Para los especialistas en la materia, vino no es sinónimo de uva ni de cepas ‒aunque no pretenden negarlo‒ sino que es sinónimo de territorio. Y es ésta la causa de por qué Chile tiene una extensión de mar a cordillera, por las naturaleza de sus vinos. Las viñas que están en la costa producen estupendos sauvignon blanc y los insuperables chardonay, por la influencia del mar a través de sus vaguadas que con frecuencia cubren los lomajes del cordón de la costa.
Después viene la zona central, bastante más abrigada y con un clima más uniforme. Es el territorio de los vinos templados, sobrios, ricos de esos que no fallan nunca como los cabernet sauvignon, los carmenere y los merlot.
Por último están los vinos cordilleranos, ésos cuyas viñas se despliegan en los valles del interior. Se trata de vinos más serios y, si se quiere, con más carácter, buscados por personas que aprecian los vinos de estos estándares.
Es curioso que en esta nueva, para nosotros, extensión del territorio salte de inmediato la imagen de Viña del Mar. Este nombre evoca viñedos a la vista del Pacífico. Y, cómo no recodar, que en Penco hubo un vecino que destinó el sitio de su casa en la población Desiderio Guzmán, para plantar una viña que miraba también al océano. Por años vendimió uvas, pero no tenemos la información si con ellas fabricó vino, que de haber sido así, ese producto hubiera tenido a Penco como su Denominación de Origen.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario