Sunday, June 02, 2013

¡ESE PERRO QUE SEGUÍA A CERECEDA A TODAS PARTES!


La marcha hacia Primer Agua punto fijado por la jefatura para establecer el campamento sería al día siguiente antes que rayara el sol. Uno de los integrantes de mi patrulla, de apellido Cereceda, que vivía en la subida al cementerio habló con el comandante para pedirle permiso para incorporarse al grupo de scouts cuando éste pasara frente a su casa en ruta hacia su destino. Así él se evitaba tener que bajar a calle Cochrane donde estaba el cuartel y después deshacer el camino andado. El jefe aceptó. Muy temprano la marcha con mochilas, fondos para preparar comidas, carpas, cordeles, etc. endilgó por el camino del cementerio. Y al pasar frente a la casa señalada, Cereceda se metió en el grupo porque nos estaba esperando no sin antes saludar al jefe. La patrulla –Cereceda incluido—prosiguió su marcha forzada interpretando cánticos escautivos. Luego de avanzar unos cinco kilómetros de los diez que separan a Penco de Primer Agua, un elemento poco familiar para el grupo (no así para Cereceda) se metió también en la marcha: un perro. El quiltro se hizo el simpático y de inmediato fue aceptado por los integrantes de la patrulla, más aún cuando Cereceda lo llamó por su nombre. El animal le cayó en gracia al comandante puesto que se trataba de la mascota de uno de los integrantes del grupo. De modo que el perro pasó a convertirse en la mascota de la patrulla. Moviendo la cola y olisqueando por aquí y por allá marchó con nosotros haciendo sus gracias, bajo la atenta mirada de su amo: Cereceda. Al promediar las 11 de la mañana llegamos a Primer Agua Abajo, lugar fijado para instalar el campamento. Mientras nosotros despejábamos el terreno, instalábamos las carpas, fijábamos el espacio de la cocina, construíamos el baño, recogíamos leña y hacíamos el fuego para preparar el almuerzo, el perro de Cereceda jugaba feliz con su amo y con el resto de los compañeros.  
Al final del día, el grupo se fue exhausto a dormir luego de una jornada de actividades extenuantes. El rancho se sirvió a eso de las nueve de la noche y después, todo el mundo a sus carpas. La diana nos despertó al día siguiente. Ya en pié y luego del aseo que se cumplió con religiosidad en el estero que cruza Primer Agua, la patrulla se abocó a la preparación del desayuno. Unos prendieron el fuego y otros fuimos a nuestras mochilas para sacar las provisiones reservadas para esa merienda. Pero, ocurrió que que éstas ya no estaban en su sitio. Se corrió la voz y comprobamos que el percance era generalizado. El responsable del robo nocturno: el perro de Cereceda, quien a esa hora dormía plácido luego de haber engullido a discreción la mayor parte de nuestros alimentos. Como la situación no fue para nada simpática, se le ordenó a Cereceda corretear a su perro de inmediato. Para enfrentar el problema el jefe envió a tres voluntarios a Primer Agua Alto distante un kilómetro para adquirir huevos y pan y así superar la impasse. Desde entonces quedó terminante prohibido que un scout incluyera mascotas en la delegación.

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