Thursday, September 20, 2018

EN PENCO HEMOS SIDO RECOLECTORES DESDE TIEMPOS INMEMORIALES

Un mariscador en la playa de Penco.

              El museo de Penco incluye un relato de habitantes del lugar en un pasado remoto. Trabajos científicos sobre indicios hallados en los alrededores clasifican a esos antiguos moradores como “recolectores” y, de todas maneras, cazadores. No estamos hablando de unas cuantas centurias anteriores a la llegada de los conquistadores, sino de unos 4.300 años. Si hiciéramos un equivalente temporal, esa actividad recolectora habría sido contemporánea con los reinados de los faraones.  
               Pero, este no es el punto. Quiero centrarme en la cultura de la recolección, mencionada en la muestra del museo. A decir verdad, dista poco lo que hacían entonces aquellos ancestros a lo que hacemos hoy en el siglo XXI. Ellos, los antepasados, cosechaban frutos de los bosques que existían en el plan y en los cerros, tal vez, equipados con cestas y bolsas. Con toda seguridad se concentraban en los maquis, las murtillas, las moras, las avellanas, los chupones, las frutas del boldo, del copihue, los queules, las frutillas, las nalcas, los digüeñes. De las vegas y esteros recogían verduras como romaza, berros y, en su período, sacaban camarones.  Pero, mucho más obtenían del mar. Extraían todo el abanico de mariscos y algas disponibles entre las piedras cuando quedaban expuestas durante las bajas mareas. Hay una hipótesis que sostiene que también capturaban peces con una suerte de tejidos semejantes a las actuales redes de pesca.
               La dieta de esos habitantes era rica y sabrosa, gracias a los dones de la naturaleza en el área de Penco. Justo es decir que ese alimento lo conseguían con gran esfuerzo y paciencia para poder sobrevivir, particularmente en las extremas condiciones de nuestros inviernos pencones. La vida no era fácil.
               Donde quiero llegar con todo esto –en parte ciencia, en parte creencia, en parte especulación a partir de los indicios como los conchales de Quebrada Honda y Playa Negra– es a actividades paralelas que practicamos hoy. Es cosa de enumerar: hay gente que todavía va a los cerros a buscar murtillas, por ejemplo; otros que provistos de bombas hechizas sacan camarones en las vegas;  están los que rebuscan changles; los que van a recolectar moras, y qué decir de aquellos que bordean la playa para recoger algas o los que esperan las bajas mareas para mariscar…
               Hay prácticas ancestrales, milenarias que se mantienen en Penco, quizá como en pocas partes. Lo comprobamos por las muestras del museo y por lo que vemos en nuestro entorno casi todos los días…

Tuesday, September 11, 2018

RELATOS SOBRE LA EX BARRACA DE PENCO Y LA VENTA DE CASTAÑAS EN EL TEATRO DE LA REFINERÍA

La foto de arriba muestra una recreación aproximada de lo que fue la barraca de Penco. La imagen inferior es una vista de ese espacio en fecha reciente.

                              Don Iván Dinamarca Rodríguez tiene 72 años, de los cuales 4 los vivió en Penco (en el sector de la Ermita), cuando era niño allá por los 50. Fue alumno de la desaparecida escuela N° 31 que estaba junto al mercado municipal. Sin embargo, para enfrentar las exigencias de la vida debió trabajar desde muy temprana edad. Fue así que se desempeñó como cargador de maderas en la barraca que estaba instalada en la manzana entre la estación del ferrocarril y las calles Chacabuco, Membrillar y Freire, espacio que ahora ocupa un templo mormón. Para entonces tenía 12 años. Allí conoció a antiguos pencones, entre ellos el renombrado Ulises Durán, quien más tarde alcanzara fama nacional como boxeador en la categoría semi pesado. A diferencia de don Iván Dinamarca, Durán trabajaba haciendo “duelas”* de madera de pino, las que se usaban para la fabricación de jabas, requeridas por la sección empaque de Fanaloza. En esas jabas se embalaban las grandes piezas frágiles de sanitarios que se despachaban a clientes en todo el país. Para atenuar los golpes y aminorar los riesgos de daños graves, los espacios vacíos de esas cajas se rellenaban con paja de trigo.
Iván Dinamarca Rodríguez recuerda su niñez en Penco.
               Pero, el paso de don Iván por la barraca tuvo un brusco final, así como para el grupo de jóvenes de su edad que se desempeñaban allí. Ocurrió que una accidentada maniobra con una sierra de cortar maderas amputó cuatro dedos de una mano de un trabajador. Hechas las averiguaciones y sin duda temerosa de ser sancionada por la autoridad, la empresa despidió a todo su personal juvenil. Fue una lástima, según el relato del señor Dinamarca, porque a pesar de ser los obreros tan jóvenes y de recibir una remuneración escuálida, la barraca les tenía contratos a todos, incluidas libretas de salud y seguro social. El episodio narrado debió producirse entre 1958 y 1959.
               Antes de ingresar en la barraca, don Iván incursionó ocasionalmente en una ocupación clásica ejercida por algunos niños: vendedor de castañas y piñones. Esa actividad en Penco adoptó una imagen de leyenda. Aún estaba en la escuela, cuando en horario vespertino salía de su casa con un canasto a vender en la puerta del teatro de la Refinería. Su madre cocía esos frutos y le preparaba el canasto con base y cobertura de tela de algodón, obtenida de bolsas harineras, para que las castañas mantuvieran el calor. Recuerda que las vendía por docenas a clientes que hacían cola cerca de la ventanilla para adquirir entradas para la función de cine. La venta no era fácil por la alta competencia, vendedores había por todas partes. Las personas mayores, de aquellos años, recordarán las letanías de esos niños que también recorrían las calles en tiempos de esos fríos otoños pencones: “¡castañas coci-calientes y calientes los piñones!”
               Don Iván Dinamarca vive en Lo Miranda en la VI Región, pero trabaja en Santiago, siempre recuerda a Penco, ciudad que visita a veces en verano. Ulises Durán reside en Rancagua.
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* En la barraca  denominaban “duelas” a las tablas que se cortaban a medida a solicitud del cliente para la fabricación de sus cajas o jabas. Para la Real Academia de la Lengua, en cambio, duela es la tabla con que se forman las paredes curvas de pipas, barriles y cubas.
  


Friday, August 10, 2018

MANUEL PIÑERO, EX JUGADOR DE AUDAX Y DE LA "ROJA", FICHÓ POR EL CLUB FANALOZA DE PENCO EN 1950

La Selección de Chile en 1945, con Manuel Piñero en la formación (indicado por la flecha). No aparece en la fotografía Luis Vera, de Penco, quien también integró el combinado nacional.

               La familia Piñero Miranda se instaló en Penco en 1950. Provenía de Santiago. El jefe familiar, don  Manuel Piñero –un medio campista renombrado de Audax Italiano– había sido contratado por el Club Deportivo Fanaloza, luego de un acuerdo alcanzado en la capital entre el dirigente locero señor Parra y el presidente itálico, Alberto Solari Magnasco, propietario de la tienda Falabella en Santiago (su esposa era la señora Adriana Falabella). Gracias a esa negociación, Piñero que había integrado la Selección Chilena en 1945, se trasladó a Penco para incorporarse a Fanaloza y jugar con la camiseta cruzada (igual a la de Universidad Católica) en el Campeonato Regional de Fútbol. Pergaminos no le faltaban a Piñero quien había defendido a la roja con jugadores notables del balompié internacional como fueron Sergio Livingston y otro pencón, Luis Vera. Su desempeño tanto en Audax como en el combinado nacional le había granjeado un gran prestigio futbolero.
Manuel Piñero con la camiseta nacional (1945).
               Julio Piñero Miranda, uno de los hijos de don Manuel Piñero, hizo llegar a nuestra redacción una fotografía de un recuerdo que guardaba su padre y que consiste en un diploma de reconocimiento otorgado por el Club Deportivo Barrio Cautín de Temuco con fecha de abril de 1955. Según el remitente el mencionado cartón fue recibido en CRAV Penco donde trabajaba Carlos Varela, un jugador wing derecho que compartía una historia similar a la de Piñero, pero que de Santiago llegó directo a Coquimbo CRAV. Es probable que el origen del diploma haya sido algún partido de fútbol amistoso que el equipo azucarero disputara en Temuco frente al Deportivo Barrio Cautín y en el que pudo haber actuado Piñero como refuerzo. De esto no tenemos confirmación, pero encuentros amistoso de este tipo eran una práctica reconocida en el fútbol regional. 
El diploma mencionado en esta crónica.
               “Agradezco a Dios haber crecido en Penco y haber trabajo ahí por años”, nos dijo Julio Piñero, quien también fue futbolista y que actualmente reside en la capital. En nuestra ciudad jugó en el club amateur los Pumas. Hoy recuerda su llegada a Penco procedente de Santiago solos con su madre, María Inés Miranda, y hermanos cuando él tenía 8 años, debido a que el padre se había venido primero, varios meses antes. Y Julio Piñero recuerda ese día en que conoció a Penco: “Llegamos en tren a la estación de Concepción y no había nadie esperándonos. Mi mamá me dejó al cuidado de mis hermanos menores en el andén y ella fue a buscar información acerca de cómo llegar a Penco, porque tampoco conocía la zona. Había ocurrido que mi papá estaba en gira con Fanaloza por el sur. Así que por fin dimos con el paradero de micros y nos fuimos todos a Penco. Una persona que viajaba en la micro le dijo a mi mamá que la secretaría del club estaba frente a la plaza en la esquina de la panadería Jofré. Ahí llegamos. Nos atendieron muy bien y nos acomodaron, hasta que al día siguiente nos reunimos con mi padre”.
Julio Piñero, cuando niño, aparece con su madre, la
señora María Inés Miranda, también protagonista
de esta historia. La foto, de los años 50, fue obtenida
de Facebook.
               En Fanaloza, en particular, y en Penco en general Manuel Piñero cultivó muy buenas relaciones sociales a la par con su rendimiento como jugador de fútbol del club locero. Tenía, a su vez, una gran cercanía con Carlos Varela, quien defendía al Coquimbo CRAV, en virtud de su amistad y procedencia común de Santiago. Piñero tuvo muchos admiradores en el fútbol nacional y regional. Entre ellos se anotaba Guillermo Díaz, uno de los dueños de Fanaloza (fallecido en un accidente aéreo). El ex seleccionado nacional, ex Audax y ex Fanaloza murió en Penco en 1969.

Wednesday, July 25, 2018

NUEVO BOULEVARD DE PENCO LLEVA EL NOMBRE DEL EX ALCALDE FUENTEALBA

El alcalde Víctor Hugo Figueroa y María Isabel Vergara, viuda del ex alcalde don Ramón Fuentealba junto a la placa con el nombre del nuevo boulevard de Penco.
         
Ramón Fuentealba H.
Con motivo de conmemorarse este 23 de julio de 2018 el tercer aniversario de la muerte del ex alcalde de Penco y recordado educador local, don Ramón Fuentealba Hernández, el municipio pencón ante una propuesta del actual titular Víctor Hugo Figueroa y que contó con el acuerdo unánime del Concejo dio su nombre al nuevo boulevard de calle Maipú que va desde Cochrane a O'Higgins, peatonal que conecta a la plaza con el balneario.
          A la sencilla ceremonia  pública que se realizó a metros de la residencia del ex alcalde asistieron su viuda, María Isabel Vergara; sus hijas Claudia, Solange y Lorena; el alcalde Víctor Hugo Figueroa, concejales, integrantes de la Sociedad de Historia de Penco y vecinos reconocidos de la fructífera labor alcaldicia de don Ramón Fuentealba. Bueno es recordar que bajo su administración se lograron importantes avances para la comuna como la extensión de servicios básicos a distintas poblaciones y mejoramiento de la infraestructura urbana.
El párroco de Penco, sacerdote Julio Maulén, bendice la placa durante la ceremonia.
            Don Ramón Fuentealba llegó a Penco en 1954, procedente de Chillán su ciudad natal. Tenía 20 años y recién se había titulado de profesor en la Escuela Normal chillaneja. Comenzó en la escuela N°54 de Cerro Verde y, luego de una larga carrera docente, ejerció también como director de la escuela República de Italia. Dedicó además parte de su tiempo a la política y su opción fue el PDC. Antes de 1973 fue regidor de la comuna. Luego del retorno de la democracia, en 1992, resultó elegido alcalde, cargo que ocupó por tres períodos. 
Solange Fuentealba Vergara agradece a nombre de la familia la designación con el nombre de su padre del nuevo boulevard.
          El presidente de la Sociedad de Historia de Penco, Jaime Robles, destacó este reconocimiento tanto del actual alcalde Víctor Hugo Figueroa, como de los integrantes del Concejo Municipal, para designar con el nombre de Ramón Fuentealba Hernández, al nuevo paseo peatonal. "Junto con tratarse de un justo reconocimiento para una persona que hizo tanto por Penco desde su cargo de alcalde, lo importante de esto es su significado. Una designación como ésta crea identidad y sienta las bases para la construcción de una sólida historia local, hecho que consideramos de gran importancia", dijo Jaime Robles.
Otros dos aspectos de la ceremonia.

Nota de la Editorial: Las fotografías de esta nota fueron facilitadas a nuestro blog por el jefe de prensa de la Municipalidad, Carlos Mendoza . 

Sunday, July 22, 2018

EL REBOTE EN PENCO DE LA GUERRA DE COREA Y LA REBELIÓN DE LOS MAU MAU AFRICANOS

Mujeres coreanas desfilan durante la guerra. (Foto Internet).
         Hubo dos lejanos acontecimientos internacionales en los años 50 que tuvieron un impacto en Penco. Fueron la guerra de Corea (1950-1953) en Asia y la guerrilla de los Mau-Mau en Kenia, Africa (1952-1960).
      Tanto fue así que un sector de Cerro Verde Alto recibió el nombre de Corea. No sabemos quién lo propuso y cuál fue la razón para tal denominación, pero pudo ser lo que se sabía acá de lo aguerrida que era esa gente, cuyo país se dividía en dos a sangre y fuego por acuerdo de las grandes potencias Estados Unidos y Rusia (entonces la ex Unión Soviética). Lo que conocíamos de ese horroroso conflicto bélico nos llegaba en las imágenes que mostraban los noticiarios UFA “El Mundo al Instante” de cine en el teatro de la Refinería. Y la actualización que cada noche oíamos en “El Reporter Esso”, un boletín horario de la radio Minería de Santiago.
Otra imagen de la guerra de Corea.
          Corea se llamó por años esa población a la salida de Penco por el camino viejo a Lirquén. La gente pencona de Corea tenía fama de ser guapa y dispuesta a los peores sacrificios. Era un remedo de la idea que teníamos de los coreanos, personas sufrientes de las condiciones más indecedibles que nos podamos imaginar. Wikipedia afirma que esa guerra pudo ser la más horrible de la historia. Así que la población Corea de Penco justificó su nombre por el valor de sus habitantes para vivir en condiciones tan extremas, expuestas a los fríos, el barro y aquellos severos inviernos pencones. Durante los carnavales que se celebraron en Penco había murgas que se hacían llamar “los coreanos”. Llevaban camisas grises y sombreros de ala caída y sus miembros bailaban y metían boche. Lo que sería una especulación hoy en día tendría que ver con cuál de las dos Coreas identificaba  a esa población pencona. La falta de precisión habría generado interpretaciones divergentes entre los vecinos si se trataba de Corea del Sur o Corea del Norte.
Sospechosos de pertenecer al Mau Mau eran detenidos en campos de concentración por los británicos en Kenya. (Internet).
        Sobre los Mau-Mau era un cuento algo diferente. La palabra provenía de una sangrienta realidad en Kenya, en África ecuatorial, cuando tribus se organizaron en guerrillas para expulsar a los colonos británicos. Los Mau Mau dieron la batalla y los ingleses los trataron con una crueldad propia de los colonizadores. El nombre de Mau Mau se lo pusieron los medios de comunicación porque ellos no se reconocían así. Se hacían llamar Muingui. Los ingleses decían que era una sociedad secreta. Pues bien, como toda esta información fragmentada y manejada nos llegaba a través del cine, en Penco, aquí se usó Mau-Mau como un apodo peyorativo, que los más altaneros aplicaban a gente humilde de tez un poquito más oscura que lo habitual. “Ahí viene un Mau-Mau”, decían muchachones en las esquinas penconas y los contertulios miraban y se reían en forma burlona.
       Estas dos situaciones dramáticas y lejanas entonces moldearon un poco la cultura local con un nombre concreto para un barrio sufrido y como un apodo despectivo para personas alejadas del ruido del pueblo y posterior ciudad.
Supuestos Mau Mau detenidos por los británicos.
  
  

Wednesday, July 18, 2018

ADRIANO REYES PUSO LA MÚSICA A LAS FIESTAS UNIVERSITARIAS

         Los ecos de las fiestas de los universitarios de los años 50 llegaban también a Penco en forma contagiosa. Era una alegría generalizada en Concepción que se registraba semanas antes del inicio de la primavera. La música original se oía una y otra vez. La originalidad provenía de un artista del Ejército, del director de la banda del Regimiento Chacabuco, el suboficial Adriano Reyes. Dentro de las variadas creaciones que él compuso para la comunidad penquista, una de las que más “pegó” en particular entre los estudiantes, fue el “Baión Penquista”.
          Recientemente encontré en internet una entrevista a Adriano Reyes, realizada por el periodista de la Radio Universidad de Concepción, Hugo Olea Morales. Este relato fue publicado en el diario El Sur el 10 de noviembre de 2009. Porque en Penco también se escuchaba profusamente el “Baión Penquista”, me tomé la libertad de difundir para los lectores de nuestro blog el texto de hace casi diez años:

Martes, 10 de noviembre de 2009

Adriano Reyes, "un mechón" eterno

Por Hugo Olea Morales
Hugo Olea

Adriano Reyes Fuentes puso la banda sonora a la alegría de los universitarios penquistas durante veinte años. El jolgorio se expresaba en ocasiones como los juegos florales, machitunes, farándulas, corsos de flores…
De ese pasado rescatamos en 1986 una pizca de diálogo con Adriano Reyes, un hombre que llegó a Concepción en 1952 como Jefe de Banda del Regimiento Chacabuco. A poco andar, Reyes conquistó a los universitarios con sus canciones, que los muchachos de hoy desconocen, que son parte de la tradición estudiantil de la Universidad. Títulos: "Carnaval", "Rock universitario", los más difundidos. La Casa del Deporte casi se venía abajo con "Una mechona que se sentó en las rodillas del profesor" o con "Los Popeyes". Pero, la más exitosa de todas sus creaciones musicales fue “Baión Penquista”.
Cuando hablamos (murió en 1997) retirado ya recordaba miles de cosas: "Ingresé al Ejército en 1937 como agregado aprendiz a la banda que recién se fundaba en la Escuela Militar".

Sus marchas "Penachos Rojos " (1938) y "Recuerdo Militares", siguen siendo interpretadas en todas las unidades del Ejército del país y la primera en cada Parada Militar. En nuestro medio compuso el Himno Deportivo de la Universidad de Concepción.
–¿Dónde se “producen” personajes como usted?
Adriano Reyes (Foto Internet).
–Soy de Peumo, un pueblito de la provincia de O'Higgins, tierra de los limones, paltas, naranjas y flores.
–¿Cuándo y cómo entró en contacto con la música?
–Desde los siete años. Mis padres tenían almacén. Fíjese que con el embudo del aceite tocaba la trompeta.
–¿Cómo se contactó con la Universidad de Concepción?
–Toda esta bella amistad nació después de haber sido trasladado al Regimiento Chacabuco de Concepción, como jefe de banda. Un buen día, de 1952, fui a cobrar mi cheque a la Caja Nacional de Ahorros –así se llamaba antes el Banco del Estado–, quedaba en Pinto con O'Higgins, y se me acercó el actor muy joven entonces Andrés Rojas Murphy. Al ver la lira en mi uniforme, que es el distintivo de los músicos militares, me preguntó acaso era músico. ¡Claro!, le dije. Ahí mismo me propuso que compusiera una pieza para Concepción y que la banda comenzara a tocar cosas más modernas. Como fuente de inspiración, Rojas Murphy me nombró el Biobío, el Cerro Caracol, el Campanil". Así nació el "Baión Penquista", que lo di a conocer en las retretas dominicales. Le advierto que fue la gran novedad. Otra cosa, también, fue novedoso escuchar, por primera vez, una banda militar en que se cantaba. De ahí para adelante, todas las bandas de Ejército comenzaron en algunas ocasiones a utilizar voces.
Andrés Rojas Murphy.
–¿Cómo comenzó a adentrarse en el corazón de los estudiantes? Eso quiero que me lo cuente...
–La Federación de Estudiantes, FEC, solicitó la banda del Chacabuco para el desfile de carros de la Fiesta de la Primavera, en donde había mucha alegría, disfraces, comparsas. De allí saltamos directamente a la Casa del Deporte, donde la banda, por años, pondría a partir de entonces la música de machitunes, presentaciones de reina, en fin, cualquier fiesta de los estudiantes. Yo tenía alguna experiencia en espectáculos, porque había tocado en esos programas de auditorio que tenía la Radio Minería, en Santiago, junto a la orquesta de Federico Ojeda...
–¿Hasta cuándo participó de la alegría estudiantil?
–Hasta que me retiré, el año 71 o el 72. Fue emocionante mi última velada. Cuando entré a la Casa del Deporte con mi orquesta, ¡qué ovación!...
–Su orquesta ¿cómo se llamaba?
–Los Happy Boys...
–¿Qué ocurre con usted ahora?...
–Bueno, estoy retirado. Vivo con el cariño de mi esposa, de mis hijos y de los catorce nietos...
–¿Volvería a Concepción?
–Lo haría solamente por asuntos de familia...
–¿Qué ocurrirá con su música? ¿Le gustaría a los mechones del 86?
–Mi música jamás morirá porque es de los universitarios, siempre habrá personas que recuerden mis canciones y se las mostrarán a otros, a los más jóvenes, porque quienes fueron un día muchachos y hoy son profesionales, jamás olvidarán esos bellos días en que llegaron a la U...
Hugo Olea M
EL SUR de Concepción.

Banda instrumental del Regimiento Chacabuco (Foto de Internet).

Wednesday, July 11, 2018

¿PENCO, CIUDAD COSMOPOLITA?

          En Penco, cuando hablábamos del aporte a la cultura local de personas que llegaron de otros lugares del mundo, saltaban a la palestra apellidos provenientes de Italia, España, Francia, Alemania, China; gente que se afincó acá y que con el tiempo se confundió con los habitantes locales. Y llegaron por distintos motivos: comerciales, profesionales, de trabajo, de búsqueda de nuevos horizontes. Lo importante fue que esas personas se quedaron y aportaron. No se trató de “aves de paso”.
Foto referencial (Internet).
        Distinto es cuando abordamos el tema hoy en día. En los tiempos actuales somos testigos de la llegada de más gente, nuevas familias, en un proceso de inmigración internacional sin precedentes que registra Chile, fruto de la inestabilidad política y precariedad económica en sus países de origen. Es gente que viene a Penco esperanzada de poder rehacer su vida. Por este motivo no es raro oír a personas hablando español con giros no escuchados, con sonoridades y musicalidades distintas. El tono del color de la piel de mucha gente que circula por nuestras calles también muestra diferencias.
           El Departamento de Extranjería y Migración de la Región del Biobío informó en marzo de 2018 haber cursado documentación a 9.335 migrantes provenientes de 14 países. Si bien la cifra es oficial es probable que el número sea aun mayor considerando a quienes se presentan cada día a formular solicitudes. Estas personas están distribuidas en todas las ciudades y localidades de la provincia.
        Un indicador del volumen de la inmigración es la iniciativa, por ejemplo, de ofrecer en Penco cursos gratuitos de “creole”, la lengua que se habla en Haití. Este sólo hecho constituye también un signo de la acogida pencona a inmigrantes con la íntima expectativa local, eso sí, que haya un punto de término. Porque como sea, el espacio se reduce.
Jeremy Irons (foto El País).
      Y para terminar, se me viene a la mente una cita del actor británico Jeremy Irons publicada recientemente por un diario español para referirse a Londres, ciudad cosmopolita por antonomasia. En cualquier caso,  presento mis disculpas a mis lectores por lo que pudiera ser una exageración en lo que se refiere a Penco, pero esto fue lo que dijo Irons: “Lo que me gusta de Londres es que uno puede caminar horas para encontrarse con un inglés. Y me parece bien”.