Sunday, January 18, 2015

LA ELEVADA CHIMENEA DE FANALOZA TUVO UN FIN DE PESADILLA

La chimenea de Fanaloza (detalle). La pintura es de S. Prudanti (1945).
Mientras la refinería de azúcar tenía tres enormes chimeneas de acero, Fanaloza se enorgullecía de contar con una sola, pero más alta y de hormigón. Las chimeneas eran los íconos de la era industrial, más atrás estaban los bocinazos. A pesar que la CRAV ya no existe y la empresa locera está más reducida en superficie, la comuna pencona todavía tiene chimeneas y pitazos (Lirquén).
Las chimeneas de la refinería se levantaban al cielo arrojando negros y densos penachos de humo. Sus calderas quemaban carbón para producir electricidad y generar vapor para los procesos industriales. La de Fanaloza, en tanto, si bien funcionó perfecto desde sus inicios, pronto dejó de prestar servicios. La industria locera cambió su tecnología en los años cincuenta y la gigantesca torre de cemento quedó en desuso, como un monumento inserto dentro de la fábrica. Incluso cuando ya estaba inactiva, la gente decía ver que por ahí salía un humo fantasmal. Pero, eran los propios obreros quienes aclaraban esos rumores esotéricos. Cuando sacudían bolsas y sacos vacíos en la base de la antigua caldera, el tiraje natural del tubo llevaba la basura hacia arriba y salía por allí con la apariencia de humo. No era otra cosa.
El tubo vertical debió tener una altura de unos setenta metros (no disponemos de datos duros sobre esto) y estaba articulado en tres cuerpos. La base circular tenía un diámetro apropiado y muy bien calculado para soportar los otros dos cuerpos superiores. El segmento que seguía era también muy sólido con un diámetros intermedio. Y la parte superior era el tramo más largo y más delgado, pero no por eso menos sólido. En su extremo había una pequeña roldana saliente, para permitir trabajos de mantenimiento. Esta chimenea colosal, decíamos era de hormigón y se sostenía en su propia estructura. En cambio las de hierro de la refinería contaban con vientos de acero tensados que les brindaban estabilidad. En CRAV sabían de las enormes presiones que ejercían las ventoleras que acompañan al mal tiempo. Los vientos de acero tensado servían para contrarrestar esas fuerzas naturales. Fanaloza no empleaba vientos, su cañón de cemento y hierro era autosuficiente para enfrentar los temporales, así lo habían calculado los ingenieros.
Sin embargo, la gran chimenea de Fanaloza desapareció antes que la industria cerrara en parte y cambiara de dueños. Su historia terminó a las 6,20 de la mañana del 21 de mayo de 1960. El terremoto que ese día azotó a la región hizo su trabajo. La chimenea se tronchó en el punto donde terminaba el segmento dos. El episodio ocurrió cuando aún no había luz natural, por eso no hubo muchos testigos de su estrepitosa caída. Además todo el mundo estaba más preocupado de arrancar y buscar refugio que de intentar ver la caída de la chimenea de Fanaloza. Suponemos, por tanto, que se vino al suelo inclinándose como un árbol. No se supo de lesionados por el incidente. Sin embargo, en el barrio todavía hay gente que recuerda a la Chela Aravena, una obrera de la industria, regresar corriendo a su casa después del temblor. Ella gritaba atacada, fuera de sí: “¡Quedó la cagá en la loza, quedó la cagá en la loza!” Y en su angustia no explicaba nada más la pobre. Si interpretáramos sus gritos más de medio siglo después de ocurridos, a lo mejor la Chela Aravena fue una de las pocas personas que vio horrorizada caer la gigantesca chimenea. Un par de años más tarde Fanaloza demolió el resto de la torre que quedó en pie.

1 comment:

cjrrivera cj said...

Hola, necesito por favor el contacto de algunos de los hijos de Hugo Pereira Diaz indicado en el reportaje de la escultura de la plaza de penco, gracias.