Sunday, November 27, 2016

OBRA TEATRAL INSPIRADA EN CERRO VERDE ADELANTÓ LA VISIÓN DE LOS PROBLEMAS POLÍTICOS Y SOCIALES QUE ESTALLARON EN LOS AÑOS 60


NOTA DE LA EDITORIAL: Presentamos el siguiente trabajo preparado por la profesora María Teresa Sanhueza especialmente para nuestro blog de Penco sobre la pieza teatral Las redes del mar, de José Chesta, obra inspirada en la vida de los pescadores de Cerro Verde. Agradecemos esta valiosa colaboración que nos ha hecho llegar desde Estados Unidos.



María Teresa Sanhueza Carvajal es profesora asociada  en Wake Forest University en Carolina del Norte, Estados Unidos. Obtuvo su doctorado (Doctor of Philosophy) en Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Michigan, Ann Arbor, un Magíster en Literaturas Hispánicas de la Universidad de Concepción donde también se recibió de Profesora de Español. Su área de especialización es el Teatro Latinoamericano, especialmente el argentino y el chileno. Ha publicado tres libros y numerosos estudios críticos en revistas especializadas. En los últimos años se ha dedicado también a la difusión del teatro penquista. Su correo electrónico es sanhuemt@wfu.edu.



Las redes del mar de José Chesta, un clásico penquista
María Teresa Sanhueza

José Chesta llegó a Concepción en el año 1955, después de licenciarse de la escuela Normal Camilo Henríquez de Valdivia en 1954. El joven, de 18 años, venía a enseñar a una escuela rural de Penco y a estudiar en la Universidad de Concepción. En la ciudad, se incorporó al famoso y legendario Teatro de la Universidad de Concepción, TUC, formado en 1945, el único grupo teatral universitario regional que tuvo el mismo nivel de profesionalismo e importancia que los grupos de Santiago renovando la escena teatral, explorando lenguajes y poéticas dramáticas innovadoras, difundiendo la dramaturgia de autores locales, nacionales e internacionales y poniendo a la ciudad de Concepción en el mapa nacional1. Allí también conoció a su futura esposa –la actriz Berta Quiero—quien continúa residiendo en la zona.
El dramaturgo José Chesta captado durante un paseo frente a la antigua municipalidad de Penco.

Las redes del mar, su primera obra, se estrenó el 19 de diciembre de 1959. Según Marta Contreras et al, el texto escrito impresionó a Pedro de la Barra –director del TUC en esos momentos—quien quería presentar obras regionales. Así “José Chesta se convertía en el primer dramaturgo penquista que escribía sobre un tema regional”. Los críticos agregan además que la obra se presentó en Santiago y que por ella “el TUC recibió reconocimiento como el mejor Grupo de Teatro Nacional” (1194:17). De la Barra puso la obra en escena con un elenco de grandes figuras del TUC: Roberto Navarrete (Miguel), Brisolia Herrera (Mercedes), Gastón von Dem Busche (Mauro), Alberto Villegas (Luis), Mireya Mora (Ester), Luis Alarcón (Ramón) y Tennyson Ferrada (don Eduardo) en los personajes principales. Inés Fierro (Candelaria), Verónica Cereceda (Juana), Jaime Vadell (Pedro), Andrés Rojas Murphy (Pescador 2) y Nelson Villagra (Pescador 1) encarnaron a los personajes secundarios. Para la prensa penquista, Las redes del mar significó el éxito de las políticas teatrales locales. También generó una discusión importante sobre la importancia de valorar lo local (Centreras et al. 2002: 169-170).

Obviamente su agudeza y su capacidad de observación de su entorno contribuyeron a la creación de Las redes del mar2, la cual transcurre en la caleta de pescadores de Cerro Verde en Penco, cerca de Concepción y donde Chesta ejercía la docencia. Estructuralmente es una obra simple, dividida en tres actos siguiendo el modelo aristotélico. Los personajes tienden a se maniqueos, es decir, tienden a definirse como positivos o negativos en su accionar para representar a cualquier familia de pescadores que se encuentre en estas circunstancias.

La acción sucede durante el invierno, una estación particularmente dura en las caletas; con mal tiempo y abundancia de temporales. Chesta muestra un conflicto familiar que tiene su base en un problema social.. La acción se desarrolla desde el punto de un padre de familia que se enfrenta a la falta de recursos para mantener a los suyos. La tensión aparece encarnada en un conflicto generacional en el que la voluntad del padre se enfrenta con la de su hija Mauro. Mauro odia el mar y quiere estudiar para ser electricista en la Escuela Industrial de Concepción. Esto contradice los deseos del padre –Miguel—quien anhela que su hijo continúe con la tradición familiar de ser pescador y no entiende que al joven no le guste el mar. Tozudamente, afirma que “Él es hijo de pescador, tiene que gustarle el mar” (81):

MIGUEL.- No quiero conocer naa más… en mi familia habimos sido pescadores, lo llevamos en la sangre. Al mar hay que aprender a quererlo …no es tan bravo… hay noches calma de luna en que puedes irte más allá de la punta y ver como los pescaos andan a flor de agua… cada noche así me recuerdan la primera vez que mi padre me llevó, no como su ayudante, sino pa’hacer too el trabajo; ese jue mi bautizo… Tú todavía no lo habís probado… (87).

La voluntad de Miguel nace de haber vivido cerca del mar toda su vida pero el padre también sabe que es una vida difícil, y por ello, intenta aprender a leer optar a trabajos de mayor responsabilidad en el área de la construcción o de la mina. Después de un breve período de esperanza, Miguel pierde su embarcación, se refugia en el alcohol y termina con una enfermedad incurable. El conflicto se resuelve, de este modo, con la imposición de un “destino fatal” que hace que Mauro tenga que renunciar a sus sueños. La obra termina cuando Mauro se da cuenta que debe renunciar a su sueño y el telón se cierra con el espectáculo patético de su llanto, que se hace más intenso y termina por abarcarlo todo; sin embargo, la esperanza de la familia se mantiene porque el hijo asume el rol de jefe del hogar y proveerá para la familia.
El actor nacional Luis Alarcón, quien actuara en la obra Las redes del mar. Imagen tomada de Penco TV.
Chesta busca favorecer una mirada comprensiva en el lector/espectador al mostrale el proceso íntimo de Mauro, el fracaso de sus sueños solo porque no cuenta con los medios necesarios y la vida tradicional del pescador se impone por sobre la concepción moderna humanitaria de la vida: el acceso a la educación. Así, la pobreza, la superstición y la tradición se erigen como elementos infranqueables para la voluntad del joven Mauro.
Un personaje muy importante es Ramón, el profesor de la Escuela de Cerro Verde (alter ego del propio Chesta) y quien representa el elemento dinamizador de la tensión dramática que se produce entre padre e hijo.  Ramón apoya las aspiraciones de Mauro, y por eso trata de convencer al padre y de conseguir el apoyo económico necesario para poder enviar a Mauro a estudiar a Concepción. Ramón es también quien organiza solidariamente al resto de los pescadores para ayudar a la familia de Miguel a conseguir una nueva embarcación y ganar el sustento. Por medio de este personaje, Chesta muestra también la noción de educación como uno de los medios para salir de la pobreza “…Nosotros [a Miguel], usted y yo somos los responsables de Mauro. Nuestro país necesita técnicos también, gente segura, clara, que sepa hacia dónde va, no frustada” (Ramón, 105). Ramón es el agente de cambio, el progreso.
Otro personaje importante es Mercedes, esposa de Miguel y madre de Mauro, quien reproduce una visión machista de la comunidad de pescadores y un rol subordinado frente a su marido, su principal papel es ser madre y esposa sacrificada. Estas ideas se confirman claramente en el argumento cuando Mercedes señala que ella puede conseguir trabajo para ayudar a la manutención familiar y Miguel inmediatamente responde “¡Eso sí que no! Siempre me ha bastado para mantenerlos…” (87). En el mundo representado por Chesta, tanto hombres como mujeres son víctimas de la situación social, pero las mujeres son, además, víctimas del doble  estándar impuesto en el sexo femenino por años de tradición y autoimpuesto por ellas mismas como forma de vida. Por lo tanto, es obvio que los personajes femeninos de Chesta reproduzcan las tradiciones patriarcales y ni siquiera se los cuestionen. El hombre es quien posee la autoridad y el poder de decisión, no importa cuán joven sea. Esto se ve en la actitud de personajes como Ester, la madre viuda del amigo de Mauro, quien convence a su hijo adolescente a que se quede en Cerro Verde, entregándole el mando de la casa y de la familia: “…Mi mamá me rogó tanto que volviera que me convenció… ¿Sabes lo que me dijo?...”Si vuelves a la casa, vas a ser el dueño de too…” (Luis, 134).
El mensaje final expresado en una hermosa metáfora, es que el mar atrapa a todos, el destino es el mismo tanto para los hombres como para las mujeres: una vida pobre de trabajo duro. Las redes de los pescadores del título adquieren últimamente una connotación negativa y aglutinante que completa el círculo de la obra teatral. No sólo instrumentos de trabajo sino  que designan el poder del mar que teje sus redes para atrapar en ellos a su presa: los pescadores de Chile y sus familias. Es por esto que las palabras que Miguel había pronunciado se convierten en una verdad universal que caracteriza la vida de los personajes:

MIGUEL.- …cuando me volví denantes dejé de remar un buen rato… miré el cielo y el mar y no sabía cuál era uno y otro… me sentía como…como… no sé… pero parecía que el mar había tendido sus redes también, y yo estaba ahí preso… sin moverme… sin poderme defender… como encandilao… (80).

José Chesta quería hacer visibles las condiciones de vida de los pescadores y su falta de oportunidades pero también el color local, el lenguaje y las tradiciones. Al poner en escena a uno de los grupos sociales más desposeídos de nuestra sociedad, los personajes se configuran como arquetipos de la clase social a la que pertenecen y de la profesión a la que se dedican. Es por ello que Las redes del mar   pertenece al neorrealismo social. El mismo Chesta afirmaba que el realismo había olvidado los valores fundamentales del hombre y señalaba “el realismo se ha quedado en nuestro país en la anécdota pequeña, en diálogo coloquial…” y pensaba que la misión del dramaturgo era “cambiar de actitud, de ser más profundos y tener más conciencia de que ser dramaturgo no es cosa tan sencilla como hasta el momento ha sido” (Cita reproducida en Fernández 1982: 102). Para él, los elementos de la obra dramática se subordinaban a la crudeza de la realidad representada para poder, de este modo, hacer una crítica más aguda y directa. El mismo dramaturgo confirmó estas ideas estéticas al afirmar que:   “En teatro no sólo quiero mostrar ambientes y personajes, deseo plantear posiciones. Me interesa esta forma literaria porque se establece un diálogo directo entre el autor y el público: hay un hombre hablándole a otro hombre (Citado en Contreras el al. 1994:12). Sin embargo, la denuncia social de Chesta no es el fruto de una determinada óptica política, sino de la simple constatación de las desigualdades nacidas en el seno de una sociedad industrial o con pretensiones de serlo3 y en la cual  la distancia hasta Concepción y el aislamiento de comunidades como la de Cerro Verde representan una metáfora de que desde Santiago la provincia es invisible, premisa que 50 años más tarde sigue siendo relevante. Personalmente, creo que uno de los grandes valores de La redes del mar, reside en la comprensión de que lo importante no es presentar la problemática de clase al estilo brechtiano sino plantear la necesidad de transformar las estructuras sociales, políticas y económicas que dan origen a estas situaciones. Con ocasión del estreno de la obra, en el diario El Sur del sábado 19 de diciembre de 1959 (“Estreno de Las Redes”), Chesta afirmaba: “Las condiciones de vida de un pequeño pueblo como Cerro Verde, determinan en un país subdesarrollado como Chile, el destino de sus habitantes”.

Escrita y estrenada en 1959, Las redes del mar adelanta algunas de las preocupaciones político- sociales que serán importantes a partir de los años sesenta: educar a los marginados, llevar el arte y la cultura a sectores desposeídos. Chile se empezaba a transformar social y políticamente y la dramaturgia trataría de reflejar en sus obras estos cambios4 . Chesta, por lo tanto, fue un precursor de esta nueva corriente que a partir de los años sesenta hizo que los dramaturgos plantearan problemas específicos de la idiosincrasia chilena, en este caso, el atraso social de la provincia. Chesta también llevó a escena un grupo social marginado adelantando el proceso de nacionalización teatral de los sesenta que, según Elena Castedo-Ellerman, “implicó traer el texto dramático, ciertas clases sociales, ciertos grupos, ciertos personajes y ciertos ambientes que, aunque descritos por diversos medios estilísticos, revelan una específica autovisión nacional” (1982:22).


Lamentablemente José Chesta falleció tempranamente, a los 26 años de edad, en un accidente automovilístico cuando volvía a Concepción desde Santiago. El accidente se produjo la madrugada del 23 de diciembre de 1961 cuando la citroneta en que viajaba se estrelló contra un camión cerca de San Fernando. El dramaturgo alcanzó a escribir una segunda obra teatral, El Umbral, algunos relatos y varios radio teatros como La bella y la bestia , Revolución e Independencia y Cruces hacia el mar , pieza en la cual sus protagonistas eran también pescadores. Además, su labor como dramaturgo se complementó con la de actor y director. Fue uno de los fundadores –y director—del Teatro Experimental de Concepción, TEDEC, que más tarde pasaría a llamarse Teatro Independiente Caracol, otro importante grupo teatral penquista.

Notas
1 Más información sobre la importancia de los teatros universitarios puede encontrarse en el excelente libro de Luis Pradenas, Teatro en Chile. Huellas y trayectorias. Siglos XVI-XX. Pradenas señala que el TUC “se destaca como el más activo de los teatros universitarios en su búsqueda y construcción de un teatro nacional popular” (299).

2 Todas las citas de la obra serán tomadas de la edición de Las redes del mar en José Chesta. Textos y contextos, que aparece en la lista de obras citadas.
3 Sin embargo, se debe destacar que en Las redes del mar y a través de un subtema, Chesta expone, de una manera poética, el poder magnético que ejerce el mar sobre los pescadores. El mar aparece no sólo como un medio de vida difícil sino como una especie de destino, algo más allá de la conciencia que da sentido a los hombres. Esta fatalidad se revela a partir del título, y será, posteriormente, planteada en el discurso de los personajes. Está, además, estrechamente relacionada y subordinada a la finalidad social de la pieza. Desde este punto de vista, Las redes del mar puede interpretarse como la dramatización de la lucha del hombre para dominar la naturaleza inhóspita que a veces devora a sus hijos.

4 Juan Villegas afirma que la representación en escena de los personajes marginales en el Chile de los años sesenta corresponde a intereses de los sectores medios, es decir, en el potencial de usar estos personajes para conseguir intereses políticos-sociales; objetivos relacionados con la doctrina educativa humanista y cristiana propias de la intelectualidad burguesa de la época, parte de la ideología del Partido Demócrata Cristiano (1988: 162-163).

Obras citadas
Castedo-Ellerman, Elena. Teatro chileno de mediados del siglo XX. Santiago: Editorial Andrés Bello, 1982.
Chesta, José. “Las redes del mar”. José Chesta. Textos y contextos. Concepción: Universidad de Concepción, 1994, 73-144.
Contreras, Marta, Alberto Albornoz y Patricia Henríquez. Historias del Teatro de la Universidad de Concepción. Concepción: Trama Editores, 2002.
Contreras, Marta, Enrique Luengo y Luz Marina Vergara. José Chesta. Textos y contextos. Concepción: Universidad de Concepción, 1994.
Fernández, Teodosio. El teatro chileno contemporáneo (1941-1973). Madrid: Playor, 1982.
Pradenas, Luis. Teatro en Chile. Huellas y trayectorias. Siglos XVI-XX. Santiago: LOM Ediciones, 2006.
Villegas, Juan. Ideología y discurso crítico sobre el teatro de España y América Latina. Minnesota: The Prisma Institute, INC, 1988.



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