donde antes de irse a las maderas prensadas había trabajado como electricista. O sea, estaba con los brazos cruzados y con el temor vivo y real de ser detenido. Por lo tanto tuvo que dejar su casa, una linda propiedad con vista al mar en Cerro Verde y partir solo a Venezuela. Ya instalado en Caracas tuvo que trabajar duro, pero le fue bien. Logró juntar algo de dinero, adquirió un departamento y se compró un Cadillac de segunda mano, casi nuevo.

Por vía aérea venía a Penco una vez cada dos años. En reuniones familiares y de amigos, Segua contaba historias venezolanas. Decía que una vez cruzó en bote el río Orinoco y que el agua transparente estaba infestada de pirañas hambrientas que perseguían la embarcación por si un tripulante se caía. Afirmaba que él se sujetaba lo mejor que podía del borde del bote para no convertirse en alimento de esos peces voraces.

En otra oportunidad contó que se aventuró en la llanura del este venezolano y que vio de cerca una anaconda gigante, escondida entre la espesa hierba de un humedal. Dijo que se quedó paralizado de espanto y que el animal se alejó sin fijarse en él. Porque decía que así cazaban las anacondas a sus víctimas. Esos reptiles, según narró Segua, aprovechaban que sus presas quedaran inmóviles por el terror y ¡zas! se las comían. Fue honesto en señalar que nunca vio a una anaconda cazando, pero que oyó historias horripilantes de personas siendo devoradas vivas por esos ofidios.

Los vecinos de Penco movían la cabeza sorprendidos al oír las historias que traía Segua de tan lejos. Sin embargo, lo que no creyeron jamás fue la promesa que les hizo una noche. Les dijo que vendría a Penco en su auto, el cadillac con dos años de uso que se había comprado en Venezuela. Imposible, le dijeron sus amigos. Estás loco. Caracas está en el hemisferio norte. Imposible.

Tal como lo afirmó, dos años después Segua les tapó la boca a los incrédulos pencones. Al volante de un enorme cadillac coludo de color verde botella, con registro de Caracas, llegó a Penco. El cadillac cruzó la puerta del recinto de la Refinería, siguió por calle O’Higgins, Talcahuano, Las Heras, pasó frente a la plaza. La gente se daba vueltas a mirar ese auto tan extraño con una patente nunca vista. Segua guió su auto por Infante, cruzó la línea férrea, entró en el camino a Cerro Verde y cuando llegó a la calle principal de la población comenzó a hacer sonar la bocina tatatá-tatatá-tatatá. Segua llegó a Penco directo desde Caracas en auto propio.

Esa misma noche contó en resumen todos los percances que debió sufrir y sortear en el penoso raid de Venezuela a Penco. Dijo que donde más lo fregaron fue en el retén de Chaimávida porque los pacos no conocían las placas automotrices venezolanas. Seis mil kilómetros sentado al volante cruzando selvas, fronteras, aduanas, campos de guerrilleros, zonas de alta peligrosidad, caminos de tierra, de ripio, barriales. Durmiendo en hoteles, en moteles, en casas de pensión o en la cabina del cadillac. Luego de pasar ese verano en Penco, Segua regresó a Caracas usando el mismo medio. Años después contó que cuando llegó a la capital venezolana se bajó del cadillac en un supermercado para comprar bebidas. Cuando regresó, se dio cuenta que le habían robado su auto. No supo más del cadillac. En ese mismo lugar Segua juró que jamás intentaría repetir la gracia de viajar a Penco en auto.

(Estimado lector: Debí cambiar el nombre del protagonista de este relato, porque no lo pude ubicar para solicitar su autorización. Sólo sé que vive en algún lugar de Cerro Verde, donde sigue contando historias y chascarros de su experiencia venezolana).

Tuesday, December 15, 2009

EL PINO DE NAVIDAD EN PENCO


En Penco el aroma del bosque se metía en las casas y permanecía adentro todo el verano. La brisa del campo entraba por estos días de diciembre, cuando los niños llegábamos con el árbol de Navidad recién cortado. Entonces el aroma recorría todas las piezas, los rincones y escondrijos de la casa.
Ir a buscar el árbol de Navidad era una fiesta. Salíamos en grupos de cinco o de diez. Muy temprano recorríamos los bosques por el cerro Copucho o nos metíamos entre los pinos que crecían a las espaldas de Villarrica. Había árboles para regodearse.
Se requería tener buen ojo para cortar el árbol preciso: no muy alto, no muy grueso, simétrico por donde se lo mirara, con un cogollo proporcional a las ramas, las hojas debían ser tiernas no rígidas. Con esos criterios en la mente, era seguro que los buscadores de árboles de Navidad podríamos regresar con el mejor ejemplar al hombro.
Dejar el árbol dentro de la casa incluía la presencia de cuncunas, mariposas, arañas, chinitas y palotes, bichos que habían elegido justamente ese pino como su hogar. Los portadores de esos árboles enfrentábamos un percance esperado: la camisa embadurnada completamente de resina. Y acto seguido había que salir con una bolsa derechito a la playa a buscar arena. Con ese elemento se plantaba el árbol dentro de un balde.
Después venía la ceremonia de engalanar el pino. Motas de algodón para que se viera nevado, guirnaldas de papel celofán y globos de todos colores (muchos reventaban por las agujas de las hojas). En algunas casas vecinas vi que al pinito le colgaban cerezas rojas corazón de paloma. Porque había una competencia no declarada del árbol más bonito o más original. Alguien que hubiera llegado a Penco desde Atacama pudo pensar entonces que así serían los cerezos.
En todas las casas un pino fresco era el centro de las miradas en Nochebuena: el aroma grato de las hojas y la resina inundaba las narices como si de una esencia exótica se tratara. El pino de Navidad permanecía hasta fines de enero. El paso de los días y la acción del calor iba finalmente cambiando el aspecto del árbol y también modificando su aroma. Cuando lo retirábamos terminaba de resecarse en el patio, quedando en la casa por un buen rato el rico olor de hojas color ocre. Y el próximo mes de diciembre, el ceremonial se repetía.

Saturday, December 05, 2009

¿LLEGÓ CHARQUI A PENCO?



Bartolomé Sharpe fue un bucanero inglés descolgado de la isla Narvis, en el Caribe, --madriguera de piratas-- que se aventuró por los dominios españoles de la costa del Pacífico, donde asestó golpes en los que obtuvo botines cuantiosos: llegó a capturar 25 navíos con carga completa.

Sharpe ejerció ese vergonzoso oficio sólo por tres años (gracias a Dios) entre 1679 y 1682. Era corsario, un nivel superior al de pirata vulgar porque tenía licencia de la corona británica para asaltar (¡Qué descaro!). Ciudades de Chile y Perú fueron blanco de sus saqueos. Desembarcó en Coquimbo y asaltó La Serena. En Arica los vecinos repelieron su ataque y algunos de sus compañeros fueron capturados y llevados a la horca.

Uno de los golpes más formidables de Sharpe fue la captura del barco español San Pedro, frente a la costa chilena, cargado con 37 mil piezas de oro, centenares de jarras de vino, agua ardiente y pólvora. Cuentan que el oro Sharpe lo repartió entre sus bandidos.

En otra ocasión con su velero Trinidad amenazó al galeón Santo Rosario cerca de El Callao, y lo abordó apropiándose de un libro de mapas, que a la postre le serviría para salvar su vida. Estas andanzas temerarias de Sharpe (se pronuncia charpi) sembraron el terror en los puertos chilenos y el pueblo lo llamó despectivamente charqui.

Es probable que el Trinidad haya ingresado a la bahía de Concepción y que Sharpe y sus secuaces se hubieran desistido de un saqueo inminente de la ciudad, tal vez por prudencia ante la fama penquista de capital militar del sur. Esa supuesta visita sería una explicación para el dicho popular “llegó Charqui a Penco”, que quiere significar llegó la peste, porque al respecto existe una segunda historia que explicaremos en otro post.

En 1682 Sharpe decidió dejar las costas sudamericanas y regresar al Caribe. Su hoja de ruta incluía llegar al Atlántico a través del Estrecho de Magallanes, pero lo sorprendió una tormenta austral y el Trinidad fue arrastrado más al sur, hasta el paso Drake. La historia cuenta que sus piratas se vieron en la obligación de alimentarse con carne de pingüino y Sharpe les administraba a cada uno un cuarto de litro de agua ardiente diario, para mitigar el frío. Por este motivo circunstancial, Sharpe se convirtió en el primer británico en cruzar el tempestuoso mar de Drake de Oeste a Este. Se dice que el corsario se tuvo que comer la mascota del Trinidad, un perro cocker spaniel, cuando el barco estaba cerca de su destino en el Caribe.

Poco después regresó a Inglaterra donde luego de la recepción fue detenido y encerrado en la Torre de Londres, acusado de crímenes. Sin embargo, justo antes del inicio del juicio, presentó ante la corte del Almirantazgo el libro con mapas robado del galeón Santo Rosario. El documento fue valorado por el rey Charles II y, Sharpe obtuvo la libertad. La Armada británica no tenía ningún registro de las costas sudamericanas del Pacífico.

Bartolomé Sharpe tenía unos 40 años cuando murió alrededor de 1690, una edad bastante avanzada para un pirata redimido. Desde aquellos años de corsarios, bucaneros y filibusteros dataría el dicho “llegó Charqui a Penco”. A raíz de aquellas amenazas marítimas latentes, la gobernación española de la ciudad dispuso la planificación y construcción de un fuerte que se llamaría La Planchada, para disuadir a piratas. En 1687 cuando fue inaugurada lucía como debía ser: limpia, reluciente y bella.

Monday, November 23, 2009

LA TERMOELÉCTRICA DESDE LA PERSPECTIVA DEL MUNICIPIO


Mi conversación con el concejal Víctor Hugo Figueroa ocurrió ahí en la plaza, frente a la Municipalidad. Admite que no es pencón de nacimiento, pero siente que ha pertenecido a la comuna desde siempre. Tanto le interesan las historias de Penco, que es seguidor de este blog desde hace un buen rato.
Sus respuestas al tema de la termoeléctrica me aclararon el caos de informaciones y rumores sobre el estado del proyecto. Víctor Hugo maneja datos duros y documentados, por lo que sus afirmaciones aclaran dudas y suspicacias sobre esta materia tan sensible.

¿En qué situación está el proyecto privado termoeléctrica para Penco?

El proyecto Termoeléctrica “Río Salado” se encuentra en una situación muy compleja para los inversionistas. Primero, el actual uso de suelo les impide instalarse, ya que tiene una denominación solo para uso portuario, ZAP-1, (no Industrial, ZAP-3), para cambiar aquello es necesario modificar el Plan Regulador Comunal, materia exclusiva del Concejo Municipal, situación en que cinco concejales nos oponemos claramente. Esto, en principio, bastaría para detener el proyecto. Paralelamente surgió la iniciativa de impulsar un Plebiscito Comunal para cambiar el uso de suelo a uno más restrictivo: Declararlo Zona de Valor Natural (ZV-6). Lamentablemente esta determinación no es facultad de un Plan Regulador Comunal, por ende, NO es de competencia municipal (requisito necesario para convocar a un Plebiscito vinculante). Por lo tanto, creo que el Alcalde tiene las herramientas legales para impugnar el Plebiscito.

¿Qué camino les queda a los inversionistas?

Recurrir a una instancia superior, esto es modificar el Plan Regulador Metropolitano, que rige a 10 comunas de la provincia, este instrumento es de competencia del MINVU- Consejo Regional -Conama y Gore. Por lo tanto, lo urgente hoy es prepararse para dicho escenario. En esta etapa, los Consejeros Regionales (COREs) tendrán la palabra. Previo a esta modificación se les debe consultar la opinión a los 10 alcaldes respecto de esta modificación. Solo aquí sabremos el desenlace de esta historia. En resumen, el proyecto está hoy absolutamente bloqueado, cambiar el Plan Metropolitano no es un camino fácil y será clave la posición del futuro Gobierno Regional (Intendente), para aquello será importante saber quién será electo Presidente de la República en enero.

¿Es suficiente el dictamen del seremi penquista para que el proyecto se detenga?

En efecto, todos los dictámenes, resoluciones y circulares del Ministerio de la Vivienda confirman que en el actual escenario no hay posibilidad de instalar una Termoeléctrica en Penco, más aún si no existe la posibilidad de modificar el Plan Regulador Comunal, a través del Concejo Municipal.
Posteriormente se generaron dudas respecto de este pronunciamiento del MINVU, por la declaración de un Concejal, que aseguro que el MINSAL manifestó que por su parte el proyecto se puede instalar. Esto fue desmentido por Andrea Aste, Jefa del Depto. de Acción Sanitaria, y por el contrario aseguró que el MINVU es quien tiene la palabra en esta materia.
Por lo anterior, el mensaje a los vecinos es a estar atentos y tranquilos, y por sobre todo a informarse adecuadamente.

Sobre el turismo, una de las buenas opciones de desarrollo para Penco, ¿hay algún plan del municipio para recibir el verano 2009?

Lamentablemente no hay nada nuevo, solo estamos a la espera que esta semana se licite el esperado Proyecto Costanera y que ojala se puedan iniciar las obras de este proyecto en el verano. Estas obras comenzarían desde calle Yerbas Buenas hasta el estero, en una primera etapa para terminar en dos etapas más y llegar así hasta el sector de Playa Negra. (Paradojalmente muy cerca de la eventual Termoeléctrica).

¿La campaña electoral ha frenado el impulso de ideas de la autoridad para hacer más atractivo el balneario?


No, el tema tiene que ver con la obtención de recursos a nivel del Gobierno Regional. En efecto, los recursos que se captan son orientados a dotar de mejor infraestructura y equipamiento a las distintas unidades vecinales. El problema es una cuestión de prioridad.

Entendemos que el desempleo es grave ¿en el seno del municipio se barajan opciones para enfrentar el problema, que no sea la termoeléctrica?

Sí, efectivamente el Gobierno ha aprobado un conjunto no menor de proyectos de infraestructura que requerirá de considerable mano de obra; la reconstrucción de la Escuela Patricio Lynch por más de $1.000 millones, la próxima construcción de la Costanera por más de $600 millones, un conjunto de proyectos de infraestructura, PMU y PMB menores por casi $800 millones, y esperamos en un mediano plazo iniciar el proyecto de construcción de las 750 viviendas de la Agrupación de Allegados, en los terrenos aledaños a la Población Forjadores de Chile.
Además, se ha apoyado con la creación de más cupos de empleos de emergencia y muchos cupos para financiar con capital semilla y acompañamiento la generación de actividades de emprendimiento como microempresarios. Lamentablemente, por la cantidad de desempleados cualquier ayuda se hace insuficiente.
Estoy convencido que mucha gente puede generar actividades productivas en una ciudad turística como Penco. Es necesario fortalecer los proyectos en esta línea. En aquello estamos.
Una vez terminada la costanera, tengo fe en que abrirá inimaginables oportunidades de empleo, en el rubro de la gastronomía, manualidades (Talleres Laborales), servicios, comercio menor, residenciales, turismo, etc. Creo que esto puede marcar un antes y un después para esta histórica comuna. Sin duda, se vienen tiempos mejores.

Friday, October 30, 2009

LA TERMOELÉCTRICA POR AHORA NO



El Ministerio de la Vivienda, VIII Región, dictaminó que el plan regulador de Penco impide la instalación de la planta termoeléctrica, que la empresa Southern Cross planea construir en Playa Negra en el predio de Muelles de Penco. Así lo dio a conocer el jueves 29 de octubre el seremi de Vivienda Osvaldo Arenas al concejal de Penco, Víctor Hugo Figueroa, alejando por el momento los temores de una gran mayoría pencona que no desea una industria contaminante tan cerca de la población.
En declaraciones publicadas por el diario El Sur, el concejal Figueroa dijo que “el análisis de pronunciamientos como el de la Contraloría y las modificaciones de la Ordenanza General de Urbanismo y Construcción, además del rechazo de cinco concejales, la termoeléctrica y el plan regulador permite afirmar que no hay ninguna posibilidad de que se puede instalar la termoeléctrica”.

Sin embargo, esta situación no cierra las puertas a que el proyecto siga adelante, porque Southern Cross puede solicitar un cambio de uso del suelo en el plan regulador metropolitano para lo cual requiere de la aprobación del Consejo Regional de Gobierno. El alcalde Guillermo Cáceres Collao dijo que la legalidad no impide la materialización del proyecto, pero que el pronunciamiento de Vivienda despeja dudas y que el municipio no tiene nada que hacer al respecto.

Vecinos de Penco consideran que manifestaciones organizadas por parte de la población, realizadas dentro del orden gravitarán de modo significativo en mantener este fallo y evitar así, de forma definitiva, un lunar industrial en la desembocadura del río Andalién por muy tecnológica que sea la industria, según el marketing de Southern Cross.

Monday, October 26, 2009

DESDE PENCO SE PUEDE VER EL MAR Y LA CORDILLERA



Por Iván Ramos Castro

Cuando el tiempo pasa así, tan raudo y "chitacallando", voltear la página al revés y perdernos entre nuestros sueños del pasado de origen, nos queda la certera impresión de que hemos vivido en promedio, mucho más que las nuevas generaciones. No lo digo por vanagloria ni por pasarme de cachiporra, ante algunos de estas nuevas generaciones que crecieron viendo mucho de Animal Planet, Discovery Channel y otro canales de la media, sin ocurrírseles jamás asomarse "pa`fuerita de la puerta de su casa, a atisbar, cuando en las estrelladas noches de esta primavera, fresca y asombrosa, cualquier cosa rara e inexplicable que se presentara. Recuerdo que poco después del terremoto de 1960, a cualquiera que se le ocurriera alguna idea extraña fuera de lo común, le dijeran que tenía "las tejas corridas". Por eso mismo, cuando uno observaba algo a nuestro alcance inexplicable, se prefería silenciarlo u olvidarlo para no quedar por enajenado. En ese tiempo, del disfrute exclusivo de los partidos de la liga de primera división de fútbol solo por el radio, de los goles cantados por Darío Verdugo, Sergio Planells, Raúl Hernán Leppé y otros tantos, mucho antes que Pedro Carcuro y el Sapo Livingstone, quién aun jugaba por la U. Católica; de nuestro conocimiento del mundo a través del Repórter Esso, el diario El Planeta y otros periódicos locales de menor importancia, tiempo en el cual la esfera que parecía enmarcar nuestra visión del mundo no sobresalía más allá de nuestro ombligo, todo esto, quizá nos impulsaba a imaginar y a realizar acciones casi inmediatas como respuesta a nuestro aislamiento. Uno de mis maestros acerca de que cosas se podían observar con solo pelar el ojo, fue el maestro zapatero, Rosamel Bravo, de quien deseo siga tan bien de salud y alegre como siempre. Donde don Don Rosamel acudíamos periódicamente a que nos compusiera los zapatos o cosiera el balón de fútbol para el partido del domingo. El vive actualmente en la Población Desiderio Guzmán y considero que es una verdadera memoria viviente, cuyas historias y experiencias merecerían ser escritas. El sufrió desde pequeño de poliomielitis, lo que le obligó a usar una muleta para desplazarse. Una de las historias que más me intrigó fue aquella en la cual, desde Penco, se podía observar la cordillera de Los Andes. Eso me dejó cabezón: - ¿y desde dónde se ve tal maravilla? - le pregunté pensando que solo era una de sus tantas bromas.
- De aquí bien cerquita pús cabro, pero para verla debes subir al cerro Copucho, te encaramas en el pino más alto, miras hacia el mar y después volteas a lo contrario y entonces podrás ver la cordillera con sus picos blancos y azulosos.
Pensé preguntarle al Profesor González pero, mejor me hice el gil, la idea me comenzó a dar vueltas y vueltas, hasta que un día, en clases de geografía, don Jorge, el maestro nos preguntó: - ¿alguno de ustedes conoce nuestra cordillera de Los Andes? - Nadie dijo ni pío, - la cordi… qué, - respondió el Atahualpa Chandía y la contrarespuesta fue una reprensión inmediata por su despiste. No sé por qué levanté la mano. -- ¿La conoces, desde dónde..?--, me preguntó apuntándome con su puntero directo a los ojos.
--Desde el cerro Copucho profesor--. Por suerte, solo sonrió, dejándome pasar tal ocurrencia, esta vez me salvé. Pero, estoy seguro de que tiene que verse de algún lado y de por aquí cerquita, pensé.
Sería a finales de octubre o principios de noviembre de ese mismo año del gran terremoto, que se me ocurrió dar una vuelta de día sábado por las inmediaciones del "tranque" del fundo Coihueco.(Foto: entrada del fundo Coihueco, en la actualidad vista desde el viaducto. El camino es una de las opciones para llegar a la cima del cerro Copucho) Los pozones estaban repletos de improvisados bañistas, quienes en cada zambullida miraban hacia la entrada por si se aparecían los vigilantes o el temible "señor Pinto" acompañado por un grupo de celadores para meter a todos estos nudistas presos. La cuestión fue, de que en vez de meterme a uno de los pozones, decidí subir por el empinado cerro al costado del estero, me fui apartando quilas, zarzas y cuanta mata crecida entre los pinares. Subí hasta llegar a la superficie más plana y escogí lo que me pareció ser el árbol más alto. Me quité los bototos que mi viejo me los mandara a fabricar a la medida en el taller de don Licho Mendoza, allá por la calle Infante, cerca del antiguo matadero municipal, el papá de Marcelita, tan linda y bella. No, mejor los subo conmigo. Agarré mis botines y nos fuimos pa`arriba. Poco a poco, agarrándome con firmeza de cada gancho fui ascendiendo hasta llegar casi a la copa. La vista resultaba impresionante, los copetes se mecían de un lado a otro, balanceándose rítmicamente al compás del viento como un inmenso océano verde, era como estar en la cofa de "La Baquedano" y con la sensación de ser su último grumete, pero sin la menor intención de caerme al vacío. Sobre el azul verdoso del mar, la Quiriquina y algunos techos de sus edificaciones, Talcahuano, la punta de Tomé y por supuesto, todo Penco. Así estuve durante unos cuantos minutos, medio con la boca abierta y con un temor creciente a caerme, a que me diera un desvanecimiento repentino, a que se rompiera el cogollo del árbol y me mandara a la misma cresta… Decidí bajar lo más rápido que pudiera, entonces escuché la voz de mi amigo Rosamel el zapatero, soplándome en la oreja: -- Mira pa`trás gil, mira…-- Poco a poco, giré la cabeza y miré: carajo, solo nubes, nubes blancas como las que se asoman por la chimenea del Vaticano anunciando un nuevo Papa. La visión de los montes, verdes con sus quebradas verdes, sus esteritos verdes y cuanto verde viera o imaginara, me puso verde. Buen cuentero era este Rosamel, caramba.., entonces, como si una mano invisible apartara el blanco velo que tenía enfrente, se logró lo imposible. Los picachos nevados, blancos y azulados, de las pétreas montañas andinas, divisándose lejanos pero al alcance de mis ojos.