Sunday, October 13, 2019

GENERACIONES CONOCIERON NUESTRA HISTORIA GRACIAS A LOS RELATOS DE WALTERIO MILLAR



La clase de historia de Chile que versaba sobre la carrera política y militar de Bernardo O’Higgins estaba por terminar esa mañana lluviosa de junio de 1955. Agotados de tantos datos —que no eran tantos, pero así lo sentíamos— en torno a la vida del prócer, sólo queríamos oír la campana del inicio del recreo. Íbamos leyendo trozos del texto por turnos, según nos lo indicara el señor González.  Sin darnos cuenta, el talán-talán resonó en el aire. Esa señal era una cosa sagrada así que apenas alcanzamos a cerrar nuestro libro «Historia de Chile Ilustrada», de Walterio Millar y salimos disparados.
         Entre los gritos de alegría por el término de la clase oí a un compañero que no logré identificar: Bernardo O’Higgins nació en Chillán, comió porotos y le hicieron mal. Risas. Más risas y el refrán se transformó en coro. ¿A quién culpar por esa ofensa al padre de la patria entre los 42 alumnos del 3ero básico? Eso es imposible si consideramos que al unísono todos lo decían; nadie individualmente era el culpable. En el pasillo central la chanza se olvidó rápido por el desorden mayúsculo de niños de todas las edades jugando con toda la energía de la juventud. Esa masa de cuerpos más enjutos que obesos, esas cabezas de pelo corto y esas ropas impregnadas de humedad o simplemente mojadas, levantaban un vaho pegajoso, tibio y viciado en todo el ambiente de encierro. El  pasillo de piso de madera se alineaba con el eje del centro del techo de ese caserón que era la antigua escuela 31. Cómo haber tenido un espacio mayor para matar el recreo como Dios manda. Y afuera, la lluvia y el viento.
Este es uno de los dibujos que aparecen en el libro de historia. Representa la audacia de Manuel Rodríguez de abrir la puerta al gobernador Casimiro Marcó del Pont, sin que éste lo reconociera. 
       El tañido de nuevo dispuso el regreso a las salas. Carreras en todas direcciones de niños buscando las puertas de cada cual para ingresar, apretujones, quejidos, risas, taconeos, pisotones. Chumaco, quizá con un año más de edad que el promedio del curso, ingresó con el resto, y en voz alta cantó el estribillo: «nació en Chillán, comió porotos y le hicieron mal». Varios le celebraron el canto. Pero, con mala suerte porque el señor González estaba en la sala y lo vio en esa acción. Lo había individualizado. Nos sentamos en nuestros puestos. Y el profesor dijo: «Jones venga aquí a mi escritorio». El niño se presentó con cara de interrogación mirando sorprendido al resto de sus compañeros y pensando ¿de qué se me acusa? La respuesta la tuvo de inmediato: «En vista de su falta de respeto, le enviaré una comunicación a su apoderado y me la trae firmada mañana». En realidad fue lo más suave que le ocurrió a Chumaco, teniendo en cuenta que ese profesor era bastante estricto con la disciplina y perfectamente pudo haberle aplicado un buen coscacho. Todos quedamos advertidos por la reprimenda por lo que nadie se atrevió ni en broma a repetir el refrán.
WALTERIO MILLAR (Wikipedia).
       En el nivel básico, los alumnos contábamos con la historia de Chile en el maravilloso libro de Walterio Millar, una creación suya, con textos livianos, comprensibles, con buena cronología, sin descuidar los episodios serios de nuestro pasado histórico y el correspondiente aderezo de  anécdotas que hacían llevadera la introducción en las materias más densas. El autor nació en Yungay al sur oriente de Chillán en 1899 y murió en la capital de Ñuble en 1978. Fue historiador, caricaturista, dibujante, periodista e ilustrador. Su «Historia de Chile Ilustrada» la lanzó en Concepción en 1929, y en poco tiempo se convirtió en un manual. Después con el concurso de la editorial Zigzag se masificó. De suerte que millones de adultos hoy en día niños de entonces, aquellos que no siguieron estudiando después de la enseñanza básica, se quedaron con los relatos históricos escritos por don Walterio. Por eso debemos reconocer y agradecer como se merece su provechosa forma se contar, con dibujos a mano alzada trazados por él mismo, los acontecimientos más significativos de nuestra historia. Millar entendió que ese estilo de narración con ilustraciones servía de cebo para interesar a los niños en conocer el pasado y leer más.

Monday, October 07, 2019

LOS SINDICATOS DE FANALOZA NO ABANDONAN AL CENTENAR DE TRABAJADORES DESPEDIDOS DURANTE SEPTIEMBRE DE 2019

Un aspecto de la sala de ventas de Fanaloza, ubicada en la planta industrial en Penco.

               La actividad fabril de Penco exhibe una larga historia de dolorosas situaciones de despidos de personal, una veces en menor número, otras en cifras muy altas. Podríamos citar fieros impactos en los intereses de los trabajadores como, por ejemplo, el cierre de la Refinería de Azúcar en 1976; la fuga del ex dueño de Loza Penco, Feliciano Palma, por fraude al fisco en los 90’ con el abandono de sus obligaciones de pago para los loceros; en 1958, el término de operaciones de la mina de carbón de Lirquén, con la consecuencia fue varios centenares de jefes de hogar sin empleo. Y ahora en 2019, cuando se pensaba que lo anterior era una pesadilla del siglo pasado, se repitió, esta vez en Fanaloza, por causas a las que hay que buscarles una explicación.
               Las duras realidades de los mercados tanto internos como externos ponen en jaque la producción de bienes en Chile, particularmente cuando manufacturas importadas ingresan como una avalancha al país a precios imposibles de igualar. Es el caso de los sanitarios Fanaloza que deben competir en forma desventajosa con similares traídos desde el extranjero donde los estados de origen otorgan fuertes subvenciones para su fabricación. Una sala de baño básica (tasa, estanque, lava manos y pedestal) hecha en Penco, por ejemplo, tiene un valor referente de costo de 25 dólares; mientras que una importada  es de 18 dólares. En consecuencia,  el consumidor que actúa siempre por conveniencia de precio, adquiere, obviamente, el producto más barato.
Luis Ascencio, pdte. del sindicato N°1 de Fanaloza,
Nelson Palma y Manuel Suárez, de la Sociedad
de Historia de Penco.
               Esta diferencia brutal ha significado la menor salida de sanitarios, los que se han ido acumulando en las bodegas de la fábrica de Penco. La situación desfavorable para la empresa se venía arrastrando desde hace un año, sin embargo, la gerencia había pospuesto la adopción de medidas drásticas en la expectativa de que se materializaran compras de sus productos en Argentina, hecho que no ocurrió debido a la crisis que vive en vecino país. Tampoco resultaron tratativas en México. Cuando ambas opciones se descartaron, la gerencia pencona se vio en la necesidad de despedir a más de un centenar de trabajadores, es decir un turno completo. La empresa venía trabajando a tres turnos. La lamentable medida se adoptó en los días previos a las Fiesta Patrias.
               La gerencia general en un comunicado sostuvo que «el mercado en que participamos ha venido incorporando cada año productos de menor precio que se pueden conseguir en la región y desde Asia en general. Estos productos alternativos están con precios muy por debajo de nuestros costos, razón por la cual nos vemos en la dolorosa necesidad de reducir ciertas líneas de producción, con las que hemos venido obteniendo pérdidas durante todo el 2019 y que nos hace imposible continuar». En su nota del 13 de septiembre de 2019, la gerencia general añade: «De todas maneras mantendremos a un importante número de colaboradores y un importante número de piezas que debieran superar las 600.000 unidades anuales en nuestra fábrica. El resto de productos deberá ser importado para poder suplir y no desaparecer en los segmentos de mercado que son necesarios para mantener las mezclas tradicionales producidas y vendidas por Fanaloza en Chile». El gerente Héctor Saavedra hizo un llamado a los trabajadores que permanecen en la industria a redoblar «desempeño, esfuerzo y dedicación para sacar esta tarea adelante».
            Por su parte, el presidente del sindicato N°1 de Coprosa (Fanaloza), Luis Ascencio, en conversación con nuestro blog, dijo que estos despidos causaron un profundo impacto y que la respuesta de la organización fue inmediata en orden a prestar apoyo a los exonerados. «Por primera vez el sindicato que presido se ha comprometido en no dejar solos a nuestros ex socios y hemos encaminado una serie de iniciativas para ayudarlos. Por ejemplo, hemos tomado contacto con parlamentarios de las más diversas tendencias de nuestra jurisdicción para buscar soluciones. Al mismo tiempo estamos trabajando con la Municipalidad de Penco para avanzar en ideas de reconversión laboral y la respuesta ha sido favorable. Los ex socios han permanecido cerca de nosotros y participan en reuniones, de manera que entre todos podamos reencauzar sus actividades productivas en otras fuentes laborales». A esa iniciativa inédita han adherido también los otros sindicatos N° 2 y N° 3 de la empresa, puesto que los exonerados pertenecían a todos ellos. Lo importante será ver resultados ojalá pronto que favorezcan a esos trabajadores como el fruto de toda esta actividad de apoyo y solidaridad.
Una de las bodegas de Fanaloza en Penco repletas de productos esperando su turno para salir al mercado.

Friday, September 27, 2019

DESEMBOCADURA DEL ANDALIÉN : QUIETA Y VIOLENTA ZONA ECOTÓNICA DE PENCO

Playa Negra, Penco, sector de la desembocadura.

               La desembocadura del Andalién en Penco es inestable, fluida, cambiante, ¿peligrosa? tal vez. Porque así son las zonas ecotónicas, lugares donde entran en contacto dos mundos, dos ecosistemas independientes, en nuestro caso río y mar. Según los estudios ambientalistas, estos espacios naturales son, al mismo tiempo generativos, capaces y explosivos en múltiples posibilidades de vida. En ese lugar toda la fuerza del flujo de agua dulce del Andalién enfrenta su destino final transformada en remolinos caóticos de encuentros y desencuentros. Este curso frenético aleatoriamente genera islotes de arena, barras transitorias. O definitivamente crea uno, dos y hasta tres brazos que se abren impetuosos. A veces el río se encauza por una sola salida, otras expulsa sus aguas formando pequeños deltas.
               Ese choque silencioso, constante y eterno ocurre en el vértice mismo del extremo suroriente de la bahía de Concepción, donde forman un ángulo perfecto la delgada viñeta oscura y costera de Rocuant con la proyección de las arenas de Playa Negra, pero donde ambas líneas jamás se tocan por la interposición del río. El cauce es la suma de tantos afluentes menores: aguas Sonadoras, estero Landa, estero Nonguén, etc… La llegada a la desembocadura le significó al río pasar bajo tantos puentes, todos con sus números. El recorrido alcanza ese lugar donde las corrientes más extrañas se cruzan en una tranquila y desesperada locura ante la proximidad del fin. Desde una de las orillas de arena este caos solapado y silencioso se intuye sólo por las ondulaciones que afloran como lomos de reptiles opacos y brillantes. Tal es la furia medida y templada del río. Al otro lado, el mar, dando la cara de frente, responde con la risa estentórea y vivificante de sus olas que se entrechocan. Así son ahí las bienvenidas. Y la espuma blanca  es la carcajada estrepitosa del final. Porque ya está escrito, que precisamente ahí, en Penco, termine su vida el Andalién. En uno de los bordes arenosos el observador de este espectáculo quizá evoque los versos de Jorge Manrique contenidos en las «Coplas a la Muerte de su Padre»:

                         Nuestras vidas son los ríos 
              que van a dar en la mar, 
   que es el morir….

Un islote de arena forma un delta temporal en la desembocadura. (Fotograma de video, 2019).
               Pero, el ecotono de la desembocadura del Andalién es todavía más. El aire también se agita como si una puerta en la imaginación permaneciera abierta. Las corrientes áreas paralelas que avanzan sobre el río van y vienen para encontrarse con los vientos arremolinados del mar. Sin embargo, el equilibrio es tal, que nada se advierte a los ojos de un espectador desacostumbrado. El cielo ahí abre una aerovía turbulenta a las aves marinas en su diario trajín desde y hacia sus nidos y moradas en tierra firme. Por las mañana van en dirección de la bahía, al caer la tarde se las ve yendo en sentido opuesto siguiendo siempre el derrotero del río. Unas aves vuelan más alto sobre el cauce, otras lo hacen rosando los lomos de agua con las puntas de sus alas. La desembocadura es un pasadizo. Pero, también una estación para un alto y reponerse de un largo viaje.
El río en un estertor final antes de arrojarse al mar.

               Sobre los islotes deformes, los pájaros bajan del aire, hacen pie y repliegan sus plumajes negros, color que no podría ser otro en el lugar donde muere el río. Decenas o centenares de ellos y de las más variadas especies hacen escala añadiendo una conversación de graznidos que compite en volumen con las marejadas. En ese lugar se juntan pelícanos, patos liles, fardelas, garzas, gaviotas de plumas oscuras, cisnes. El bullicioso cotorreo termina cuando alguna de las aves que ejerza de líder levanta el vuelo y el resto la sigue formando una nube negra de funeral recortada contra el cielo de la tarde.   
               Cuando termina el día y cae el crepúsculo el crepitar marino no cesa, pero el aire se sosiega y llegan a las narices los aromas del campo plano de donde viene el río. Aprovechando la quietud otra nube se disfraza en la oscuridad, zancudos revuelan buscando dónde alimentarse. El crepúsculo también alienta a los peces que nadan bajo la superficie con la mitad del cuerpo en el río y la otra mitad en el mar. Los más audaces saltan y rompen el espejo del agua y otros los imitan. Por el torrente van las corvinillas, los robalos, los lenguados, los bagres en afanosa búsqueda de la comida. El Andalién nunca trae las manos vacías, siempre tendrá algún premio para los peces que se acercan desde el mar y entran por la desembocadura para probar suerte. Así transcurre la vida en el punto donde dos mundos se encuentran. Es el ritmo acompasado del sonido y del silencio, de la luz y la oscuridad, del oleaje y el remanso, del aroma de mar y del campo, del impetuoso empuje del río y de su docilidad. No hay otro lugar en Penco donde la Naturaleza exponga toda su bendición como en la desembocadura del Andalién.
Tronco arrastrado por el río en Playa Negra . (Fotograma de video, 2019).

Friday, September 20, 2019

RECURSO FRÁGIL PARA CORTAR EL VIENTO EN LOS DUROS AÑOS DE PENCO


           Hubo gente humilde en Penco que enfrentó con ingenio los retos de la naturaleza, como el frío y el viento, elementos que inmisericordes entraban en sus casas en inviernos para olvidar. Muchas de esas casas de madera presentaban rendijas causadas por la sequedad del verano. Las tablas se separaban en las junturas y sin darse cuenta los moradores sentían crecientemente el viento helado, filtrándose por las rendijas, con el avance de las estaciones frías. Y he aquí, entonces, la ingeniería doméstica para dejar el viento afuera, aunque no tanto así el frío. La dueña de casa o alguien comedido empapelaba los muros más vulnerables y, santo remedio, las corrientes de aire se detenían. Y, si de economía se trataba, el papel más barato para cubrir era el del diario.
          Pero, si volvemos a las estaciones cálidas las rendijas entre las maderas generaban frescor por paso de aire exterior. Por otro lado, si una persona se aproximaba a ellas y allegaba sus ojos en las ranuras podía ver lo que ocurría afuera, gente caminando por ahí, alguien que se acercaba, visitas, vecinos que venían a pedir algo. No era necesario mirar por las ventanas. Aquellas aberturas con la apariencia de cuchillos permitían espiar.
     Pero, tal vez lo más curioso del canto discontinuado de las maderas: dejaban entrar los rayos de luz. En días despejados, el resplandor del sol ingresaba en torrentes oblicuos que rebotaban en los pisos de tierra. Si el visitante en esas casas era curioso podía tomarse varios minutos disfrutando de esos rayos perfectamente recortados y el baile de partículas brillantes y corpúsculos que flotaban en el aire del ambiente interior. Eran como ríos formados por miles de esos ínfimos pedacitos de cualquier cosa que reflejaban la luz en una danza casi infantil. Entonces la persona curiosa que observaba este baile se preguntaba para sus adentros por qué esos corpúsculos eran luminosos y brillantes, si el suelo, de donde se habían levantado por el paso de alguna escoba, era negro y melancólico.
      Pero, volvamos a los muros empapelados. La gente pegaba los papeles de diario con abundante engrudo en las tablas resecas. Así las hojas impresas en blanco y negro daban una imagen renovada al ambiente interior, transmitían la idea de limpieza de sus moradores. Los niños avispados se entusiasmaban en leer los textos que estaban pegoteados a los muros. Esos papeles tenían títulos, columnas, fotos borrosas, publicidad y dibujos, que eran los elementos gráficos que contenían los diarios de esos años. Si las visitas eran frecuentes a casas como ésas, las personas de paso podían memorizar dónde estaba la foto tal o el título tal, desplegado en los muros. Las ilustraciones y sus ubicaciones cambiaban cuando en esas casas se optaba por retirar las hojas amarillas de diarios viejos y reemplazarlas por papel renovado, con nuevas gráficas y contenidos más actuales… Así transcurría la vida.

Thursday, August 22, 2019

«CHAMBEQUE», CURIOSO NOMBRE DE UNA PLAYA DE LOTA

Magnífica foto de Andrés Rivas con ruinas industriales en el Chambeque.

             Con algo de retraso me informo que Lota sigue los pasos de Penco en orden a recuperar su rico pasado histórico, centrado básicamente en la explotación del carbón mineral. Y sobre eso ellos tienen mucha literatura, reliquias, construcciones: patrimonio. Una de las iniciativas puntuales es la recuperación del sector llamado «chambeque», muy querido por los lotinos. Hace poco más de diez años publiqué un texto, que ahora reproduzco aquí, de una experiencia graciosa que tuve veinte años antes en ese lugar. Mi relato de entonces fue el siguiente:
            Un gerente de aspecto  como sacado de la novela «Subterra» —eso sólo lo imaginé— me recibió sonriente en su oficina de la entonces empresa Enacar de Lota. Me atendió en mi calidad de reportero de El Diario Color de Concepción (hoy desaparecido).
       El despacho del gerente era muy espacioso y pulcro, demasiado para los estándares lotinos. De un lado miraba hacia una calle de tierra y de atrás se conectaba con las faenas a través de un enorme patio lleno de máquinas de la revolución industrial unas operativas, otras abandonadas y corroídas por el óxido. El gerente me invitó a un pequeño paseo por el lugar. Aquella superficie, con líneas de ferrocarril en desuso sepultadas en el pasto, remataba en una playa de arenas amarillas, mar azul y olas espumosas brillando bajo el sol de diciembre. El contraste era brutal entre la maquinaria, los cachureos mecánicos y la naturaleza,  un espectáculo semejante a una película italiana de los tiempos de Michelangelo Antonioni.
Otra vista del área carbonera de Lota. (Imagen, monumentos.cl)
       Esa playa hermosa, chiquita de un largo no mayor de 100 metros, con cálculo a vuelo de pájaro, y flanqueada por dos peñones que  la aislaban, capturó mi atención. Mi mirada no se despegaba de ella haciendo abstracción total de las maquinarias de museo, parte de ellas, decíamos, aún en uso productivo. La imagen era tan cautivadora que ni bola le daba a lo que me hablaba el gerente (mal de mi parte). 
        Mientras caminábamos por ese patio y conversábamos, mi anfitrión se dio cuenta de mi concentrada atención en el mar. «Bueno esa playita es de nosotros, pues», me dijo con una sonrisa fingida e indisimulado orgullo. Y siguió: «Como está ubicada en el área industrial, aquí no viene gente. Además tenemos guardias y nadie querría bañarse vigilado por una patrulla de celadores». Entendí que lo subrayaba como para desalentar una posible solicitud mía para pasar allí un día de sol ese verano. Aunque el uso libre de las playas «está garantizado en la constitución», pensaba ilusamente yo.
     Los elementos de la industria que he descrito estorbaban el sendero que conducía a la arena y, para halagar a mi anfitrión, le dije que pese a ello la belleza natural del lugar era incomparable. «¿Cómo se llama?», le pregunté de refilón. «Es la playa del chambeque», me dijo seriote y retomó la materia que me había llevado hasta allí y que a él le interesaba dar a conocer: el nuevo volumen de producción del mineral de Lota.
    Cuando regresábamos a la oficina, caminando por ese patio industrial, le dije para cerrar el capítulo: «curioso el nombre de la playa: chambeque; ¿a qué se deberá y cuál será origen?». Y el gerente detuvo sus pasos, miró hacia atrás y cuando reinició la marcha me respondió:
    «Ahí sí que usted me pilló, reconozco que no sé el origen. Pero, eso es fácil deducir: de seguro ahí antes hubo un "chambeque" ».
   (¿Perdón?, pensé) y con esa última respuesta anotada en mi libreta de apuntes, regresé al diario.   
Sector de oficinas de la empresa donde en aquellos años (1970) se efectuó la entrevista. (Imagen, monumentos.cl)

Sunday, August 11, 2019

CON EL FUNERAL DE ARTURO VILLEGAS SE COMIENZA A CERRAR UNA HERIDA EN EL ALMA DE PENCO


      En el cementerio parroquial de Penco terminó el sábado 10 de agosto de 2019 el capítulo inconcluso por 45 años, del secuestro y asesinato del dirigente locero Arturo Villegas, quien permanecía en calidad de desaparecido desde el 18 de septiembre de 1973. 
       Sus restos fueron hallados en la tumba de Mario Ávila —otro dirigente asesinado por parte de agentes del Estado en circunstancias similares— e identificados gracias a los peritajes realizados en el extranjero, por una orden judicial.
   Una gran cantidad de amigos, vecinos, trabajadores loceros, dirigentes sociales y políticos, parlamentarios, ediles, entre otros, concurrieron a su funeral y acompañaron a sus familiares. La comunidad testimonió así su reconocimiento al dirigente sindical y expresó su repudio a la crueldad de sus verdugos.
     Arturo Villegas fue un amigo, un hombre recordado, serio, dedicado a sus labores. Su defensa por los intereses y derechos de los trabajadores de Fanaloza está en el historial del sindicato locero. En más de una ocasión y junto a más personas de entonces, Arturo nos hablaba con pasión de sus tareas como dirigente.
           Luego de la misa, el cortejo avanzó seguido por centenares de personas. Uno de los puntos altos en la emotividad del funeral fue el paso por la puerta de la fábrica Fanaloza. El carro mortuorio ingresó por el portal de calle Freire para salir por el acceso al camino a Lirquén. Trabajadores salieron a la puerta de la industria y le tributaron un prolongado y cariñoso aplauso a la vez que el silbato de Fanaloza permaneció sonando largamente, como una letanía de adiós. Este doloroso capítulo en la historia local era una herida abierta en el alma de Penco que a partir de ahora y con el paso del tiempo comenzará a cicatrizar. Descansa en paz Arturo.
Dos aspectos del funeral de Arturo Villegas en su paso por la fábrica Fanaloza. (Imagen obtenida del video de Penco Noticias en Facebook).
 
 

Wednesday, August 07, 2019

LA MINA DE LIRQUÉN PUBLICITABA SU CARBÓN

Portada de la revista «Norte y Sur», donde la mina de Lirquén publicó el aviso que aparece abajo.

               En la década de 1940, la Compañía Carbonífera de Lirquén, dueña  de la mina de carbón, buscaba nuevos mercados y para ello decidió impulsar una campaña publicitaria para aumentar las ventas del producto. Avisos para impulsar el consumo se difundieron, al parecer, en varios medios impresos. El plan de ventas incluyó asociarse con representantes en Santiago y Concepción  para vender directamente. Si bien el carbón lirquenino era consumido por industrias de la zona como CRAV (refinería de azúcar), las textiles de Tomé,  por ejemplo; la compañía propietaria buscaba incentivar el uso doméstico del carbón mineral (de piedra se le llama entonces). Así se entiende, por lo menos, si analizamos el contenido de esa publicidad.
El señor Vidal Naveas Droguet, dueño de esta biblioteca de Copiapó.
               El aviso que acompaña a esta nota fue pagado y puesto en una revista de circulación nacional: «Norte y Sur» en 1943. Un ejemplar de la publicación que lo desplegó fue encontrado en una biblioteca de Copiapó por nuestro colaborador Juan Espinoza Pereira. Según nos cuenta, dicha biblioteca es propiedad de un antiguo minero de la zona don Vidal Naveas Droguet, quien generosamente la ha puesto a disposición del municipio local. Nos dice que en los estantes del señor Droguet es posible hallar volúmenes hasta del siglo XVIII además de revistas y publicaciones antiguas.
           El propósito de la Compañía minera de ampliar su mercado  al consumo doméstico exigía que los hogares tuvieran los equipos adecuados, como, por ejemplo cocinas, braseros o calefactores blindados con ladrillos refractarios en las calderas porque el poder calórico del carbón fósil dañaba el hierro fundido de que estaban hechos. En Penco, hubo familias que se dieron cuenta tarde, del efecto del uso de carbón de piedra en sus equipos desprotegidos de material refractario; en poco tiempo de uso, los braseros o las cocinas se desfondaban a causa del intenso calor del combustible. Hay que recordar que la mina de Lirquén cerró en 1958.  
 
Parte de los estantes donde están los libros de esta espléndida biblioteca particular.

 LAS FOTOS LAS HIZO LLEGAR A  NUESTRA REDACCIÓN EL PROFESOR JUAN ESPINOZA PEREIRA, UN PENCÓN AVECINDADO EN LA REGIÓN DE ATACAMA.