«Penco,
puerto natal de la familia Henry Ríos»,
escribió el recordado profesor de Redacción Periodística de la U
de Concepción, Edgardo Henry Ríos con un sabor a nostalgia en su único libro conocido
Poemario Familiar, el que clasificaría dentro de un género novedoso
dentro de la lírica, distinto de las publicaciones poéticas
clásicas. En el inicio el profesor Henry observó su árbol
genealógico y se dio cuenta de la curiosidad que su parentela, en su
gran mayoría, escribía o había escrito poesías desde hacía
muchos años. Por contrapartida, descubrió que ese material poético nada pretendía frente al Parnaso de los poetas consagrados.
Los versos familiares escritos nada más que por gusto estético, no eran diálogos autor-lector como es natural
en esa clase de obra literaria. Sino más bien, aquellas rimas escondidas o perdidas entre los cuadernos eran monólogos. O sea, cada autor sentía la libertad de releer en soledad sus
propios versos incluso en voz alta de vez en cuando, dependiendo del estado de ánimo sin
necesariamente compartirlos. Luego de revisar y analizar cada estrofa,
Henry Ríos decidió que el material literario tenía valor testimonial por sus
referencias a lugares, por su amorosa delicadeza y por contener una
indudable proyección universal. De ese modo concibió que el
material poético de su familia merecía ser publicado. Bajo ese
tenor el maestro, ahora compilador, escribió poéticamente las
líneas que hemos citado: «Penco,
puerto natal...».
Su poemario, un sueño suyo oculto,
resultó en un libro de poesías de numerosos parientes, poetas aficionados, y a
la vez en un álbum familiar abierto al público, porque incluyó
fotografías de los autores y sus conexiones dentro del árbol familiar. Sin
embargo, la modesta tirada de sólo cien volúmenes, lo convirtió en
una publicación –por así decirlo– puertas adentro, curiosamente
como el origen mismo de las poesías que contiene. Con tan pocos
ejemplares en circulación, hoy el libro sólo está disponible para
estudio en contadas bibliotecas.
Por esa limitación hemos accedido sólo a
algunas páginas de esta antología, gracias a la paciencia y
perseverancia del profesor pencón radicado en Copiapó Juan Espinoza
Pereira quien buscó, rebuscó y consultó. Se unió voluntariamente a esta auténtica pesquisa por aquí y por allá el historiador copiapino Vidal Naveas. Y resultó que el libro editado por el profesor Mario Edgardo Henry Ríos aparecía registrado en los índices de la
Biblioteca de la Universidad de Atacama, academia en la que Henry
impartió clases en sus últimos años. ¿Qué hizo que nuestro profesor se radicara en la capital minera de Atacama? ¿Por qué al final de su
vida el maestro penquista y pencón se fue a Copiapó, tan lejos de
su Penco de origen? La respuesta la podemos inferir por las circunstancias políticas del país en esos años que obligaron a muchos profesionales desplazados a buscar forzosamente nuevos horizontes... A este razonamiento, tanto Juan Espinoza como Vidal Naveas creen que Henry Ríos en Copiapó encontró personas que lo acogieron, del ámbito de la masonería, entre ellos Tussel Caballero, docente de la Universidad de Atacama. Éste vio en el maestro y en otras personalidades del área humanística, llegadas en la misma condición, un aporte para impulsar el concepto de universidad. La influencia de Tussel Caballero resultó fundamental ya que ejercía la extensión cultural universitaria. Un conexto como ése permite formarmos una idea del traslado al norte. Juan Espinoza añade además, «sin duda Copiapó cautivó a Henry Ríos por la belleza de los colores atacameños, desconocidos en la región del Biobío. Acá fue maestro de varios artistas: Danilo Bruna, Angela Cuevas, Xiomara Largo, Jorge Aramburu, por nombrar algunos que tuve el honor de conocer».
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PARTE DE LA GENEALOGÍA: Arriba, Guillermo Ernesto Henry Legrand y Deidamia Inostroza Valenzuela. Al centro, Guillermo Enesto Henry Inostroza y Lucila Ríos Medina (padres del compilador). Lucila escribió también numerosos poemas. Abajo, Teresa Fasce Gazzolo. |
Las raíces más remotas de los Henry se
encuentran en el puerto francés de Le Havre, en la Normandía, Canal de La Mancha. De
allí provino el abuelo paterno Guillermo Ernesto Henry Legrand,
marinero mercante, quien ancló en Penco y donde se casó con doña
Deidamia Inostroza Valenzuela dando origen al linaje de los Henry. Quien abrió la senda de escribir poesías fue el hijo del matrimonio, Guillermo Ernesto Henry
Inostroza a comienzos del siglo XX. Por esos mismos días se integró al grupo familiar Teresa Fasce Gazzolo, oriunda de la ciudad de Recco, región de la Liguria, Italia, quien escribió numerosos poemas en su lengua materna. Teresa era hermana de Antonio Fasce Gazzolo, quien se casó con Lidia Henry Ríos, hermana del profesor. Tanto Henry y Fasce están tipificados en el Poemario como pertenecientes a la primera
generación de poetas de la familia. Las estrofas con que se inició
toda esta silenciosa saga pencona fueron escritas por Guillermo Ernesto en 1912. El
profesor Edgardo Henry Ríos y sus tres hermanos Raúl, Lidia Teresa,
y Peky clasifican en la segunda generación. Ellos son hijos de
Ernesto Guillermo Henry Inostroza (el primer poeta), empleado de aduanas, y de Lucila
Ríos Medina. El Poemario incluye además escritos de las generaciones tercera y cuarta que les sucedieron.
En materia de creatividad poética,
Edgardo Henry, también escribió numerosas odas, una vertiente de su
personalidad desconocida para nosotros, sus alumnos de Periodismo, hecho que resultó en un descubrimiento irreductiblemente tardío. En los versos pertenecientes al maestro encontramos
fineza, humor y una delicada dosis de picardía, aspectos tan propios de su persona. Y aún más sorprendente, Henry Ríos compuso líricas de cuecas (que él llamó cuecas amatorias), salpicadas de las características antes mencionadas:
La Mechoncita, Chiguayantina, Gredita Chillaneja, Mantita
Talquina. A nuestro juicio –sin
duda por la cercanía–, la más divertida de sus cuecas por el
sabor impetuoso de sus versos es Los Chicos de Periodismo:

(Permítanme una breve digresión. En el aula el profesor subrayaba el problema de los errores ortográficos en los textos de sus alumnos. Se paraba en medio del pasillo y sin levantar la voz porque él hablaba en nivel normal en cualquiera circunstancia, nos decía «en un periodista ése es un problema terrible». Lo que hacía único el comentario era la pronunciación del adjetivo, que él exageraba ex profeso. Alargaba la r y deliberadamente acentuaba en exceso la i. En cambio las e de la primera y última sílabas, apenas las hacía sonar. Pronunciaba la frase del siguiente modo: «en un periodista ése es un problema teRRRííííble»).
Vuelvo del personaje a su Poemario. Una de las poesías más sutiles por la inocente ternura que hemos encontrado en el libro la
escribió en Penco la prima del profesor Adriana Henry del Valle, que ella tituló La Ola, y es la siguiente:
Al mismo tiempo, Peky Henry Ríos, hermana del maestro Edgardo Henry, escribió en Lirquén unos versos geniales que llaman la atención por apuntar a la vulnerabilidad de la persona humana atada a una metáfora de hilos:
En 1991, año en que se publicó el
libro, Tussel Caballero Iglesias, presidente de la Sociedad de
Escritores de Atacama, escribió a modo de prefacio del Poemario.
«Gracias, Familia Henry Fasce,
por esta invitación a conocer vuestra intimidad poética, por
desnudar los sentimientos a través de estos versos que constituyen
la mejor forma de familia en todo el sentido de la palabra. Creemos
que este poemario va a tener imitadores.»  |
ADRIANA VILLASEÑOR de Fasce es autora de seis poemas en el libro. En la foto, con su esposo el doctor Eduardo Fasce, gran cardiólogo penquista. |
Por
su parte, en el prólogo Edgardo Henry Ríos escribe: «...la Iglesia
Católica, al querer difundir el poder de la oración, ha dicho que
la familia que reza unida, permanece unida». Y el maestro continuaba diciendo
en su texto que si a esa idea se le agregaba la creación
poética habría que reconocer que la familia que rima unida
permanece unida con lazos más firmes que el parentesco.
El maestro Edgardo Henry Ríos falleció en Copiapó en los años noventa, en una fecha que nos ha resultado difícil precisar. La causa de muerte se debió a una intoxicación gástrica no tratada adecuadamente.
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