Wednesday, September 21, 2016

EN DEFENSA DE LOS CARRETONEROS Y LOS CARRILANOS DE PENCO


Un clásico carretonero de hoy en día circulando por calle Penco.
Hubo dos oficios –el carrilano y el carretonero-- que en Penco  adquirieron mala fama. Y que aunque algo de cierto pudo justificarlo en el pasado, quienes hoy realizan esos trabajos, lejos de seguir el mal ejemplo atávico, heredaron esa sombra.
Centrémonos en el carrilano, aquel jornalero que se achicharraba bajo el sol haciendo mantenimiento a las vías ferroviarias. Estos equipos de hombres recorrían los trazados de líneas de tren, iban desmalezando, arrojando paladas de piedras, levantando a pulso durmientes podridos y reemplazándolos. Se los veía en grupo realizando esa labor por Gente'Mar; Cerro Verde; la Cata; el túnel... Era una pega monótona. Los carrilanos hablaban entre ellos y, por la dureza del oficio, algunos usaban palabras feas, groseras. Muy groseras. Pero, no llevaban esa vulgaridad a sus casas ni la empleaban en la interacción con sus familias.
Por esa costumbre de algunos, todos esos trabajadores sacaron patente de groseros. Y, a comienzos del siglo XX,  se hizo popular la afirmación “¡oye, estás hablando como un carrilano!” para censurar el inconveniente uso de malas palabras en el desenvolvimiento personal dentro de ciertas esferas sociales. Otra cita por el estilo era “una encarrilada”, para significar que una persona reprendía a otra con groserías. Sin embargo, nunca oí que a alguien le hubieran puesto el sobrenombre de “el carrilano” en atención a su selección de palabras mal vistas en la conversación. Y eso que en Penco la creatividad popular para los alias es reconocida. 
Las líneas del ferrocarril son mantenidas por modernos carrilanos de hoy.
El segundo oficio menoscabado por el decir popular era el de carretonero. Muchos de ellos eran trabajadores independientes orientados a los fletes. Conducían carretones tirados por un caballo. Tuve varios amigos carretoneros en mi niñez y la conducta de ninguno de ellos calzaba con el estereotipo que circulaba por ahí. ¿Cuál era el defecto de un carretonero? Se decía que cuando bebían lo hacían sin medida ni límite, carentes de toda refinación o compostura. De allí proviene el dicho “este fulano toma como carretonero”. Se subentiende que se empina la botella sin moderación. La afirmación es fuerte y muy despectiva para quien la recibe.
Pero, decíamos, el mal hábito de unos pocos se le atribuyó injustamente al resto. Había personas muy serias y respetables que conducían un carretón, baste recordar a los vendedores de leche de Penco en esos años, don Lorenzo y don Arturo, que recorrían las calles en esos vehículos a tracción animal, de quienes, por lo demás, guardo la mejor imagen.

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