Sunday, May 12, 2019

"CABEZÓN" LÓPEZ, TESTIMONIO DE PERSEVERANCIA, SUPERACIÓN Y HUMILDAD EN PENCO

Fernando López entrega un juego de fina loza, hecha por las manos de los trabajadores loceros de Penco, al Papa Juan Pablo II, durante la visita del Santo Padre a Chile en 1987. La tercera persona que aparece al centro de la foto es Luis Germani, gerente general de la entonces empresa Loza Penco.

NOTA DE LA EDITORIAL: Hay personas que tienen ese don particular de sobreponerse a la iniquidades de la vida y desde la nada alcanzar logros muchas veces espectaculares. Para ello se ha que contar con una personalidad a la vez perseverante, honesta, transparente, alegre y firme ante los desafíos. Tal es el caso de Fernando López, ex jugador de fútbol y entrenador, conocido en Penco con el apodo de "Cabezón" López. "He sido una persona afortunada en la vida. Mi personalidad es la que me dio el Señor. Por eso hay gente que cree que las tengo todas pero, en el fondo no tengo nada", dijo hace algún tiempo para una producción de youtube.  No se obnubiló a consecuencia de sus éxitos como técnico amateur. Al contrario permanecer siempre humilde ha sido su impronta. Su querido barrio de Gente de Mar lo vio crecer desde los 5 o 6 años cuando llegó aquí con su familia que emigraba en la esperanza de hallar un mundo mejor. Su encuentro cara cara con el Papa Juan Pablo II, hoy santo de la Iglesia, es un hito en su historia personal de logros pero también lo es para Penco, porque se trata de un querido vecino de la comuna. La semblanza del "Cabezón" que incluimos a continuación la preparó Abel Soto, quien lo conoce desde hace muchos años.

LOS LOGROS EN LA VIDA DE "CABEZÓN" LÓPEZ

          El “Cabezón” López es un personaje de Penco muy especial. Representa un poco a Pedro Urdemales, Condorito, Cantinflas u otros que se han educado en la Universidad de la vida, hijo de un capataz de fundo sector Florida, y su madre una partera con mucha experiencia, un día en que su padre discutió con el patrón, dejó el trabajo y se decidió a partir en busca de nuevos horizontes. Así fue que cargó su carreta de 3 pisos y las endilgó hacia donde la yunta de  bueyes cortara, a la buena de Dios. Así llegó a Penco por el sector de Villarrica. 
       Acá el “Cabezón”, niño aún, y por sobrevivir, ayudaba a los pescadores de Gente de Mar, y calentaba el agua a los matarifes del matadero municipal ubicado en calle infante, cerca de la cancha del club. Ésas fueron sus aulas, se graduó de experto en preparar yeso para la fabricación de loza. Gracias a su robusto carácter, conoció y disfrutó almuerzos con Don Gregorio Díaz o Don “Goyito”, como le decían, dueño de Fanaloza.
López con la camiseta de la U de Conce.
         El “Cabezón” López jugaba al fútbol. Un día Luis Tirado lo vio jugar, vino y le ofreció integrarse a Temuco. Pero, no, su Penco pudo más. Un tiempo después Don Lucho Vera lo llevó al Universitario de Concepción y después pasó al Fernández Vial. Terminado su ciclo como jugador se convirtió en entrenador amateur de los clubes de Penco. Desempeñando ese rol consiguió varios títulos comunales así como en la competencia de Recopa y Copa de Campeones de la Región. López es amigo de los amigos y es conocido en muchos ámbitos pencones. Su mayor orgullo seguirá siendo el haber sido designado junto al ex gerente general de Loza Penco Don Luis "Cato" Germany, para entregar un presente a nombre de la empresa y sus trabajadores, al Santo Padre Juan Pablo II en abril de 1987.
El equipo de Loza Penco dirigido por Fernando López, meses antes que llegara al cargo Luis Santibáñez.
        Otra de las peculiaridades del “Cabezón” es el uso de la expresión “excelente” para responder a cualquier consulta relacionada con su persona o simplemente para responder a los saludos de los amigos. Hoy, todo el mundo lo saluda con esa palabra excelente. Y ante la pregunta ¿cómo estás “Cabezón”?, la respuesta del aludido es infalible: excelente, seguida de una sonrisa y su inigualable y contagiosa alegría...(Abel Soto).

Revisión de estilo: N.Palma
El "Cabezón" López junto al club que lo vio nacer Gente de Mar. Él siempre sonriente.


Thursday, May 09, 2019

ESTE EQUIPAZO DE FÚTBOL TUVO LA REFINERÍA EN LOS SESENTA


ESTA FOTO LA PUBLICÓ CON GRAN ORGULLO LA REVISTA REFINERA "PAN DE AZÚCAR" EN 1966


COQUIMBRO CRAV, flamante Campeón Regional 1966, sabe sacarle lustre al título y fue así como voló vía LAN Chile a Punta Arenas, desde donde regresó invicto luego de 5 partidos. La delegación la integraron las siguientes personas, de pie de izquierda a derecha: José M. Vera, Víctor Neira, Santiago Nova, José Baeza, José Pérez, Heriberto Villegas, Adolfo González, Jorge Moena, Roberto Pardo, Franklin Opazo, Mario Zúñiga y Humberto Aedo. Agachados: Víctor Sepúlveda, Juan Marín, Enrique Tapia, Danilo Inostroza, René Fuentealba, Luis Reyes (entrenador), José Vial y Roberto Sánchez.

Friday, May 03, 2019

CAMIONES FRANCESES DE PELÍCULA PROTAGONIZARON SU PROPIA "PELÍCULA" EN PENCO

Los conductores de un camión Berliet de Cosaf, José Herrera Osses y Víctor Godoy, posan junto a su máquina, la N° 9 en el Salto del Laja, de regreso a Penco luego de realizar una entrega de fertilizantes  a clientes en el sur de Chile.  Los camiones eran de color ocre.
(Fotografía de Abel Soto).

          Mi amigo Abel Soto, que conoció la Cosaf como ninguno, me entregó una detallada información de los camiones franceses Berliet que transportaron por años la “fosforita”. En una nota escrita por él y que se despliega a continuación, se rinde tributo a los hombres de Penco que operaron esos camiones, máquinas enormes, de gran tonelaje, que llegaron a formar parte por años de la fisonomía urbana de Penco con sus ruidosos motores Diesel y esa presencia imponente.
          Uno de los choferes de estos gigantescos vehículos era “El Gitano”, de gran físico también, acorde con la fisonomía de los camiones. En los veranos era un cuadro clásico ver al “Gitano” conduciendo su Berliet por calle Freire, con las ventanillas abajo y sus dos muñequeras de cuero. Parecía un actor de cine tipo “Espartaco” luciendo sus lustrosas protecciones en los antebrazos. La lista de los conductores y mecánicos de esos equipos franceses los incluye más abajo Abel Soto en su nota.
El actor Jean Paul Belmondo observa a su pasajera Andrea Parisy, en la cabina de su camión Berliet. La escena corresponde a la película "100 Mil Dólares Bajo el Sol" que se exhibió en Penco en 1964, cuando los vehículos Berliet eran una imagen familiar en la comuna.
         A fines de 1964, se exhibió en el teatro de la Refinería, la película francesa de acción “100 Mil Dólares Bajo el Sol”, con las actuaciones de Lino Ventura y Jean Paul Belmondo, cuya trama se desarrollaba en el desierto de Marruecos. La producción fue una auténtica monografía de los camiones Berliet, mostrando todas sus virtudes y capacidades de fuerza y velocidad. Durante una secuencia de persecución y carreras de dos de estas máquinas a través de las arenas del norte africano, iguales a las que transitaban por Penco, había gente "que echaba la talla" en la galería del teatro: “¡Dale 'Gitano', que a ti no te la gana nadie. Dale, dale, dale!” Los cinéfilos pencones, al salir del teatro, se encontraban con los Berliet de Cosaf, pero sin la bella Andrea Parisy a bordo, ésa que acompañaba a Belmondo. Tal era la "película" de la rutina de cada día en Penco, con los camiones circulando por ahí pero que nada tenía que ver con el filme francés. La cinta fue postulada a la Palma de Oro, del Festival de Cannes, pero no alcanzó el galardón. Y cómo pretendería ganarlo con un argumento pueril y más publicidad de vehículos de carga que contenido... 

          La flota de Berliet pasaba todos los días con su carga de fosforita, cubierta por una lona. Sin embargo, el material en forma de arenisca caía a la calzada y se acumulaba en las cunetas. Algunos recogían eso y lo llevaban a sus huertas. Es probable que hayan sido los únicos camiones de esa marca que operaron en Chile. Berliet tenía su factoría en la ciudad francesa de Lyon. Esa empresa inició la fabricación de automóviles, buses y camiones a escala comercial en 1901, la que se prolongó hasta 1974, cuando fue absorbida definitivamente por la actual marca Renault.
          Pues bien, para terminar esta nota y antes de leer el texto preparado por Abel Soto,  volvemos al personaje “El Gitano”, un hombre popular en Playa Negra por su carácter y la excentricidad de sus muñequeras de cuero, que lucía con orgullo al mando de su Berliet. De las personas consultadas sobre este conductor tan especial, recuerdan su apodo de “El Gitano”, pero nadie retiene hoy en la memoria su nombre verdadero. Seguiremos averiguando…
En la fotografía se observa parte del equipo de mantenimiento de la flota de Berliet en Playa Negra. De cotona blanca está don Miguel Parra; sobre la pisadera del camión se ve a don Guillermo Salazar; al centro, de buzo, don Sebastián Rebolledo "don Chabita" y a la derecha está don Jorge Garrido. Entre ambos se ve un tractor Benotto, de Cosaf y más atrás 2 camiones Berliet.
(Fotografía de Abel Soto). 

CAMIONES BERLIET RUGIERON 
EN PENCO

Por Abel Soto Medina


           Entre los años 1956 y 1970 la empresa Cosaf para acarrear su materia prima denominada roca fosfórica o fosforita --que se traía vía marítima desde África y se descargaba en el Puerto de Lirquén-- tuvo que disponer de 4 camiones tolva de alto tonelaje para la época.
            Su maciza estructura los hacía verse imponentes en su andar entre Lirquén y Penco. Cada viaje transportaban  unas 20 toneladas eran de fabricación francesa y su marca Berliet, todo ello por la cercanía  con la empresa de la misma nacionalidad la “Compagnie  Nord Africaine de LHyperphosphate Reno”, que aportó maquinarias y tecnología a Cosaf. Para hacer una comparación de camiones podríamos volver la memoria a esos tiempo y decir que en Penco  Don Abraham Retamal, comerciante y Rotario de la comuna, tenía un camión Ford de color Rojo con una capacidad de 6 toneladas que disponía para sus negocios. También la gente recordará  que el vehículo de carga se improvisaba para viajar  a Yumbel cada 20 de enero para pagar mandas a San Sebastián. Una situación similar ocurría con el camión propiedad de don Mario Zúñiga. Al compararlos físicamente, su diferencia era muy notoria,  situación que hacía aún más grande el impacto visual al ver a los Berliet, que se dejaban admirar en sus recorridos de trabajo.
          El año 1971 al inaugurar Cosaf su Muelle Mecanizado y descargar a través de él su materia prima llamada fosforita, los Berliet terminaron así su labor cumpliendo plenamente su función y se enajenaron, quedando solamente los 4 de la 2da partida ya que éstos eran de carrocería plana y con remolque. Así continuaron en tareas de distribución de fertilizantes a clientes en  los campos al sur de Concepción.
Los camiones de Cosaf tenían el mismo aspecto, incluso el color era igual, de la máquina que aparece en esta fotografía de Internet. Berliet tiene un museo de sus vehículos del siglo XX en Lyon, Francia.

            El tiempo de funcionamiento de estos camiones se debe a sus buenos choferes y a los mecánicos de mantención. Como estas máquinas fueron importantes en el funcionamiento de la empresa hemos querido dedicarle  estas palabras y también a través de ellas queremos recordar a los varios de sus conductores y mecánicos que hicieron posible operar y mantener estos equipos petroleros, nos referimos a:
            Oscar Rivas y su hermano, Arturo Ríos, José Herrera Osses, Víctor Godoy, Oscar Ramírez y su padre, Américo Riffo Labraña, y el “Gitano”, un  personaje  por su físico y porque usaba una muñequeras de cuero; pero que no pudimos recordar su nombre, Augusto Poblete, Jorge Garrido, Guillermo Salazar. Muchos de los nombrados ya no están con nosotros, por tanto sea este texto un recuerdo en su memoria y a los que quedan un reconocimiento.
                             (Abel Soto Medina, un aficionado de la historia).

Revisión de estilo: N.P.





Saturday, April 27, 2019

UN SENTIMIENTO DE NOSTALGIA DEJARON LOS CARGADORES FRONTALES DE LA EX COSAF PENCO LUEGO DE SU RETIRO

Los cargadores frontales que se fueron  de la ex Cosaf, se quedaron en el corazón
de sus ex operadores.

NOTA DE LA EDITORIAL: Son muchos los trabajadores  que se enamoran de las máquinas o de los equipos que ellos operan en la industria en sus labores cotidianas. El siguiente texto habla del cariño tácito hacia esa contraparte mecánica. Si se tratara de analizar este sentimiento sutil se concluiría que en el fondo es simplemente amor por el trabajo, por modesto o rutinario que éste sea. Para esos trabajadores, pareciera que los fríos equipos de hierro tienen alma y merecerían reconocimiento al final de su vida útil. El relato que aborda este sentimiento tuvo lugar en la ex Cosaf, ahora Muelles de Penco.                               

CATERPILLAR 920
Por Abel Soto Medina

               En el ámbito laboral y más específicamente cuando se trata de una industria o Puerto, las maquinarias pasan  a ser fundamentales para el desarrollo de la gestión. El caso en particular al que me quiero referir, son los últimos dos cargadores frontales marca Caterpillar 920 de “Muelles de Penco”, que luego de una dilatada trayectoria fueron vendidas el 17 de abril de 2014. No hay que olvidar que esos equipos algunas vez también fueron último modelo y que reemplazaron a sus similares marca JCB y CASE. Su año de fabricación fue 1973, llegando a Penco un año después a prestar servicios e  impulsar los nuevos desafíos  productivos.
               En estos 40 años han sido muchos los operadores de Penco que supieron de sus virtudes. Basta recordar a:  Oscar “Ñato” Riquelme, Oscar “Camalo” Torrealba, Sergio Mellado, Leoncio “Cachorro” Valdebenito,   Juan “Geo” Valdebenito,  José “Mingo” Parra, Eduardo “Don Torre” Torres, Pedro Ascencio,  José Alarcón, Víctor “Choro” Godoy, Luis “Cambuchita” Jara,  Héctor “Chico Meli” Benimelis,  y  muchos más. Pero me detendré en  José Ernesto Torrealba Campos,  padre de Franco Torrealba Fierro, quién por esas casualidades de la vida, fue el encargado de conducirlas  y subirlas al camión que las llevaría a abrir otras páginas de trabajo en otras latitudes, porque las de aquí, se cerraron para siempre con su última maniobra.
               Partícipes principales de esta larga permanencia en servicio, fue la abnegación y dedicación de quienes tuvieron a su cargo la mantención y reparación de las mismas,  entre otros me refiero a los señores: Jorge Garrido  S., Augusto Poblete, Guillermo Salazar y Felidor Manquel.  
              “Es bueno mantener una página abierta de la historia, el no hacerlo significa simplemente el olvido”. A.S.M. (Aficionado a la Historia, Penco).
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Revisión de estilo, N.P.


Tuesday, April 23, 2019

LA PELUQUERÍA JIMÉNEZ, LA MÁS ONDERA DE PENCO EN LOS AÑOS 50

Foto obtenida de Internet.

               Unos carteles rojos del tamaño de hojas de diario mercurio, que sobraron de la reciente campaña política, sirvieron al señor Jiménez, arrendatario del local donde funcionaba su peluquería, para empapelar por dentro el negocio, cubrir la vieja pintura deteriorada y tapar los muros resquebrajados por los frecuentes temblores. “Al abordaje con Prat” decía cada hoja con un dibujo del ilustre marino chileno saltando a la cubierta del monitor enemigo. Y más abajo, decía: “Ibáñez Presidente”. La presencia de tantos papeles pegados unos al lado del otro, de esa furiosa tonalidad, molestaba a la vista, pero le daba un carácter exclusivo e inolvidable a la peluquería Jiménez, de Penco, ubicada en un caserón de Freire pasado Maipú, que se levantaba junto al hoy el edificio de una planta de una empresa de teléfonos.
               Pudo ser la peluquería más ondera*, más rimbombante de Penco en los años 50, además por ser la más céntrica, por su empapelado que hemos descrito y por quienes prestaban el servicio de cortar el pelo a una siempre concurrida clientela: el señor Jiménez y don Crispín. Un gran espejo estaba pegado al muro, dos sillones giratorios enfrentaban a un mesón y el espejo. El mobiliario lo completaban tres o cuatro sillas, de espaldas al muro que daba a la calle, en las que esperaban su turno clientes que se embarcaban en conversaciones con los peluqueros y con quienes en ese momento recibían las atenciones del corte de pelo. El espejo servía además para enlazar las miradas de los ocasionales contertulios. Una luz solitaria caía sobre esta escena en la mitad del recinto pendiendo del cielo raso por medio de un largo cordón. La claridad se concentraba gracias a una pantalla de enlozado como un lavatorio invertido, la que dejaba a oscuras el cielo y sus pobrezas como las tablas desclavadas de las vigas. Esa pantalla atenuaba también el molestoso color rojo de los carteles propagandísticos.
               Quienes fueron y fuimos clientes del señor Jiménez y don Crispín compartimos aún algunos recuerdos de sus modos y costumbres. Jiménez, por ejemplo, era un fumador empedernido. Hacía su trabajo con el pucho en la boca, el que tendía a desaparecer debajo de su espeso bigote. Descuidado como él sólo, porque la columna de ceniza de su cigarrillo caía sobre la capa blanca de la persona con el pelo a medio cortar. Si se disculpaba, no se le entendía. No tardaba un minuto en encender otro y la rutina se repetía. Con una mano sujetaba la peineta; con la otra, la máquina de cortar que se accionaba como una tijera (no eran eléctricas). Así, no podía sostener el cigarrillo mientras trabajaba. A ello, agregue usted el efecto del humo picante  en sus ojos. En esa condición aplicaba la navaja sobre las patillas del cliente con los ojos lagrimeando y semi cerrados. Jiménez tenía una voz pastosa y grave.
               El número 2 de la peluquería era don Crispín. Padecía de rosácea, que le alcanzaba la nariz y los pómulos. Su pelo ensortijado presentaba el aspecto de una permanente. Y sus ojos chicos tenían la esclerótica rojiza, como consecuencia de la enfermedad, cuyo origen los clientes atribuían a su hábito de beber. Incluso, decían, que mejor era no entablarle conversación para no recibir el impacto de su hálito. Pero, fuera de esas consideraciones menores, Crispín era un peluquero de mano firme y buen gusto en el corte.
               Hubo también otros peluqueros en Penco que merecen la pena mencionarlos, al menos. Estaban los hermanos Sanzana, con su negocio por Freire pasado Mebrillar. Por la misma vía había otra que la atendía Luis Bustos, hermano del sastre. Y, por cierto, el inolvidable peluquero de apellido Ochoa, que atendía en calle San Vicente. Cuando, en mi caso, mi pelo estaba muy crecido, mi querido tío Antonio, me decía con una cuota de disimulo y un sonrisa pícara apenas dibujada en su rostro: “¿Por qué sería que ayer mi amigo Ochoa me preguntó por ti?”. 
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* Ondero (a): (adj.) moderno, estiloso, "cool".

Relato preparado con el aporte de Manuel Suárez.  
     

Thursday, April 18, 2019

LA COMPETENCIA LEAL FUE INIMITABLE EN LA ECONOMÍA DE PENCO

Loza fina, fabricada en Penco, y loza rústica hecha por artesanos en los cerros pencones. No había problemas, se vendían por igual y sin hacerse daño.

                Cualquiera persona que no hubiese estado nunca antes en Penco, pudo fruncir el ceño por ciertas contradicciones frente a sus ojos que a la gente local le resbalaban. Contradicción no debe leerse como incoherencia, sino, en nuestro caso, de economías paralelas que no se aniquilaban unas a otras, hecho difícil de comprender para un recién llegado. Veamos ejemplos.
LEÑA GRATIS Y LEÑA DE COSTO
                Había leña gratis para quien la necesitara, sin embargo, vender leña casa por casa fue y es un negocio que ha funcionado. Los cerros, que parecían más próximos entonces, eran una fuente inagotable de palos y ramas. Con carretas de mano, familias iban loma arriba a recoger los ganchos botados en los bosques, les quitaban los restos de su reseco follaje con hachas chicas y cargaban con esa leña sus carritos equipados con ruedas de fierro. Al pértigo le añadían una traversa en el extremo así que dos muchachos arrastraban la carreta emulando a una yunta. En la bajada de Villarrica hacia calle Cruz muchas veces las carretas familiares se topaban con esas otras carretas mayores jaladas por bueyes, a su vez, cargadas hasta el tope con leña para venderla en las calles. ¿Cuáles eran las posibilidades de vender leña, si en Penco era cosa de recogerla? La diferencia estaba en la calidad. Las familias conseguían ramas de pino o eucalipto en el mejor de los casos. En cambio, los campesinos que bajaban de los cerros traían leña de bosque nativo: hualle, avellano, espino. Y a ello, se agregaba que la ofrecían partida y dimensionada para las cocinas y estufas. También incluían palos de 1,80 metros para que el cliente los cortara según su interés en casa. El producto campesino tenía un mejor rendimiento calórico que las ramas comunes. Estas echaban más humo y eliminaban vapores además de generar una ceniza volátil, liviana  y pegajosa.
Este boquerón en la tierra parece la entrada de una mina de carbón mineral. Pero, no es eso, se trata de una hornilla para fabricar carbón vegetal. Imagen captada en Primer Agua.
CARBÓN PARA RECOGER Y PARA COMPRAR
                 En Penco había carbón para todos, bastaba con ir a recogerlo a la playa en Cerro Verde, pero, a su vez, la venta del carbón a domicilio marchaba bien. En la comuna había tres minas de carbón mineral: El Rosal, en Cosmito; los piques de Cerro Verde; y el chiflón de Lirquén. Era común que mineros o sus hijos recogieran carbón de descarte que iba entreverado con el material inerte que se botaba al mar o en sitios baldíos. Ellos lo vendían en pequeños sacos que llamaban “perras”: una “perra de carbón” valía tantos pesos, por ejemplo. Codo a codo con ese negocio informal había otro: carboneros de los cerros vendían carbón vegetal en sacos. En este caso, la diferencia estaba en las calidades y también en los propósitos. El carbón mineral o de piedra es muy potente para uso doméstico. Dicen que su ardor funde con rapidez cocinas y braseros. En ese sentido, el calor del carbón vegetal es más moderado y liviano. Aunque ambos generan grandes cantidades de gas monóxido de carbono, el de mineral es todavía mucho mayor y denso. De este modo, el carbón mineral se usaba en las herrerías o en las fraguas para forjar fierros. Aunque igualmente vi ese carbón encendido en braseros pencones.
Los cacharros artesanales que se vendían en Penco presentaban un color anaranjado o negro. Estos producto tenían gran aceptación.
LOZA BLANCA Y LOZA DE BARRO
             Y la última contradicción de la economía pencona –para los efectos de este relato-- era la vajillería. Penco fue la capital de la loza en todo el sur de Chile. En Fanaloza se fabricaban desde mates, tazas hasta platos incluyendo todos sus formatos, pasando por los sanitarios y los azulejos. Sin embargo, alguien podría decir “en casa de herrero cuchillo de palo”, porque a dos cuadras de la fábrica en  calle Alcázar con Freire se instalaban carretas con cacharros de greda cocida. Y la oferta iba desde azafates, platos, jarros, porongos y mates hechos de barro negro o anaranjado. Los vendedores, artesanos de los campos, incluso soltaban sus bueyes para quedar instalados ahí por horas ofreciendo sus productos que venían cuidadosamente embalados en camas de paja, a modo de envoltorios. Esta contradicción se justificaba: los azafates de greda soportaban más temperatura para hacer guisos, los porongos y los platos de barro tenían ese aspecto personalizado y único, factor que no ofrecía Fanaloza, que los fabricaba en serie. El aspecto rústico de la artesanía era insuperable y hasta familiar para gente de raíz campesina, frente a la belleza del barniz o del oro de la loza blanca…  

Saturday, April 13, 2019

RECUERDOS DE NUESTROS QUERIDOS JUGADORES DE PENCO Y LIRQUÉN


                        
De pie, de izquierda a derecha: Humberto “Pelao” Aedo (Coquimbo CRAV), Osvaldo “Chanqui” Elgueta (Vipla y Fanaloza), Osvaldo “Huaso” Rebolledo (Fanaloza), Osvaldo “Pelao” Bello (Vipla), Daniel Chávez (Caupolicán), Miguel “Minero” Vera (Coquimbro CRAV y Fernández Vial), Juan “Romerito” Romero (Vipla y Universitario), Manuel “Manolo” Olea (Fanaloza y Universitario), Fernando “Cabezón” López (Fanaloza, Universitario y Fernández Vial), Ramón Fuentealba (ex alcalde de Penco y miembro de “P&P”), Raúl “Raulito” Aguayo (Vipla), Arturo Fuentes (miembro de “P&P”). 
Sentados: Hernán Vidal (Fanaloza), Feliciano “Loco” San Martín (Fanaloza y Fernández Vial), Pedro Caniulao (Vipla y Fanaloza), Pedro “Peyo Chúcaro” Avendaño (Fanaloza y Minerales), Roberto “Chueco” Pardo (Coquimbro CRAV), Luis “Chancharrita” Leal (Naval), Juan Campos (Fernández Vial), Luis “Cototo” Navarrete” (Coquimbo CRAV y Fanaloza). 
En el piso: Isidoro “Chumpel” Torres (Vipla),  Santiago “Chago” Nova (Coquimbo CRAV), Adrián “Ratón” Pérez (Coquimbo CRAV).



NOTA DE LA EDITORIAL: El evento al que se refiere este relato fue ideado por don Abel Soto Medina, y materializado con la colaboración de más personas con el propósito altruista de entregar un simbólico reconocimiento a ex futbolistas de Penco, Lirquén y de la zona junto con su participación en una reunión de camaradería. Numerosos de los homenajeados que aparecen en la fotografía ya han partido, por lo que resulta pertinente recordarlos hoy. Agradecemos esta emotiva nota preparada por quien concibió esta reunión.


UN ENCUENTRO PARA NO OLVIDAR

Por Abel Soto Medina

         Ya se cumplen 11 años de un evocador encuentro entre un grupo de ex futbolistas del antiguo Campeonato Regional, especialmente aquellos que pasaron o formaron familia entre Penco y Lirquén, defendiendo colores de  Minerales, Vipla, Fanaloza, Coquimbo Crav, sin dejar de lado, a representantes de Fernández Vial, Universitario, Caupolicán y Naval. La reunión almuerzo realizada en el restaurant “Donde la Señora Zulema” (km 4 del camino a Primer Agua), le dio un marco especial ese sábado, cuya única finalidad fue resaltar sus glorias pasadas y expresar un reconocimiento a todos esos jugadores que mostraron  sus virtudes deportivas en tantas canchas de la zona. No todos fueron campeones, pero esa tarde del 19 de abril de 2008 todos lo fuimos y quedamos regocijados ante tantos estrechones de manos, palmoteos, y abrazos. Y no faltó la picardía del Pedro “Peyo Chúcaro” Avendaño, ante la intervención del periodista Luis Osses, quien dijo sobre Pedro Caniulao: “Puedo fácilmente hablar de las grandes virtudes de Caniulao, pero sobre Avendaño me fue más difícil traer algo porque hay tantos jugadores con ese apellido”. Y acto seguido, en forma espontánea “Peyo Chúcaro” se levantó de su asiento y le respondió: “Es verdad que hubimos varios Avendaños, pero el único bueno para la pelota fui yo”. La simpática salida del ex jugador sacó carcajadas y aplausos entre los asistentes. Porque ese día no había rivales sino compañerismo y emoción, al recordar triunfos, empates y derrotas  entre los años  1949 y 1970.
                        Aunque todos obtuvieron su medalla al mérito, se quiso entregar a tres de ellos un galvano recordatorio por su trayectoria. Fueron los casos de Pedro Caniulao, quien llegó a Fanaloza el año 49, formando  alineación con, Nemesio Vergara, “Melena” Cortés, “Chueco” Avilés, Lucho Vera y comandados por Félix Caballero un  ex arquero de Colo Colo como DT. Después de jugar por Fanaloza, Caniulao vistió la camiseta azul de VIPLA. El otro homenajeado fue Pedro “Peyo Chúcaro” Avendaño, quién demostró sus cualidades en Minerales y Fanaloza. El tercero, fue el querido  Luis “Cototo” Navarrete, hábil puntero izquierdo quien defendiera los colores de Fanaloza y  Coquimbo Crav.
                        En dicho encuentro tuvimos la presencia de jugadores de la talla de: Manolo Olea y Juan “Romerito” Romero, de Universitario (Concepción); Daniel Chávez, de Caupolicán (Chiguayante); Isidoro “Chumpel” Torres; Raúl Aguayo y Osvaldo “Pelao” Bello de VIPLA; Osvaldo “Huaso” Rebolledo; Hernán Vidal; Osvaldo “Chanca” Elgueta de Fanaloza;   Juan Campos; Feliciano “Loco” San Martín, de Fernández Vial;    Miguel “Minero” Vera; Humberto “Pelao” Aedo;  Santiago “Chaguito” Nova; Roberto “Chueco Pardo”, de Coquimbo Crav;  Luis “Chancharrita” Leal de Naval; y para el último dejo al “Cabezón” López, quien vistió camisetas de Fanaloza, Universitario y Fernández Vial.
                        Contamos también con la presencia de los Periodistas  Carlos Paz y Luis Osses Guíñez, este último, autor de los libros sobre  Naval  y el fútbol regional.
                        En esa ocasión destaque a quienes colaboraron para realizar tan grato y significativo encuentro de camaradería y reconocimiento,  me refiero a mis hijos Christian y Gustavo, así como también a los miembros del grupo social de Penco “Personas y Personajes” (P&P), de cuyas filas destacamos entre otros a Arturo Fuentes, Ramón Fuentealba (ex alcalde de Penco), Sergio Núñez, Pedro Zambra y Juan Yévenes.
                        La presente nota la quise hacer pública para rendir un Homenaje Póstumo al querido Osvaldo Bello Fortunatti, jugador que se identificó con VIPLA en la cancha y con Lirquén en su vida cotidiana. En 1958 Bello fue elegido como el Mejor Puntero Derecho del Campeonato, y como triunfador llegará a la Eternidad, encontrando allí el aplauso de quienes compartieron con él ese día 19 de abril de 2008. Hago referencia a los ex jugadores, Raúl Aguayo, Miguel Vera, Hernán Vidal, Pedro Caniulao, Feliciano San Martín, Luis Leal, Luis Navarrete y los P&P, Arturo Fuentes y Ramón Fuentealba a quienes en esta ocasión también honramos su memoria.
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Revisión de estilo, N.Palma
Miguel "Minero" Vera junto a Osvaldo "Pelao" Bello en el mencionado encuentro de ex jugadores.

Luis "Chancharrita" Leal junto a Daniel Chávez.
Pedro Caniulao, Pedro Avendaño y Ramón Fuentealba.
Santiago "Chaguito" Nova y Juan "Romerito" Romero.
Ramón Fuentealba, Pedro Caniulao, Abel Soto y Luis Navarrete.
Manuel Olea y Hernán Vidal.
Raúl Aguayo e Isidro Torres.
Feliciano San Martín, Juan Campos, Christian Soto, Juan Romero y Fernando López.