Saturday, April 04, 2015

LAS PONEDORAS DE COSMITO QUE CRAV CEDIÓ A SUS TRABAJADORES

Foto tomada del sitio www.granjasantaisabel.com (España)

Ocho ponedoras de raza entregaba CRAV a aquellos  trabajadores  que se matriculaban en un programa para pro­ducir aves y huevos, en virtud de un acuerdo entre el sindicato de la refinería con la empresa para ese fin. Las gallinas procedían de Cosmito, la granja modelo que rompía todos los esquemas en producción de alimentos frescos: carnes magras, leche, hortalizas. Y la granja era propiedad de CRAV.
La iniciativa tuvo entusiasmados a los trabajadores y sus familias por varios años. Los que resultaban favorecidos con el programa de las ponedoras recibían apoyo de la compañía.  Les construían gallineros en los patios de sus casas  técnicamente diseñados para el propósito y, más aún, les proporcionaba el alimento para las aves, consistente mayormente en afrechillo.
El acuerdo empresa-sindicato-trabajador  funcionaba de la siguiente forma, según recuerdan muchos todavía en el ex recinto de la refinería: Les entregaban ocho gallinas cada una con una pata enanillada, con inscripción de fecha, raza  y propiedad. Al trabajador le quedaba clarito que el anillo impedía la venta de las aves. Una vez a la semana pasaba un recolector de huevos; una parte era para la empresa y la otra para el consumo del hogar.
Personas que se acogieron a esta iniciativa nos dijeron que las gallinas ponían a veces hasta dos huevos diarios. Así un ejemplar daba diez huevos a la semana y si multiplicamos por ocho, se trataba de ochenta huevos cada vez. Supongamos que los dueños de casa se quedaban con la mitad, disponían de cuarenta huevos para el consumo doméstico o para  otros fines. Estas cifras pueden ser discutibles, pero así oímos el relato al respecto.
El triángulo formado por la casa del trabajador, la empresa CRAV y la granja Cosmito funcionó muy bien por largo tiempo entre los años cincuenta y sesenta. Los huevos que entregaban los trabajadores llegaban a la granja, donde existían los canales de distribución para la venta. Dependiendo de la temporada del año, Cosmito retribuía a los trabajadores y sus familias con choclos frescos, apio y otras hortalizas.

Así funcionó el proyecto que produjo huevos, dio trabajo a los dueños de casa y reportó un quehacer entretenido que favoreció a todos. El remate de Cosmito y su desaparición como como granja, muchos años antes del cierre final de CRAV en 1976, terminó con esta actividad que mucho aún recuerdan con un poquito de nostalgia.  

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