Abel
Soto Medina, Aficionado
a la Historia
Penco,
27 de Enero de 2026
La historia
nos dice que el incendio que cobro más vidas en Chile ocurrió en
Santiago, cuando una noche de fe, se quemó por completo la Iglesia
de la Compañía de Jesús, el 08 de Diciembre de 1863. El siniestro
cobró la vida de unas 2.000 personas. Todavía se sigue hablando de
tan infausto acontecimiento.
Los incendios de enero de 2026 tuvieron en Penco una impacto similar a la
tragedia comentada, quizás, no por la cantidad de vidas que se
perdieron, porque ninguna vida merece ese destino, sino por el horror. En esta ocasión
los violentos incendios de bosques, una vez que llegaron a las
poblaciones, causaron 21 víctimas, que la comuna llora
principalmente en Lirquén. ¡Cuánta desesperación! debieron sufrir
cada una de ellas, las que aunque, luchando, no pudieron escapar para
salvar la vida. Eso fue muy penoso, genera rabia e impotencia por lo
injusto de los hechos. Los fallecidos nada tuvieron que ver con el
origen del maldito fuego que incendió sus hogares, barrió con sus
sueños y les arrancó la vida.
Aquí en
Penco, sufrieron los barrios, esos lugares, dónde se conjuga la vida
misma, la amistad, los vecinos, el terruño, las penas y las
alegrías. Esas queridas zonas urbanas donde hay competencia en los
juegos, donde hay amor por la comunidad y donde el mayor sentimiento
es vivir felices. Sufrieron barrios emblemáticos , como la calle
Maitén, Villarrica, Villa Italia, Lord Cochrane y sus villas, en
Lirquén, Población Vipla, Población Jaime Lea Plaza y sus
alredores, Cerro Rahue y sus villas, Geo Chile, Séptimo de Línea,
Los Pescadores, Ríos de Chile (La Huasca), para los sectores
rurales, como Primera Agua, San José, sectores Fundo El Cabrito y
del Restaurante de la Señora Zulema, Las Pataguas, Los Varones, etc,
etc. y tantos lugares más como Punta de Parra, sectores de los
puentes sobre el Andalién, Agua de La Gloria, Chaimávida,
Palomares, Poñén. Son inestimables los lugares siniestrados
cercanos a Penco.
La mañana
del sábado 17 de enero, Penco, tenía un telón pintado en sus
cielos, como las mejores obras exhibidas en Museos, de ésas que
imaginaba Dante sobre el infierno. Se respiraba más allá del humo,
era un ambiente enrarecido, y cada rostro reflejaba una pregunta ¿Qué
está pasando?, ¿esto es real?, ¿estoy soñando? Los sonidos de la
sirenas de bomberos, carabineros, ambulancias se escuchaban como
aullidos alarmantes que acentuaban la desesperación. Los teléfonos
celulares llamaban a gritos:
«¡Evacuar
calle Maitén, Villarrica, Los Radales!»...
Todo conducía a esa irrealidad, pero, que lamentablemente era
verdadera. ¿Qué hacer, salir, huir, partir a dónde? Fuego había
en todos los alrededores: en los Aromos, frente a la Desiderio
Guzmán, amenazando las poblaciones Montahue, Mavidahue, Forjadores
de Chile, Villa Belén... El temor no cedía, acrecentado por las
interminables sirenas de bomberos… El cielo, que se había vuelto
pardo y oscuro, era atravesado de parte a parte por súbitas lenguas
de fuego ya rojas, ya anaranjadas. Un espectáculo aterrador se había
venido encima, todos invadidos por el pánico. Unos miraban sin
mirar, otros observaban sin observar. Unos lloraban presas de la
ansiedad y otros se quedaron sin habla. Pensábamos como estarían
los moradores de tantas casas que testimoniaban impotentes su
destrucción.
No hay
relato en prosa ni elegía en verso capaces de graficar la tragedia.
Para dejar un registro de lo acontecido sólo quiero terminar esta
nota, diciendo:
«Dios
guarde a los que encontraron la muerte, dé consuelo a sus parientes y
que proteja a todas las familias afectadas. Que pronto esas personas
vuelvan a tener una casa. Ellas sabrán convertirlas en Hogar, para
seguir conjugando el verbo vivir y por extensión la vida plena».
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P.D. sin
duda alguna, lo acontecido es la desgracia más grande que ha sufrido
nuestro Penco y Lirquén, los incendios del Hotel Coddou y El Molino
El Globo de Playa Negra, sucedidos 100 años atrás, quedan muchos
peldaños abajo en la tragedia de enero de 2026.