Friday, September 02, 2016

LA GALERÍA ADELANTE DABA SEGURIDAD A LOS CONSPICUOS OCUPANTES DE LA PLATEA EN LOS TEATROS DE PENCO Y LIRQUÉN

El ex teatro de la Refinería de azúcar muestra en primer plano la platea, el muro de separación y el espacio reservado al "estado llano" más cerca de la pantalla.
En otros post hemos hablado de los teatros que tuvo Penco en el siglo XX, entre ellos el de Fanaloza, una maravillosa obra tristemente destruida por el terremoto del 39; el de la Refinería que se vino abajo con el terremoto del 2010; pero se nos había quedado uno afuera: el teatro de Lirquén, de la ex Compañía Carbonífera, que estaba situado en el recinto mina, muy cerca de la entrada principal a las galerías subterráneas, un poco al sur del acceso del muelle antiguo, un área cubierta hoy de contenedores y espacios techados del terminal portuario. El teatro de la mina fue la gran entretención de la gente de Lirquén y uno de los pocos pasatiempos de que podían disfrutar los mineros del carbón.
Sin embargo, no basta con enumerar los teatros clásicos que tuvo la comuna en esos años, sino destacar una curiosidad sociológica: dividían su espacio del auditorio en dos estamentos sociales: la primera y la segunda clase que entonces llamaban la platea y la galería –o la galucha--. Incluso para comprar los boletos para acceder a cada uno de estos espacios había ventanillas distintas. Si uno se ponía en la fila equivocada lo podían mandar retobado a la otra ventanilla y a hacer la cola de nuevo…
Hoy es difícil comprender esto, puesto que en el presente ir al cine significa tomar o reservar el número que mejor acomode al espectador. Pues bien, respecto del pasado, siempre me intrigó por qué en la sección de la sala más próxima a la pantalla (el telón, le decían) se ubicaba la galería y por qué en la parte posterior, separada por un muro de mediana altura, se desplegaba la platea (la primera clase) en un piso  más elevado, cuando debió ser a la inversa. A este respecto oí numerosos argumentos, uno de ellos que desde la primera y segunda fila de la galucha, las imágenes se veían muy encima y también distorsionadas o que si te tocaba el asiento de los extremos derecho o izquierdo terminabas con tortícolis. En fin, hasta que llegó a mis oídos una explicación con más sentido: En esos años, la gente que pagaba más barato acostumbraba ingresar con alimentos para consumir durante la función, no eran cabritas, sino castañas y piñones cocidos que vendían en canastos a la entrada del cine. También llevaban sándwiches, pan o fruta, mayormente manzanas, plátanos; y los más ingeniosos entraban con nalcas y un paquete de sal. Así que durante la función, la gente de la galucha comía, fumaba y echaba las tallas.
Además no existían recipientes para basura en las salas ni la gente estaba muy cultivada para guardar los desperdicios y llevarlos afuera para arrojarlos en lugares convenientes. Simplemente botaban los desperdicios en el suelo. Así al término de cada función los pasillos quedaban sembrados de cáscaras de frutas, papeles de envoltorios, corontas, etc. Esto explica, me dijeron, la distribución de la galería y la platea. Si esta última hubiera estado adelante y la galería atrás, se temía que los consumidores menos respetuosos lanzaran los restos de frutas sobre las cabezas de quienes habían pagado más y que se comportaban como personas de nivel sociocultural más alto… “tú entiendes, pues”, me dijo la persona que me contó esto con un claro acento cuico y pencón.  

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