Sunday, November 10, 2019

DECLARACIÓN DE LA SOCIEDAD DE HISTORIA DE PENCO POR LA CONTINGENCIA SOCIAL




DECLARACIÓN PÚBLICA


La única lucha que se pierde, es la que se abandona.”

Rigoberta Menchú.
Premio Nobel de la Paz.


La Sociedad de Historia de Penco, reunida en Asamblea extraordinaria, el 5 de noviembre, convocada con motivo de la históricas movilizaciones de millones de mujeres, de hombres, de trabajadores, así como de estudiantes y jóvenes, en suma, de prácticamente todas las fuerzas vivas de la patria, de norte a sur y de mar a cordillera, viene en expresar:
  1. Su más plena adhesión y solidaridad, con las justas demandas, para desterrar de nuestra Patria, las desigualdades, la injusticia y los abusos y para establecer realmente la soberanía de los derechos humanos en la vivienda, la salud, el trabajo, la educación, la previsión y la cultura.
  1. El Derecho de nuestros pueblos originarios a gozar de sus derechos consuetudinarios y su real autonomía.
  1. Que considera indispensable la multiplicación de espacios de diálogo y trabajo colaborativo para develar conjuntamente las problemáticas estructurales que nos aquejan, así como las falencias en la gestión de coyuntura que afectan el pleno cumplimiento de la legislación actual.
  1. Que es estrictamente necesario la realización de cabildos vinculantes a nivel comunal y regional para culminar en un plebiscito nacional, para la construcción de una nueva constitución, por la vía que el debate reflexivo aconseje, sea ésta una asamblea constituyente, o un congreso constituyente, o el mecanismo que alcance la plena legitimidad de la nueva carta magna, como único camino para la creación de una Patria verdaderamente en paz, libre, justa, independiente, soberana, solidaria y feliz.
  1. Consecuente con el punto anterior, los poderes del Estado, no pueden caer en la tradicional y nefasta política del “gato pardo"; de hacer cambios para que nada cambie. Ese esquema, es en parte lo que nos ha llevado a la actual situación de crisis social.
  1. Antes de cerrar nuestro planteamiento, queremos señalar que rechazamos tajantemente toda clase de violencia contra el pueblo trabajador, sea ésta de carácter económico, político, social y gubernamental. Asimismo, rechazamos la violencia delictual que furtivamente se escabulle, entre las pacificas manifestaciones de la ciudadanía, durante las legítimas marchas realizadas por los diferentes sectores de la sociedad civil organizada en pro de sus demandas.
Fraternalmente,
En nombre de las socias y los socios de la Sociedad de Historia de Penco,

                                                                 Jaime Robles Rivera
                                                                            Presidente

María Cristina Ferrada Novoa                                      Manuel Suárez Braun
Secretaria                                                                                     Tesorero


Sociedad de Historia de Penco.
Personalidad Jurídica Nº672, del 29/11/2011.-


En Penco, Ciudad Histórica, a 6 de Noviembre, 2019.-


Thursday, November 07, 2019

EN PENCO, UNA VEZ UN MAGO


           La gente se apretujaba para ingresar por la estrecha puerta de una hoja del teatro CRAV por calle San Vicente. El espectáculo de variedades, con todo. Las radios habían publicitado con insistencia el show de aquel día invernal. Nunca en Penco se presentaría algo de ese nivel. La expectiva no podía ser más. ¿Cómo no pegar codazos en las costillas para un asiento en la galería? Primera fila. El escenario a 6 metros, con sus cortinas vino tinto cerradas. El chivateo de la gente, imposible de controlar. El menú incluía 3 cantantes conocidos —por la radios— más el plato fuerte. Un mago, el Mago Fosio, el plato fuerte.
             Un trajinado tocadiscos en la sala de proyecciones del teatro se puso en marcha. Un vinilo rayado por el uso emitió un chirrido al roce de la aguja gastada por el uso. Una voz de un barítono italiano se oyó en la sala refinera. Una canción napolitana de finales de la segunda guerra mundial que ni las radios más modestas difundían ya.
                                        ♪ D'amore io muoio.
             Falta poco.
           Amigos que entre la multitud se descubrían, se gritaban sus apodos desde distintos extremos para decir estoy aquí. Pateguala, Porongo, Cántaro, Piticoy, Chamiza, Pataslargas, Tomate, Canario, Cayapo,  Meñique y. 
         Sólo había una fórmula para poner orden en la sala en ese caótico preámbulo. Las cortinas del escenario. A la más mínima vibración del largo paño de terciopelo, los molestosos sentados en los bancos y otros arranados sobre las tablas del piso, que un rato antes aseadores habían rociado, lanzaban largos shhhhhhh. ¡Silencio! El barítono del vinilo se silenció (en fade), las luces de la sala se apagaron y las cortinas se abrieron, se abrieron, se abrieron, se abrie. 
              Ahora sí, silencio total.
             Primer número, una cantante muy joven que con su belleza y talento rompió el fuego o el hielo. Cantó sus mejores títulos y estrenó otros dos. Un guitarrista y un ejecutante de una tuba al fondo del escenario. Más aplausos. La galería y la platea estaban arrobadas.
               Después de una hora de canciones, el plato de fondo.
               El Mago Fosio.
            Expectación, silencio. Escenario en semi penumbra. Se sienten unos pasos que se acercan desde detrás de las cortinas. Arriba aparece un hombre flaco, alto en sus sesentas. Fino mustache afrancesado (sin ser él franchute), pelo peinado hacia atrás, gomina. Levita oscura, corbata humita. Me presento, (voz grave como de ultratumba) soy el Mago Fosio y pasaremos un rato agradable. Aplausos a rabiar. Era lo que se esperaba. No vengo solo, me acompaña mi secretaria Mistades. Adelante, Mistades, pase usted. La galería enloqueció. La platea, más atrás, aplaudió colijunta, como de costumbre. Pero, la ayudante demoraba.
               El Cayapo miró al Porongo a la espera de la secretaria de Fosio. Hasta que ella apareció en la escena con un traje negro y medias de fantasía. Atractiva. Al verla, la platea le dio harto volumen a su clap-clap-clap que antes había sido mezquino. En cambio, los de la galería perdieron todo atisbo de compostura. Zafados.
              Fosio, sin embargo, se apropió de su show, como correspondía con oficio, sus trucos y sorpresas, por los próximos 40 minutos. Comenzó presentando sus manos juntas y apretadas contra el pecho. De pronto las separó y de cada una de ellas salieron unas llamas enormes, como si sus manos hubieran sido fuentes de fuego. Acto seguido las volvió a la posición original y las llamas desaparecieron. Así empezó la cosa. Y siguió con un conejo sacado de su sombrero, después del interior de su chaqueta extrajo una paloma. Mistades recogía los animales y los llevaba para adentro. Fosio continuaba con unos pases mágicos con monedas, unas cartas de naipes. Y, lo más entretenido, en cada caso contaba historias de lugares remotos e ignotos por donde había ido en actuaciones o correrías: el Peloponeso, en Grecia; Tbilisi, en la Georgia Soivética; en Manila, Filipinas; en El Cairo, Egipto; en el mítico puerto de Basora en Irak. Un mago viajado. Y en sus narraciones incluía derrotas profesionales sufridas frente a otros ilusionistas. Todos muertos. Hay que ser honestos, honestos. Esas cosas de magos.
           A ver, Mistades, elija usted a alguien de la platea para el próximo número. Que sea un voluntario. La curvilínea bajó del escenario del teatro CRAV por una escondida escala lateral y se contoneó por la galería. Pudimos verla en detalle, su cara con un grueso maquillaje y pestañas postizas, ojos grandes y claros, pelo al carbón. Eligió al voluntario, comillas: el Porongo. Lo tomó de la mano y lo condujo a la puerta lateral, opuesta a la salida, por la que había llegado e hizo pasar al voluntario delante de ella con un leve empujoncito. Ambos desaparecieron detrás de esa puerta y asomaron segundos después de frente al público en el escenario. Nunca el Porongo había subido ahí, ni menos de cara a tanta gente. Fosio, como un gran caballero, pidió un aplauso para el voluntario. El mago se puso de espalda al público para el truco que incluiría al pencón. De su bolsillo oscuro sacó una especie de rueda dorada, más grande que la palma de su mano. Este es un símbolo oriental que el ilusionista chino Xieng —también RIP— me regaló en Pekín. Se lo mostró al Porongo. Movimiento afirmativo de cabeza. El mago siguió hablando del símbolo, dio pormenores inventados de su viaje al oriente y de los problemas para regresar con esa rueda dorada y brillante porque se la querían quitar unos monjes de ojos almendrados. No dijo por qué. Ante todo este maravilloso público de Penco, yo haré desaparecer este símbolo mágico. Lo elevó con las manos sobre su cabeza, como cuando un cura consagra la hostia. Y ante los ojos de todos, y del Porongo, la rueda dorada desapareció entre sus manos ¿Dónde está el símbolo?, le preguntó. Movimiento negativo de cabeza. Y entonces tomó al voluntario del brazo y lo hizo girar para que quedara de espaldas al público. ¿Dónde está el símbolo?, insistió. Y la galería y la platea gritaron: pegada en la espalda del Porongo. En efecto, una réplica estaba adherida en la chaqueta del inocente voluntario. Mistades se la pegó cuando subió la escala detrás de la puerta y, el pencón, en su nerviosismo, no se dio ni cuenta. Aplausos.
                  Número final. 
               En Fosio, mi tierra natal, cerca de Parma en Italia, hubo un viejo mago que me enseñó el siguiente truco. Les ruego mucho silencio, atención y concentración para que esto pueda resultar. Gracias. El silencio que siguió fue tal que por un momento sólo se sintió una nubada que cayó sobre el techo. Mistades, venga usted. La mujer se había despojado del vestido negro y llevaba sólo una malla en el tono con sus medias de fantasía. Tacos. Más bella. Nuevos aplausos..
                  No les diré de qué se trata, descúbranlo ustedes.
          Las luces del escenario bajaron su luminosidad. Fade out. Arriba, Fosio y Mistades, brazo con brazo, de cara al auditorio. Hubo un tambor, en redoble... Y ambos comenzaron a elevarse, a levitar... Y se cerraron las cortinas. Ooooooh. Oscuridad total. A los pocos segundos retornó la luz y las cortinas de nuevo se abrieron. Ahí estaban sonrientes el Mago y Mistades despidiendo su show. Cuando vaya por el mundo, (la voz ronca y profunda de Fosio) les contaré de Penco y de las cosas hermosas que he visto acá y que ustedes me han enseñado. Muchas gracias.
          La gente abandonó en silencio la galería... En la sala semi vacía comenzó a oírse
                                      ♪ D'amore io muoio.
                                          Muoio.♫
           Afuera del teatro de CRAV, en Penco, llovía y llovía y llovía y.

«RECORDAR A PENCO DESDE AFUERA TRAE UNA CIERTA MELANCOLÍA»

Fiesta de la Chilenidad en la escuela «Vicente Sepúlveda Rojo», de Copaipó.

Abandono de la Matria (*)

Texto y fotografías: Juan Espinoza Pereira, desde Copiapó.
        
            Son muchas las razones que hacen que una persona abandone su lugar de nacimiento, ese paisaje que le da confianza y que lo hace sentirse seguro, pues conoce su geografía natural y artificial; sus personajes y actuaciones; sus tradiciones y juegos; sus olores y colores; los sentires y pesares. Es que la matria permite el desarrollo y crecimiento humano, acoge al sujeto en un ambiente en que el peligro pareciera que no existe.
            La decisión de la partida, la «salida del cascarón» no es fácil máxime cuando la persona ha de enfrentarse a un ambiente hostil al cual deberá adaptarse; hostil porque ya no es el nido en el cual se encontraba. Imaginemos cuando una masa significativa de campesinos de diferentes lugares del Bio Bio, se encandilaron con la ciudad de Penco porque le ofrecía una promesa: tener una mejor calidad de vida con el trabajo industrial y vivir en la ciudad. Sin embargo, el símbolo del progreso para muchos fue una promesa incumplida, sobre todo cuando la vida de campo se reprodujo en la ciudad pero claro, fueron reemplazados los olores del poleo, de las vertientes, de las fecas de animales; las carretas, los bueyes, el yugo, cabresto y la coyunda fueron reemplazados por carritos de metal cargados de azulejos que debían ser arrastrados por la fuerza humana hasta los hornos; por sacos de azufres que debían ser cargados hasta los vagones del tren o los camiones tolvas.
            Para un pencón común y corriente salir del terruño hoy día es también una decisión compleja, pero son muchos los que emprenden la partida con un dolor en la garganta y los ojos húmedos; el trabajo es una buena excusa. ¡Pero, cómo le duele a ese pencón salir de la matria! En mi estar en Atacama he conocido a muchos que sienten una melancolía en extremo por su lugar de origen, incluso llegando hasta el llanto, pruebas:
    ― Cuando se produjo el eclipse solar total del 2 de julio de 2019 y encontrándome en la localidad de Cachiyuyo, me encontré accidentalmente con siete pencones patiperros que están en diferentes faenas mineras sea en Antofagasta o en la zona de Atacama (aún no entiendo cómo nos reconocemos los pencones, pero algo hay ahí) y una vez que el fenómeno se había acabado empecé a escuchar lugares comunes, personajes que me evocaban recuerdos, nombre de barrios, etc.; después de unos vasos de agua compartidos por el extremo calor, un abrazo de despedida y el famoso «nos volvamos a encontrar», sobre todo cuando a los más jóvenes se les humedecen sus ojos al saber que aún falta tanto tiempo para la bajada.
    ― Este año me cambié de lugar de trabajo hacia Copiapó para dirigir una escuela de barrio con una gran población de inmigrantes de toda Sudamérica (ecuatorianos, venezolanos, brasileños, argentinos, bolivianos, peruanos y haitianos; en total nuestra comunidad educativa tiene 802 estudiantes y 90 adultos). Para celebrar el «Día de la chilenidad» la escuela se transforma en una gran fonda ciudadana con mucho baile nacional y cocinerías. Fue ahí donde encontré a don Francisco, su mujer y sus dos hijos todos pencones, al poco rato de conversación y teniendo como música de fondo las cuecas y zapateos en la patio, con niños de diferentes nacionalidades, me contaron que él había nacido en Vipla y ella cerca del barrio del Cementerio (cerca de donde me crié) y los niños nacidos en Penco, pero copiapinos de crianza. Ante la pregunta de por qué se vinieron tan lejos, me sorprendió la respuesta… «para sanar mi alma… es que había tocado fondo con la muerte de mi mamita… necesitaba volver a empezar, con la ida de ella me destruí». Ante su lenguajear, dejé que fluyera lo que tenían que decir: él un gran futbolista local, vendedor de pancito y empanadas en el puerto de Lirquén para los estibadores, ningún trabajo le quedaba chico; ella trabajadora desde su más temprana infancia hasta ahora. A la música de fondo se sumaron: el mercado de Penco, clubes de futbol, el tren, La Cata, las apancoras, Primer Agua, las nalcas, los chupones, el pelillo; y aparecieron también los sentimientos familiares y el deseo de volver a esa matria fraterna, porque «la vida acá es dura oiga y se extraña Penco»
    Pencones en Atacama
          No importa la razón de la salida de Penco, más aún cuando las fronteras solo son virtuales, lo importante es asumir que una forma de sobrevivir estando fuera de matria original, es asumir un nuevo mundo, una nueva matria que le dé sentido a la existencia cotidiana personal y colectiva, volver a construirse sin olvidar el origen. Habrá nuevos olores y sabores, nuevos paisajes pero jamás olvidar el punto de origen, es por eso que cada cierto tiempo se vuelve a Penco para redescubrirlo, pasear por aquellas calles comunes, mirar esa mansa bahía, imaginar al Mestizo Alejo por los bosque que ya no existen o corriendo por el estero; imaginar a los lafkenches sacando machas y ulte en la orilla de la playa o en la isla chica.

       ¡Un abrazo fraternal desde Atacama para los pencones y para aquellos que están fuera!
----- 
(*) Matria es un neologismo usado por algunos escritores, entre ellos Isabel Allende, para hacer referencia a la propia tierra del nacimiento y del sentimiento. Se usó también el término en la antigua Grecia. (Wikipedia).

Monday, October 28, 2019

CRUELES NIÑOS DE PENCO, CAZADORES DE JILGUEROS

Jilguero chileno. Foto de José Cañas, 
sitio web Aves de Chile.
                Estallaba con fuerza la primavera de 1957. Tiempo de cazadores. De pájaros. Pero, no para matarlos. Para algo peor: jaulas estrechas y maltrechas. Ni hondas ni piedras se requerían para el horrible propósito. Una red e implementos menores bastaban para la tortura de esas avecitas inocentes. Crueles eran los niños de Penco. El viento se había llevado lejos los párrafos de «Los cazadores crueles» de Gabriela Mistral, que días antes con tanto sentimiento les leyera a esos bribonzuelos la profesora. En la 31.
               El niño Santana, con aires de capitán, ordenó. Mañana a las 6 de la mañana. A la hora en punto nos juntamos tres. Santana, Víctor y yo. Me tocó llevar lo más pesado, la jaula. Toscamente construida con madera —pasada de agua— y un entramado de alambres oxidados. La oreja para agarrarla me rebanaba los dedos. Envuelta en una lona Santana llevaba la red y la soguilla. El timbel (*) en la otra mano. Los bolsillos de los pantalones llenos de pan. Partimos.
               Llegamos a la cima del camino a Lirquén en el sector del cementerio. Giramos a la derecha, subiendo por el actual algas de Chile, que entonces no existía. Puro campo, puro aire diáfano como el cristal, recién rayando el sol. Centenares de pájaros celebraban la primavera con sus trinos y vuelos ordenados y desordenados. Una pequeña pampa se abría orientada al norte antes de caer fuertemente al valle que antecede la subida del hospital.
               Aquí es, dijo el capitán. Los tres miramos el entorno y tomamos una estrategia. Santana pidió una piedra que le sirviera de martillo. Tenía que fijar las estacas en el pasto. Extendió la red que había tejido con hebras de seda color marrón. La dejó tensa entre las estacas. Alargó por 40 metros la soguilla. En el otro extremo de la red, al final de la línea nos instalamos los tres, semi escondidos en un arbusto. Ambushed. Santana olvidó dos cosas, en la primera acción, de las cuales se lamentó. Porque del cielo se dejaron caer decenas de jilgueros matinales curiosos. Y perdió la partida, porque no había regado con alpiste el sector de la red. Tampoco usó el timbel, pero en este caso porque todavía no había capturado ni un pájaro para someterlo como carnada. Hasta que cayó uno.
         «Este pájaro tiene cerca un nidillo suave, que con afán y dedicación tejió esta primavera. En el nido hay dos hijos, hermanos de la estrella y de la flor».            
              Nos resonaba lejana la voz de nuestra profesora leyendo a Gabriela.


         
           Con destreza Santana ató la torpe avecilla capturada al timbel  y nuevamente, instalados en nuestro puesto de comando. AmbushedSantana jalaba periódicamente el timbel y el pobre pájaro atado al mecanismo piaba de dolor. Bajaban decenas, seguramente a prestar ayuda o a curiosear. Qué onda.  Entonces, Santana aprovechaba su ardid, tiraba de la soguilla y al cerrarse la red, a lo menos 8 quedaban atrapados entre los hilos de seda y el pasto. Nos íbamos corriendo a recoger el botín. La jaula se hizo chica. Pero, una vez prisioneros entre los alambres, los bulliciosos jilgueros guardaban silencio. La cacería terminó a las 11 de la mañana. Santana era un conocedor de esta técnica y de la conducta de las aves «hay que venir más temprano». En el regreso, a través de los burdos alambres, se venían los plumajes verde tornasol.
              
               Y de nuevo nos penó Gabriela:
               
          «El ciego cazador que ha roto esta ala fina no sabe que mandó a morir a tres divinas gargantas, a cantar destinadas, desde un árbol, el gozo de vivir».
--------

(*) Timbel: burdo mecanismo de palanca hecho con alambre grueso que se usaba como una campana accionada a distancia, salvo que no había tal campana sino un pájaro.
           

Saturday, October 26, 2019

EN DOMINGO LOS TRABAJADORES DE PENCO LUCÍAN TRAJE Y CORBATA

Escena de la película  mexicana «El Derecho de Nacer» dirigida por Zacarías Gómez Urquiza, fue estrenada en Penco en 1953. Los actores de cine con traje y corbata inspiraban con sus vestimentas a los trabajadores pencones de la época.

                   Hasta el «Ñajo» usaba corbata en Penco(*). «Flores» no se la sacaba, menos aún su abrigo café moro que le chicoteaba en los tobillos. 
             Muy lejos de lo anecdótica que nos pudo parecer la vida de esos personajes, estaba la realidad objetiva de los obreros. Por razón de su trabajo, en las horas laborales no la podían usar. Pero se desquitaban los fines de semana. Por ese motivo en la jerga pencona la tenida compuesta por traje, zapatos lustrados, camisa blanca y corbata era la «pinta dominguera». Sin embargo desde esos años, los tiempos han cambiado y harto.
               En nuestra cultura y en particular en nuestro medio, la corbata pierde terreno. Y no es que pierda algo, se la ha desplazado casi por completo. A modo de ejemplo, diremos que ya muy pocos recordarán el apelativo de un antiguo buen vecino pencón: el carbatita, hecho de sirve para reafirmar el olvidado uso de corbatas. Porque el cambio en las modas es profundo. Sin embargo, en Europa la corbata sigue mandando y, como tal, llevarla bien puesta y mejor ceñida es una obligación en una parte significativa de las oficinas. En ese continente tienden a no mirar con buenos ojos una actitud desdeñosa hacia ella.
               Remitámonos 60 años atrás. El mundo obrero de Penco —que era la población mayoritaria del pueblo— usaba diariamente su ropa del trajín: overoles, cotonas, pantalones de mezclilla con pechera, vestuario viejo por lo general para desempeñarse en labores básicas. Zapatos calamorros, alpargatas, ojotas. Esos trabajadores sentían la necesidad de lucir bien presentados, «achutados», como se decía, para ir por las calles penconas.
               El domingo, como ningún otro, era EL DÍA, la única oportunidad para mostrarse como Dios manda. Por eso, en Penco se veían obreros con sus tenidas bien planchadas y sus vistosas corbatas en fines de semana. Se estrenaban los trajes nuevos confeccionados por los conocidos y afamados sastres pencones. Y los paseos o los lugares donde ellos iban para hacerse ver con sus ropas domingueras eran las canchas de Gente de Mar, el fortín de La Refinería o los cines CRAV o de Concepción.
----------- 
(*) El Ñajo y Flores, entre otros personajes de Penco de los años 50, eran vagabundos conocidos en el pueblo. Ambos llevaban vestimentas muy pobres y sucias y cada cual usaba corbata aunque de color indefinido.

Wednesday, October 16, 2019

LOS ALUMNOS DE PENCO QUE OBTUVIERON NOTA 7 EN MORAL


               El día de entrega de las libretas de notas congregó a los padres, las madres y los apoderados en la puerta de aquella escuela de Penco que tenía una amplia plataforma de concretocomo un escenario, que por un lado conducía a la entrada de la edificación de una planta toda de madera, y por el otro contaba con 3 escalones que daban a la vereda. Debió ser finales de junio de 1956. Se disponían a entregar esos delgados cuadernillos los profesores Leyton, Montero, Bustos, etc. De manos de cada maestro, cada apoderado recibió cada libreta, mientras cada alumno evaluado esperaba con dudas sus propias calificaciones registradas en ese documento. Decenas de pequeños ojos castaños miraban el trayecto de la libreta de las manos de sus profesores a las otras, de sus padres o madres. Una primera lectura de los resultados se reflejaba en los rostros de los mayores: alegría, orgullo, seriedad, indiferencia, preocupación. El día de la verdad. Castellano 7, matemática 6, religión 7, educación física 6, moral 7. Sonrisas, apretones de mano, saludos. ¿Un helado barquillo donde el turco Marcos? No, en invierno está cerrado. Caminata por la línea de regreso a casa. Hora de almuerzo.

              —¿Qué cosa es moral, papá?—, preguntó José, el alumno de las mejores calificaciones del curso cuyo profesor era el señor Servio Leyton. No recordaba ese ramo,  ni tenía ninguna anotación sobre eso de moral en su cuaderno de vida. ¿Entonces, de dónde salió?
               —¡Veámoslo después!—. Siguieron caminando dando saltitos sobre los durmientes (porque la línea del tren también se usaba como una peatonal). José no insistió porque comprendió que su papá estaba cansado, tal vez no lo escuchó bien o quizá tampoco sabía. Mejor sería preguntarle a la mamá. Ella estuvo muy feliz de revisar y confirmar las excelentes calificaciones del hijo, pero ahí mismo le cayó la pregunta, en la mesa, mientras almorzaban. Su respuesta.
             —Mira, José, la moral es no decir atrevimientos. Es no andar repitiendo malas palabras, menos en la escuela.
                 Punto.
               La pregunta planteada por José a propósito de su nota en moral es en realidad una pregunta muy antigua en filosofía. Qué es moral y, por añadido, qué es ética. Son palabras distintas, pero en el lenguaje común no hay diferencia. En las universidades se las imparte como una sola cosa, ética, en prácticamente todas las carreras. Ambas voces etimológicamente tienen la misma raíz griega «ethos», término que en castellano se traduce también con dos palabras: costumbre y carácter. Esta última se entiende como la creencia, por parte del individuo, en valores los cuales al hacerse hábitos conforman su personalidad moral. O sea, la persona reflexiona acerca de cuáles son las mejores costumbres o las buenas prácticas para vivir en sociedad.
Fotograma tomado del video El Talón de Aquiles, de Youtube.com

               Estudiosos de esta materia afirman que moral son los valores verdaderos que permean una comunidad y cuyos miembros practican. (*)
               Pero, el asunto no es simple. Hay inconvenientes como, por ejemplo, que la ética presenta dos caras: cara 1, como la persona concibe los valores morales y cara 2, como esa persona se comporta en la vida diaria.  Entonces se da la contradicción: que baste con hablar de estas cosas morales pero no practicarlas. Por eso, los griegos sostuvieron que la ética no podría enseñarse como las otras ciencias. Si se la enseñara como un curso teórico se agravaría la contradicción entre lo que se piensa y lo que se hace. Por tanto enseñarla implica comprometer hábitos de buena conducta. O sea, la mejor manera de aprender la moral es seguir los buenos ejemplos éticos y cuyo resultado es la bondad.
               José hizo una gran pregunta a su padre cuando iban por la línea del tren en Penco. «¿Qué es la moral?». Pero, fue su mamá quien le entregó una gran respuesta, durante el almuerzo, dentro de su modestia como una dueña de casa esposa de obrero. «Es no decir atrevimientos»(**). A partir de lo dicho, si analizamos por un momento la calificación en moral que el señor Leyton le anotó a José en su libreta, el 7 no lo logró en la sala de clases, sino que fue el resultado de lo aprendido en casa y practicarlo en la escuela. José siguió los buenos ejemplos que observó en el seno de su familia. Y eso es lo que los profesores evaluaban para llenar el casillero «moral» en la libreta de notas.
---------- 
(*) Resumen de conceptos incluidos en el curso de Ética, del profesor Miguel Giusti, UC de Perú, en youtube.

(**) El sustantivo atrevimiento se usó en Penco como sinónimo de grosería en el hablar, garabato.

Sunday, October 13, 2019

GENERACIONES CONOCIERON NUESTRA HISTORIA EN LOS RELATOS DE WALTERIO MILLAR



La clase de historia de Chile que versaba sobre la carrera política y militar de Bernardo O’Higgins estaba por terminar esa mañana lluviosa de junio de 1955. Agotados de tantos datos —que no eran tantos, pero así lo sentíamos— en torno a la vida del prócer, sólo queríamos oír la campana del inicio del recreo. Íbamos leyendo trozos del texto por turnos, según nos lo indicara el señor González.  Sin darnos cuenta, el talán-talán resonó en el aire. Esa señal era una cosa sagrada así que apenas alcanzamos a cerrar nuestro libro «Historia de Chile Ilustrada», de Walterio Millar y salimos disparados.
         Entre los gritos de alegría por el término de la clase oí a un compañero que no logré identificar: Bernardo O’Higgins nació en Chillán, comió porotos y le hicieron mal. Risas. Más risas y el refrán se transformó en coro. ¿A quién culpar por esa ofensa al padre de la patria entre los 42 alumnos del 3ero básico? Eso es imposible si consideramos que al unísono todos lo decían; nadie individualmente era el culpable. En el pasillo central la chanza se olvidó rápido por el desorden mayúsculo de niños de todas las edades jugando con toda la energía de la juventud. Esa masa de cuerpos más enjutos que obesos, esas cabezas de pelo corto y esas ropas impregnadas de humedad o simplemente mojadas, levantaban un vaho pegajoso, tibio y viciado en todo el ambiente de encierro. El  pasillo de piso de madera se alineaba con el eje del centro del techo de ese caserón que era la antigua escuela 31. Cómo haber tenido un espacio mayor para matar el recreo como Dios manda. Y afuera, la lluvia y el viento.
Este es uno de los dibujos que aparecen en el libro de historia. Representa la audacia de Manuel Rodríguez de abrir la puerta al gobernador Casimiro Marcó del Pont, sin que éste lo reconociera. 
       El tañido de nuevo dispuso el regreso a las salas. Carreras en todas direcciones de niños buscando las puertas de cada cual para ingresar, apretujones, quejidos, risas, taconeos, pisotones. Chumaco, quizá con un año más de edad que el promedio del curso, ingresó con el resto, y en voz alta cantó el estribillo: «nació en Chillán, comió porotos y le hicieron mal». Varios le celebraron el canto. Pero, con mala suerte porque el señor González estaba en la sala y lo vio en esa acción. Lo había individualizado. Nos sentamos en nuestros puestos. Y el profesor dijo: «Jones venga aquí a mi escritorio». El niño se presentó con cara de interrogación mirando sorprendido al resto de sus compañeros y pensando ¿de qué se me acusa? La respuesta la tuvo de inmediato: «En vista de su falta de respeto, le enviaré una comunicación a su apoderado y me la trae firmada mañana». En realidad fue lo más suave que le ocurrió a Chumaco, teniendo en cuenta que ese profesor era bastante estricto con la disciplina y perfectamente pudo haberle aplicado un buen coscacho. Todos quedamos advertidos por la reprimenda por lo que nadie se atrevió ni en broma a repetir el refrán.
WALTERIO MILLAR (Wikipedia).
       En el nivel básico, los alumnos contábamos con la historia de Chile en el maravilloso libro de Walterio Millar, una creación suya, con textos livianos, comprensibles, con buena cronología, sin descuidar los episodios serios de nuestro pasado histórico y el correspondiente aderezo de  anécdotas que hacían llevadera la introducción en las materias más densas. El autor nació en Yungay al sur oriente de Chillán en 1899 y murió en la capital de Ñuble en 1978. Fue historiador, caricaturista, dibujante, periodista e ilustrador. Su «Historia de Chile Ilustrada» la lanzó en Concepción en 1929, y en poco tiempo se convirtió en un manual. Después con el concurso de la editorial Zigzag se masificó. De suerte que millones de adultos hoy en día niños de entonces, aquellos que no siguieron estudiando después de la enseñanza básica, se quedaron con los relatos históricos escritos por don Walterio. Por eso debemos reconocer y agradecer como se merece su provechosa forma se contar, con dibujos a mano alzada trazados por él mismo, los acontecimientos más significativos de nuestra historia. Millar entendió que ese estilo de narración con ilustraciones servía de cebo para interesar a los niños en conocer el pasado y leer más.

Monday, October 07, 2019

LOS SINDICATOS DE FANALOZA NO ABANDONAN AL CENTENAR DE TRABAJADORES DESPEDIDOS DURANTE SEPTIEMBRE DE 2019

Un aspecto de la sala de ventas de Fanaloza, ubicada en la planta industrial en Penco.

               La actividad fabril de Penco exhibe una larga historia de dolorosas situaciones de despidos de personal, una veces en menor número, otras en cifras muy altas. Podríamos citar fieros impactos en los intereses de los trabajadores como, por ejemplo, el cierre de la Refinería de Azúcar en 1976; la fuga del ex dueño de Loza Penco, Feliciano Palma, por fraude al fisco en los 90’ con el abandono de sus obligaciones de pago para los loceros; en 1958, el término de operaciones de la mina de carbón de Lirquén, con la consecuencia fue varios centenares de jefes de hogar sin empleo. Y ahora en 2019, cuando se pensaba que lo anterior era una pesadilla del siglo pasado, se repitió, esta vez en Fanaloza, por causas a las que hay que buscarles una explicación.
               Las duras realidades de los mercados tanto internos como externos ponen en jaque la producción de bienes en Chile, particularmente cuando manufacturas importadas ingresan como una avalancha al país a precios imposibles de igualar. Es el caso de los sanitarios Fanaloza que deben competir en forma desventajosa con similares traídos desde el extranjero donde los estados de origen otorgan fuertes subvenciones para su fabricación. Una sala de baño básica (tasa, estanque, lava manos y pedestal) hecha en Penco, por ejemplo, tiene un valor referente de costo de 25 dólares; mientras que una importada  es de 18 dólares. En consecuencia,  el consumidor que actúa siempre por conveniencia de precio, adquiere, obviamente, el producto más barato.
Luis Ascencio, pdte. del sindicato N°1 de Fanaloza,
Nelson Palma y Manuel Suárez, de la Sociedad
de Historia de Penco.
               Esta diferencia brutal ha significado la menor salida de sanitarios, los que se han ido acumulando en las bodegas de la fábrica de Penco. La situación desfavorable para la empresa se venía arrastrando desde hace un año, sin embargo, la gerencia había pospuesto la adopción de medidas drásticas en la expectativa de que se materializaran compras de sus productos en Argentina, hecho que no ocurrió debido a la crisis que vive en vecino país. Tampoco resultaron tratativas en México. Cuando ambas opciones se descartaron, la gerencia pencona se vio en la necesidad de despedir a más de un centenar de trabajadores, es decir un turno completo. La empresa venía trabajando a tres turnos. La lamentable medida se adoptó en los días previos a las Fiesta Patrias.
               La gerencia general en un comunicado sostuvo que «el mercado en que participamos ha venido incorporando cada año productos de menor precio que se pueden conseguir en la región y desde Asia en general. Estos productos alternativos están con precios muy por debajo de nuestros costos, razón por la cual nos vemos en la dolorosa necesidad de reducir ciertas líneas de producción, con las que hemos venido obteniendo pérdidas durante todo el 2019 y que nos hace imposible continuar». En su nota del 13 de septiembre de 2019, la gerencia general añade: «De todas maneras mantendremos a un importante número de colaboradores y un importante número de piezas que debieran superar las 600.000 unidades anuales en nuestra fábrica. El resto de productos deberá ser importado para poder suplir y no desaparecer en los segmentos de mercado que son necesarios para mantener las mezclas tradicionales producidas y vendidas por Fanaloza en Chile». El gerente Héctor Saavedra hizo un llamado a los trabajadores que permanecen en la industria a redoblar «desempeño, esfuerzo y dedicación para sacar esta tarea adelante».
            Por su parte, el presidente del sindicato N°1 de Coprosa (Fanaloza), Luis Ascencio, en conversación con nuestro blog, dijo que estos despidos causaron un profundo impacto y que la respuesta de la organización fue inmediata en orden a prestar apoyo a los exonerados. «Por primera vez el sindicato que presido se ha comprometido en no dejar solos a nuestros ex socios y hemos encaminado una serie de iniciativas para ayudarlos. Por ejemplo, hemos tomado contacto con parlamentarios de las más diversas tendencias de nuestra jurisdicción para buscar soluciones. Al mismo tiempo estamos trabajando con la Municipalidad de Penco para avanzar en ideas de reconversión laboral y la respuesta ha sido favorable. Los ex socios han permanecido cerca de nosotros y participan en reuniones, de manera que entre todos podamos reencauzar sus actividades productivas en otras fuentes laborales». A esa iniciativa inédita han adherido también los otros sindicatos N° 2 y N° 3 de la empresa, puesto que los exonerados pertenecían a todos ellos. Lo importante será ver resultados ojalá pronto que favorezcan a esos trabajadores como el fruto de toda esta actividad de apoyo y solidaridad.
Una de las bodegas de Fanaloza en Penco repletas de productos esperando su turno para salir al mercado.