Sunday, February 17, 2019

PENCO Y LIRQUÉN CUENTAN CON 2 NUEVOS E INTERESANTES MIRADORES PARA EL PÚBLICO


Esta es una vista magnífica de una parte de Lirquén, Cerro Verde y Penco desde el nuevo mirador situado junto al camino a Tomé frente a la población Ríos de Chile. En primer plano, se ven los botes de los pescadores lirqueninos, al centro el muelle antiguo en operaciones, las bodegas de la empresa y el patio de acopio La Tosca. 
Respecto de la vista anterior, basta girar un poco a la derecha para apreciar la prolongación del muelle antiguo, alargado en varios metros. Detrás se ve el muelle nuevo que nace en el patio de acopio La Tosca. Y más al fondo luce su enorme extensión el granelero de la Cosaf. 
Un buque está en operaciones de carga de celulosa en el muelle nuevo de la empresa de Lirquén. Al fondo de la foto, se observa con plena claridad la silueta de las tetas de Biobío.
Por el lado derecho, visto desde el nuevo mirador de Lirquén, se ve la parte norte de la bahía y Punta de Parra, la que domina toda la escena. Favorecido por los vientos y su altura (unos 80 metros) este mirador es un lugar ideal para la práctica del parapente.
Otro mirador de Penco es el de los Pinos de la ex Corhabit. El lugar fue recuperado en su totalidad por el municipio, está dotado de espacios tanto para la recreación, el deporte y la lectura. Permanece muy pulcro gracias al trabajo de equipos municipales y es un lugar ideal para tomar fotos.
El mirador Los Pinos está ubicado en la prolongación de la calle Toltén y limita con Cerro Verde Alto. Es un lugar es muy quieto y agradable para el visitante.
Este mirador fue diseñado y construido por el municipio de Penco bajo el concepto de un pequeño parque estratégico por su excelente ubicación. Es un lugar recomendable para visitar.

Monday, February 11, 2019

12 CLUBES ANIMAN APASIONADAMENTE LOS TORNEOS DE RAYUELA EN PENCO

Una de las canchas de rayuela de Penco, en el fundo Coihueco.

              Miguelito, así le decían, así lo conocí (no supe su apellido) tenía más de 80 años, pero la edad no era obstáculo para la práctica de su pasión: el juego de la rayuela. Frecuentaba el recinto Sociedad Francisco Bilbao, de calle Ainavillo en Concepción, donde siempre encontraba con quien trenzarse en una partida de tejos. Él pertenecía al club de rayuela Ex Alumnos (de los Salesianos) así que conoció todas las canchas de la zona: Penco, Tomé, Talcahuano. Su afición era tal que se confeccionó un cinturón de cuero con dos bolsillos en los que guardaba y portaba sus tejos. Siempre sonriente, Miguelito no tenía inconveniente en mostrar este implemento cargado en los costados, con un peso aproximado de 250 gramos cada tejo y un valor en el mercado rayuelero de unos 12 mil pesos el par. Era una demostración de que siempre estaba preparado para una partida de rayuela con quien se le pusiera por delante.
               En Penco también se practica mucho este deporte nacional, aunque desconozco que haya alguien como Miguelito, quien no está más con nosotros,  que cargue sus tejos en un cinturón calle arriba y calle abajo. En la competencia oficial pencona que debería iniciarse en marzo participan 12 clubes: Guillermo Zambrano, Verde Mar, Mira Mar, Eduardo Díaz, Villarrica, 7mo de Línea, Las Vegas, Unión Cruz, Bahía Penco, Riñihue, Nacional y El Águila.
Las canchas penconas permanecen en receso durante el verano.
               Los torneos se disputan en animados partidos en 6 canchas nuevas, reglamentarias y especialmente habilitadas a la entrada del fundo Coihueco, detrás del edificio de Cesfam. Hay dispuestas tribunas para que aficionados puedan seguir los encuentros de locales contra visitas cómodamente sentados. Lo interesante de la práctica de este deporte, es que no discrimina en edades de modo que pueden jugar partidos de rayuela jugadores de los más extremos grupos etarios. Fue precisamente por esa razón que Miguelito, el rayuelero de Concepción, pudo participar en competencias representando a su club Ex Alumnos  hasta cerca de los 90 años.
Los tejos, con los que se juega  a la rayuela, pueden llegar a ser un asunto muy personal, como fue el caso de Miguelito. (Foto tomada de Internet).
 

Sunday, February 10, 2019

EL 2020 SE COMPLETARÁ EL EJE TURÍSTICO MARÍTIMO Y FLUVIAL DE PENCO

Su playa, uno de los mejores encantos de Penco. (Foto www.penco.cl)

TEXTO:                Nelson Palma
PRODUCCIÓN:   Manuel Suárez   
  
            En un post publicado en este blog* en octubre de 2007, sugerimos  lo bueno que sería para Penco un muelle dedicado al público, donde la gente pudiera pescar, amarrar sus botecitos y, quizá, tomarse un café y que ingresara varios metros mar adentro en el balneario, al estilo de muchos que con este fin hay en distintas partes del mundo y en Chile. Para ilustrar ese texto agregamos imágenes editadas del “pier” (muelle) que existe en Santa Mónica, California, el que siempre aparece en las películas grabadas en la playa de Los Ángeles y donde los turistas y visitantes acostumbran disfrutar de unas horas de sol y aire marino. Pues han pasado ya algunos años de esa publicación  nuestra y algo parecido finalmente veremos en Penco en la próxima temporada veraniega…
El alcalde Víctor Hugo Figueroa recibió al equipo
periodístico de este blog en su
oficina del municipio pencón.
               En una conversación exclusiva con el alcalde Víctor Hugo Figueroa en su despacho y que se prolongó por más de dos horas, nos informó que el proyecto del muelle para público se inspira en el hecho histórico que ya hubo uno instalado cerca de la desembocadura del estero por el hotel Coddou para pasatiempo de sus pasajeros allá por 1910. El Gran Hotel se ubicaba donde ahora se  levanta un edificio de departamentos en altura a espaldas del Fuerte La Planchada, y que terminó de operar debido a un incendio. “Esta idea del muelle no es nueva, lo que haremos será reeditar la experiencia de esos años”, nos dice el alcalde, añadiendo que seguiría un modelo similar a un muelle en el lago Llanquihue y que estará disponible para la gente en la temporada estival de 2020. Este puente de paseo hacia el mar se construirá en la línea de prolongación de la calle Talcahuano, donde también existió el muelle de la Refinería de Azúcar, CRAV, a comienzos del siglo XX.
               En este contexto, el alcalde Figueroa dijo a nuestro blog que se comenzó con esta idea de aprovechar el recurso acuático al establecerse un circuito de navegación por la costa de la bahía, en los límites de la comuna, el 2017 y que para tal fin se contó con la participación del sindicato de pescadores de Lirquén, organización privada que se hizo cargo del servicio, dispuso de una embarcación adecuada, con toldo y los sistemas preventivos para un viaje marítimo seguro orientado a pasajeros interesados en estos recorridos en verano. A juzgar por la demanda, los paseos por el mar han tenido aceptación.
Un servicio de peseos por la costa pencona está a cargo del sindicato 3 de pescadores de Lirquén.

               El estero navegable (en el pasado lo fue) se retomó el 2017-18, acopiando el agua con tomas de sacos de arena al comienzo y esta temporada se hicieron represas de madera en dos tramos. Esta vez se añadió la incorporación de góndolas venecianas para paseos, idea que ha sido muy bien recibida  por la comunidad y los visitantes.
               Otro paso, pero relacionado con el mar y aunque no estrictamente turístico sino educacional, fue dotar al liceo pencopolitano de una embarcación para estudios. De ese modo, los alumnos y las alumnas del establecimiento disponen de un equipo para trabajos relacionados con su formación. Ellos proponen proyectos de investigación tanto relacionados con la pesca y la vida marina y los ponen en marcha. La iniciativa está en pleno funcionamiento y, nos dice el edil, con buenos resultados.
               Estos proyectos que han puesto énfasis en actividades acuáticas para fortalecer el turismo en Penco, con la salvedad de la cita anterior, quedarán abrochados con la instalación de dos puentes peatonales de arco sobre el estero navegable: uno en la plaza a la altura del lugar donde estuvo el antiguo odeón y el segundo frente al sindicato de Fanaloza, entre Las Heras y Freire, donde también existió un puente peatonal en los años 60. A lo que se debe agregar la colocación de focos en el lecho del estero para que proyecten luces hacia arriba. Con la implementación de lo que falta y que hemos descrito quedará completo el eje acuático turístico pencón, contemplado en el programa de desarrollo de la comuna que lleva adelante la administración del alcalde Figueroa. 
Aspectos de la actividad turística en la plaza junto al estero.
               Por último en este recuento, el acalde dijo a nuestro blog Penco-Chile: “La memoria histórica de la comuna incluye el recuerdo de las fiestas de la primavera entre los años 30 al 50, cuando la reina y su séquito, incluido el rey bufo, eran paseados en bote por el río; también está  en nuestra memoria la existencia de un muelle para el deleite público, como fue el caso del hotel Coddou. Así mismo hemos recuperado el esplendor y la limpieza de nuestras playas, las de Penco y Lirquén. O sea, en este sentido, no hay aquí ningún invento, es simplemente una reedición histórica. Porque para eso sirve la historia”... 
El recordado muelle del Gran Hotel Coddou en 1910 (Foto, Libro de Oro de Penco).
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* Dirección del texto publicado el 2007 en este blog:

https://penco-chile.blogspot.com/2007/10/cmo-hacer-de-penco-un-lugar-entretenido.html

Friday, February 08, 2019

OTRA FACETA DEL ESCRITOR JOSÉ CHESTA, QUIEN DIERA A CONOCER EL DRAMA DE LOS PESCADORES DE CERRO VERDE EN 1959

En la foto de la derecha, José Chesta, frente a la antigua municipalidad de Penco.
Texto:            Nelson Palma
Producción:  Manuel Suárez               
          La vida del dramaturgo José Chesta, ex profesor de Cerro Verde, sigue siendo un tema que apasiona a los amantes y los estudiosos de las obras escénicas. Nacido en Temuco en 1936, se graduó de profesor en la escuela Normal de Valdivia en 1954 y al año siguiente llegó a Concepción para ingresar a la escuela N° 54 de Cerro Verde, cuyo fundador y director era Eduardo Campbell. Allí trabó amistad con los otros jóvenes profesores del plantel: Ramón Fuentealba, María Isabel Vergara y colegas de Penco: Servio Leyton, Rosauro Montero y otro profesor penquista Eduardo Espinoza. Chesta también estudiaba derecho y teatro en la Universidad de Concepción. Sabemos que como dramaturgo logró reconocimiento nacional con su obra “Las Redes del Mar”, pieza en tres actos que narra la vida esforzada de los pescadores artesanales de la caleta. José Chesta murió en 1961 en un accidente de carretera, estaba por cumplir los 26 años. Sin embargo, sólo quienes lo conocieron en persona, quienes fueron sus amigos y colegas e interactuaron con él nos pueden entregar un perfil del personaje, del ser humano.
El profesor Ramón Fuentealba con sus alumnos en la escuela de Cerro Verde, donde también impartían clases José Chesta y María Isabel Vergara.
               El nombre del joven profesor y dramaturgo sale a la conversación, durante un agradable té que la señora María Isabel Vergara, viuda de Ramón Fuentealba (ex alcalde de Penco),  nos ofreciera en su casa a Manuel Suárez de la Sociedad de Historia y a mí. Ella fue profesora de la N°54 en los tiempos de Chesta. “José era un tipo muy divertido, pero también estudioso, viajaba todos los días desde Concepción a hacer clases en la escuela de Cerro Verde. Él se juntaba aquí en Penco con los profesores que éramos de acá y nos íbamos juntos caminando por la línea del tren así lloviera o no. Entre sus bromas, le gustaba ir caminando sobre uno de los rieles, equilibrándose”, recuerda la señora Isabel. En el intertanto Chesta escribía su primera obra de teatro, inspirado en la vida de la gente de Cerro Verde. Cuando la pieza teatral estuvo terminada y presentada por su autor al Teatro de la Universidad de Concepción, TUC, su director Pedro de la Barra, decidió su puesta en escena. Transcurría 1959. Para entonces, los actores que representarían a los personajes iban a Cerro Verde para empaparse del ambiente y conversar con los pescadores, los mineros y sus mujeres… Al mismo tiempo, Chesta invitaba a sus compañeros profesores a ver teatro en el recinto de la Universidad. “Recuerdo que en Cerro Verde nos daban ese pan que llaman de mina y durante el desarrollo de la obra comíamos las tortillas, Chesta, también…”
María Isabel Vergara, viuda de Fuentealba, junto al
alcalde de Penco, Víctor Hugo Figueroa,
durante la reciente inauguración
del boulevard "Ramón Fuentealba".
               Para la graduación de la promoción del primer sexto año de Isabel Vergara, hubo una ceremonia en la escuela, en que todos los niños y niñas que egresaban asistieron con sus mejores tenidas. En la oportunidad habló el director, señor Campbell, quien se refirió al curso que salía y a su profesora, la señora Isabel. Después subió al pequeño escenario José Chesta para pronunciar su discurso, el papel lo sacó de su chaqueta. Salieron a relucir su pluma de dramaturgo y sus conocimientos de actuación: “Y comenzó a leer –recuerda la señora Isabel–. Dijo unas palabras muy lindas, pero que a mí, en mi nerviosismo me parecían una ironía, porque no creía en todas esas cosas que él decía de mi persona y de mi desempeño. Destacaba mi trabajo y cómo éste se reflejaba en los niños. Yo pensaba, José se sigue burlando. Los demás se deben estar riendo de mi…”
               Al final ella quedó molesta por ese discurso. Ese mismo día, habló este asunto con Ramón Fuentealba, el otro colega, quien posteriormente sería su marido. Le contó este sentimiento negativo que le causaron las palabras de Chesta. Fue entonces que Ramón le dijo: “Estás equivocada Isabel. El discurso dijo lo correcto de ti y fue emocionante.  La otra profesora detrás tuyo estaba llorando, emocionada… Eso de la burla está en tu imaginación”…
               Isabel añade que al primer encuentro con Chesta después del episodio, ella le pidió disculpas por malinterpretar sus palabras. A lo que el dramaturgo, sin perder su sentido de humor y no darle más importancia, le dijo riendo: “Pero, por favor querida Isabel, si todo lo que dije es cierto. Para mi tú eres lo que afirmé en mi discurso y más…”
José Chesta Aránguiz.
               En diciembre de 1961, una amiga muy apreciada de Isabel murió a temprana edad en Penco. Nos contó: “Fuimos a su funeral en el cementerio parroquial.  Ahí estábamos cuando llegó a mi lado Ramón (Fuentealba) y me dijo: ‘Chesta sufrió un accidente’. Lo miré sorprendida y con preocupación. No me digas que murió, le dije. ‘Sí, murió’, me respondió”. Esta fue la circunstancia en que ella supo del fallecimiento de su colega.
         Según la información documentada, José Chesta Aránguiz, autor de la simple, profunda y bella obra de teatro sobre Cerro Verde “Las Redes del Mar” y otras, murió el 23 de diciembre de 1961 en un accidente automovilístico  ocurrido cerca de San Fernando, cuando regresaba de Santiago. Era casado con la directora de teatro Berta Quiero.
El director del TUC, Pedro de La Barra, conversa con el dramaturgo José Chesta, sobre la puesta en escena de la obra sobre  la gente de Cerro Verde en 1959.
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Otros post sobre el dramaturgo y su obra publicados en este blog, aparecen en las siguientes direcciones:

https://penco-chile.blogspot.com/2016/11/obra-teatral-inspirada-en-cerro-verde.html

https://penco-chile.blogspot.com/2016/02/las-redes-del-mar-una-obra-emocionante.html

Tuesday, February 05, 2019

LAS CONVERSACIONES (IGNORADAS) DE LOS HOMBRES DE PLAYA NEGRA HACE 4.200 AÑOS

Los hombres de Playa Negra, en la desembocadura del río Andalién. 
(Fantasía recreada para ilustrar este relato).

Texto:          Nelson Palma
Producción: Manuel Suárez
               
          Hubo seres humanos que habitaron los cerros de Playa Negra hace 4.200 años (que hemos narrado en otro post*) y cuyos antecedentes los conocemos por un informe científico publicado en la revista Magallania (2007) de la Universidad de Punta Arenas por los arqueólogos que trabajaron en la investigación, la que se efectuó en unos conchales hallados fortuitamente durante la construcción de la carretera interportuaria en un lugar del lado norte de la ruta entre la loma del peaje y el puente La Ballena.
               Este verano  visitamos el área en compañía de José Vergara, artista plástico de Penco, conocedor del tema, y Manuel Suárez, miembros de la Sociedad de Historia de Penco. José nos indicó el lugar exacto donde están los conchales, pero que por protocolo luego de la investigación el punto de interés científico fue tapado y hoy permanece cubierto de vegetación.
JOSÉ VERGARA.
               “En esa remota época prehistórica, la gente que estuvo acá disponía de pescados, mariscos, tenía aves, huevos, seguramente roedores también, frutas silvestres. Para ellos éste era un lugar muy especial para vivir. Tenían todo a la mano”, nos informa Vergara quien además conversó con el equipo de arqueólogos durante la investigación.
               Según el informe de los científicos y lo que Vergara habló con ellos sobre este asunto, --más algunos detalles y una que otra conjetura--, los moradores de los cerros, quienes en temporadas bajaban al plan para conseguir alimentos, dedicaban también parte de su tiempo a la fabricación de herramientas líticas (de piedra) tales como lastres para redes o puntas de flechas. Ese rincón, en la base del cerro, al abrigo de los vientos, era una fábrica de los elementos necesarios para la recolección, la caza, la pesca y la defensa.
José Vergara indica el lugar de las excavaciones junto al lado norte de la carretera interportuaria.
              A esta conclusión llegaron los científicos luego de excavar y escarbar en el conchal y de someter a análisis de laboratorio los restos considerados de interés. Pero, quedan enormes lagunas sobre otros aspectos importantes en la interacción de aquellos seres humanos primitivos de Playa Negra. Por ejemplo, ¿qué lengua hablaban?, ¿cuáles eran sus dioses? Y José Vergara añade más preguntas: ¿manejaban algún tipo de escritura? o ¿tuvieron alguna inclinación al arte? ¿cantaban?
               Pero, ahondemos un poco más en estos vacíos que nos intrigan: para relacionarse necesitaban una lengua, no hay otra forma. Así, si uno de ellos, que las oficiaba de maestro y estaba ocupado en hacerle un agujero a una piedra para lastre de pesca, ¿cómo pediría ayuda a otro hombre de la comunidad en su tarea que le podía tomar meses? “Ahora te toca continuar a ti”, por ejemplo, debió expresarlo. O, “Voy a dejar  mi piedra aquí y retomaré la tarea en unos días más”, ¿de qué manera pudo transmitir esa idea al resto para que los otros no tocaran su material de trabajo? O, también si quería pedir prestado uno de esos lastres de red debió decir: “Amigo, por favor, présteme esa piedra para ir a pescar y yo se la devuelvo mañana”. Para ese tipo de interacciones propias de un grupo humano necesitaron comunicarse…
Una herramienta lítica, piedra agujereada en el centro. (Museo de la Historia de Penco).
               Una lengua se expresa de dos maneras: la voz o la escritura**, o ambas. ¿Usaron algún código con significación compartida para decirse cosas, por ejemplo “mañana”, “hace un año”, “ayer hubo una linda baja marea”. Se necesita el lenguaje. En ese aspecto no sabemos mucho de los hombres de Playa Negra, aparte de lo que comían. Hoy en día, para trabajar en descifrar todo eso basta con observar y agregar un relato coherente. Nada más. Debemos respetar la memoria de esas comunidades. Como seres humanos del siglo XXI, con idiomas, tecnologías, satélites, organizaciones sociales, entrometernos en aquel mundo remoto para opinar cómo eran sus vidas y hasta juzgar sus costumbres o sus creencias sería injusto, por todos los avances que tenemos. Sin contar con que su presencia aquí tuvo una trayectoria en el tiempo bastante más larga que nuestra corta historia.
            Y para cerrar estas reflexiones in situ, José Vergara nos dice: “Sólo ellos podrían juzgarnos a nosotros: ‘Miren lo que han hecho con nuestra madre tierra, cómo han destruido esto que les heredamos’. En cambio, nosotros en nuestros días no tenemos derecho a decirles nada, salvo presentarles disculpas y hasta ruborizarnos porque tendrían toda la razón”.
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* Post anterior:
https://penco-chile.blogspot.com/2018/05/habitantes-primitivos-de-penco-basados.html

**La ciencia aún no descifra si la primera lengua fue voz o escritura. (Bertrand Russell).
José Vergara, a la derecha, conversa con el autor de este post, cerca del conchal de Playa Negra. (Foto, Manuel Suárez.)



Saturday, February 02, 2019

UN VIAJE MÍTICO DE PENCO A PASO HONDO

El paisaje de PASO HONDO, situado a unos 58 kilómetros al oriente de Penco, siguiendo
el camino de Villarrica.

    Texto y fotografías:    Nelson Palma
    Producción            :     Manuel Suárez      

             Hubo muchas personas de Penco que hablaban en esos años de un lugar llamado Paso Hondo, situado en los campos hacia el oriente muy lejos del pueblo. Decían que en carreta de bueyes llegar allí tomaba casi dos días. El lugar, comentaban, era un sitio de tránsito para aquellos pencones que iban a Yumbel, por las festividades de San Sebastián o para asuntos particulares, o a Cabrero con el fin de abordar algún transporte a pueblos aún más alejados hacia la cordillera, como por ejemplo Cholguán, Yungay y otros. De eso se hablaba. Eran narraciones de aquellos viajes épicos, tortuosos que al oírlos abrían la imaginación.
               Si usted trata hoy en día de ubicar Paso Hondo en el mapa de Google Earth verá una zona, no un punto específico, donde hay unas dos o tres casas dispersas entre lomas. El lugar al que se llega desde Florida por un camino de tierra (bajo la denominación de 0-520) parece un sitio estratégico porque desde ahí los caminos se reparten: uno puede ir a Cabrero, Yumbel, Quillón, Florida y Penco. Hay que llegar a Paso Hondo para comprender algo de lo que comentaban los pencones de entonces. No ha mucho, le hablé a mi amigo Manuel Suárez sobre este asunto y él, entusiasta, me contestó: ¡vamos! Y llegó el día de este verano en que pudimos coordinar el viaje por los caminos interiores o secundarios que frecuentaba la gente en el siglo pasado. Queríamos reconstruir aquellas experiencias narradas aunque no arriba de una tosca carreta de bueyes remolones, sino en un moderno vehículo 4x4 aunque por las mismas las sendas.
CAMINO DE VILLARRICA ASFALTADO
El camino Penco- Los Barones está asfaltado, como nuevo y, por sobre todo, limpio.
               El punto de partida en nuestro tour Penco-Paso Hondo se inició en el sitio que lo hicieran los carreteros de entonces, en la esquina de Cruz con El Roble. Para mi sorpresa, el camino de Villarrica a Los Barones está preciosamente asfaltado. Falta por pavimentar unos 200 metros en el área de Lo Marjú, lo demás, impecable. El alcalde de Penco Víctor Hugo Figueroa me informó que muy pronto la capa de asfalto se extenderá a Primer Agua Abajo, un sueño de años que se convertirá en una práctica realidad.
               Desvío en Los Barones para seguir a Roa cruzando la ruta del Itata por un paso sobre nivel. A 18 kilómetros de Penco, en el sector del estero conocido como “Aguas Sonadoras”, las forestales están en plena cosecha de pinos. El puente del mencionado cauce está semi despejado por la tala de árboles. Una breve detención ahí permite oír el canto del agua en la quietud del campo que comunica una sensación evocadora, un sentimiento de paz. La señalética caminera que informaba “Aguas Sonadoras” fue retirada sin que nos expliquemos por qué.
Manuel Suárez da un vistazo en "Aguas Sonadoras", camino a Paso Hondo.
Un aspecto de la explotación maderera cerca de Roa, en el camino Penco-Florida.
      Avanzando más por esa ruta sin pavimento, pero bien mantenida por la empresa "Bosques Arauco" para facilitar la explotación maderera, aparece Roa, como detenida en el tiempo, con un par de añosas casas, jardines y huertas a la orilla del camino. Hay una posta, aparentemente bien equipada, un almacén de abarrotes al otro lado de la calle. Desde ahí nacen rutas que divergen hacia Puente 7,  Rafael y otros puntos. Merece el esfuerzo conocer Roa, donde hay un puente de madera color rojo, frondosos árboles, un sitio magnífico para fotos y selfies. Unos metros más allá de Roa se inicia una carretera en construcción que unirá a Florida con la autopista del Itata, por tanto el camino real de Villarrica termina o definitivamente se transforma. Seguimos viaje.

CONDUCIENDO A LA AVENTURA 
SIN GPS NI CELULAR

               La ruta en construcción, que está avanzada, y por la que continuamos la marcha, nos deja en un ángulo de 90 grados sobre la ruta pavimentada Concepción-Bulnes a unos 300 metros de la antigua salida frente a un vistoso estadio de fútbol. Florida parece una “gran urbe” inserta en la nada, con sus calles desplegadas en la falda de un empinado cerro. Mucha gente camina por sus veredas y calzadas en todas direcciones, niños juegan por ahí y trabajadores con sus cascos de colores buscan algún sitio para almorzar. Hay harta vida en Florida durante el verano.
               A la salida de esa localidad al norte, donde se inicia la llamada “curva del ingeniero”, está el acceso de un camino de tierra por el lado derecho y que pasa por el moderno hospital floridano. Baja la pendiente en diagonal y se encuentra 2 kilómetros más adelante con la ruta 0-520, ésa que figura en el mapa. Nuestra meta Paso Hondo, se ubica unos 20 kilómetros de distancia, al otro lado de los cerros que rodean Florida, por el oriente.
Una sola trocha tiene el camino Florida-Paso Hondo, o ruta 0-520.
         Aquí comienza, una aventura, porque sin servicio de celular, ni mapa, nos guiamos por el recuerdo del plano satelital de Google Earth que habíamos estudiado en detalle. Nuestro vehículo avanza, al comienzo, por una carpeta de macillo la que muy pronto se acaba. Tierra roja polvorienta queda desnuda y la trocha se enangosta (¡quién nos mandó a meternos por aquí, si ni siquiera el auto podría girar en 180 grados para regresar!). Los incendios forestales dejaron su impronta: troncos de árboles nativos carbonizados y retorcidos nos van rodeando y sorprendiendo a medida que avanzamos. Subidas suaves, bajadas, hondanas, más bosques verdes, ninguna casa, ni un alma a quien saludar, preguntar o entablar una conversación. Es poco antes del mediodía y el sol cenital de enero golpea con su poderosa luz por todas partes, acentuando sombras, reflejándose en los matices de la tierra amarilla y marrón de la estrecha senda. Recordamos que por aquí mismo transitó toda esa gente del pasado para cumplir sus mandas con el santo, para hacer sus trámites en otros lugares, para visitar amigos, para vender productos…
La senda presenta largos tramos  de tierra desnuda sin capas de estabilizado.
Pero, es perfectamente transitable.
LOS MÍTICOS ENCUENTROS CON PUMAS
               Decíamos que el relato oral de los antiguos en Penco sobre estos viajes despertaba la imaginación. “Se formaban hileras de carretas en la marcha, como tren, hecho que servía para conocerse, conversar, porque al fin y al cabo todos íbamos para Paso Hondo aunque no viniéramos de los mismos lugares”, decían. Los míticos cuentos incluían encuentros con pumas y otros animales del bosque. De esas narraciones, el autor de esta crónica alcanzó a oír que los viajeros veían constantemente enormes pisadas en el polvo, huellas de leones de montaña que cruzaron el camino, quizás la noche anterior. Por eso era mucho mejor concertarse para  ir en caravana, según ellos contaban. Y, debió ser así. En esos años hubo pumas en esos cerros.
               Por delante de nuestro auto, en marcha lenta, un conejo orondo –en esas soledades–  atraviesa la senda sin hacer caso de la proximidad del vehículo. Y se hizo humo cuando alcanzó la espesura. A esas alturas del viaje soy capaz de adivinar el pensamiento de mi amigo Manuel Suárez ¿faltará poco? Nos detenemos en una despejada explanada en lo alto del cerro. Desde allí se ve el valle central y Sierra Velluda, al fondo en el complejo montañoso del volcán Antuco… Allá abajo sobre una loma un trabajador solitario aventa trigo en una era. Es el primer ser humano visible en kilómetros. Retomamos la marcha a nuestro destino.
UN HOMBRE NOS INFORMA: 
"ESTO ES PASO HONDO"
               De lo alto del cerro que hemos descrito, comenzamos a bajar hasta llegar finalmente a un plan con animales de pastoreo en potreros. Numerosos álamos y enormes sauces modifican el paisaje cerruco que acabamos de atravesar. Un hombre mayor con un bastón ortopédico viene por el camino. Detenemos el auto. El hombre se detiene también junto a mi ventanilla y nos mira con cara de pregunta.
Don Miguel Zapata nos informó que no
siguiéramos buscando,
que ya habíamos llegado a Paso Hondo.
¿Dónde queda Paso Hondo, amigo? El hombre frunce el ceño con aspecto de incrédulo. Sin decir palabra, levanta la mirada por encima del techo del auto, gesticula lentamente con su mano derecha alzada y dibuja un círculo en el aire… Guarda silencio unos segundos, como si su gesto hubiera sido una respuesta suficiente. Como se percata que no entendemos el lenguaje, nos mira de nuevo y dice: “Esto aquí es Paso Hondo, poh”
        Nos bajamos del vehículo y le seguimos preguntando a don Miguel Zapata (75), que así se llama nuestro interlocutor, parte de la historia del lugar, relacionada con la pasada de gente de Florida y de Penco por ahí en tiempos pretéritos: “No sólo antes, todavía hay gente que cruza por acá que viene de esos lados. Claro que antes eran muchas más, personas en carreta y a caballo. Por estas fechas (el 20 de enero) iba muchísima gente a Yumbel y que pasaba por aquí”. Y don Miguel, que nació y se creció en Paso Hondo, según nos dijo, sabe de esas cosas. Pero, ya estábamos satisfechos con sus respuestas, así que el hombre se despidió, retomó su camino rengueando con el bastón. No tuve que usar ningún silogismo para concluir que con esa información se terminaba el viaje.

Una selfie del autor de este texto en Paso Hondo.
               Con Manuel Suárez nos quedamos mirando los alrededores, una casa aquí, otra allá arriba y tal vez otra por  ahí, nada más. Ni una iglesia, ni un villorrio, sólo un lugar de campo con más nombre y renombre que población, eso sí pleno de recuerdos, candorosas historias campesinas y mitos. De verdad, a Paso Hondo no le podemos pedir nada, no tenemos derecho. Desde donde estábamos admirando la naturaleza del lugar y su bucólica hermosura, al empalme con la moderna ruta que une a Quillón con Cabrero y  Yumbel había unos 400 metros. 
     Un pequeño bosque de frondosas 
encinas nos dio la sombra que necesitábamos para comernos unos ricos sándwiches traídos de la casa de Manuel en Penco. Al poco rato, de vuelta a Florida por la misma senda. En menos de 40 minutos estábamos sentados a la mesa en el ya conocido restaurant del lugar “El Mono con Bigote” para un buen almuerzo y un primer balance de la aventura.

              
       ¡Hasta la vista Paso Hondo!
Aspecto de la nueva y moderna carretera que va de Quillón a Cabrero.
   

Thursday, January 31, 2019

REENCUENTRO CON PENCO LUEGO DE 62 AÑOS

El profesor Rosauro Montero, su esposa, la señora Lidia Donoso, y el ingeniero químico, don Fernando Pulgar Ávalos, durante un té en casa de los Montero-Donoso en Penco.

   NOTA DE LA EDITORIAL: El texto que está a continuación nos lo envió don Fernando Pulgar Ávalos, ex ingeniero químico de Fanaloza, industria en la que trabajó entre 1953 y 1957. Ese año se trasladó a Viña del Mar donde reside; allí trabajó en la Refinería de Petróleos de Concón. En enero de este año hizo un viaje a Penco, el primero en 62 años. En este relato nos habla de las emociones en su reencuentro con Penco, otros lugares de la zona y sus grandes amigos de entonces.

¡CÓMO HAN CAMBIADO LOS TIEMPOS!
Por Fernando Pulgar Ávalos
    Invitado gentilmente por el matrimonio de Luis Quiñones Escobar y esposa Julia Constanzo, amigos de larga data, arribé a Concepción el 9 de Enero del 2019.
    Ellos son oriundos de Valparaíso y ambos, profesionales titulados en la Universidad Católica del puerto. Ahora están radicados en Concepción, donde él es docente de su Universidad.
Al día siguiente, recorrimos el Campus Universitario en torno al Campanil y las Facultades en los cerros que le rodean. Acogedor ambiente de jardines, lagunas y lugares recreacionales y culturales, siendo de especial atención el Memorial en recuerdo de las personas de esta Universidad caídas durante la dictadura cívico-militar desde 1973 a 1980.
       En la mañana del 11 de enero fuimos Talcahuano: la Ventoteca, tradicional por sus pescados y mariscos, la ciudad y sus cerros. Llegamos hasta la caleta de Tumbes, muy bien reconstruida, como otras caletas y ciudades costeras devastadas por el maremoto (tsunami) del 2010. Regresamos a Concepción con dos grandes sierras para el consumo hogareño.
      Por la tarde fuimos a PENCO, a la casa del profesor normalista Rosauro Montero Henríquez y su esposa Lidia Donoso Aguayo en calle Maipú 325, junto a la plaza.
Durante una rica y conversada once, recordamos los altibajos históricos que enfrentaron sus habitantes, provocados por la naturaleza y por seres humanos, en especial en lo político, laboral, educacional y social.
     En 1953 conocí a Rosauro, hijo, recién recibido de profesor normalista y a sus padres y hermano, pues fui pensionista en su hogar, cuando yo empezaba a trabajar en FANALOZA.  Ese mismo año llegó también a Penco Juan Arroyo Menke, colega ingeniero químico que trabajó por 3 décadas en esa industria. Él tuvo además una destacada labor social y educacional, entre ellas contribuyendo a crear junto a Rosauro Montero Henríquez, el Dr. Emilio Suárez y otros, el primer Liceo de Penco.
Juan Arroyo Menke.
       El colega y amigo Juan Arroyo Menke  falleció en Santiago en el 2018.
     Otras personas recordadas en esta ocasión fueron: Mario Rojas Ibáñez y esposa Brunilda Bustos, Carlos Ibáñez Paredes y esposa América Petinelli, Cecilia Martin Reynolds, enfermera jefe de entonces  Clínica CRAV, Delia Concha, matrona de esa misma clínica.
      Roberto Navarrete, contador de CRAV, Ema Cortés Recabarren, también contadora de CRAV, Armando Cofré, dueño de Panadería.
En esos años ya Penco tenía 30 mil habitantes y en plena actividad, 2 importantes industrias: la Refinería de Azúcar CRAV y la de cerámica FANALOZA, desaparecida la primera por varias razones...
     PENCO es hoy una ciudad moderna y progresista, orgullosa de su antigua historia (Museo); su hermosa Plaza rediseñada y su estero navegable por 2 “Góndolas Venecianas".
     El sábado 12 de Enero nos dirigimos a Chillán, recorriendo su polifacético Mercado de frutas, verduras, artesanías, muebles, ropas, etc. Recordemos que en 1905 FANALOZA producía ya "porcelana dura" de aspecto fino y elegante que se vendía en Concepción y ciudades vecinas. Pero el éxito detonante fue la entrada de esa loza de PENCO en la Feria Tradicional de Chillán. Muchas personas se negaban a creer que fuera hecha en el país.  La loza de Penco llevó desde su nacimiento su sitio de origen y su calidad de chilena. 
      ¡Cómo han cambiado los tiempos!
Don Fernando Pulgar observa la bahía desde la costanera de Cocholgüe, en Tomé.
    Nuestro viaje al sur de recuerdos culminó el domingo 13 de enero del 2019 en la Caleta Cocholgüe, más allá de Tomé.
Allí se reconstruyó también este lugar turístico muy visitado por los penquistas.
       En el restaurant EL PARRÓN tuvimos un regio almuerzo junto al mar, con la grata compañía de toda la familia Quiñones  Constanzo.          
                             
(Nota: Gracias a todos los amigos y amigas por las atenciones recibidas en mi visita. Saludos y hasta vista: Fernando).