Tuesday, February 24, 2015

ENCANTOS ESCONDIDOS DEL CAMINO REAL PENCO-FLORIDA


Esta linda sonrisa nos recibió en el caserío de Roa.
 
La ruta Penco-Florida, un camino por descubrir.
Hagamos un viaje, un recorrido atípico por el camino Penco-Florida del que no hay más información que la que circula de boca en boca. Los mapas de internet son vagos. Es cosa de chequear: los trazados de rutas interiores parecen inexactos. Por eso nos propusimos aclarar dudas y crear nuestro propio mapa. Fue así que con la buena voluntad de mi amigo Manuel Suárez salimos a la aventura: ir a Florida por el Camino Real de los tiempos de la Colonia, nuestro actual camino de Villarrica o, si usted quiere, por la ruta 0-390 según la moderna nomenclatura caminera del Ministerio de Obras Públicas. Nos dicen que el recorrido es de 44 kilómetros. Lo verificaremos. ¿Nos acompañan? ¡Vamos!
Salimos a las 9:10 de la mañana. Por calle Cruz pasamos la esquina de Robles y comenzamos a subir hacia Villarrica. Vamos en una RAV4 de Toyota. Al inicio, el camino está pavimentado, en excelente condiciones aunque sus bandas se ven atestadas de vehículos estacionados. Pasamos frente al mirador de calle Alcázar. Pocos metros más arriba se termina el asfalto y comienza el camino de tierra. A la derecha, la laguna artificial de Lomarjú. Seguimos adelante, subiendo… A los 4 kilómetros de marcha, por el costado izquierdo se halla el complejo del restaurant Zulema. Sin embargo, por el lado derecho del camino hay gran cantidad de basura. Sin duda gente inescrupulosa aprovecha la noche para ir botar por allí sus porquerías.
La información caminera comienza saliendo de Penco.
Apenas un poco más arriba está el cruce del fundo El Cabrito. Luego de recorrer los primeros  7 km a la derecha se abre el desvío a Las Pataguas y al Puente 3. Y a nosotros nos parece que la cuesta no termina nunca, así las cosas desde que salimos de Penco. A los 8 km nos encontramos con el cruce Los Varones. Con Manuel Suárez nos preguntamos si el lugar se escribe con “v” o con “b”. Tal como está escrito en el letrero sugiere que hubo alguna vez unas varas seguramente para que jinetes amarraran sus caballos durante un descanso. O, también, que las varas marcaran la puerta hacia alguna propiedad.
Un lugar con ortografía variable.
En cambio, si se escribiera con “b”, por ejemplo Los Barones, el origen del nombre se relacionaría con la nobleza europea. Si éste fue el Camino Real de la Colonia, tendría sentido eso de “barón”. No sería extraño que con el advenimiento de la república, al lugar le hayan modificado la ortografía. Al fin y al cabo siguió y seguirá siendo Los Varones, suena igual, pero se escribe distinto.
La ruta del Itata vista desde el paso sobre nivel Primer Agua.
Hay un par de casas en Los Varones, el camino recto conduce a Primer Agua Abajo y al enlace de la ruta a Punta de Parra. Pero, dejemos por fin Los Varones y tomemos el desvío del costado derecho para continuar hacia nuestro destino. El desvío que mencionamos está hacia el oriente. Más adelante un letrero nos indica que ya estamos en la parte alta de Primera Agua.  Avanzamos un centenar de metros y cruzamos el paso sobre nivel de la carretera del Itata. En este punto,  nuestro registro nos indica que hemos andado 9 kilómetros.
Impresionante panorámica captada desde los altos de Primer Agua.
A los 10 km nos encontramos con unas antenas de comunicaciones, hecho que nos indica que ya hemos llegado bastante alto en este recorrido. Nos detenemos en ese sitio para captar una bella panorámica hacia el sur. Se ven cerros, el valle central y al fondo, la cordillera de Los Andes. Después de tomar las fotos, retomamos la marcha…
Son frecuentes los descansos funerarios a lo largo de la ruta. En este caso, faltaban 11 km para llegar al cementerio pencón.
Cuando llegamos al km 13 ya estamos en el caserío de Agua Amarilla. Hacia el costado norte hay una vega amplia con animales. En tanto que a la derecha tenemos una casona antigua debajo de unos gruesos y añosos cipreses. Más allá de las vegas se despliega un grupo de viviendas de techos de zinc. Cuando proseguimos, el camino se hace sinuoso nuevamente, se cierra en partes. En este recorrido nos encontramos con cuadrillas de trabajadores del Ministerio de Obras Públicas limpiando de maleza seca de los costados de la ruta para prevenir incendios.
Vegas de Agua Amarilla.
Un niño en la mayor casona de Agua Amarilla.
Un toro solitario en un potrero de Agua Amarilla.
Tres kilómetros más adelante un letrero nos indica que estamos en un lugar llamado Juan Chico. No hay nada que ver ahí salvo zarzamoras y malezas cubiertas de polvo. Otra señal caminera dice que desde ese punto podríamos ir al Puente 5 si tomamos el desvío que hay al lado derecho. Pero, Roa es el hito más importante que nos reserva este viaje, está siete kilómetros más adelante. Estoy ansioso por llegar ahí.
Densos bosques de pinos descuidados nos rodean. Decimos descuidados porque no los podaron y exhiben sus ramas secas hasta el suelo, combustible puro y simple para arder ante cualquier descuido humano. Así seguimos avanzando, a lo largo de estos 16 kilómetros de marcha sólo nos hemos encontrado con dos camiones madereros. De pronto, llegamos a una altura y desde ahí empezamos a bajar por una pendiente que nos conduce a un valle estrecho, ignoto y perdido. Allí abajo hay un puente sin barandas que nadie adivinaría de no ser por un letrero caminero: Estero Aguas Sonadoras. Este nombre estaba allá en el fondo de mis recuerdos. Aquí hay que detenerse de todas maneras aunque sea sólo por algunos minutos.
El entorno bucólico de Aguas Sonadoras.
En el silencio del lugar se oye el sonido del agua bajo el puente sin barandas, diez metros más adelante.
 Aguas Sonadoras podría ser un punto cualquiera de este camino maravilloso. Pero, es un sitio histórico y –digamos-- lleno de fantasmas. Aquí se detenían las carretas que viajaban lentamente a Penco. Los viajeros de esos años se tomaban un descanso y aprovechaban de abrevar a sus bueyes. El agua que corre en pendiente es fresca y amigable. Proviene de los bosques y justo en ese punto hay una enorme piedra en el lecho que genera un pequeño salto. Es el sonido de una cascada, de allí, el nombre del lugar. Era un sitio para pasar la noche, cuando el viaje había sido extenuante. Lavarse la cara, asearse, al día siguiente y tomar un buen desayuno ayudaba a ganar fuerzas para seguir la marcha. En ese punto se juntaban las parejas de carabineros despachadas desde Penco y Florida para las denominadas “entrevistas”. Antaño la policía montada intercambiaba información en ese lugar y sus funcionarios firmaban un acta con la que verificaban que el encuentro efectivamente se había llevado a cabo. La pareja de carabineros que llegaba primero al lugar encendía fuego y preparaba algún puchero para atender a los que venían rezagados desde la dirección  opuesta. La reunión policial en ese sitio podía extenderse por varias horas antes de regresar con sus informes a sus respectivas unidades. Ellos también pernoctaban en Agua Sonadoras antes de emprender el regreso.
El puente a la llegada a Roa.


Letreros camineros que apuntan en distintas direcciones en Roa.

Paradero de micros en el caserío de Roa.

Ambiente de aspecto urbano en Roa.

Manuel Suárez visita al almacén de abarrotes Las Delicias atendido por su dueño Cristian Pierart.

Hacia atrás en el camino está Penco.



El autor de esta crónica en un corredor de Roa.
Nosotros dejamos ese simpático lugar lleno de símbolos y retomamos la marcha a nuestro destino: Florida. Tres kilómetros más allá de Aguas Sonadoras nos encontramos con el hito más esperado de nuestro viaje: la encrucijada caminera de Roa. Se cruza un puente y comienza el camino asfaltado, hecho que le da al lugar la característica de zona urbana. Hay unas veredas, un paradero de micros, buena cantidad de vehículos estacionados, una posta de primeros auxilios, un negocio de abarrotes y casas con hermosos jardines y sitios de esparcimiento.
Roa es para distenderse del viaje, tomarse un buen relajo, un refrigerio, conversar con gente, hacer preguntas y observar. Efectivamente caminos en distintas direcciones convergen en ese punto. El caserío es atractivo y es un buen lugar para captar imágenes, comprar algunas artesanías, tomarse una bebida gaseosa, ir al baño o visitar la posta en caso de alguna necesidad. Después de dialogar con la gente amable del lugar es hora de retomar el viaje.
Roa tiene carácter, es estiloso en el contexto rural extremo que nos había deparado el Camino Real hasta este punto. Pero, no nos ilusionemos mucho con este entorno urbano, el pavimento termina cuatrocientos metros más allá y volvemos al camino de polvo y al ambiente rural. Entre Roa y Penco median 23 kilómetros, según nuestro registro. Sin embargo, para los letreros del MOP la distancia entre ambos puntos es de 30 kms. Pero, lo que nos interesa es que Florida parece estar a la vuelta de la esquina desde Roa.
En el desvío al fundo Santa Rita, a 3 km al oriente de Roa, están los restos de una bodega de vinos.
Seguimos avanzando ahora por el camino de ripiado bien mantenido, duro y compactado. A los 26 kilómetros nos encontramos con el cruce del fundo Santa Rita; en una loma junto al desvío se observan los restos de una bodega de vinos destruida con barriles y cubas expuestos al aire libre, abandonados. El camino a Santa Rita está al lado izquierdo y se dirige al norte.
Entrada al fundo Trecacura en medio del bosque de pinos.
Un kilómetro más adelante y en medio de un bosque de pinos nos encontramos con el cruce al fundo Trecacura Grande, propiedad de Celulosa Constitución. Seguimos avanzando, cuando hemos llegado a los 31 kilómetros desde Penco (según el cuenta kilómetros del Toyota), está el acceso al fundo Manco, el camino se abre a la izquierda. Hay un letrero de advertencia que por ahí pasa el oleoducto que viene de San Vicente. Un centenar de metros más adelante siempre por la ruta 0-390  se levanta la capilla de San Sebastián de Manco. Toda pintada de blanco es un hito interesante en nuestro camino. Por detrás, pero apegada a la iglesia está el edificio de la conspicua escuela de Manco.
La capilla del fundo Manco.
Cuando alcanzamos los 37 kilómetros de marcha nos encontramos con el puente de Las Lajuelas. Antes de continuar viaje, Manuel Suárez me informa que visitaremos a unos amigos de su familia en la casa patronal del fundo Las Lajuelas. Ingresamos por un camino rodeado de encinos por el lado izquierdo. Ya en una hermosa y antigua casa nos recibe con gran sorpresa la señora Ruth Arriagada. Con sus 92 años luce muy jovial y nos invita a tomar descanso en el amplio corredor. Es pasado el mediodía, el sol ilumina generoso todo el jardín en especial las enormes bellas hortensias junto a las tinajas de la entrada. Concluida la visita “de médico” al fundo Las Lajuelas nos despedimos y proseguimos viaje. Para llegar a Florida faltan 8 km, o sea, unos cinco minutos de auto.
Manuel Suárez conversa con la señora Ruth Arriagada en la casa del fundo Las Lajuelas.
 
Hermosa vista de la casa patronal de Las Lajuelas.
La ruta 0-390 o el Camino Real desemboca finalmente a noventa grados sobre la ruta pavimentada Bulnes-Concepción. Un kilómetro a la izquierda tenemos el pueblo de Florida. Hacia allá íbamos. Con una opípara cazuela de vacuno en el restaurant El Mono con Bigote, de calle Serrano  N° 471 termina nuestra aventura Penco-Florida por el camino de Villarrica. El viaje se puede hacer en poco menos de cincuenta minutos en auto. El camino con material pétreo compactado está en buenas condiciones en verano para cualquier tipo vehículo. ¿Le digo mi pensamiento? ¡Hay que volver a recorrer ese camino; es demasiado bello… y desconocido!  El caserío de Roa es encantador. ¡Ah, nuestro cuenta kilómetros marca 41; sin embargo, el letrero caminero de Florida dice Penco 44 km!
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ANTECEDENTE: El Camino Real que hemos recorrido ya no se llama así, pero fue la vía clave de comunicaciones terrestres durante la Conquista, la Colonia y la Patria Vieja. La recorrieron en distintos momentos de la historia de Penco, los conquistadores españoles, los araucanos, los patriotas, los campesinos y habitantes del lugar en sus tradicionales carretas de bueyes y hoy en día, los camiones madereros. Al unir a Penco con Florida, el Camino Real conectó también por tierra a nuestra ciudad con el norte y el resto del país... o con el resto del Reyno de Chile.

3 comments:

comunicaciones&mineria said...

Excelente iniciativa. Entretenido relato. Me comprometo con un viaje de Florida a Penco y lo compartimos. Mi bisabuela, Rosaura Villaseñor, nació en Penco, fue profesora en la Escuela San Francisco en Trecacura. ( 1925 al 1930 aprox.) Conocío a mi bisabuelo José Miguel Montero, que era un comerciante de caminos, que viajaba desde Cerro Negro en Quillón, hasta Penco, llevando y trayendo productos para vender por los campos. Muchas gracias por esta oportunidad que le dan a la personas de conocer más sobre nuestro Camino Real.

Francisco Rojo Olavarría said...

Hermosa aventura. Felicitaciones a los exploradores Nelson Palma y Manuel Suárez. Me comprometo a hacer la ruta Penco Florida por el nuevo camino Roa Florida completamente asfaltado y a comentarles mis impresiones.

Francisco Rojo Olavarría said...

Nelson, La ruta de Penco a Florida tiene ahora una extensión de 41 kilómetros. De Penco al Puente Roa, 22 kms. de ripio bien compactado, y del Puente Roa a Florida, 19 kms., pavimento de alto estándar. En Roa, altura de Trecacura, el camino se enlazará con la Ruta del Itata. Todo el trayecto, 41 kms., de Penco a Florida se puede hacer en 50 minutos. Los trabajos en terreno del enlace Trecacura aún no se inician.