No hace mucho alguien me preguntó que cómo era Penco antes de la llegada de la televisión, qué hacía la gente sin la tele. Quedé mirando a esa persona sin atreverme a responder a tontas y a locas. Porque hoy con la presencia de ese medio y la internet cuesta imaginar y reconstruir cómo era la sociedad pencona de entonces.Como entendí que la pregunta venía directa le pedí a esa persona que yo podía responder a su inquietud sólo a partir de los años de la radio. Todas las casas tenían una radio a corriente, nada más que una y estaba instalada en altura sobre una repisa cerca del comedor. En altura donde no llegaran las manos de los niños. La gente acostumbraba a usar el volumen fuerte. Entonces caminar por las calles era oír el ruido sordo de las bocinas de esas radios emitiendo programas grabados, radioteatro, música mexicana, publicidad. Noticias no, porque la cultura de entonces exigía que las noticias fueran a una hora determinada. Nadie hubiera imaginado que las noticias rompieran toda una programación. Si se está acabando el mundo no se impaciente. Usted lo sabrá todo en el “Reporter Esso”. Escúchelo a las 9 de la noche. La única noticia que recuerdo rompió sólo por 30 segundos una programación radial fue el asesinato del Presidente Kennedy en 1963. Inusualmente se oyó la música de las noticias y una voz seca y afectada de un locutor de la época leyó el siguiente texto: “Esta tarde fue asesinado el Presidente de Estados Unidos John Kennedy”. Y nada más. No recuerdo que haya habido más despliegue informativo hasta las 9 de la noche.
La radio imperaba desde muy temprano, hasta última hora de la noche. Los programas eran entretenidos y los había en gran variedad. Uno se podía pasear por el dial (zapping decimos hoy) e ir de Radio Almirante Latorre de Talcahuano, a Simón Bolívar, Interamericana, Araucanía o El Sur de Concepción La propuesta radial era, además creativa: La Noche el Joven, música romántica y lectura de cartas de amor a partir de las 11 PM en Araucanía con Enrique Arjona Martínez y Manola Pachuante; Don Crispín y la Señora Concepción a la una de la tarde por Almirante Latorre, un singular diálogo de un hombre y una mujer en que salían a relucir las rivalidades entre penquistas y porteños. Ráfagas, un espacio de noticias estilo denuncias por Simón Bolívar acaparaba las audiencias la noche de domingo, con textos de Alfredo Pacheco Barrera y Hernán Osses Santa María. Rítmo y Canción de los Domingos con Anatole Figueras era inevitable por domingos AM.
Esa era la actividad radial con la que se entretenían los pencones y penconas en esos años. Pero, para entonces ¡Penco no tenía radio! Así que la participación local en los medios de comunicación era nula. Los grupos musicales no tenían dónde expresarse. Fue realmente una gracia y un impacto que Cecilia de Tomé y Patricia Renán hayan podido penetrar y posicionarse a través de esos medios. No era fácil.
Y mi amigo de la pregunta me quedó mirando y me dijo casi con tono de reto ¿y qué más? ¡Sáltese los medios de comunicación que a Ud. tanto le gustan! ¿Qué más? Buen desafío, pensé, y proseguí compelido para satisfacer la ingeniosa curiosidad de mi interrogador.
A veces la gente apagaba la radio y los vecinos se visitaban en las casas, entonces se armaba una tertulia que se prolongaba hasta bien avanzada la madrugada. De por medio un brasero, por cierto y sobre la mesa algo para comer, pan, dulces y vino. En esas reuniones se oían historias increíbles de apariciones, entierros, fantasmas, animitas. Estos cuentos se matizaban con personajes bíblicos y hechos revelados en la Biblia Antiguo Testamento. No había farándula o pelambres de otros vecinos o vecinas. En esas tertulias memorables se hablaba de cosas para quedar sin aliento. Los pelambrillos se vertían en ambientes más cerrados no donde hubiera muchas antenas paradas. Demás está afirmar que estas reuniones de vecinos eran entretenidísimas. Terminaba un cuento y venía otro parecido o radicalmente opuesto. Lo cierto es que al final uno quedaba pálido de incredulidad.
Existía también una costumbre de juntarse en la calle. Las esquinas eran sitios ideales para conversar temas de juventud, del trabajo o los deportes, donde predominaba el fútbol. Y entre los adolescentes no faltaba el aventajado en el amor quien aprovechaba estos encuentros para dar rienda suelta a su ego de vencedor de mil conquistas femeninas. En las noches era común ver a estos grupos de jóvenes en casi todas las esquinas céntricas de la ciudad. Sólo la lluvia o el viento ponían término a estas singulares tertulias callejeras. En este sentido, el mundo de
Así era Penco entonces, le dije a mi interrogador, quien me quedó mirando unos segundos en silencio sin poder entender cómo pudo haber sido posible un mundo ajeno a la televisión en Penco. Después me dio la mano y se fue. Me dije: parece que pasé el examen.
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2 comentarios:
En el verano, era entretenido ir al terminal de los buses ETC a ver las niñas que volvían e la playa, o ir a tomar una bebida en el Casino Bahamondes... o mostrarle el atardecer a alguna "princesita" caminando hacia playa negra... o la típica vueltas a la plaza.
Para quienes no eramos de Penco, si se nos iba el ultimo bus, debíamos hacer los mas de 10 kilometros a pie hasta Concepción... pasando por Cosmito...
En el verano, era entretenido ir al terminal de los buses ETC a ver las niñas que volvían e la playa, o ir a tomar una bebida en el Casino Bahamondes... o mostrarle el atardecer a alguna "princesita" caminando hacia playa negra... o la típica vueltas a la plaza.
Para quienes no eramos de Penco, si se nos iba el ultimo bus, debíamos hacer los mas de 10 kilometros a pie hasta Concepción... pasando por Cosmito...
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