Tuesday, July 05, 2011

PENCO EN LOS DÍAS Y NOCHES DE RADIO

No hace mucho alguien me preguntó que cómo era Penco antes de la llegada de la televisión ¿Qué hacía la gente sin tele? Quedé mirando a esa persona sin atreverme a responder a tontas y a locas. Porque hoy con la TV y la internet cuesta reconstruir una imagen de cómo era la sociedad pencona de entonces.

Le dije que como la gente no conocía la televisión ni internet no las echaba de menos. Ellos estaban felices con la radio. La mayoría de las casas tenía un receptor radial a corriente; nada más que uno. El equipo se instalaba en altura sobre una repisa lejos del alcance de las manos de los niños. La gente acostumbraba a usar el volumen fuerte. Caminar por las calles era oír el sonido sordo de las bocinas de esas radios emitiendo programas grabados: radioteatro, música mexicana, publicidad. Informaciones no, porque la cultura de entonces consideraba que las noticias iban al aire a una hora determinada. Nadie hubiera imaginado que hechos noticiosos comunes rompieran una programación. Si se estaba acabando el mundo, no había que impacientarse. Usted lo sabrá todo en el “Reporter Esso”. Escúchelo a las 9 de la noche. La única noticia de quiebre que recuerdo fue un flash de unos 20 segundos y se refería al asesinato del Presidente Kennedy, hecho ocurrido en 1963. Inusualmente se oyó la música de las noticias y una voz seca y afectada de un locutor de la época que leyó el siguiente texto: “Dallas, Texas, Estados Unidos, esta tarde fue asesinado el Presidente John Kennedy”. El comunicador repitió un par de veces esa noticia. Y nada más. No hubo más despliegue informativo hasta las 9 de la noche, hora del noticiario "Reporter Esso" que duraba diez minutos.

Las radios transmitían desde muy temprano hasta última hora de la noche. Los programas eran entretenidos y los había en gran variedad. Uno se podía pasear por el dial (zapping decimos hoy) e ir de Radio Almirante Latorre de Talcahuano, a Simón Bolívar, Interamericana, Araucanía o El Sur de Concepción. La propuesta radial era, además creativa: La Noche es Joven, música romántica y lectura de cartas de amor a partir de las 11 PM en Araucanía con Enrique Arjona Martínez y Manola Pachuante; Don Crispín y la Señora Concepción a la una de la tarde por Almirante Latorre, que consistía en un singular diálogo de un hombre y una mujer en que salían a relucir las rivalidades entre penquistas y choreros. Ráfagas, un espacio de noticias estilo denuncias por Simón Bolívar acaparaba las audiencias en domingo a la una de la tarde, con libretos de Alfredo Pacheco Barrera y Hernán Osses Santa María. Ritmo y Canción de los Domingo con Anatole Figueras era imperdible en horario AM.

Esa era la actividad radial con la que se entretenían los pencones y penconas en esos años. Pero, para entonces ¡Penco no tenía radio! Así que la participación local en los medios de comunicación era escasa. Los grupos musicales no tenían dónde expresarse. Fue realmente gracias a sus talentos que Cecilia de Tomé y Patricio Renán de Penco hayan podido penetrar y posicionarse a través de esos medios. No era fácil.

Y mi amigo de la pregunta me dijo con tono desafiante ¿y qué más? ¡Sáltese los medios de comunicación que a Ud. tanto le gustan! ¿Qué más? Buen reto, pensé, y proseguí compelido para satisfacer la ingeniosa curiosidad de mi interlocutor.

A veces en las noches la gente apagaba la radio y los vecinos se visitaban en las casas, así se armaban tertulias que se prolongaba hasta bien avanzada la madrugada. De por medio un brasero, por cierto y sobre la mesa algo para comer, pan, dulces y vino. En esas reuniones se oían historias increíbles de apariciones, entierros, fantasmas, animitas. Estos cuentos se matizaban con personajes bíblicos y hechos narrados en el Antiguo Testamento. No había farándula o pelambres de otros vecinos o vecinas.  Los pelambrillos se vertían en ambientes más cerrados no donde hubiera muchas antenas paradas. En esas tertulias memorables se hablaba de cosas para quedar sin aliento.Demás está afirmar que estas reuniones de vecinos eran entretenidísimas. Terminaba un cuento y venía otro parecido o radicalmente opuesto. Lo cierto es que al final uno quedaba pálido de incredulidad.

Existía también una costumbre de juntarse en la calle. Las esquinas eran sitios ideales para conversar temas de juventud, del trabajo o los deportes, donde predominaba el fútbol. Y entre los adolescentes no faltaba el aventajado en el amor quien aprovechaba estos encuentros para dar rienda suelta a su ego de vencedor de mil conquistas femeninas. En las noches era común ver a estos grupos de jóvenes en casi todas las esquinas céntricas de la ciudad. Sólo la lluvia o el viento ponían término a estas singulares tertulias callejeras. En este sentido, el mundo de Penco sin televisión ni internet era más diverso porque la agenda de conversación estaba abierta y los protagonistas de esas historias podían ser infinitos desde los muy reales a los más mitológicos, a diferencia de hoy en que los personajes los construye la televisión y tienen comienzo y final. Los de entonces, eran cuentos libres, animados, llenos de sorpresas y desenlaces fuera del alcance de la imaginación más desarrollada.

Así era Penco, le dije a esa persona, quien me quedó mirando unos segundos en silencio sin poder entender cómo pudo haber sido posible un mundo ajeno a la televisión. Después me dio la mano y se fue. Me dije: parece que pasé el examen.

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2 comments:

GUSTAVO ARANEDA said...

En el verano, era entretenido ir al terminal de los buses ETC a ver las niñas que volvían e la playa, o ir a tomar una bebida en el Casino Bahamondes... o mostrarle el atardecer a alguna "princesita" caminando hacia playa negra... o la típica vueltas a la plaza.
Para quienes no eramos de Penco, si se nos iba el ultimo bus, debíamos hacer los mas de 10 kilometros a pie hasta Concepción... pasando por Cosmito...

GUSTAVO ARANEDA said...

En el verano, era entretenido ir al terminal de los buses ETC a ver las niñas que volvían e la playa, o ir a tomar una bebida en el Casino Bahamondes... o mostrarle el atardecer a alguna "princesita" caminando hacia playa negra... o la típica vueltas a la plaza.
Para quienes no eramos de Penco, si se nos iba el ultimo bus, debíamos hacer los mas de 10 kilometros a pie hasta Concepción... pasando por Cosmito...