Thursday, December 15, 2016

CONTRA EL CENTRALISMO, FANALOZA DEL SIGLO XX SE GESTIONÓ DESDE PENCO

Membrete de una hoja tamaño carta de Fanaloza.
En los años cincuenta la sucursal de Fanaloza estaba en Santiago, en la avenida Carrascal, entonces un camino en despoblado; y la planta principal de la industria con su gerencia general incluida se emplazaba en Penco, motivo más que suficiente para que los trabajadores loceros de acá se sintieran orgullosos.  Todas las políticas comerciales y de producción de la industria se generaban aquí. La fórmula fue un ejemplo de descentralización. Porque ocurre que normalmente con las grandes empresas es al revés. Por ese motivo, seguramente, importantes profesionales se sentían atraídos y llegaban a Fanaloza, planta pencona, para desarrollar sus ideas, sacar adelante proyectos y progresar al compás de la fábrica. Muchos de ellos fueron un gran aporte a la producción y a la salud de los trabajadores

LOS QUÍMICOS QUE LUCHARON CONTRA
LA ENFERMEDAD DE LA PLUMBOSIS

En este contexto, dos ingeniero químicos,  don Juan Arroyo y don Fernando Pulgar, se hicieron cargo del laboratorio de barnices que venía funcionando de hecho desde hacía unos años. Ambos detectaron que si bien el barniz que empleaba la fábrica ofrecía resultados muy buenos para los productos Fanaloza por su precioso brillo y resistencia, tenía efectos perjudiciales en la salud de los trabajadores. El lacado contenía en su composición una proporción muy alta de plomo.  Algunos de los obreros más expuestos a las inhalaciones contraían una enfermedad que se denomina saturnismo, plumbosis o plombemia con resultados fatales en muchos casos. Uno de los síntomas de este mal es la anemia. Algo parecido ocurría con las imprentas antiguas donde también se trabaja sobre la base del uso del plomo.
Don Fernando Pulgar en una conversación con el autor de
esta nota en su casa de Viña del Mar.


Frente a esta situación tanto don Juan Arroyo como don Fernando Pulgar iniciaron acciones para reducir la presencia de ese elemento en los barnices y, por tanto, en los ambientes donde se lo utilizaba en grandes cantidades. Llegaron a disminuir su uso de un 38 por ciento a un 8 por ciento. Gracias a esa medida, se redujeron los casos de plumbosis en Fanaloza.

Valga recordar este hecho, en particular porque hace un tiempo conversamos sobre este asunto del plomo y sus resultados tanto con el señor Arroyo como con el señor Pulgar. Adjuntamos a esta crónica la conceptuosa carta que entregó la empresa al segundo de ellos cuando se retiró de la fábrica en 1957. Note usted, amigo lector, además de los conceptos en favor del químico, los detalles del membrete de la hoja mecanografiada... 
La carta de la empresa al ingeniero químico.

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