Friday, March 04, 2016

EL CAMBIO CLIMÁTICO EN PENCO DEJÓ LOS TEMPORALES EN EL OLVIDO


Don Guillermo Pedreros recuerda los temporales de antaño en Penco.
Eran frecuentes los temporales, esos fenómenos atmosféricos que incluían fuertes lluvias acompañadas de vientos huracanados e inclementes marejadas. En marzo se presentaban los primeros del año. Por eso en Penco usábamos impermeables apenas iniciado el otoño. Pero, me dicen, eso era antes, hoy los temporales son esporádicos o sus componentes se dan por separado: marejadas sin vientos, cielos empañados de nubes con poca carga. El cambio climático aquí también es una realidad. Personas mayores, con muchos años de experiencia asociada a las condiciones meteorológicas, lo dicen derechamente. “Ahora llueve menos. Antes caía mucha agua”, afirma don Hugo Pinto, ex administrador de la granja Cosmito. “Las lluvias recién aparecen en abril”, señala don Carlos Crovetto, propietario del fundo Chequén, cerca de Florida. “Ya no tenemos temporales como los de aquellos años”, nos dice don Guillermo Pedreros, un antiguo pescador de Cerro Verde mirando el horizonte desde la ranfla.
“Al día siguiente de los temporales salíamos con canastos a recorrer la playa para recoger todo el alimento que arrojaba el mar: cholguas, machas, perchas de piures, jaibas, cualquier cantidad de cochayuyo. Era cosa de recoger, recoger y llenar canastos…” recuerda don Guillermo. Claro que eran los tiempos de su niñez allá por los años cuarenta o los cincuenta cuando Cerro Verde --entre otras carencias-- no tenía un camino directo de conexión con Penco, por ejemplo. Él y otros niños salían con sus canastos a proveerse de lo que regalaba el mar y que era arrojado a la playa por las olas.
Playa Negra al final del verano.
En Penco se daba un espectáculo parecido después de un temporal. La playa amanecía con miles de changayes expuestos en la arena mojada. El changay es un molusco similar a la almeja sólo que sus valvas son más frágiles. Se los podía acopiar con las manos o usar palas o rastrillos si se quería llenar un tiesto más rápido. En Cerro Verde, me dice don Guillermo Pedreros, con las lenguas de changay se preparaba un plato exquisito: “pantrucas con changay”, ¡hay que probarlo!
No es que el mar haya dejado de ser generoso hoy en día, ha sido tan explotado que ya no tiene qué regalar.
El fenómeno del cambio climático ya golpeó las puertas en Penco;  es una realidad. Menos aguaceros con fuertes rachas de vientos, menos poesía al oír la lluvia golpeando los techos metálicos. Y en cierto modo, menos expectativas para ir temprano a la mañana siguiente a tomar los regalos del mar. 

Un día con neblina en la playa de Penco año 2006.



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