domingo, enero 18, 2026

EL INFIERNO SE DESATÓ CONTRA LIRQUÉN Y PENCO. MUERTOS Y DAÑOS INCALCULABLES

LA IGLESIA DE LIRQUÉN, situada no tan cerca de los cerros, 
convertida en una antorcha a causa del fuego. (Foto Cooperativa).

Una psicosis contenida, que se adivinaba en las miradas y en el nerviosismo, se apoderó de la población de la comuna de Penco ayer sábado, a partir de las 17 horas, cuando impotentes vieron que un muro de fuego, que venía arrasando los hermosos cerros que rodean al pueblo, lo cambió todo. Al caer la tarde, el cielo adoptó ese color marrón oscuro, casi apocalíptico, y el verde de los faldeos se volvió un infierno. La temperatura ambiente ascendió durante el crepúsculo y los vórtices de fuego arrollaban como una serie de torbellinos las primeras casas, aquellas más alejadas del centro. Después seguirían cayendo otras. Porque el fuego saltó  las calles como un animal salvaje y avanzó sin que nada lo contuviera. Cuando se hizo de noche el cielo se iluminó con una lumbre de sangre. Parecía que palpitaba con el crepitar de las copas de los pinos al estallar achicharadas por las llamas. Como era de noche el humo no se veía contra el cielo, pero se sentía denso y caliente en las narices y en los ojos. 
Esta pesadilla no tiene parangón en la larga historia de Penco, plagada de azotes naturales, pero ninguno de esta magnitud. Ni el incendio que causó Lautaro en su ataque contra Penco, la capital del sur, en 1554, ni el violento siniestro que redujo a cenizas la escuela 31 de calle Freire en 1955.

La noche del 18 de enero al 19 de enero de 2026 quedará en los registros como la peor en muchos años. Sonidos agudos de sirenas de bomberos, de vehículos de emergencia, de ambulancias, desplazándose a gran velocidad taladraban el ambiente nocturno. Nadie pudo conciliar el sueño. El color del cielo causaba miedo, el fuego atacaba por todas partes.  El temor se tomó los corazones. Huir se convirtió en la palabra más urgente para salvar la vida y el pensamiento más demoledor:  resignarse a no poder rescatar nada material. Mientras, las llamas recorrían las estrechas calles de las poblaciones altas de Lirquén reduciendo a escombros decenas de vehículos estacionados, las casas, los enseres. Hubo personas que no alcanzaron a escapar por distintas razones... La torre de madera de la centenaria iglesia católica lirquenina fue alcanzada y consumida por el fuego.

El Hospital tuvo que ser evacuado. Los pacientes más graves fueron trasladados al hospital Las Higueras y los menos graves destribuidos en otros recintos. La población de Vipla, lugar patrimonial, inaugurada en 1952, resultó irrecuperablemente dañada.

Esta historia es más extensa. Ya conoceremos nuevos datos. Se sabrá también si hay responsabilidades de terceros. Por ahora sólo sabemos que el infierno bajó de los cerros y castigó a la gente más modesta con fiereza. El siniestro se inició probablemente en algún punto cerca de Agua de la Gloria y se desplazó a una velocidad de 5 kms. por hora empujado por un fuerte viento puelche o sur este. Un dato meramente curioso: el fuego barrió de bosques los terrenos donde se planea extraer tierras raras. Permaneceremos alerta.

LIRQUÉN bajo fuego (Foto Cooperativa).


   

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