Tuesday, November 29, 2016

LAS BATEAS FUE UN BALNEARIO DE PENCO QUE DELEITÓ A FAMILIAS REFINERAS

Vista de la autopista del Itata desde el paso superior Primer Agua (orientación hacia el sur).
La autopista del Itata significó un tremendo avance en la conectividad de la zona. Cambió el paradigma de las comunicaciones terrestres en el área del gran Concepción, reduciendo, por ejemplo, a seis horas un viaje en bus a Santiago, cuando antes era de ocho horas o más…
Pero, el desarrollo también pasa la cuenta. La mencionada ruta cortó la ladera del cerro Copucho desorientando a muchas personas que antes transitaban libremente por los bosques y valles de esa elevación pencona. Porque la carretera no se puede atravesar a discreción. Así, se convirtió en una suerte de muralla que tiene sólo algunos pasos habilitados a diferencia de antaño.
Pues bien, una combinación de factores que incluyó a esa carretera y el crecimiento de Penco en el sector de Desiderio Guzmán arrasaron con un balneario natural que habitualmente aprovechaban las antiguas familias refineras: Las Bateas.
Las Bateas, ubicada en un rincón al inicio del cerro Copucho, consistía en un amplio espacio bajo pinos añosos, al lado de un empinado camino de tierra por donde rara vez transitaban vehículos madereros. Caminando unas tres cuadras desde la población Guzmán uno llegaba a una casa abandonada. En ese punto, saliendo del camino había que girar un poco hacia el norte; venía una pequeña pendiente y ya estábamos en Las Bateas. El lugar tenía una superficie plana un poco menor que una cancha de fútbol. Los pinos gigantescos rodeaban este espacio que permanecía mayormente con sombra. Una vega lateral aportaba un persistente aroma de poleo. Si uno cruzaba, caminando unos pasos más al norte se encontraba con un estero que corría naturalmente acanalado a un nivel más alto y cuyas aguas brincaban entre grandes piedras de canto rodado cubiertas de musgo. Bastaba saltar o pisar una de las piedras para atravesarlo. Ese curso de agua fresco y a la sombra, que se abría paso entre zarzamoras y chilcos seguramente abastecía a los antiguos moradores de la ahora casa deshabitada que marcaba el ingreso a Las Bateas.
Un aspecto parecido a este espacio, ubicado en el fundo Coihueco, tenía el balneario de Las Bateas.
Allí se reunían los refineros para convivencias al aire libre en la bonanza del verano. Hacían asados, preparaban ponches, jugaban a la rayuela, jugaban a la pelota, desparramaban barajas de cartas, contaban historias, se reían, cantaban o dormían largas y reparadoras siestas. Al caer la tarde, las familias regresaban caminando, llevando consigo la parafernalia que les había servido para armar la fiesta. Entonces, los últimos en retirarse podían recrear la vista en torno al hermoso lugar que quedaba nuevamente en silencio sólo con un suave sonido allá al fondo: el murmullo del estero.

Hace apenas un par de meses, intenté llegar a Las Basteas por primera vez después de muchos años, pero sólo encontré calles y casas. Me dicen que la población que ahí existe se llama El Radal; un poco más allá hay una muralla y detrás, la autopista del Itata. ¿Y el estero? Desapareció. Seguramente está entubado por debajo de las nuevas poblaciones…
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PD: Me informan que dicho estero asoma por el fundo Landa, corre junto al camino a Concepción y desemboca en el río Andalién entre Cosmito y el fundo Playa Negra.

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