Thursday, January 22, 2015

EL VIENTO ARREBATÓ LOS BILLETES A UN ADINERADO PESCADOR DE PENCO

Por las razones que hayan sido, la gente tenía desconfianza de los bancos. Y a este respecto, en Penco se dio un caso extremo. Se trató de un pescador, con muy buenos resultados en su trabajo con generosos ingresos fruto de su esfuerzo. Pero, no se manejaba con los bancos. Así que su opción era guardar sus billetes bajo el colchón, como se dice. De este modo no pedía créditos porque siempre tenía dinero fresco, en cantidades y a la mano. Sin embargo, el hombre estaba consciente del problema de la seguridad con tantos caudales en casa. Que no entrara alguien y le robara. Y su costumbre era conocida en Penco, porque él mismo lo decía en todas partes: a la hora de las ventas, durante las faenas de pesca, o celebrando una buena jornada en alguna bodega de vinos. Entonces, eso de que guardaba toda la plata en casa era un cuento sabido.
Por tal motivo cuando tenía que salir fuera de Penco y no quedaba nadie en casa, su problema de agudizaba, qué hacer, cómo asegurar el dinero. Y al fin decidió que para evitar los sobresaltos lo mejor sería llevar los billetes consigo. Y para que la cosa no se notara envolvía el dinero en papel de diario.
 
En una oportunidad viajó con un grupo de amigos a las termas de Chillán. Tomó por lo menos cuatro paquetes con plata, sus bártulos, el cocaví y a la micro. Puso los billetes envueltos en diarios en la parrilla interior inmediatamente arriba de su asiento. Comenzó el viaje, todos los amigos contentos porque un hermoso día los esperaba en las cordilleras de Chillán. Después de las tallas y los chistes a algunos les sobrevino el sueño y se quedaron dormidos. Fue el caso de nuestro pescador. A su vez el sol comenzó a calentar fuerte así que varias personas sentadas cerca de las ventanas las abrieron. Con la velocidad que el viento ingresó a la cabina de la micro lo desordenó todo. Y los primeros bultos afectados por las rachas fueron los paquetes con dinero. Los envoltorios de diario se rajaron y el viento hizo su trabajo, en un par de minutos desparramó todos los billetes por el interior de la micro dejando los pasillos tapizados. El bus se convirtió en un torbellino de dinero. Los gritos de entusiasmo se oyeron de inmediato, hecho que despertó al propietario. Cuando él mismo contó que la plata era suya,  los viajeros le ayudaron a recuperar el dinero desparramado. Y el hombre rehízo los paquetes. Después esta historia se corrió en todo Penco. Por esa experiencia el adinerado caballero tomó más precauciones en los viajes posteriores aunque todo el mundo tenía claro que el hombre llevaba los buenos billetes al alcance de la mano. Quien me contó esta historia viajaba en la micro con el personaje el día de este incidente. Sin embargo, me pidió que por el momento no publicara su identidad.    

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