Wednesday, May 16, 2018

HABITANTES PRIMITIVOS DE PLAYA NEGRA SE ABASTECÍAN EN LA ABUNDANCIA DE LA BAHÍA

Sector Playa Negra-Rocuant lugar frecuentado por los habitantes primitivos de la zona.

           Hace unos 4.200 años en Playa Negra hubo actividad humana elemental, aunque al parecer por cortos períodos, pero en forma frecuente. Conchales descubiertos en el sector  ––bordeando el delta del río Andalién aguas arriba–– y que fueron investigados por profesionales, contienen vestigios de primitivos moradores circunstanciales y de sus costumbres. Los análisis arrojan indicios, que nos llegan como oleadas de datos dispersos a través de los tiempos que es menester interpretar.
         Se trataría de grupos pequeños de aborígenes que se acercaban a la bahía para conseguir alimentos y después, quizá, debido a la crudeza de los inviernos se replegaban a los cerros. 
     El estudio al que hacemos referencia lo realizaron las antropólogas Jimena Torres y Claudia Silva y la arqueóloga Marcela Lucero en Playa Negra (PN 9, según la nomenclatura científica) lugar que se ubica un poco más al norte del puente La Ballena, de la carretera inter portuaria, a unos 5 kilómetros de Penco. El interesante trabajo está publicado en internet, revista "Magallania", Universidad de Magallanes, Punta Arenas (2007). Los conchales quedaron expuestos por las retroexcavadoras durante la construcción de la mencionada ruta.
Puente La Ballena en el sector sur de Playa Negra.
PINGÜINERAS EN PLAYA NEGRA       
      Luego de tamizar el suelo siguiendo pautas científicas, las investigadoras descubrieron restos óseos humanos fragmentados, trozos cerámicos por clasificar, puntas de proyectiles hechos de piedras y de huesos, áreas donde se encendió fuego y restos de peces, aves, mamíferos y anfibios. En particular hallaron huesos de pingüinos. Esto último indica que en Playa Negra alguna vez hubo pingüineras.
         Esos habitantes se instalaron en una playa fluvio marina (de río y mar) donde dejaron los restos mencionados. Los estudios entregan más detalles sobre los alimentos que consumían. Y la enumeración es sorprendente. En lo relacionado con los peces, su dieta consistía mayormente en jurel, sierra, merluza, róbalos, pejegallos y en menor cantidad corvina y congrio. Según el material clasificado usaban pesas de piedra para anclar redes al fondo acuático y también para guiar línea de anzuelos. También cazaban aves como cuervos (patos guanay), fárdelas, pelícanos y patos de agua dulce, a los que sorprendían en los abundantes humedales y totorales que bordeaban al Andalién. Los análisis de los restos revelan muestras óseas de lobos marinos y delfines, que al parecer también conformaron la dieta y que además proveyeron de cueros y grasa. Los análisis confirman que esos habitantes consumían gran cantidad de machas, cholguas, tacas, caracoles de mar, locos, picorocos y eventualmente ostiones. Sin embargo, por las pocas muestras de estos últimos halladas en el conchal, para esos aborígenes los ostiones fueron una exquisitez igual que en nuestros días.
ESOS HABITANTES PRIMITIVOS
SEPULTABAN A SUS MUERTOS
Foto y croquis realizado por las investigadoras.
Arriba las ofrendas funerarias y abajo, la
distribución de los restos humanos en el
conchal PN 9.
             En ese asentamiento de Playa Negra la investigación reveló el hallazgo de restos de siete individuos. A partir de esos datos se concluye que las mujeres medían en promedio 1:45 metros de estatura y los hombres 1:55 metros y que su esperanza de vida era entre 30 y 35 años. Añade el estudio que esos habitantes sepultaban a sus muertos. Para esto creaban un emplantillado de piedras (una cama) bajo y sobre los cuerpos, agregaban ofrendas funerarias como pesas de pesca, ajuares de dientes, puntas de proyectiles  y que encendía fuegos alrededor de ellos. O sea, se desprende que seguían algún ceremonial para enterrar a los muertos.
          De los restos humanos de adultos encontrados, los estudios revelan que, al menos uno de ellos, presenta la característica física de inserciones musculares en los huesos propias de haber trabajado durante mucho tiempo acuclillado. De esto se desprende que aquel individuo debió haber sido molinero o trabajador de curtiembre. Sin embargo, en los alrededores del conchal no se hallaron elementos o utensilios de procesamiento de alimentos. Por tal motivo, se concluye que el tiempo que permanecieron allí era corto pero, al que venían con frecuencia. 
Área de Playa Negra, aguas arriba del Andalién. Camino paralelo al río
-----
Nota de la editorial: el título del estudio en el que se basó esta crónica es:

EL ROL DE LA PESCA EN LA INTENSIFICACIÓN DE LAS OCUPACIONES COSTERAS DURANTE EL HOLOCENO MEDIO-TARDÍO (BAHÍA DE CONCEPCIÓN, REGIÓN DEL BÍO-BÍO, CHILE). 

MAGALLANIA, (Chile), 2007. Vol. 35(1):71-93

Sunday, May 13, 2018

"PIN" PUENTES: LAS EMOCIONES DE VISITAR PENCO DESPUÉS DE TAN LARGA AUSENCIA

Enrique Puente y su señora Elena Marín Z. 
NOTA DE LA EDITORIAL: Enrique "Pin" Puentes, pencón con residencia en Australia, estuvo de visita en Chile y en Penco en octubre del 2017, por tanto, le solicité tuviera a bien contarnos sus vivencias y sentimientos de su breve regreso y estada en el terruño después de una ausencia tan prolongada para incluirlas en nuestro blog. Enrique tuvo la cortesía de prepararnos un texto y, al mismo tiempo en su nota, se refirió de elogiosos términos a nuestras publicaciones. Nos dijo: "la reiteración de mis congratulaciones por el gran trabajo que despliegas con tanto cariño, para rescatar las historias perdidas u olvidadas de nuestro reciente pasado pencón y en particular aquellas que resaltan con tanta propiedad el lado humano de sus personajes que tan hondo calaron en la vida pueblerina de nuestros mayores, que de no ser por tu acuciosa investigación y empoderamiento profesional que te dice que estas maravillosas vidas no deben olvidarse, desaparecerían en corto tiempo del acervo cultural de las generaciones venideras".
               Junto con visitar Penco, Enrique presentó su libro sobre el lado B de Cristóbal Colón, volumen fruto de una larga investigación histórica.
                     El siguiente es el relato que nos hizo sobre su fugaz paso por Penco, su ciudad natal.
             

LA VUELTA AL PAGO DESPUÉS DE 57 AÑOS
Por Enrique Puentes, desde Australia
               
                  Querido y entrañable amigo y periodista Nelson Palma. Muchas gracias por tu amable invitación a exponer algunas impresiones de mi viaje a Chile en tu querido Blog de Penco-Chile.
                 Es difícil explicar el cúmulo de sentimientos, recuerdos y nostalgias, que una persona puede experimentar después de faltar al terruño luego de 57 largos años.  En verdad 25 años lejos de Chile y 57 de Penco. Volver al lugar que te vio nacer; recorrer de nuevo el sitio exacto donde junto a nuestros progenitores y vecinos aprendimos a conocer el mundo, dimos nuestros primeros pasos y balbuceos  y experimentar la dulce emoción de establecer que aún permanece allí incólume, como si se hubiera detenido el tiempo, la casa que un día cobijó a nuestra familia primigenia. Es una sensación indescriptible que obliga a la mente a rebuscar y traer a flote hechos y situaciones queridas y nunca olvidadas de nuestros afectos y nuestras pérdidas.           
LA BRISA MARINA DE PENCO
               Curiosamente y contra lo que se puede suponer,  son estas reminiscencias simples, que tienen que ver con una forma de vivir y de redescubrir el proceso de la niñez en el Penco de 1941 y siguientes, quizás los hechos más potentes que golpearon mi memoria, así como los olores, sabores y timbres de nuestra brisa marina, comidas, costumbres y giros lingüísticos coloquiales, con la carga de saber que ya nada es igual, sobre todo cuando como en mi caso, casi la mitad de la ausencia transcurre en el extranjero, con otra cultura, distinto idioma y ajeno por tanto tiempo, a la típica atmósfera y características amigables de nuestras ciudades y pueblos latinoamericanos.          Por eso, cuando se decidió mi viaje a Chile, a invitación de mis tres hijos chilenos de mi primer matrimonio, todos ellos profesionales ya consolidados y con siete nietos que no conocía, solo dos pensamientos presidían el listado de mis prioridades: estrechar contra mi pecho a mis hijos, a sus parejas y su progenie, en cuya vida laten corazones hechos con parte de mi sangre, y segundo, viajar a Penco, para sumergirme en sus calles, acariciar con la mirada sus paisajes queridos, abrazar a los amigos que aún residen allí y visitar la casa y el barrio donde nací, en Max Grissar 211, tras la Iglesia del Recinto  de la ex Refinería de Azúcar CRAV, PENCO, para recordar con gran regocijo interior,  a cada paso y en cada minuto, tantas aventuras infantiles y luego juveniles vividas en sus lares, recovecos, playas y sectores del Penco de esos veinte años anteriores a 1960, donde todos me conocían como El Pin Puentes.

ENCUENTRO CON EL ALCALDE
               Lo apretado de mi agenda de viaje por Chile durante octubre, me permitió estar solo un día en Concepción y otro en Penco, donde muy temprano tuve la oportunidad de ser recibido en su despacho por Víctor Hugo Figueroa, el gran Alcalde del nuevo Penco, con quien nos escribíamos por varios años y a quien tuve el agrado de conocer personalmente en su  pletórica entrega de servicio público que le caracteriza y que ha catapultado a la ciudad como una urbe pujante, independiente y moderna, que junto con el avance e inauguración de importantes edificios, lugares de recreación pública, mejoras paisajistas y dotación de beneficios y modernizaciones al engranaje municipal y sus distintos departamentos, no ha olvidado el rescate de las mejores tradiciones y de su gloriosa historia, que le entregan a Penco una personalidad distinta y exclusiva que aplaudimos.
               Pudimos en este coloquio, donde me acompañó mi querido amigo Raúl Moraga Roa que aun vive en el terruño, compañero de tantas aventuras de colegio y dirigencia estudiantil, de incursiones en la política local y cómo entusiastas voluntarios de la Primera Compañía de Bomberos, comprender que este Alcalde valiente y consecuente, valiente porque enfrenta los problemas y consecuente, porque los prioriza y soluciona en terreno, establecer sólidos lazos de empatía e intercambiar nuestros escritos, "El Libro de Oro de la Historia de Penco" escrita magistralmente por Víctor Hugo y mi obra, "Descubriendo a Cristóbal Colón, la otra cara del descubrimiento de América", una crónica documental que se enfoca en resaltar el lado B del personaje Colón y la desconocida trama de lo que significó la aventura de la gesta invasora de nuestra América, en especial Chile.
LOS GRANDES CAMBIOS DE PENCO
               Pese a que me considero bien informado, ya que leo y veo las noticias de Chile y me contacto con algunos amigos de Penco y de Concepción que están en las redes sociales, así como algunos blogs locales que resaltan su realidad, me sentí altamente sorprendido de los profundos cambios ocurridos en el pueblo, donde me costó no solo reconocer sus calles sino los hitos, los personajes, las entidades, edificios y comercios de antaño. Ya no estaban sino las ruinas de la poderosa industria CRAV, que recogía obligadamente la mirada de todo quien venía a Penco desde Concepción atravesando el puente Andalién,  pasando por el fundo Cosmito y recorriendo sus 11 kilómetros de escabroso camino empedrado que desembocaba en la caprichosa pendiente de su curva final que finalizaba en el primer paradero de micros junto al imponente portal enrejado, que enfrentaba al recordado Teatro CRAV, en un tiempo administrado por mi padre, y sus instalaciones deportivas.
               Tampoco reconocí la obligada ruta de calles para arribar al centro del pueblo y a la playa, a partir del empinado laberinto de calles del recinto, en aquel entonces privado, de la población CRAV, que descendía  desde la hermosa capilla refinera y su avenida principal, que circundando la mole del edificio fabril y su gran chimenea, conducía hasta la trecha angosta de los rieles del tren azucarero que desembocaba en su imponente muelle, pasando frente al tradicional almacén Melitón, la peluquería Molina, el cuerpo de Bomberos, la Casa Coello,  el Mercado Municipal y la Barraca Contreras para torcer y llegar a la Estación de Ferrocarriles del Estado, pletórica de locomotoras a vapor con amplia cobertura de trenes en ambos sentidos que dificultaba el tránsito a la hermosa y popular playa pencona, su muelle señorial y el histórico Fuerte La Planchada con sus tres cañones coloniales apuntando al mar. Entonces comprendí, con resignación, que el Penco de los años cincuenta y sesenta que disfruté, solo estaba en mi memoria y que era necesario valorarlo ahora a la luz de su nuevo prisma.

PERSONAJES POPULARES AUSENTES
               Ya no solo estaban ausentes de la vida cotidiana sus personajes populares tan típicos y queridos, rescatados en el tiempo y puestos en relieve tan vívidamente en las páginas de tus crónicas de Penco, que hacen las delicias de quienes visitamos sus páginas; sino las arboladas avenidas y casonas coloniales de gruesos muros de adobe y sus industrias señeras como la cerámica y el azúcar, y antes la pesca y el carbón que daban brillo y colorido a su naciente sociedad, que el progreso y el paso del tiempo ha sumergido en el olvido, como ha ocurrido también con  los milenarios bosques de pino insigne que encerraba por tres costados la ciudadela, hoy en retirada y que han dejado al descubierto  nuevos espacios donde han surgido nuevos barrios y aparecido cordones montañosos que antes eran senderos peatonales casi inaccesibles, pero que ahora son atravesados por calles con veredas y alumbrado, que aterrizan en su Plaza de Armas y alrededores, expandiendo la ciudad hasta el límite mismo de sus fronteras con las ciudades colindantes hasta hacerlas irreconocibles.
Enrique Puentes almorzando en el casino "Oriente", junto a él, Raúl Moraga.
               Lo más doloroso fue tal vez preguntar por los amigos y las familias conocidas de antaño que ya no estaban. Visité a Luchito Navarrete en su negocio Menaje Lina, y tuve la emoción de volver a abrazarlo, saber de sus seres queridos y tantos amigos comunes. Por supuesto almorcé en el Casino Oriente, atendido amablemente por José, el más joven de los hijos de Emilio al que estuve ligado en tantas actividades societarias de ese Penco fantasma.  José me contó que el día anterior asistió al sepelio de Enrique Barra, uno de los pocos que antes de salir de Australia me constaba estaba viviendo aún en Penco y que yo esperaba saludar. A ambos les pregunté por veinte otros caros amigos de esos tiempos, pero en su mayoría estaban fallecidos o enfermos, otros vivían una vida solitaria.
“COLÓN” A LA VENTA EN MENAJE LINA
           
Portada del libro de E.Puentes, a la venta en
Menaje Lina en Penco.

Le encargué a mi amigo Luis Navarrete Fehrenberg, que a falta de librerías en la ciudad, expusiera en su Menaje Lina de Freire 809 algunos ejemplares de mi obra, en el afán que algunos coterráneos interesados pudieran acceder a mi libro "Descubriendo a Cristóbal Colón, la Otra Cara del Descubrimiento de América", lo que en mi calidad de hijo de ese pueblo,  me llenaría de gran orgullo y me haría muy feliz, advirtiendo que no es un cuento ni una novela de ficción, sino una investigación documental de corte histórico y fuerte crítica religiosa, respecto al
rol protagónico y nefasto de la iglesia católica medieval tanto en Europa como en los sucesos que determinaron lo que se dio en llamar el Descubrimiento de América y el lado B del personaje Cristóbal Colón, que culminaron en el mayor genocidio conocido de la historia, la pauperización de las etnias primitivas americanas,
Enrique con Lucho Navarrete en
Menaje Lina.
despojo de sus riquezas, el esclavismo y la destrucción de su cultura y lenguas originarias, historias soterradas por el paso del tiempo y que los poderes fácticos interesados disimularon y torcieron, para que los chilenos modernos nada supiéramos de esa tragedia que enlutó nuestro territorio y que la historia oficial que nos contaron elude mencionar. 



Saturday, April 28, 2018

POTENTE INFLUENCIA BRITÁNICA EN LOS DECORADOS DE FANALOZA-PENCO DE LOS 50

En la foto de izquierda a derecha: Edgardo Salinas Garcés, ex jefe de Azulejos; el gerente de producción Facundo Díaz Boneu; el jefe de Laboratorios, Juan Arroyo Menke; y el ingeniero químico Fernando Pulgar Ávalos.

                       Durante toda su trayectoria industrial Fanaloza Penco apostó, dentro sus posibilidades, porque sus productos de entonces como sus vajillerías, sus azulejos y sus sanitarios fueran bellos a la vez que prácticos, igual como se aprecia hoy con sus modernos artefactos para baños. En este marco de sueños de superación, en la segunda mitad de la década de los 50, la empresa se embarcó en trabajar una línea nueva, de gran refinación e inspirada en la industria británica: la cerámica bone china.
Reginald Díaz Boneu, 1956.
El gerente Reginald Díaz trajo la idea de Inglaterra y fue su impulsor en Penco, pero quien la desarrolló fue el ingeniero químico don Juan Arroyo Menke (fallecido recientemente). “Primero, hice una taza bone china y después tuvimos que construir una planta”, nos dijo don Juan hace un par de años. 

          Esta nueva cerámica fue un boom, un auténtico golpe a la cátedra, un tremendo paso adelante tanto en estética como en fineza. De este modo, Penco había superado la técnica de los cacharros de greda del siglo XIX para alcanzar el pináculo de la refinación locera. La introducción de la línea bone china tuvo, además, el apoyo fantástico de la reconocida sección Decorados donde trabajaban auténticos artistas del pincel fino y el buen gusto. Junto con ello valga agregar el aporte que significó la calidad de los barnices que se producían en la fábrica para el propósito de esta nueva línea de producción. Pero, con el paso del tiempo las hermosas piezas de esta cerámica: jarrones, bases de lámparas, platos ornamentales, juego de té y otros eran caros y no bajaron de precio por lo que al final en los mercados resultaron ser más bellos que prácticos.
           Sin embargo, la influencia británica en la producción locera pencona venía de antes. Don Fernando Pulgar Ávalos, ex químico de Fanaloza entre 1950 y 1957, recuerda al ciudadano inglés John Clun, que en esos años se desempeñaba como jefe de Decorados. “Le conocí por motivos laborales ya que le abastecíamos de los barnices que se aplicaban en el  diseño y el decorado de la vajillería  fina y la corriente, y de la cerámica de adorno, por ser el jefe de este rubro en la fábrica”, nos dice don Fernando. Y agrega: “Su colaborador inmediato era el fotógrafo Sr. Fernando Sanz Camarena quien le hacía copias de calcomanías originales o traídas  de Inglaterra, que le pasaba Mr. Clun”.
John Clun, empleado británico de Fanaloza, ex jefe de Decorados.
          En otra ocasión se ha dicho también que Mr. Clun viajaba a menudo a Londres tanto para vacacionar como para buscar y traer visuales recién salidos para su aplicación ornamental en la loza que se fabricaba en Penco. A este respecto don Fernando Pulgar nos recuerda en una nota lo siguiente: “A propósito, la familia Díaz, codueña de Fanaloza, tenía vínculos laborales y amistosos con los ingleses. Entre éstos llegó Mr. John Clun, quien fue contratado con ciertas franquicias que le permitían ir de vacaciones frecuentes a Inglaterra, donde se abastecía  de calcomanías y de diseños nuevos para traer a Chile”.
Plato ornamental grabado con motivo del matrimonio de don Fernando Pulgar Ávalos con Edith De La Fuente Nielsen, en 1960. El presente le fue enviado a Viña del Mar desde Penco por el señor Fernando Sanz Camarena.

         La decoración de los platos y tasas tenía la “indispensable participación de la mano de obra de mujeres y hombres que la ejecutaban con prolijidad, rapidez y gran rendimiento llegando a ser expertos en su trabajo”, nos añade el señor Pulgar. Y a continuación nos hace un resumen técnico de las tres etapas que requería la decoración cerámica: “1.- Después de la primera cocción del objeto se le aplicaba un barniz base (generalmente blanco). 2.-Sobre éste, ya frío,  se pegaban las calcomanías, las que se fijaban con una nueva cocción. 3.-Finalmente la pieza cerámica se fileteaba (se le agregaba esa línea fina que le servía de adorno) y por último entraba a una última cocción”.
Don Fernando Pulgar Ávalos nos muestra con legítimo orgullo una hermosa sopera fabricada en fina cerámica y  artística decoración en Fanaloza-Penco, en los años 50.

-------- 
Nota de la editorial: Agradezco la cortesía del señor Pulgar Ávalos en atender nuestra solicitud sobre el tema abordado aquí con datos y vivencias.

Thursday, April 05, 2018

UN TESTIMONIO DE LA VIDA DE DON JUAN ARROYO EN PENCO, DE SU COLEGA FERNANDO PULGAR ÁVALOS

NOTA DE LA REDACCIÓN: A una solicitud de nuestro blog, don Fernando Pulgar Ávalos ingeniero químico que trabajó en Fanaloza en Penco y que actualmente está radicado en Viña del Mar, nos ha respondido con un mail con algunos interesantes aspectos de la vida de don Juan Arroyo Menke, quien como hemos informado en un post anterior, dejó de existir el 20 de marzo de 2018 en Santiago. El señor Arroyo fue el ex jefe de laboratorio Químico de Fanaloza, circunstancia en la que desarrolló una gran amistad con el señor Pulgar. A continuación publicamos su relato y al mismo tiempo agradecemos su amabilidad: 
Don Juan Arroyo Menke aparece a la derecha de la segunda fila de personas en esta foto en Nagoya, Japón, 1970. 


          Corría el año 1927, cuando el ciudadano español  José Díaz Hernández, de una artesanal industria locera, fundaba Fanaloza en Penco, que llegaría a convertirse en una gran fábrica de Loza de Vajillería, Artículos Sanitarios, Azulejos y otros. 
          Tres generaciones desde su fundador aportaron al desarrollo y prestigio de su producción, llegando a niveles nacionales e internacionales.
          Los señores  Facundo y Genaro Díaz Boneu  viajaron a Europa para ampliar sus conocimientos cerámicos y aplicarlos en Chile.
          Sus hijos siguieron sus huellas, pero el avance industrial científico-técnico, requería de profesionales de nivel superior y por ello decidieron contratar ingenieros ad-hoc. En mayo de 1953 llegó el suscrito, Fernando Pulgar Ávalos, recién egresado de la UNIVERSIDAD TÉCNICA DEL ESTADO (U.T.E:) de Santiago a la producción y control de los Colores y Barnices Cerámicos.
Poco después y por sugerencia de su compañero de la UNIVERSIDAD TÉCNICA  FEDERICO SANTA MARÍA (U.T.F.S.M.) de Valparaíso, arribó Juan Arroyo Menke  como Jefe del Laboratorio Químico, quien propuso incorporar nuevos equipos y se mejoró así la calidad de la producción.
Mi encuentro con Juan fue de mutua empatía, tanto en lo laboral y lo social.
         Digno de mencionar, es la amistosa acogida que recibimos de los trabajadores de  FANALOZA (empleados y obreros) y también de los vecinos de la ciudad de Penco.
Fdo. Pulgar Ávalos con Edgardo Salinas
Garcés, jefe, este último de la ex Planta de
Azulejos de Fanaloza.
          La compañía de su joven esposa, le dio calor humano familiar a la vida de Juan, en especial con el nacimiento de  su hija primogénita, Patricia Arroyo Díaz. Juan, dominaba el alemán  y gustaba de la música selecta, por eso cuando adquirí el vinilo Long Play de la 8va. Sinfonía de Beethoven, me tradujo la letra que venía en la carátula.
         Otro recuerdo grato, es el trío de amigos que formamos con Edgardo Salinas Garcés, Juan y yo , para reunirnos algunos fines de mes, después del trabajo, en el Hotel Ritz, frente a la Plaza de Concepción, para "arreglar el mundo", en torno de unos bocados y algunas copas...
          En 1957, tuve la oportunidad de venir a trabajar a la Refinería de Petróleo de ENAP en Concón y la Familia Arroyo Menke tuvo la gentileza de llevarme en su auto al Aeropuerto de Concepción, teniendo allí una emotiva despedida.
          Durante los Años Negros de la Dictadura no tuvimos mayor comunicación, hasta la vuelta a la democracia en que nos reencontramos. Fui a su casa en Recoleta y Juan y Nena estuvieron un Fin de Semana con nosotros en Viña Del Mar.
          Juan Arroyo Menke nos deja el gran legado de una vida ejemplar, que permanecerá siempre en nuestras memorias:
          Saludos a todos, en especial a Nena, su gran compañera: 
Fernando Pulgar
Don Fernando Pulgar Ávalos.
Ávalos                                                                                
          NOTA: Quiero agradecer a los amigos Nelson Palma y Juan Arroyo, hijo por avisarme de la partida de Juan, padre. Así también a mi hija Ruby, residente en EE.UU. por su preocupación de editar videos con lo publicado en el Blog de Penco.
           Les adjunto material fotográfico junto a mi relato.
----- 
Tarjeta postal enviada por don Juan Arroyo a su colega Fernando Pulgar Ávalos desde Japón incluía también la foto del comienzo de este post. 
Transcripción del mensaje de la postal: "Nagoya, 18 de julio de 1970. Mi querido amigo, aquí me tienen en Japón aprendiendo a hacer platos. Nunca pensé que Japón fuera tan caluroso. Cómo se transpira por acá. La ocupación permanente, la extraordinaria gentileza de los japoneses, su alto nivel de civilización hacen más soportable la lejanía del hogar, de los afectos y el enfrentamiento a una cultura completamente distinta a la nuestra. Recuerdo con mucho afecto los momentos vividos con usted hace ya algún tiempo. Le saluda con afecto su amigo de siempre, Juan Arroyo".

Wednesday, April 04, 2018

PATRICIO RENÁN GRABÓ UNA CANCIÓN EN 1975, QUE PERMANECE INÉDITA


         
En la foto aparecen Fernando Trujillo, Patricio Renán, Jaime Cerda, su esposa Carmen Ormazábal Díaz (socia de SCD),  y el tenor Luciano Vargas. La escena de hace unos cuatro años correspondió a un  homenaje a Trujillo por su trayectoria, el que realizó en la sala de la SCD de avenida Bellavista en Santiago.
          El artista pencón Patricio Renán grabó un tema del compositor Jaime Cerda, en 1975. Pero, el Pato –al parecer– se olvidó de la canción y nunca más supo de ella. El registro quedó y está intacto, pero su autor no ha podido ubicar al intérprete para comunicarle su interés por difundirlo. La canción es una balada y se titula "Dulce Golondrina".
          El autor del tema, quien guarda el registro, me ha enviado un mail en el que relata la inesperada y hasta curiosa circunstancia en la que Patricio Renán grabó esta canción que no ha salido a la luz pública.  El siguiente es el texto de la nota de Jaime Cerda Corona:

"Hola, Nelson:
"Como le comenté en el correo anterior, yo trabajé  varios años en la Emi-Odeón Chilena y fui el último Director Artístico de ese sello  en los Estudios de Grabación ubicados  en la calle San Antonio  553 (Edificio Capri  primer piso). La grabación que tengo de Patricio Renán  tiene una  historia bastante anecdótica y además un leve trasfondo  profético. El tema es una balada  cuyo título es  “Dulce Golondrina”.
"Todo comenzó  una  tarde  del mes de noviembre de 1975.  Estaba yo  en el estudio  con el pianista y director de orquesta Jorge Carrasco (ya fallecido),  haciendo la línea melódica para  esta balada  de mi autoría. De pronto me avisa el recepcionista que  Patricio Renán deseaba  hablar con Jorge Oñate en esa época Director Artístico. Como Jorge no se encontraba en los Estudios, pidió  hablar conmigo, que me desempeñaba en ese tiempo como Productor de Repertorios Latinoamericanos. No terminaba de decirle que me esperara, cuando el Pato  ya estaba  junto al piano. Sin ignorar por supuesto su presencia, seguimos con Jorge  Carrasco  repasando el tema. Yo lo cantaba y Jorge  me acompañaba en el piano. De pronto  Patricio Renán  tomó una copia de la letra y empezó  a hacer dúo conmigo. Era una canción que él  jamás  había escuchado. Pasado unos diez minutos  la interpretaba   con   una facilidad asombrosa. Entonces le pedí a uno de los técnicos  que  instalara un micrófono para  Patricio y otro micrófono en el  piano. Hicimos tres  o cuatro tomas y ahí terminó el asunto. Nos  fuimos los tres a  tomarnos un café a mi  oficina y conversamos  sobre el futuro de Patricio Renán,   que  no había renovado  contrato de artista con el sello Emi-Odeón, y deseaba  planificar su carrera fuera de Chile. Al día siguiente  escuché  las tomas del día anterior y seleccione una de ellas.  Pedí una copia en 7 ½ y se borraron las  restantes. Me llevé la cinta a mi casa y la guardé junto a otras grabaciones personales. Hace  más o menos unos cuatro años revisando  cintas con grabaciones del siglo pasado, me encontré con  la canción interpretada por Patricio Renán. La grabadora  Reox que poseo tiene problemas  de velocidad,  produce distorsión y no pude traspasarla al computador. Después de mucho buscar  a alguien que tuviera  una grabadora que reprodujera con fidelidad  cintas en 7 ½,  di con René Gallardo  un excelente técnico de grabación que tiene un estudio en San  Bernardo, que aún conservaba  una grabadora antigua. Me comuniqué por teléfono con él y le llevé la cinta. René  la ecualizó y me hizo una copia en Cd. Al escuchar la canción,  el piano  se notaba  huérfano. Recurrí al músico Ricardo Aracena  con el que he trabajado en varias oportunidades y le pedí  un arreglo que no opacara al piano de Jorge Carrasco. Tras varios intentos  elegí la versión que guardo.
"Patricio Renán  como le comenté, aún ignora  la existencia de esta balada  que estuvo  cuarenta y  dos años  en el olvido. Usted sabe lo difícil que es comunicarse con él.  Llamé el celular que usted me envió y le dejé un  mensaje que ojalá lo escuche. Le he comentado  a otras personas  de esta grabación inédita y me han pedido una copia para difundirla, pero  pienso  que  el primero que debería  escucharla es  su intérprete: Pato Renán.
"Saludos 
"Jaime Cerda Corona
El cantante británico Albert Hammond, a la izquierda, durante su primera visita a Chile en 1975; al centro Jaime Cerda y a la derecha el periodista y locutor Juanito Espinoza.
Las dos fotos incluidas en este texto fueron facilitadas por Jaime Cerda Corona.




Sunday, March 25, 2018

LAS FRUCTÍFERAS 3 DÉCADAS DE DON JUAN ARROYO MENKE EN PENCO

Juan Arroyo Menke durante su viaje becado a Japón.

                Ha fallecido en Santiago, ciudad en la que residía, don Juan Arroyo Menke (1931-2018), ingeniero químico que se desempeñó por muchos años en Fanaloza, empresa en la que ocupó numerosos cargos a lo largo de tres décadas; una de ellas, jefe de laboratorio. Junto con lo anterior, el señor Arroyo fue una persona muy conocida en Penco, no sólo por sus responsabilidades profesionales sino por actividades de bien social,  fue uno de los socios fundadores del Rotary Club local junto con el doctor Emilio Suárez. En sus horas libres, que eran escasas, asumió tareas académicas. En el Liceo Vespertino de Penco se desempeñó como profesor ad honorem de matemáticas e inglés.
          Mientras estuvo con su familia en Penco residió en la casa de Maipú 235 frente a la plaza, entre las casas de las familias Moena y González. En su calidad de jefe de laboratorio de Fanaloza hizo grandes esfuerzos junto a su colega químico Fernando Pulgar, para rebajar el plomo en los barnices que para entonces se usaban en la cerámica, por la alta toxicidad que representaba ese elemento para la salud de los trabajadores.
         Gracias a los estudios que realizó en Japón introdujo en la línea de productos de Fanaloza la cerámica bone china, de finísima calidad y orgullo de la industria de Penco.
         Cuando regresó a Santiago con su familia se estableció en su casa de avenida Recoleta. Fue en ese lugar donde recibió al redactor de esta nota para hablar sobre la industria locera pencona en el marco de la preparación del documental “La Loza Blanca de Penco”, actualmente en exhibición en el Museo local. Hay numerosos aspectos de su vida y contribución a nuestra ciudad que iremos agregando en los próximos días a esta crónica.
         Su hijo, Juan Arroyo Díaz, a solicitud nuestra, ha elaborado una semblanza de su padre que agregamos a continuación. En la  nota enviada a este redactor, nos dijo: 


El señor J. Arroyo M. en su escritorio, mencionado en esta
presentación por su hijo J. Arroyo D.  A la derecha, M. Suárez.

"Estimado Nelson: Desde la calle Recoleta, desde  el mismo escritorio que conociste, cuando nos visitaste junto a Manuel Suárez,  incluso desde el pc y desde el propio mail de mi padre, he utilizado para enviarte, una  sencilla minuta, que te permita generar la nota que deseas publicar en el blog. 

Aprovecho la ocasión, para felicitarte por haber desarrollado y  mantenido tanto tiempo este blog de Penco; que especialmente para mis paisanos que vivimos lejos, cuando leemos cada uno de sus artículos, rompemos las barreras del espacio y del tiempo".






ASPECTOS DE LA VIDA DE DON JUAN ARROYO MENKE (1931-2018)

Por Juan Arroyo Díaz

           El 20 de marzo recién pasado, en la ciudad de  Santiago, falleció  a la edad de 86 años, Juan Arroyo Menke (Q.E.P.D).
        Él nació en 21 de junio de 1931, en Santiago. Fueron sus padres Juan Arroyo Gutiérrez y  su madre,  Marta Menke Taiss. Fue hijo póstumo, ya que su padre falleció antes que él naciera. Por lo anterior, su madre, tuvo que luchar fuertemente para poder lograr mantener su hogar y gracias al muy buen desempeño escolar Juan Arroyo logró estudiar becado en el emblemático Liceo Barros Arana. Posteriormente, también gracias a sus notas excelentes, logró ingresar a la Universidad Técnico Federico Santa María, donde estudió Ingeniería Química.
Juan Arroyo y Elena Díaz, el día de su matrimonio.

        De inmediato, aun estando en Valparaíso, recibió una oferta de trabajo de Fanaloza y él sin pensarlo, apuró su matrimonio, con su prometida, Elena Diaz Bustos, hoy su viuda, con la cual estuvo casado por más de 60 años. El matrimonio tuvo cuatro hijos. Se estaba iniciando la década de los años 50 y en ese entonces, los medios de locomoción no eran lo que son hoy día, por lo cual,  ya en su viaje a Penco, él percibió que su decisión había sido audaz; ya que los Ingenieros de la Santa María, eran muy cotizados y se podría haber empleado perfectamente en una firma de Santiago.
         Al llegar con su esposa a Penco, fue cálidamente acogido por los vecinos. Fruto de esta cercanía y en conjunto con varios de ellos –incluido el doctor Emilio Suárez–  dieron forma al Rotary Club de Penco.  También, fue destacable, que viendo la situación de falta de recursos de los establecimientos educacionales en ese entonces en Penco, tomó la decisión de incorporarse como profesor de inglés y de matemáticas en el naciente liceo local, trabajo que desempeñó por varios años en forma honorífica.
         En lo profesional, la labor de Juan Arroyo Menke, en su calidad de Ingeniero Químico, fue fundar y desarrollar la parte técnica que permitió a Fanaloza, lograr producir productos de un alto estándar de mercado, que le brindaron reconocimiento nacional e internacional el que perdura hasta hoy.  Dado su gran capacidad  intelectual,   unido al hecho de que hablaba varios idiomas (inglés, alemán, francés, portugués, francés, hebreo y japonés)  en el transcurso de su carrera `profesional, le correspondió asistir a muchos seminarios técnicos en diferentes países, en todos los cuales destacó exponiendo el alto nivel de la industria locera. En este contexto es digno destacar que fue  el primer chileno de la especialidad en obtener  una beca del gobierno japonés en forma directa, hecho que lo llevó a vivir en Japón por un año, a principios de la década del 70.
        Su carácter introvertido, reservado,  respetuoso en el trato con los demás le granjeó muy buenas relaciones con los trabajadores de Fanaloza, las que siempre fueron muy respetuosas y cordiales, sin importar si se trataba de un alto ejecutivo o un modesto obrero. Hubo un hecho relevante a este respecto, cuando en el gobierno del Presidente Salvador Allende se intervino Fanaloza; su interventor, otro connotado vecino de Penco, el profesor Rosauro Montero al ser requerido desde Santiago para evaluar y eventualmente sustituir la planta gerencial, respondió: “Don Juan Arroyo por ningún motivo será destituido”.
        Su paso profesional por Fanaloza fue extenso, de hecho fue el único trabajo que tuvo por más de tres décadas. Era muy común verlo caminar absolutamente absorto en sus pensamientos, como buen intelectual,  desde su casa en calle Maipú, frente a la plaza, continuando por calle Freire hasta la industria.  Aficionado a la música clásica y al ajedrez, compartía estos gustos con otro notable vecino pencón,  don Ignacio Fonseca.
Al centro de la foto, de izquierda a derecha, el doctor Emilio Suárez; la señora Elena Díaz de Arroyo; don Juan Arroyo y la señora Inés Braun de Suárez. La reunión corresponde a una cena del Rotary Club de Penco.

        Cuando se declaró la quiebra de Fanaloza, él siguió trabajando en el periodo de continuidad de giro. Así, al asumir los nuevos dueños, encabezados por Feliciano Palma continuó por algún tiempo. Sin embargo, al poco andar de la nueva propiedad, no estuvo de acuerdo a como se empezó a manejar la empresa, especialmente por  el declive en la calidad de sus productos y el deterioro en la relación, cada vez menos profesional, con los trabajadores. Precisamente su salida se precipitó porque la nueva administración, en un episodio lamentable pretendió despedir a un trabajador sin pagarle su justa indemnización por lo que necesitaba acusarlo de actividades de sabotaje contra la empresa. Para tal oscuro propósito, los nuevos ejecutivos le pidieron a Juan Arroyo que declarara en favor de la empresa dando un testimonio falso contra ese trabajador. A lo que el ingeniero se negó rotundamente, que no declararía contra un buen trabajador, que lo que en justicia correspondía, dijo, era la indemnización. Frente a esta franca respuesta, los nuevos dueños lisa y llanamente le dijeron que en ese entendido se tenía que ir. De esta forma y en esta circunstancia tan absurda, Juan Arroyo  dio un paso al costado, terminando su vida laboral en Fanaloza (para entonces Loza Penco).
         Lamentablemente, Juan Arroyo, como a muchos otros trabajadores, que laboraron en Fanaloza, el haber estado expuesto a un medio ambiente laboral de alta contaminación  –hay que tener presente, que en esos años, las exigencias de la  ley de accidentes del trabajo y enfermedades profesionales, eran mínimas– su sistema respiratorio resultó  muy afectado por lo cual el clima de Penco no le hacía bien. Por eso se fue a vivir a Santiago, al barrio Recoleta, justo frente al Cementerio General, a una casa que había heredado de su madre, en la cual incluso había nacido  y ahí pasó sus últimos años, llevando una vida modesta y sobria.

Monday, March 19, 2018

CUANDO EN PENCO NO HABÍA LICEO, PROFESORES DIERON INÉDITO EJEMPLO DE CREAR UNO PRIVADO Y SIN RECIBIR REMUNERACIÓN


               Pareciera no haber antecedentes en la historia de la educación chilena, en que un grupo de cuatro profesores de escuela de Penco (la N° 31) se propusieran el sueño de formar un liceo privado sin el propósito de hacer negocio ni lucrar. Lo que los motivaba era el amor de su profesión, hacer un aporte importante a la comunidad y animar, con su ejemplo, a que el estado también tomara cartas en el asunto. Los cuatro maestros que dieron este paso histórico en 1956 fueron Jorge
El director Jorge Bustos, además
profesor de Historia.
Bustos Lagos, Servio Leyton García, Rosauro Montero Henríquez y Eduardo Espinoza. Contaron con el entusiasta apoyo del alcalde de la época don René Mendoza Fierro, quien estaba consciente de esta grave carencia de la comuna. Hacía falta en forma urgente un establecimiento de  enseñanza secundaria (enseñanza media) hecho que obligaba cada vez a más adolescentes seguir estudios en Concepción. Sin embargo, a pesar de su entusiasmo el alcalde admitía que todo el gasto que se necesitaría para comenzar, formar el equipo docente y encaminar este proyecto la harían los mencionados profesores organizadores; ya que para esa empresa el municipio no tenía recursos. El Liceo debutó con su primera promoción de alumnos en marzo de 1956.
EL LICEO EN “EL VEA”
               Un valioso testimonio periodístico de esta inédita experiencia la publicó la revista VEA de circulación nacional en 1958, dando cuenta de la existencia del Liceo Vespertino de Penco (LVP), donde
Servio Leyton, prof. de Matemáticas.
el plantel de 24 profesores no percibía un solo peso por hacer clases. Hoy en día sería de locos pretender una idea como el LVP, cuando toda actividad humana productiva está mediada por el dinero. Nadie mueve un dedo si no hay plata. ¿Cómo fue posible, entonces, conseguir echar a andar un liceo con decenas de alumnos y profesores sin apoyo monetario? Fue un desafío duro, pero, a su vez una demostración que valores superiores como la solidaridad, el cariño, el hacerse cargo, la sensibilidad social o la amistad también motivan a proponerse grandes y valiosos emprendimientos. Aquellos maestros sentían un compromiso con sus alumnos de la primaria (la básica), ¿cómo dejarlos botados al salir del sexto o último año si en Penco no había un liceo para que continuaran su formación? VEA calificó la iniciativa "como ejemplo de patriotismo". No todo lo movía el dinero, es cierto
R. Montero, prof. de Ciencias Naturales.
, pero la comunidad entendía que los maestros tenían el absoluto derecho a ser remunerados por eso sentían hacia ellos un gran respeto y admiración. El LVP fue, quizá, la mejor respuesta en contrario a quienes sostienen que la educación es un bien de consumo, entendiendo por “bien” una mercancía. Porque ese liceo funcionó en salas prestadas, sin que los apoderados pagaran matrículas ni mensualidades por tener a sus hijos en el LVP (y más de uno en algunos casos), con validación de exámenes en el Liceo Enrique Molina de Concepción, y sin embargo, todo marchaba. La mejor recompensa para aquellos maestros era la alta aprobación que obtenían sus alumnos, resultado también de la política de excelencia académica exigida por su director señor Bustos. Quizá, a modo de anécdota, cada fin de semestre se organizaba un ágape para el equipo docente el que corría por responsabilidad de pescadores de Cerro Verde y Gente de Mar, que tenían hijos en el liceo. Era la única recompensa “material” para los involucrados.
EL LICEO POR DENTRO
               El liceo funcionó primero en un par de salas de madera de la escuela N° 31, de calle Freire junto al mercado municipal. Las
Edo. Espinoza, prof. de Castellano.
actividades comenzaban después que se iban los alumnos básicos diurnos. Con el fin de brindar un mejor servicio tanto a los profesores como al alumnado, las autoridades del LVP consiguieron que la CRAV facilitara su escuela, la N° 69 del recinto, que tenía un muy buen inmueble junto a la casa del Administrador de la Refinería. El edificio escolar de entonces fue reemplazado por la actual escuela República de Italia. Las clases del liceo se iniciaban a las 6 de la tarde y se extendían hasta las 10 y media de la noche. Por tanto, la mayor parte del año, las labores eran en horario nocturno.
               Junto con las tareas propias de la docencia y los programas de enseñanza, los profesores motivaban a los alumnos a realizar
Luz Irene Contreras, prof. de Inglés.
entretenidas actividades extra programáticas como publicar una revista ("El Anhelo"), presentar obras de teatro, participar en concursos literarios, realizar visitas programadas, competir en campeonatos deportivos, etc. Como el liceo era mixto, los estudiantes tenían una experiencia nueva, puesto que la enseñanza básica era con formación separada. Entonces venían los enamoramientos y los pololeos, típicos de los jóvenes. A pesar de las limitaciones económicas el liceo pedía un uniforme de chaqueta color concho de vino y una insignia. A veces, sólo valía este último elemento como forma de pertenencia.
               La enseñanza era completa con el concurso de profesores muy jóvenes, incluso alumnos de la escuela de Pedagía de la Universidad de Concepción. Algunos no vivían en Penco, por lo que tenían que pagar de sus bolsillos los pasajes para venir después
Gustavo González, prof. de Historia.
de sus clases en la U, a impartir enseñanza al LVP y regresar a Conce casi a la medianoche. Todo era muy sacrificado. Y qué decir de los inviernos, cuando el sacrificio era aún mayor.
LOS EXAMINADORES DESCONOCIDOS
               Para fin de año, los profesores acompañaban a sus alumnos a dar examen al liceo de Concepción. Para eso dedicaban la jornada completa en ese establecimiento a fin de apoyar a sus estudiantes. Los examinadores del liceo penquista, desconocidos para el alumnado de Penco, aprobaban o reprobaban las pruebas escritas y las interrogaciones orales. Nada de eso era fácil. Igualmente en 1958 las aprobaciones fueron de un 100 % en primer año; un 80% en segundo; y un 70% en tercero.
Afredo Barría, prof. de Castellano.
               Agregamos en esta crónica parte de la nómina de profesores que incluyó la revista VEA. Matemáticas: Servio Leyton, Pedro Montero, Mario Villafañe y Jorge Moraga. Inglés: Marta Chávez, Leticia Mella, Katia Salazar y Arnoldo Careaga, después se incorporó Luz Irene Contreras. Ciencias Naturales: Rosauro Montero, Eugenia Ulloa, Juan Arroyo y Lusgarda Cartes. Castellano: Ricardo Henríquez, Alfredo Barría y Eduardo Espinoza. Historia: Jorge Bustos, Gastón González, Iván Villafañe Carlos Valdebenito y Gustavo González. Francés: Sandra Salazar, Margarita Chávez y Olaya Oviedo.
              En el contexto de la celebración en 2017 de los 50 años del liceo Pencopolitano, valga reconocer en los profesores
Pedro Montero, entonces estudiante de Economía en
la UDC, era prof. de Matemáticas en LVP.
organizadores y en plantel docente del desaparecido Liceo Vespertino de Penco su entrega desinteresada y amorosa. Los alumnos de entonces --aquellos que no quedamos botados a la salida del sexto gracias a esos maestros-- guardamos sólo agradecimientos en nuestros corazones.
               Incluimos el recorte de prensa de EL VEA facilitado a nuestra redacción por el profesor Servio Leyton, quien lo ha guardado por 60 años. La nota de entonces la preparó y despachó a Santiago el corresponsal y vecino pencón don Luis Barra Concha.