Monday, April 19, 2021

ALTAS AUTORIDADES EDUCACIONALES INAUGURARON LA ESCUELA SATÉLITE DE LA REFINERÍA PARA JÓVENES APRENDICES EN 1962

 Texto y compilación Abel Soto Medina

        A raíz de la exhibición del video a través del Museo de Historia de Penco, y la conducción de su autor Nelson Palma, he considerado seguir escribiendo las páginas de la revista Pan de Azúcar N° 96, de noviembre de 1962, quizás para ratificar hechos o tratar de responder a algunas preguntas hechas mientras se desarrollaba el programa, especialmente me referiré a lo indicado por Julio Zambrano sobre la Escuela Satélite, que estaba al lado de la escuela Italia, al respecto comento.:
          «La Universidad Técnica Federico Santa María, de Valparaíso, la Refinería de Azúcar de Penco, y la Fábrica de Tejidos Caupolicán de Chiguayante, inauguraron oficialmente dos escuelas satélites en la provincia: Penco y Chiguayante, con el fin de preparar obreros especializados para la industria.
                «La Escuela de Aprendices Industriales de CRAV Penco, es dirigida por el Jefe de Mantención Ingeniero Sr. Sergio Emparanza.
       «Al acto de inauguración concurrieron el rector de la Universidad Técnica Federico Santa María, Sr Carlos Cerutti; el vicepresidente de la misma Universidad y Presidente de Crav Sr. Jorge Ross; Dr. Ignacio González Ginouvés, Rector Universidad de Concepción; el intendente Sr. Esteban Iturra Pacheco y otras Autoridades locales y provinciales.
            «La ceremonia se realizó en la sala de actos de la escuela 69 e hizo uso de la palabra el Administrador Sr. Raúl Guillet, destacando la enorme trascendencia que tendrá para las familias del personal Crav. Luego habló el Director de la Escuela Sr. Sergio Emparanza, destacando que la industria necesita contar con maestros con estudios y prácticas para operar maquinarias. Seguido el Sr. René Contreras Presidente del Sindicato Industrial Crav destacando que esa realización era una idea que se venía a concretar. Otra de las personas en hacer uso de la palabra fue el Sr. Jorge Ross, en su doble calidad de Vicepresidente de la Universidad y Presidente de Crav, dice hace poco cuando se inauguraba la Población Desiderio Guzmán, indiqué los deseos de la empresa en tener una escuela satélite en Penco, con la ayuda de la Universidad algo similar a lo que se había hecho en Viña del Mar, y comprenderán ustedes el agrado que tengo en ver realizada esta obra.
           «Específicamente la Escuela Satélite impartía enseñanzas prácticas con clases en los talleres que estaban a cargo de los maestros especializados, en las áreas Taller Eléctrico, Elaboración, Maestranza. También los estudiantes de la Universidad de Concepción impartían clases teóricas en las especialidades de ingeniería mecánica, ingeniería comercial, matemáticas, dibujo técnico y física, aparte de instrucción de cultura General y Educación Física, sus horarios eran de 18,30 hrs a 20,30 hrs de lunes a viernes, su sigla era ESA».
             Hay una fotografía (arriba) en que aparece un soldador, y se hace mención que está cumpliendo orden de su jefe don Rodolfo Strasser.
             Otro tema, es el Sindicato Industrial Crav, que en ése mes de octubre (1962), se celebraron los 33 años de su fundación, acontecida el 08 de octubre de 1929 y recuerdan a los formadores, Presidente Sr. Víctor Salgado, Secretario Sr. Carlos Rossi, Tesorero Javier Ocampo, Directores Eugenio Palma y Florentino Durán.
Se habla sobre las conquistas logradas por el sindicato, como: Indemnización por años de servicios, bono arriendo, ayuda matrimonial; ayuda estudiantil, ayuda mortuoria, atención médica y dental, casas, ayuda para construir y adquirir un bien raíz, etc.
Se hace mención a la pertenencia del fundo La Rinconada, que los sindicalizados deben sentirse orgullosos de poseer ése fundo, y que se están realizando trabajos para que los socios puedan veranear en el lugar. También hablan de la Solidaridad del sindicato frente a sus socios o ex trabajadores cuando los afecta alguna desgracia todos ellos van en su ayuda, misma situación han realizado a otros sindicatos cuando éstos han estado en huelgas prolongadas. Sienten mucho orgullo el haber logrado un Mausoleo y de tener una propiedad en calle Freire que va a donar para que se levante una escuela industrial.
         En un punto especial registra un espacio para quienes jubilaron ese año, y aparecen 5 fotografías de Mujeres Obreras y 5 Varones, cabe destacar que el sindicato dentro de las actividades de aniversario, se encuentra una Cena dónde se distinguirán a quienes dejan sus actividades laborales  a Doña Filomena Turra 46 años de servicios, Doña Carmela Chávez, 40 años; Doña María Barrena, 32 años; Doña Sara Ulloa, 31 años; Doña Clementina Mardones, 22 años; dentro de los varones a Don Jose´del R. Torres, 52 años; Don Juan de Dios Paredes, 48 años; Don Matías Valdivia, 40 años; Andrés Figueroa, 30 años, Don Selin Pérez, 28 años.

          A dicha cena se destaca la presencia del Sub Gerente Don Desiderio Guzmán, quién a petición de los asistentes en un momento hizo uso de la palabra, agradeciendo la invitación y lo satisfactorio para él el participar con los trabajadores del sindicato y todos los presentes, hacemos notar también que estuvieron los ejecutivos señores Raúl Guillet, Sergio Emparanza, Galo Giménez, Ernesto Vizcaya, Jorge Hiriart, todos acompañados de sus señoras, dentro de las cuales se nombra a: Susana Bebin de Gúzman, Adriana Bebin de Guillet, María de Hiriart, aunque no se nombra se encontraba la futura Alcaldesa de Penco (designada) Betriz Altamirano, acompañando a su marido Sr. Ernesto Vizcaya. El maestro Ceremonia, fue don José Márquez quién junto a los Dirigentes Contreras y Nova, tuvieron destacada participación en la organización del evento. Hicieron uso de la palabra el Presidente René Contreras, Don Raúl Guillet, Carlos Salazar a nombre del sindicato de empleados. El ritmo para bailar estuvo a cargo de los señores Domingo Martínez (Saxofón), el Sr. Serra (Piano) y el Sr. Guillermo Reyes (trompeta).
         Para cerrar la nota comentaré que Pan de Azúcar, disponía de una página de Vida Social, en ésta ocasión registran los nacimientos de Hermenegildo Leonel, hijo de don Luis A. Mora y de Barbarita Durán; Jaime Bernardo, hijo de don Carlos Ruiz y de María Ruiz; José Manuel, Hijo de Felindo Vergara y de Berta Gutiérrez; José Segundo, hijo de don José M. Bustos y de Rosa Elena Pérez; Juan Carlos, hijo de don Juan Hernández y de Silvia Torres; Héctor Daniel y Guillermo Javier, hijo de don Armando Oviedo y de Nelly Aedo; Francisco Segundo, hijo de don Francisco Serra y Gladys Saavedra; Margarita del Rosario, hija de don Benedicto Martínez y de Clara Ramírez. Matrimonios Víctor M. Oviedo y Pascuala E. Careaga; José M. Ibieta y Graciela Oviedo P. También insertan un mensaje que el Sr. Carlos Stowhas Kargus, contador de la fábrica, que su salud está mejorando.

         Finalmente registran tres fotografías en la central. Están las primitas María Giménez G. y Adriana María Guillet, luego las hermanitas Cecilia y Paulina Emparanza, en el acto de primera comunión, y Silvia Angélica Reyes, hija de Guillermo Reyes y de Blanca Pineda.

         Toda esta nota es un complemento a las actividades refineras y testimonios brindados por los ex refineros que evocaron a su querida empresa en la exhibición brindada por nuestro director del blog Penco-Chile en coordinación con el Museo de Penco.
         Abel Soto Medina
         Estudioso de la Historia pencona

Thursday, April 15, 2021

LA DULCE SONRISA DE UNO DE AQUELLOS NIÑOS DE PENCO

GUILLERMO NOURDIN (74)
QEPD
      De Guillermo sólo podría hablar con propiedad de nuestros tiempos felices, de cuando éramos niños e integrábamos una pandilla que no tenía un líder y que se congregaba a fuerza de vernos todos los días. Los poetas dicen que los niños felices sonríen espontáneamente. Y así éramos todos. Todas las sonrisas son lindas, dulces. Pero, sin duda la sonrisa más bella que recuerdo de entre todos aquellos niños, era la que se dibujaba en el rostro de Willie...

        La familia de los Nourdin Bueno la formaban la madre, una mujer rubia, de ojos azules enormes, llana y conversadora, proveniente de Coronel. El padre, el señor Nourdin de ojos claros, corpulento, amante de las motos. Conducía una Harley Davidson y en ella tardaba siete minutos en ir a Concepción. Los hijos eran: Silvia, la mayor, rubia, pálida, fina y delgada, murió siendo muy joven; seguía Milton, un muchacho de pelo oscuro, no de gran estatura, muy amistoso a quien le encantaba el ciclismo. Tenía una hermosa pistera; también dejó este mundo en plena juventud. Y el tercero era Guillermo, el último de los Nourdin Bueno que se nos ha ido este otoño triste y hermoso.

       Debido a que los miembros de su núcleo familiar fallecieron en un tiempo relativamente breve y cuando él era un adolescente, Willie quedó sólo y tuvo que madurar rápido, se educó a sí mismo y siguió adelante, luchando, preparándose para el futuro. Él supo antes que el resto de los miembros de la antigua pandilla de niños que la vida no venía fácil.

     Pero, volvamos a los tiempos felices, a los tiempos de las sonrisas. Como casi todos los de nuestro enclave: los dos pabellones de madera de Alcázar con Freire, ingresamos, unos antes otros después, a la brigada scout Armando Legrand, fuimos scouts. En la formación Willie destacaba por su porte, su facha y el sombrero verde de tipo Banden Powell, parte de nuestro uniforme. El ala de su sombrero iba siempre muy bien planchada y los cuatro pliegues de arriba permanecían en simetría perfecta. Parece que lo veo marchando con toda nuestra brigada por las calles de Penco con su báculo al hombro, coronado del gallardete o la pequeña bandera bandera chilena en corte triangular. La mayor de las veces, la jefatura lo designaba para portar el estandarte, el más alto sitial al que podía aspirar un scout que no perteneciera al staff.

         También practicó el fútbol. Un punto a favor era su delgada figura de entonces, corría rápido, se ubicaba bien en la cancha. Discutía en forma acalorada contra el árbitro cuando advertía un cobro injusto. Defendió la camiseta del Atlético. Entre sus virtudes tenía una personalidad firme. Era franco y directo.

         Sin duda amó a Penco y decidió hacer su vida en el ámbito de la comuna en la que creció y se hizo hombre. Mis recuerdos acerca de su persona, de los que he dado una somera pincelada, se remiten únicamente a los tiempos de la niñez y de la adolescencia. Ya mayor, Willie contrajo matrimonio con Marita, también ella vecina e integrante del grupo de niñitas que jugaban aparte y miraban de cerca las "proezas" de nuestra pandilla inolvidable. Esos fueron nuestros años felices y Guillermo nunca abandonó nuestro grupo. No te hemos olvidado ni te olvidaremos amigo. Adiós “Casey Jones”.

Wednesday, April 14, 2021

EL 14 DE ABRIL DE 1976 FUE EL DÍA MÁS AMARGO DE LA REFINERÍA DE AZÚCAR DE PENCO


        Esa mañana de abril ‒día miércoles 14‒ de 1976 debió ser una experiencia llena de incertidumbre en Penco, cuando el primer turno de trabajadores se presentó como era habitual en las puertas de la refinería para ingresar a sus labores diarias. Las entradas de la fábrica permanecían cerradas y nadie desde el interior informaba nada. Los trabajadores se miraban unos con otros porque se dieron cuenta que aquello, que ya era un secreto a voces, se había convertido en una realidad: el cierre de la planta refinadora de azúcar de Penco. Trescientas treinta y seis personas habían perdido sus empleos... Así terminaba una historia inmensa para la comuna de Penco que se había iniciado noventa años antes, en 1886, cuando Teodoro Plate y su socio Óscar Mengelbeir comenzaban la construcción de los edificios industriales de la refinería en esos terrenos que para entonces eran puro campo. En cierta medida ambos empresarios seguían la línea productiva que ya había ensayado con éxito en Viña del Mar el comerciante alemán Julio Bernstein, 13 años antes, en 1873.

         Para entonces toda el azúcar que se consumía en Chile era importada. Anualmente a nuestro país, de poco más de dos millones de habitantes, ingresaban 25 mil toneladas de azúcar en todas sus formas, cruda y refinada. Ese producto alimenticio era caro, por lo que mucha gente endulzaba sus bebidas frías y calientes agregando un poco de miel. Benjamín Vicuña Mackenna dijo en su libro De Valparaíso a Santiago que los patriotas tomaban mate y aguas perras desabridas, haciendo referencia a lo exagerado del precio, pero al mismo tiempo criticando a los importadores que lucraban con el azúcar y que no querían por ningún motivo que el producto se refinara en Chile. Del Perú llegaban tres tipos crudos: la chancaca, la azúcar moscabada (de color oscuro y textura pegajosa) y azúcar prieta. Estas dos últimas comenzaron a procesarse en Viña del Mar y después en Penco. La distribuidora Duncan Fox traía azúcar refinada de Alemania: la llamada azúcar hamburguesa.

AFICHE DEL DOCUMENTAL "Así fue
la Refinería de Penco".

         Cuando partió la refinería de Viña en 1873 ocupó a 300 trabajadores que laboraban en tres turnos, un grupo importante de ellos eran jóvenes adolescentes que se dedicaban a empacar el producto terminado, los adultos se desempeñaban en los procesos de refinación.

         La empresa viñamarina participó exitosamente en la primera feria exposición de Santiago en 1884. Allí obtuvo el primer premio por la calidad de su azúcar frente a la producción importada. Fue a partir de entonces que el estado a través del gobierno realizó ensayos de protección arancelaria para apoyar a las industrias nacionales.

         Siempre se toma  como referencia del inicio de la refinería de Penco el año 1886, porque de seguro fue cuando el proyecto tomó cuerpo y se comenzó a levantar parte de la infraestructura básica. Pero, los trabajos en el puerto se habían iniciado tres años antes con la construcción del muelle, en la proyección de calle Talcahuano. Fue en 1883 que se lograron los permisos. Sin duda que al mismo tiempo debía hacerse el tendido ferroviario entre el cabezal del muelle y la fábrica a todo lo largo de esa calle, cruzando Freire, Las Heras y O'Higgins. Para esto último, baste añadir que el ferrocarril todavía no llegaba a Penco. La extensión Concepción-Penco comenzó a operar en 1889 y el terminal de trenes estaba en Playa Negra. O sea, en un breve tiempo, la ciudad tuvo un tren urbano propio.

         Para refinar azúcar (en realidad lavar azúcar) se necesitaba agua. Para este fin, la fábrica contaba con dos fuentes naturales: el estero Landa y el estero Coihueco (estero Penco). El primero abastecía el consumo de hogares de trabajadores y el segundo, el proceso industrial. Se construyó un tranque en el fundo Coihueco para acopiar. El agua se conducía utilizando el antiguo canal que anteriormente sirvió al Molino, situado al fondo de la calle Maipú. En ese punto, en la puerta del fundo, se hizo un gran estanque justo donde terminaba el canal. Desde allí se bombeaba el agua por un ducto que corría soterrado paralelo al estero y subía la cuesta por calle O'Higgins para caer después hasta la planta refinadora. La merced de uso del flujo del estero Penco lo concedió la Intendencia de Concepción en 1888. Gracias a ese permiso solicitado con gran respeto por el señor Plate (dijo en su carta al intendente: “suplico a usted la concesión”.), la refinería lanzó al mercado su primera producción en 1889. Para entonces el muelle estaba funcionando, los lanchones de madera que eran arrastrados por remolcadores para desembarcar el azúcar desde buques cargueros (por lo bajo del fondo no alcanzaban a atracar en el muelle) provenientes del Perú y otras partes. Los lanchones descargaban a carros de ferrocarril que llegaban hasta la punta del muelle y después una locomotora los llevaba a la fábrica.

         El carbón que se utilizaba como fuente de energía de la industria provenía de Lirquén y Cerro Verde. De seguro también era llevado en lanchas hasta ese muelle.

DON FERNANDO SILVA SEGURA, a sus 97 años (el más longevo de los ex refineros de Penco) vio con emoción anoche el video de la Refinería en su casa de Las Condes, en Santiago.

          La refinadora pencona llamada Refinería Sudamericana de Azúcar de Penco fue adquirida por la empresa CRAV de Viña del Mar en 1924. Al momento de cerrar CRAV en 1976, ambas plantas refineras producían 8.000 toneladas de azúcar, con origen de caña. Iansa, la gran competidora, producía 10 mil toneladas a partir de remolacha.

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Fuentes: 

Revista CRAV 50 años (1937). Una copia de esta publicación está en el Museo de la Historia Penco.

El documental "Así fue la Refinería de Penco" se puede ver en el sitio web del Museo de la Historia de Penco.

Las autoridades políticas y empresariales de la época justificaron el cierre diciendo que obedecía a la obsolescencia de la industria. La refinería era muy antigua para los tiempos y que por eso se volvió ineficiente, eso dijeron. (Diario El Sur, 1° de marzo de 1976).



Wednesday, April 07, 2021

EL RICO SABOR DE PENCO EN EL SIGLO XX

Suculento lomo a lo pobre.
     El plato más top, más conspicuo que se ha consumido en Penco es el bistec a lo pobre, antes y hoy. En esos años consistía de una porción de carne frita de res, el corte bien podría ser lomo vetado. Iba acompañado de cebolla frita dorada, papas fritas –french fries– y dos huevos también fritos coronando la presentación. Ni decir lo sabroso que es semejante menú, que por su abundancia apenas lo podía contener un plato bajo. El bistec a lo pobre se preparaba en casa para situaciones especiales, un par de veces al año. Igualmente estos platos estaban incluidos en las cartas de restaurantes como El Oriente, el Club Radical, el Club Deportivo de la Refinería, el Sindicato de Empleados de Fanaloza, el Paragüita, La Posada del Roble o donde la señora Celfa*.

 
       La harina tostada también se usaba en la cocina como un ingrediente importante en la merienda de un tipo de almuerzo. Esa harina aromática y deliciosa se la mezclaba con agua hirviendo en una sartén, aliñada con sal, ajo y especias y se le agregaba bastante manteca de cerdo. Este preparado se revolvía hasta que adquiría consistencia y un tono rubio oscuro. Para servir, en la base del plato se ponía cebolla frita, encima una porción importante de la pasta de harina tostada sofrita a la que se le daba la forma de un molde y sobre ella un huevo frito, como la guinda de la torta. Gran plato pencón para días difíciles.

         Los interiores (las vísceras de una res o un cerdo) se los usaban como sustituto de los cortes de carnes para preparar platos más económicos. La pana, por ejemplo, se convertía en un sabroso bife. Este plato era muy bien recibido en los almuerzos. Acompañada con papas cocidas iba perfecto. La pana (hígado) adquiría una textura crujiente en la boca, como una galleta, dependiendo del tiempo de fritura. Se requería de harta ensalada para pasarla porque su sabor satura de súbito el paladar. Esa es una desventaja.

         Los sesos (cerebro) de res. En las carnicerías penconas se presentaba este producto en azafates de aluminio sobre el mostrador, eran requeridos para guisos singulares. Por ejemplo, el budín de sesos era aterciopelado en la boca y muy sabroso. Con pan remojado en leche se preparaba una pasta a la que se añadían los sesos cocidos. El guiso se cubría con queso parmesano y se ponía al horno en un pyrex y el resultado se servía en platos bajos en porciones rectangulares. También había que acompañar con ensaladas para atenuar el sabor algo persistente.

Guatitas de res.
          Las guatitas, que no eran aceptadas por todos en la mesa por su aspecto de toallas, en Penco eran un remedo de los callitos a las madrileña. Con arroz, las guatitas venían muy bien para sus adeptos. Sin embargo, durante la preparación tenían la desventaja de pasar toda la casa porque el olor que desprenden sus vapores durante la cocción es demasiado penetrante.
         Los riñones de res también despedían harto olor fuerte en la cocina cuando hervían. Por la naturaleza de su función original tienen fanáticos y quienes los rechazan. Aquí no hay términos medios. Los riñones al jerez bien preparados podían arrancar aplausos en el caso de sus adeptos.  Servidos al plato presentaban el aspecto de una crema con trocitos de carne marrón. Sin embargo, prepararlos era una larga función por los distintos tipos de lavados a los que había que someterlos para alejarles el tufo. En esta labor se usaba mucho vinagre, jugo de limón y abundante agua para dejarlos limpios y tiernos. 

Riñones de res.

         Como decíamos, estos productos se vendían en las carnicerías, que eran atendidas por sus dueños. Don Manuel Ulloa, por ejemplo, tenía su carnicería en la esquina de Las Heras con El Roble. Buen humor irradiaba don Manuel y atendía con entretenida conversación a su numerosa clientela. Gastaba bromas como por ejemplo cuando le pedían que les vendiera riñones. «No puedo venderlos, me sirven todavía». O, cuando le pedían sesos. «Déjeme, voy a pensarlo». 

          Otra carnicería estaba a una cuadra de distancia en Freire con El Roble, se llamaba El Torito. Junto al nombre su dueño ordenó dibujar la cabeza de un buey de pelaje negro con cuernos bien largos. Antonio Figueroa administraba uno de estos negocios en Cochrane con Alcázar. Había, por cierto, más carnicerías en Penco y Lirquén. Juan Wong, con su negocio en calle Freire al llegar a Maipú. Eduardo «Ñato» Careaga, Nano Parra, Guillermo Araya y otros. Los carniceros no atendían público cuando despostaban las piezas que le llegaban desde el matadero de propiedad municipal. 

          El servicio de distribución de carnes en toda la comuna la cumplía un señor conocido como don Lito, quien manejaba un camión de color rojo. La carrocería interior estaba revestida de hojalata, tenía una barras de acero en el techo donde se colgaban las piezas en gruesos ganchos para su traslado. El mismo don Lito descargaba la carne del camión y la llevaba sobre sus hombros para entregarla al carnicero, servicio a domicilio.

          Las pantrucas o pancutras (dicen que las dos maneras de nombrarlas son correctas) también eran un plato recurrente en Penco. Las pancutras son una variante chilena de las pastas italianas. Y las pastas italianas, como ellos mismos afirman, fueron un invento creativo para ocultar de mejor forma la pobreza. Las pizzas, por ejemplo, originalmente eran hechas con masa de harina flor, pero las madres italianas adornaron al pan agregando algo de queso y unas rodajas de tomate, les buscaron la mejor presentación posible  para llevarlas a la mesa y engañar a los niños en el almuerzo con algo novedoso. Bueno, una cosa parecida ocurría en Penco. Las mamás que cocinaban pancutras se preocupaban por hacerlas más atractivas. Amasaban la harina flor, las extendían lo más delgada posible con un uslero. Al mismo tiempo preparaban un caldo de changayes (bivalvo pencón de la familia de las almejas), con verduras, por ejemplo. En otras casas el caldo lo hacían con huesos de pavos, cuya carne asada había sido consumida la víspera y así numerosas opciones de caldos. Entonces les agregaban las pancutras cortadas en forma triangular directamente a la olla. El plato se servía con cilantro picado. Para chuparse los dedos.

        El charquicán de pescada seca fue también plato favorito de 

Pescada seca.
muchos pencones. En realidad el ingrediente más importante era un charqui de pescada o de merluza, especie muy abundante en la bahía en aquellos años. Los filetes con pellejo se secaban al sol colgados sobre alambres de púas de los cercos. La familia Oliveros, que disponía de una bodega en el sector de Gente de Mar, tenía este producto para la venta. En las casas las pescadas disecadas al sol había que machacarlas con un mortero o un martillo. De ese modo, la carne de la merluza cambiaba su color rosado de presentación a blanco y quedaba mucho más suave antes de cocinarla. Como no era cara, la pescada seca salvaba muchos almuerzos necesarios en Penco, en especial en invierno.

...en próximos posts continuaremos con la cocina pencona del siglo XX.

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*La pensión de la señora Celfa fue bien conocida en Penco. Tenía su local en calle San Vicente entre Las Heras y Freire, por el lado del cerro; se accedía por una escala de unos 4 peldaños. La pensión la atendía su propia dueña, la señora Celfa Opazo Rocha.

Texto preparado con aportes de Manuel Suárez, secretario de la Sociedad de Historia de Penco; y Abel Soto.

Thursday, April 01, 2021

HISTORIAS DE LAS BANDAS DE PENCO QUE ACOMPAÑAN LA PROCESIÓN

NOTA DE LA EDIORIAL: Nuestro colaborador Abel Soto Medina investigó en una edición de 1962 de la revista refinera Pan de Azúcar y relacionó dos textos aparecidos allí sobre instituciones penconas: las procesiones de la Virgen en Penco y en Lirquén con la banda de músicos de CRAV y otras. El resultado en muy interesante, las bandas aportan carácter son sus sones. Igualmente merece señalar que como fruto de este trabajo queda de manifiesto que muchos de los contenidos de aquella desaparecida revista testimoniaron el interés de los habitantes de Penco por la historia local y nacional, un hecho que ha estado siempre presente en la comuna. 

Investigación y recopilación de ABEL SOTO MEDINA.

Escena que en Penco es un clásico, la imagen de la Virgen durante una procesión de noviembre.

           

           Dice Pan de Azúcar en su crónica:

       «La imagen de la Virgen del Carmen tiene más de 319 años (en 1962). Data de la Parroquia San Agustín de Penco, en donde se fundara la primera Archicofradía de esta devoción que existió en Chile, antes del traslado de la ciudad.

       Un pergamino que se conserva entre los archivos del Convento de San Agustín, dice lo siguiente:

          “La devoción de los fieles fundó en este convento una Hermandad de Nuestra Madre Santísima del Carmen, siendo fundadores nueve sujetos, los más principales de la ciudad; haciendo cabeza el señor Marqués de Baydes, Gobernador y Capitán General de este de Chile, y obtenida la licencia del ordinario, se establecieron las constituciones y firmaron en 15 días del mes de abril de 1643, con escritura otorgada ante Diego González de Guevara, escribano público.
         “El licenciado don Pedro de Unzueta y Guevara, Canónico de esta Ilustre Iglesia de la Catedral, y don Miguel Cárcamo de la Lastra, Caballero de la Orden de Santiago y Contador de las Reales Cajas, ambos diputados de esta Santa Hermandad, presentaron al Ilustrísimo señor Diego de Zambrano y Villalobos, dignísimo Obispo de esta ciudad, pidiendo se sirviese su señoría Ilustrísima de confirmarla y constituirla en Cofradía, y se sirvió de confirmar sus constituciones, como consta de su despacho en once días del mes de Diciembre del año 1664.I.N.Emo.P. Alejandro VII confirmó como consta en la Bula despachada en 20 de Junio de 1662 concediéndose cinco Jubileos perpetuos a los Cofrades”.
          Más tarde, la Virgen del Carmen fue consagrada Reina de Chile».

       Cómo podemos apreciar, que los encargados a través de éstas notas iban enriqueciendo los conocimientos de la historia de Penco poniéndola a disposición de los lectores de la revista, y cómo aporte sólo de complemento a la nota principal, podemos agregar que la Virgen del Carmen, en Chile también se le llama Chinita,              Reina del Tamarugal, Madre de Chile o Carmelita.
         La adoración mariana, proviene de España prácticamente en los albores de la llegada de los españoles a Chile, pero se le atribuye a los frailes Agustinos haber traído su imagen, y en el proceso de emancipación en Chile, se le fue reconociendo como la Patrona de Chile, siendo el General Argentino José de San Martín quién reconoció en ella el título de Patrona del Ejercito de los Andes, y nuestro Libertador Bernardo O”Higgins la nombró Patrona y Generala de las Armas Chilenas. En 1926 en una ceremonia con la participación masiva de feligreses el legado pontificio Monseñor Benedicto Aloisi Masella la coronó como Reina de Chile.
        Penco, como lugar y por los españoles que llegaron siempre demostraron su admiración a la Virgen. Según se habla en algunos escritos, en medio de una de las batallas con los aborígenes, y en los instantes en que iban a ser exterminados los invasores, apareció en los cielos la imagen de la Virgen, que ahuyentó a los araucanos, salvándolos de una muerte segura. Ése signo de protección quedó grabado y los españoles empezaron a adorar el lugar que hoy conocemos como la Virgen del Boldo.

         LA BANDA CRAV

        Otro de los temas que se destaca en la revista, está dirigido a la Banda Crav, que hace notar la brillante actuación que realizaron durante las últimas Fiestas Patrias (1962), donde sus integrantes usaron uniformes militares, dando un plus especial a su presentación, y que, a juicio del editor, fue una actuación notable y que será recordada con cariño por el pueblo de Penco.
       Hablando de la banda es considerada como una Escuela de Músicos, y se estima que más de 200 integrantes, que, por el hecho de haber pasado por ella, ha significado a algunos hacerse profesionales, y a otros un buen desempeño en la escuela o de satisfacción personal. Se acota que en el año 1930, se adquirió el primer instrumento, y desde ésa fecha la Banda ha estado entregando músicos a la Armada y al Ejército, la mayoría con aficiones musicales que comenzaron desde niños, que luego con las obligaciones militares, son seleccionados para integrar bandas de las respectivas unidades. Es así, que en Punta Arenas se encuentra Carlos Martínez y Víctor Pantoja, En Valparaíso, Agustín Aragús y Carlos Quintana, en el Conservatorio de Santiago Gustavo Herrera, que integra la sinfónica, Roberto Venegas está en la Escuela Capitán Ávalos, Manuel Riffo, luce las jinetas de Suboficial y Director de la Banda del Buque escuela Esmeralda, en la Artillería de Costa Talcahuano, están M Guzmán, Pedro Moraga, M Valderrama, M Figueroa, P Basso, J Contreras e Iván Jara, todos ellos en ocasiones vienen a reforzar la banda. Dirigen con todo acierto el profesor, señor Bruno Vega y el Director es nuestro conocido amigo don José Candia, de dilatada y brillante labor en el conjunto musical pencón. Con éstas últimas palabras se cierra la nota de la Revista Pan de Azúcar sobre la Banda Crav.
           

Una procesión del 8 de diciembre en Lirquén. A la izquierda, la banda de músicos y a la derecha la imagen de la Virge María toda rodeada de nardos.

          Los dos temas tratados por los editores de la revista, pareciera no tener vínculos entre sí, pero con el correr de los años se han ido uniendo sin querer, es verdad, yo no registro en mi niñez y juventud haber visto acompañar a la Banda Crav cómo institución haber estado presente en las Procesiones de la Virgen del Carmen, pero si lo hacían sus músicos, que en forma personal se transformaban en feligreses que querían rendir tributo a la Virgen, acompañándola en su peregrinar por las calles de Penco los noviembre de cada año, de éstas improvisadas bandas, las que más recuerdo son Los Amigos de la Virgen y la Banda del Pueblo, que eran integradas por diversos músicos provenientes de bandas, grupos musicales y aficionados a los instrumentos de viento o percusión, cada pencón tiene en su mente a tal o cual vecino que tocaba trompeta, caja, tambor, tuba, clarinete, bombo, platillos, etc. Todos esos músicos muchas veces anónimos son los llamados a dar con sus sones el glamour y emotividad a la Procesión de la Virgen del Carmen o de Purísima en Lirquén cada 8 de diciembre, es así que ésta nota nace para rendir un homenaje a todos los pioneros de la ex banda crav, , vaya un recuerdo para todos ellos, los que ya no están en ésta vida terrenal, y a los que continúan y se dejan ver en las procesiones citadas, me asiste a mi mente, un señor de apellido Careaga de Playa Negra, Francisco Alarcón, al amigo Aillón con sus redobles en la caja, a los Martínez, Reyes, Abdón Mora, Tuco Barra, Sierra, Latorre, los Fierro, y tantos otros que bien se podrían agregar a este simple homenaje; pero, con el ahínco de querer resaltar a todas esas personas que por afición dieron grandes satisfacciones a las actividades recreativas de todo un pueblo. Eso sí, debo reconocer que son sólo reminiscencias de un pasado que para la literatura se llama Historia.
 

La página de Pan de Azúcar, que inspiró el presente post.
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Revisión de estilo, NPalma.

Thursday, March 25, 2021

LAS BUENAS TORTILLAS CON AJÍ Y OTRAS HISTORIAS PENCONAS

          Podríamos hablar de las costumbres penconas y también de sus reveses.

      El tren chillanejo que pasaba por Penco minutos después del mediodía en particular los sábado traía comerciantes de productos comestibles de todo tipo. Entre ellos, las vendedoras de pan amasado y tortillas que abordaban el tren en Dichato o en Menque. Las mujeres bajaban al andén en la estación de Penco y vendían durante los minutos que el tren estuviera detenido. El trabajo era rápido porque la demanda así lo exigía. Las vendedoras ofrecían a los clientes agregar ají molido adobado con cilantro y sazonado que ellas llevaban en un plato. A veces, la gente hacía cola. En una ocasión la señora Inés Braun con unas visitas aprovecharon la pasada del chillanejo para comprar ese pan, de fama sabroso, luego de disfrutar de unas horas matinales en la playa. Recibieron su pan envuelto en un papel y vieron que detrás de ellas el maquinista del tren esperaba su turno. Era un gigantón de pelo desordenado y gruesos bigotes, sus guantes de carnaza engrasados los tenía debajo del brazo. El hombre tomó su pan y agarró rudamente la cuchara del plato, le echó dos cucharadas de ají y una tercera cucharada se la llevó a la boca y de ahí la devolvió directo al plato... Esta acción carente de toda delicadeza de parte del maquinista resultó traumática para la señora y sus visitas. Ya nunca más pensaron en agregar de ese tipo de ají a sus panes, según comentaron mucho después.

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        El fundo Coihueco tenía un cuidador, un señor de apellido Troncoso, quien residía en las casas que había junto al antiguo

molino, situadas en una pequeña loma al final de la calle Maipú, más allá del último puente sobre el estero Penco. Troncoso recorría el predio en su hermoso caballo alazán, cerro arriba y cerro abajo en su función de cuidador. Agreguemos que tenía un perro por compañía, ¡cómo no! Nos cuentan, como parte de la anécdota, que esta persona tenía una afición a beber. Si en alguna oportunidad se le pasó la mano, no lo sabemos. Así que omitiremos ese detalle para no ofender gratuitamente su memoria. Dicen, que el perro cuidaba los intereses de Troncoso y su caballo cada vez que, digamos, se prodigaba un poquito en las copas. El can no dejaba que nadie se acercara a su amo hasta que aquel recuperaba la compostura. Pero, había algo más. En una ocasión estando en una propiedad allá por el cerro Copucho y cuando quiso regresar, Troncoso tuvo que subir con ayuda de otras personas a su alazán. Y he aquí que el caballo no quiso salir del lugar. Nuestro hombre balbució que había que darle un poco de vino a su cabalgadura. Así lo hicieron. Y sólo cumplido ese requisito, el alazán inició “engallado” su regreso a Penco. O al menos eso se contaba.

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       Había casas que disponían en su patio trasero de un horno de barro. Si bien no todos tenían este implemento para cocinar, no era

una rareza en Penco. A sólo algunos pasos de mi casa, una familia había construido uno y lo usaba con poca frecuencia. Ese horno descansaba sobre una plataforma con cuatro postes. El domo quedaba a un metro de altura. Se operaba de la siguiente manera. Se hacía fuego en su interior y se le agregaba harta leña. Al cabo de un rato, el horno se calentaba de tal forma que la cara interior de los ladrillos adoptaba un color blanquecino. Entonces se retiraban las brasas y se barría la base con una escoba de ramas. En seguida se ubicaban los panes, las empanadas o el trozo de carne según fuera el caso. La única puerta del horno de cerraba con una lata y sobre ella se ponía un pedazo de saco mojado. Lo demás era cosa de esperar un rato y retirar los productos cocidos o asados, listos para consumirlos.

       Una familia de apellido Gajardo era la propietaria del horno que menciono. Ellos no tenían problema en facilitarlo a sus vecinos más cercanos cuando éstos estaban de antojos de comer empanadas cocinadas en horno de barro. Sin embargo, hubo que echarlo abajo por dejarle la pasada a un desagüe en construcción. Los albañiles —el maestro Perico y su ayudante el Pirata— no lo pudieron salvar pese a todos sus esfuerzos tanto por hacer el ducto como para no tocar el horno que se interponía en la línea del desagüe. Fue una lamentación.

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Comentario: estos relatos los preparamos con el aporte de Manuel Suárez, secretario de la Sociedad de Historia de Penco.

Saturday, March 20, 2021

3 MUJERES DE PENCO, LAS PRIMERAS VOLUNTARIAS EN LA HISTORIA DE BOMBEROS

 

          Documentos auténticos nos permiten afirmar que fue en Penco donde por primera vez en Chile y en Latinoamérica, las mujeres se incorporaron como voluntarias bomberiles. Ellas se inscribieron en la historia cuando tal vez sin saberlo se enrolaron en la Segunda Compañía de Bomberos en la década del 40.

           La primera fue doña Adelina Rodríguez, quien presumiblemente ingresó en 1943, un año después de la creación de esa compañía. Da fe de este hecho, el diploma por los servicios prestados a la institución, el que le fue conferido el 18 de septiembre de 1944.

             En una fotografía oficial de formación de los integrantes de la Segunda Compañía se ven claramente tres mujeres, entre ellas la señora Adelina y otras dos damas, cuyas identidades desconocemos. Están con sus uniformes y tenidas de parada. El lugar de la foto fue el fortín CRAV, porque allí están las gradas de madera donde se subieron para posar, y que servían de asientos para los aficionados al fútbol. Otro detalle de la imagen, detrás se ve el muro de albañilería perimetral del estadio que cayó por los terremotos del 60 y que después se lo reemplazó por una pandereta. La Segunda Compañía de Penco fue creada el 13 de marzo de 1942.

            Resulta interesante destacar que las bomberas, en traje de parada, no usaban cascos como sus compañeros varones, sino que lucían una simpática gorra con aspecto de un fez, que de seguro sujetaban con pinches, con el número 2 al frente. Los bomberos segundinos estaban equipados con un carro porta escalas. Es posible que ellas no hayan tomado parte en el combate directo contra el fuego, pero sí haber asistido a sus colegas voluntarios en la logística y el apoyo.

          Nuestra Adelina Rodríguez seguirá siendo en la historia la primera mujer bombera del país, hasta que no se pruebe la existencia de otro nombre femenino en las filas de bomberos anterior a 1943.


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Nota de la editorial: agradecemos la información y las fotos proporcionadas por los bomberos señores Manuel Sandoval y Julio Rodríguez.