Thursday, January 03, 2013

PARCHES, MEDIAS CON PUNTOS IDOS Y "PAPAS"

Se necesitaba una ampolleta para remendar "una papa" de un calcetín roto en el talón.
Por motivos de la economía tanto local como mundial, completamente cerrada entonces (1957) en Penco no era cuestión de cambiar simplemente una prenda de vestir por el hecho de estar vieja: había que remendarla porque el sustituto o el reemplazo era demasiado caro. De allí que la mayoría de los niños por lo general usaban sus ropas a más no poder: todas remendadas. Muy pocos lucían pantalones pulcros: todos llevaban vistosos parches en las rodillas, en los codos o en el poto. Decimos vistoso porque tales parches no eran de la misma tela. Nadie se burlaba de otro porque fuera con su ropa parchada. Era algo natural. Lo que la sociedad local de esos años criticaba era a quienes iban por las calles con la ropa rota, simplemente, sin haberla parchado. Los comentarios negativos recaían en las madres (que según las malas lenguas, no se preocupaban).

Condorito con rodilla parchada.

 Las medias femeninas también eran un problema para ellas: se les corrían los puntos porque eran muy delicadas. Un ligero rasmillón y zas se rompían. Comprarse un par de repuesto tampoco era fácil por los precios. Por eso había personas que se ganaban algún dinero reparando medias. Tomaban los puntos. Una señora que tenía este oficio vivía en calle Alcázar entre Cochrane y Blanco al lado de la Iglesia Pentecostal. Ella se lo pasaba días enteros tomando los puntos idos de las medias de sus clientes. Pero, había muchas más que se dedicaban a eso. 
Los calcetines de los caballeros y de los niños se gastaban rápidamente en los talones debido al uso. Se rompían y quedaban inutilizados. Los que se atrevían a ponerse calcetines rotos corrían el riesgo de lucir la piel desnuda un poco más arriba del talón. Los agujeros en los calcetines se llamaban “papas”. El problema se resolvía con una ampolleta. Se la introducía en el calcetín, como si fuera el talón y el agujero se reparaba con una aguja con hijo. Se costureaba a mano, respetando la comba de la superficie de la ampolleta. Santo remedio. No hacerlo era un descuido grave y un riesgo que alguien te gritara en la calle: "¿A cómo vendes las papas?" 

Los ternos, las chaquetas y los abrigos también se deterioraban rápido. Una fórmula para recuperarlos era el virado. Los sastres y las modistas ejecutaban el trabajo de descoser y dar vueltas las telas con el mismo corte y coser pero al lado contrario. Algunos trabajos quedaban impecables, con la cara del revés de la tela expuesto como si fuera un traje nuevo. Los conocedores del oficio sabían cuando un traje era virado: para evitar que el bolsillo del pecho quedara al lado derecho, el sastre o la modista le hacía un corte diagonal a ambos lados y lo eliminaban. Así la chaqueta quedaba sin bolsillo de pecho, con línea deportiva como blazer de cowboy.

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