Thursday, December 18, 2014

LOS CUCURUCHOS QUE DIERON CARÁCTER A LOS OBREROS DE LA LOZA

Un jockey actual junto a un cucurucho de papel de diario, dos épocas distintas.
Grandes cantidades de papel de diario utilizaba Fanaloza para facilitar el embalaje de sus productos. Las tazas, sus platillos y los platos eran empacados en jabas de madera convenientemente envueltos en ese papel. Con los azulejos se empleaba la misma técnica de empaque. Con ese papel se aumentaba el volumen evitando así los golpes entre sí o con las maderas. Una forma ingeniosa de cuidar la delicadeza del producto pencón.
Pero, los obreros aprovechaban el papel para fabricarse gorros. Con puros dobleces y siguiendo patrones pre establecidos se hacían unos cucuruchos que les servían para protegerse el pelo. De este modo, su indumentaria de trabajo consistía de un overol de mezclilla azul, zapatos o zapatillas y el gorro de papel. No había ingresado aún en Penco la moda de los jockeys que conocemos hoy. Las esposas de los obreros que tenían habilidades con la  máquina de coser les hacían unos jockeys con orejeras, parecidos a los del personaje “el Chavo del 8”. Pero esos gorros, ellos los guardaban para cuando salían de la fábrica de regreso a casa y abrigarse. Dentro de la industria imperaba el cucurucho de papel de diario.
El autor de esta nota con gorro de papel de diario.
Había varias maneras de hacerse un cucurucho de periódico. Bastaba un pliego del diario. Los obreros sabían cuáles eran los dobleces que se debía aplicar y esa técnica les permitía ajustar perfectamente bien al contorno de sus cabezas. Lo curioso era que no usaban ni pegamentos ni cintas adhesivas. Esos gorros daban carácter a quienes los usaban, eran fachosos.
Los mencionados cucuruchos los copiaron después los trabajadores de la construcción y los pintores de brocha gorda. Sin embargo, la costumbre se perdió con la masiva invasión de los jockeys, las boinas y los gorros hip-hop. Hoy en día muy pocos se acordarán de la técnica de los dobleces que había que aplicarles a al papel para convertir a un modesto trozo de diario en un estiloso cucurucho para trabajar silbando o cantando en las faenas de Fanaloza de Penco que ya no existe.
Los cucuruchos mencionados también tenían los estilos que les daban sus creadores. Había algunos tan bien hechos y tan bien ajustados a la cabeza que quienes los usaban parecían arzobispos sólo que el gris de la letras de imprenta no pegaba con los tonos morados o rojos propios del clero.
 

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