Saturday, March 06, 2010

EL HAMBRE: EL OTRO GOLPE DEL TERREMOTO EN PENCO

La lentitud en el reparto de las canastas de alimentos ha acentuado la incertidumbre entre la población de Penco, que a estas alturas sufre un severo desabastecimiento. Hasta esta noche (sábado) se habían distribuido unos cinco mil paquetes con ayuda, cuando las familias en la comuna suman más de doce mil.

Para evitar los desórdenes y eventual pillaje de los camiones, el municipio ha dispuesto que el reparto puerta a puerta se efectúe durante el régimen de toque de queda. Hay mucha gente que a falta de supermercados abiertos está pidiendo comida y medicamentos. “Cuando me ven en mi camioneta, los vecinos me dicen tráiganos comida, por favor”, nos informó el concejal Rodrigo Vera. Y añadió que el segundo impacto del terremoto y el maremoto es el hambre en la comuna.

El concejal Víctor Hugo Figueroa por su parte subrayó que la carencia de agua potable también es dramática, porque los camiones aljibe que despachó el municipio de Las Condes son insuficientes. Ello debido a que los vehículos cada vez que van a cargar tienen que hacer largas colas con otros camiones similares de comunas vecinas. “Cuesta hacer que la gente comprenda esta dificultad”, agregó Figueroa.

Entre tanto, el alcalde Guillermo Cáceres decidió trabajar con su propio equipo en esta emergencia, prescindiendo del apoyo de los concejales, quienes a su vez tuvieron que organizar por sí mismos su trabajo de ayuda. El alcalde no ha citado al concejo municipal.

Cáceres tampoco ha tenido intervenciones públicas afortunadas. Formuló declaraciones a la televisión diciendo que todo estaba normalizándose en Penco, cuando la realidad es exactamente al revés, desaprovechando así tribunas comunicacionales para acelerar la llegada de ayuda urgente.

Un tercio de los funcionarios municipales no se ha presentado en su trabajo por problemas personales: o han quedado damnificados o temen dejar sus casas solas por temor al pillaje. De allí entonces que los servicios municipales funcionen más lentamente: no hay choferes para mover equipos, no hay servicio de Internet, la página web del municipio está en el suelo.

El terremoto sorprendió al municipio --al igual que a muchos organismos públicos-- en la más completa inoperancia: sin radios para comunicación, sin combustible, sin un plan de contingencia, sin capacidad de respuesta. El alcalde ha hecho esfuerzos personales para asumir el liderazgo que se exige en estos casos, pero aparentemente la comunidad no lo percibe, por un problema de comunicaciones.

La logística fue lenta en el comienzo, pero el problema se ha ido resolviendo y la ayuda empieza a llegar en abundancia. El viernes con la participación activa del ejército en las tareas de distribución fue posible comenzar a hacer llegar las canastas a la gente.

Otro problema grave se registra en el cementerio, donde toda una corrida de nichos se vino a tierra, dejando ataúdes y cuerpos al descubierto. El cura de Penco Wilson Cuello se apersonó en el lugar y se puso a recoger por su cuenta los restos humanos para depositarlos en la capilla del recinto. Sin embargo, su actitud caritativa se vio enfrentada a problemas legales, puesto que su acción se pudo interpretar como exhumaciones sin orden de un tribunal. Por tal motivo un equipo de expertos del Servicio Médico Legal y abogados acudirá seguramente el lunes al cementerio para identificar cuerpos y devolverlos a sus respectivas tumbas. Entre tanto, los vecinos de los alrededores del campo santo tienen que enfrentar el riesgo de enfermedades.

El concejal Figueroa espera que a partir de este domingo 7 de marzo con equipos de voluntarios, que deberían llegar en cualquier momento, se comience a limpiar calles, en particular Freire, para evitar focos de enfermedades y la aparición de roedores.

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