| PLANTA IANSA, Cocharcas. (Foto de San Carlos al Día). |
Como parte de la historia, los ejecutivos de CRAV en Viña del Mar intuyeron hacia finales de los años 30 que había una luz roja de alerta encendida. Refinar azúcar podría no ser un negocio en el futuro cercano. Había que buscar un nuevo nicho dentro del campo de los alimentos para que las emergencias que se veían venir no los sorprendieran. En ese marco de expectativas surgió la idea de crear una granja, siguiendo el modelo exitoso de la granja La Martona en Argentina, productora de leche y sus derivados. Pero, además ‒pensaron ellos‒ aquí se podía agregar la horticultura, la carne, las aves y los huevos. Perfecto, dijeron los dueños de CRAV y así nació la granja Cosmito, a comienzo de los años 40. Apostar a esa nueva actividad, podría ser la tabla de salvación para cuando la Refinería quedara irreductiblemente obsoleta.
Sabemos también que después de algunos años de buena marcha, pero con más promesas de ingresos que realidades, Cosmito dejó de recibir los favores del capital. Porque las utilidades que la granja reportaba a sus propietarios no se correspondían con el monto de la inversión. Con cifras en rojo en la mano, CRAV decidió deshacerse de su granja modelo cuando productivamente iba como avión. Porque las ventas de sus excelentes productos no sumaban lo suficiente y la transfirió a manos de medieros. Cosmito siguió funcionando, pero a otro ritmo y así comenzó a hundirse lentamente. De ese modo, años más tarde, cuando la alerta roja se convirtió en una realidad, la Refinería no tuvo a qué echar mano, no había tabla de salvación. De ese modo, todo terminó en 1976.
IANSA se fortalecía como la gran alternativa en la producción de azúcar cien por ciento chilena. Ex trabajadores de CRAV Penco se fueron a ocupar puestos en las distintas plantas azucareras que tenía IANSA.
Sin embargo, como todas las cosas, con los años, los cambios tecnológicos, la apertura de los mercados, los precios y lo demás determinaron que IANSA tampoco usaría ya la remolacha nacional para producir azúcar. Era más barato importarla, blanca y refinada, lista para el consumo. Por eso, la empresa terminó solamente envasando ese producto. Y al igual que CRAV en su momento, IANSA, buscó el nicho de los alimentos. La diferencia fue que se dedicó a envasarlos e introducirles algún valor agregado. Pero, no a producirlos a partir de cero, como lo hizo CRAV.


















