Wednesday, May 30, 2018

PLACENTERAS VACACIONES SE TOMABAN FAMILIAS REFINERAS EN LA RINCONADA DE HUALQUI

Familias penconas en viaje a La Rinconada de Hualqui. La imagen fue captada mientras el camión que las trasladaba se detenía a la orilla del camino de arena y trumao., 1954, aprox. (Foto cedida a nuestro blog por don Fernando Pulgar Ávalos).

                  Nos cuentan que los niños, hijos de refineros de esos años, esperaban con impaciencia la llegada de las vacaciones de verano para pasar poco más de una semana en el balneario que el sindicato industrial de CRAV poseía en La Rinconada de Hualqui. Eran diez días de buena vida, sol maravilloso, aire fresco, ricas comidas, árboles frutales y una enorme piscina, en ese increíble microclima de La Rinconada, situada a unos 47 kilómetros de Penco.
           “Había de todo en esa parcela sindical, manzanos, viñas, tranquilidad, como para relajarse después de un año de trabajo pesado”, recuerda uno de los usuarios de esas instalaciones vacacionales en las que  se instalaba con su familia todos los años, hasta 1970. El sindicato organizaba el programa de veraneo, de manera de otorgarles a todos los trabajadores la posibilidad de aprovechar la temporada estival.

          El sector de la Rinconada de Hualqui tenía entonces numerosas parcelas, cuyos propietarios pertenecían a la colonia árabe de Concepción y Tomé. Entre ellos destacaban familias como Ananías, Zaror, Adaui… Pues, entre esas propiedades se ubicaba la adquirida por los trabajadores de CRAV Penco. Ese recinto en Hualqui lo administraba y cuidaba una persona contratada para ese fin. En los comienzos, hacia finales de los años 40 principio, había una enorme casona de dos pisos, a cuyo alrededor después se le agregaron cabañas debido a la alta demanda.
Niños, hijos de familias refineras, junto a la discina de La Rinconada (1954).
         El balneario tenía un servicio de cocina para que los veraneantes no tuvieran la preocupación de preparar comidas. Sin embargo, toda la alimentación se pagaba extra.
                Cuando la Refinería entró en su crisis final a mediados de los 70, la propiedad de los trabajadores sobre La Rinconada se perdió. Con su desaparición ya no fue posible aprovechar sus instalaciones, ni los activos fueron recuperados. Concluyó así un servicio de recreo para los trabajadores refineros y sus familias, vacaciones que hoy en día son recuerdos y una que otra fotografía.  


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