TEXTO Y FOTO: JUAN ESPINOZA P., docente, Copiapó, Chile.«Santiago es Chile, compadre… El norte y el sur
son para guardar cachureos».
Este comentario —bastante desagradable— se lo
oí a un auditor de una radio que se considera la más escuchada de
Chile, la número uno. Apenas terminó de hablar, el conductor
responsable del espacio se rio a carcajadas y alabó tanta
creatividad. (1)
Ante la ignorancia que
se manifiesta en una parte de la población nacional, conviene
recordar que algunos meses del año están pletóricos de
significados y valores. Son meses que marcan a los territorios y a
sus habitantes, con acontecimientos que dan origen a identidades
diversas y conmemoran a grandes personajes de nuestra historia.
Octubre es uno de ellos: un mes de florecimiento, de nacimiento de
comunidades y de grandes hitos históricos.
Con el permiso de los
lectores de este blog de Penco, quiero relevar la riqueza histórica
de octubre. A modo de ejemplo, recordemos y valoremos el 5 de octubre
de 1550, fecha de la fundación de la ciudad de Concepción en el
territorio de Penco.
Al mismo tiempo, y
como respuesta al ninguneo del «auditor» y del «comunicador
radial», destaco que en el norte de Chile también tenemos motivos
para celebrar. En Atacama se conmemora el Día de Atacama, el 26 de
octubre. Esta fecha fue impulsada en el año 2000 por Guillermo
Cortés Lutz, profesor y doctor en Historia, ante el Consejo Regional
de Atacama.
Cabe señalar que el
profesor Cortés se encuentra hoy marginado del establishment
social, cultural y académico, como si hubiera cometido un pecado
original. Con ello se pretende desconocer su valioso aporte a la
identidad atacameña: fue director durante muchos años del Museo
Regional e impulsor del nuevo Museo Regional de Atacama, entre otras
contribuciones.
Atacama es una tierra
donde la naturaleza ofrece, cada ciertos años, extraordinarios
fenómenos de florecimiento. También es el territorio por el que
ingresó por primera vez un español el 4 de julio de 1536: llegó
hambriento y cansado después del sacrificado viaje que había
realizado desde el Cuzco. Su regreso desde Copiapó al Cuzco, a
través del desierto de Atacama, fue todavía más penoso.
El lector se preguntará cuál es el origen y la
importancia del Día de Atacama. He aquí algunos antecedentes de
interés para la sociedad chilena:
Toma de posesión de Copayapú
(Copiapó), el 26 de octubre de 1540. Pedro de Valdivia
buscaba el oro que, según se le había prometido, existía en los
territorios del antiguo Imperio inca. Tras someter a los habitantes
originarios del valle, su expedición se aprovisionó de alimentos y
obtuvo mano de obra indígena para continuar su avance hacia el sur.
Fundación de Freirina, el 20 de
octubre de 1752. Esta localidad aparece vinculada a la
historia de la circulación de bienes y productos destinados a los
sectores acomodados de la sociedad chilena. Entre los antecedentes
que se mencionan figura el ingreso de un piano destinado a los
teatros santiaguinos y de telas de seda para las damas de la alta
sociedad, traídos por don Bruno Zavala Fredes. (2)
Descubrimiento del mineral de Agua
Amarga, el 11 de octubre de 1811. Ubicado al sur de
Vallenar, este yacimiento minero contribuyó al financiamiento de la
Independencia de Chile. Desde esa localidad se habrían enviado
periódicamente importantes cantidades de oro y plata para apoyar la
causa independentista. Los registros históricos mencionan a
personas y familias que realizaron cuantiosos aportes en dinero,
joyas y minerales, cuyos nombres y contribuciones han quedado
relegados al olvido. (2)
Declaración de ciudad de Chañaral, el
26 de octubre de 1833. Esta localidad, vinculada a la
historia del pueblo chango, se convirtió en un punto de
asentamiento para exploradores y empresarios mineros que se
aventuraban por el desierto en busca de minerales. Sus recorridos
llegaban hasta Caracoles, entonces territorio boliviano, donde
posteriormente se desarrolló una importante actividad minera. El
auge de la minería del norte se relacionaría más tarde con los
intereses económicos que confluyeron en la Guerra del Pacífico,
cuyo estallido no puede explicarse únicamente por el enfrentamiento
entre mineros que suele mencionarse como antecedente.
Fundación de Alto del Carmen, el 26 de
octubre de 1979. Aunque la localidad tiene antecedentes
históricos anteriores, se señala el 8 de abril de 1824 como fecha
de origen oficial de la villa. En esta zona precordillerana se
asentaron comunidades originarias del valle del Huasco, desplazadas
de sus tierras durante la colonización española y el posterior
avance de los criollos. Por esta razón, el sector es conocido como
el «Valle de los Naturales», donde predominan apellidos como
Campillay, Liquitay, Chilla, Alcota, Alcayaga y Choque. En
contraste, San Félix es conocido como el «Valle de los Españoles»,
donde abundan apellidos de origen hispano, como Boubarrueta,
Astorga, Arenas, Domínguez, Vallejo, Espoz y Mulet, y se encuentra
en tierras favorables para la agricultura.
Recepción del estandarte del Batallón
de Atacama, el 26 de octubre de 1879. El estandarte fue
confeccionado por damas de la alta sociedad copiapina. El Batallón
de Atacama participó de manera destacada en la Guerra del Pacífico.
Según los datos conseguidos por el autor de este texto, las cartas
que algunos soldados enviaron a sus familiares también dieron
cuenta de los abusos y las crueldades que se les ordenaba cometer
contra la población peruana y boliviana, especialmente contra las
mujeres. Fue una guerra en la que participaron mineros del norte y
campesinos del sur, mientras sus resultados económicos beneficiaban
también a los grandes empresarios.
Cabe señalar,
además, que el territorio de Atacama estuvo involucrado en tres
revoluciones: la de 1851, de carácter obrero; la de 1859, vinculada
a los intereses de la burguesía local, y la política de 1891, que
culminó con la caída del presidente Balmaceda y tuvo graves
consecuencias para el país.
Octubre es, pues, un
mes de rica historia para Atacama y para las identidades que se
construyen y reconstruyen a medida que evoluciona la sociedad.
La propuesta del
profesor Cortés de establecer el Día de Atacama no fue gratuita:
buscaba reforzar las identidades de cada parte de este territorio.
Cada pueblo y cada valle tienen su propio sello. El profesor no hizo
más que rescatar un pasado que pudiera servir de cimiento a las
nuevas generaciones, dispuestas a dar un salto hacia el progreso, sin
olvidar el cuidado que este exige. Como advirtió un filósofo del
siglo XX: «Todo progreso implica muerte»; en este caso, la del
medio ambiente, la historia, los valores, las ideas y las
identidades, entre otros bienes que corren el riesgo de perderse.
En definitiva, tanto
el norte como el sur tenemos historia y una identidad que merecen
respeto. No somos el patio trasero de nadie, y mucho menos un lugar
para guardar cachureos.
Es lamentable que todavía haya quienes, desde el
desconocimiento, celebren el centralismo. Por eso, hago un llamado a
cuidar y fortalecer las identidades locales, tanto las de Atacama
como las de Penco.
(1) Si pudiera contactarme con ellos, les
recomendaría a ambos revisar las esculturas de Franz Messerschmidt,
siglo XVIII. El artista alemán esculpió rostros con expresiones exageradas muchas
veces grotescas.
(2) Para quienes se interesen en este tema, pueden
consultar el libro Bruno Zavala Fredes, primer educacionista de
Atacama.