Friday, September 12, 2014

LOS SERENOS QUE RESGUARDARON EL SUEÑO DE LOS HABITANTES DE PENCO

Imaginamos esas noches de invierno en Penco. Con un frío que calaba hasta el alma y bajo inclementes aguaceros se oía a un hombre solitario, arropado con una pesada manta de lana y sombrero entonando la clásica letanía nocturna de la colonia: “¡Ave María Purísima las dos de la madrugada han dado y lloviendo!”…
 
Así debieron ser aquellas noches lejanas, cuando nadie andaba por las calles después de las diez de la noche. Sólo el sereno iba caminando lentamente, atento a su reloj, para informar a voz en cuello el paso de las horas y las condiciones atmosféricas imperantes. Este oficio que también existía en España operaba en las colonias de América, por cierto en Chile y seguramente por extensión en Penco.
La historia dice que los serenos iban premunidos de un farol y un sable. Su primer propósito era vigilar las calles y arreglar el alumbrado público consistente en lámparas con grasa animal. El sereno las encendía cuando se apagaban. Pero, en realidad su tarea era todavía más importante que sólo ir anunciando las horas a medida que avanzaba la noche. La Wikipedia dice lo siguiente acerca de este oficio:
“Sereno era el encargado de vigilar las calles y regular la iluminación en horario nocturno; y, en algunos casos, de abrir las puertas. Solía ir armado con una porra o chuzo, y usaba un silbato para dar la alarma en caso necesario. Esta figura existió en España y en algunos países de Sudamérica.
Era obligación de los serenos recorrer continuamente las calles de su demarcación, en los puntos que tienían designados guardarla de ladrones y malhechores, evitar las pendencias aun cuando fueran domésticas; observar los incendios avisando inmediatamente, hacían que se recogieran cuantas personas encontraren abandonadas en la calle; prestaban auxilio a las que se lo pidieren y dispensaban su favor y servicios en las casas que los necesitaren. En casos dados debían favorecerse unos a otros llamándose con ciertas señales dadas por un silbato que llevaban a este efecto.”
Un sereno español de comienzos del
siglo XX, Wikipedia.
Hasta ahí Wikipedia con un relato genérico sobre este oficio colonial. Las noches de Penco de ese entonces --algunas apacibles, otras no tanto--, debieron conocer a estos personajes que en principio vivían de las propinas de los vecinos, al parecer, y que más tarde se institucionalizaron. Como la ciudad colonial pencona se levantaba desde el estero hacia el sur, los serenos locales de esos años debieron  caminar calle arriba por O’Higgins, bajar por Membrillar, llegar hasta La Planchada, pasar por el frente de la casa del gobernador, seguir por calle Penco y tomar Las Heras para proseguir un nocturno circuito hasta que llegara el alba. Las calles coloniales tenían otros nombres.
No tenemos testimonios de que eso fuera así exactamente. Pero, bastará plantearse que la necesidad de vigilancia nocturna en Penco exigió la presencia de estos personajes. Así debió ser hasta que la seguridad se convirtió en una tema mayor hecho que obligó a crear los primeros cuerpos de policías.

El canto de los serenos al parecer era el mismo en todas las ciudades de la colonia. ¿Pero en qué puntos de la ciudad se paraban a anunciar la hora? En Penco tal vez donde vivía menos gente, estos guardianes se hacían sentir sólo cuando pasaban frente a las ventanas de las casas importantes o en las esquinas. No tendría sentido entonar la hora en la oscuridad de un bosque al borde de la ciudad a menos que la cantinela les sirviera a ellos mismos para envalentonarse y alejar sus propios miedos.
 

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