jueves, febrero 02, 2017

NO ESTAMOS ENTRENADOS PARA TOMAR NUESTRAS PERTENENCIAS MÁS IMPORTANTES Y HUIR, EN EL CASO DE INCENDIOS

Penco durante el rebrote de focos en Primer Agua. Foto de Jaime Robles.
         El Copucho, la mayor elevación que hay en Penco en el cordón de cerros paralelos al mar, por momentos parecía un volcán, según narra Manuel Suárez, integrante de la directiva de la Sociedad de Historia, para hacer referencia a los peores momentos del feroz incendio forestal que atacó por varios flancos a la ciudad el 26 de enero de 2017. Los vientos arremolinados convertían a los focos de llamas en torbellinos de fuego que avanzaban y cambiaban caprichosamente de dirección en función del comportamiento de esas corrientes de aire.
         Durante los momentos más críticos, los vecinos con casas próximas a los bosques amenazados, recibieron la instrucción de bomberos de abandonar el lugar inmediatamente. Les dijeron: saquen sus cosas de valor sentimental y huyan… Uno de esos vecinos, de la población Los Aromos, ubicada metros más arriba de la “Desiderio Guzmán” le contó a Manuel Suárez su experiencia cuando se vio enfrentado a tomar una decisión rápida.
         “No hallé qué hacer, qué cosas tomar. Todo lo de mi casa es importante. Pero, tuve que salir a la carrera con algunas fotos y otros pequeños recuerdos. Pero, atrás se quedaban mi mesa, mis sillas que eran de mi abuela y tantos otros objetos de valor emocional. Fue algo terrible. Y para adónde me llevaba esas cosas. Las tenía en una bolsa y otras en mis manos sin saber qué dirección tomar. Uno no sabe qué es lo más importante”.
Foto cerca de Lirquén, de Vane Velásquez tomada de FB. 

Mientras el calor del fuego y el horrible crepitar de los árboles abrasados se sentían más cerca, los vecinos salían de sus casas. Fue una experiencia semejante a una pesadilla real. Afortunadamente los bomberos de las cuatro compañía de Penco, el apoyo del personal municipal más la participación de voluntarios de otras comunas y brigadistas lograron contener el paso arrollador de las llamas y controlar por fin esos malditos vórtices de fuego.

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