Saturday, June 09, 2018

ERCILLA, EL POETA ESPAÑOL QUE COLOCÓ A PENCO EN LA HISTORIA UNIVERSAL Y LO ELEVÓ AL CIELO DE LAS LETRAS RECIBIÓ JUSTO HOMENAJE EN LA PLAZA LOCAL


Ercilla homenajeado en Penco. (Foto penco.cl)
NOTA DE LA EDITORIAL: El 23 de mayo de 2018 se inauguró en Penco una estatua que recuerda al soldado y escritor español Alonso de Ercilla, autor de "La Araucana", obra en bronce del artista chileno Joaquín Mirauda. La idea de materializar este proyecto, de gran importancia cultural, fue aprobada en el seno del municipio pencón, encabezado por el alcalde Víctor Hugo Figueroa y el Concejo.
En la ceremonia para inaugurar la imagen artística de Ercilla intervinieron el alcalde Figueroa y el presidente de la Sociedad de Historia de Penco (SHP). El siguiente texto corresponde al discurso del presidente de la SHP, Jaime Robles Rivera, quien lo hizo llegar a nuestra redacción:

 El 19 de junio del año pasado, la Sociedad de Historia de Penco se hizo presente ante la Comisión de Desarrollo Urbano del Concejo Municipal de Penco, para exponer los argumentos que respaldaran objetivamente y con base histórica, la pertinencia de ubicar en el centro de la remodelada plaza de armas de Penco, una escultura de la figura del soldado poeta de la conquista de Chile, Alonso de Ercilla y Zúñiga, y con ello, saldar una deuda que estaba pendiente durante siglos, con el portador de la pluma que dibujó en las mentes del viejo mundo, las primeras letras que hablaron de Penco, nuestro pueblo primigenio y sus nobles defensores, los mapuche del valle del Peguco.
Jaime Robles lee su discurso.
Por ello, me permito tomar unos minutos, en medio de éste solemne acto, para desarrollar en breves líneas la importancia, la relevancia de la figura de  Alonso de Ercilla y Zúñiga, y de la enorme influencia que los notables versos de La Araucana han ejercido durante siglos, en los procesos libertarios de nuestro Chile y de la América toda.
En el inicio de este relato, nos situamos a escasas cuadras de este céntrico punto de la ciudad, en el actual cerro de Bellavista Sur, el 12 de marzo de 1550, se enfrentaron las fuerzas mapuche y castellana, en la Batalla de Penco. Protagonistas de aquella gesta son el lugarteniente de Valdivia, Jerónimo de Alderete, y el toqui Ainavillo, quien es el “Orgullo de los pencones y caudillo” en las letras de Alonso de Ercilla. Así lo leemos en el Canto primero de la Araucana. Registrándose en letras eternas, por vez primera nuestro gentilicio: Pencones.
Testigo de aquel belicoso encuentro es Lautaro, quien será para Ercilla en la Araucana,  lo que para Homero fuera el príncipe troyano Héctor en la Iliada, ambos mártires, pagaron con la vida, la defensa de su patria.
Alonso de Ercilla llega a las tierras de Ainavillo, a éste valle del Peguco, en junio de 1557.
De izquierda a derecha aparecen los concejales Luis Alarcón y Leopoldo Valencia; el alcalde Víctor Hugo Figueroa; el escultor Joaquín Mirauda; y los concejales Verónica Roa, Juan Manuel Viveros y Justo Insunza. (Foto penco.cl)
Acompaña al más joven gobernador que haya pisado éste indomable reino, García Hurtado de Mendoza de tan sólo 21 años.
Ercilla no va tan lejos en edad, dos meses después de su arribo a éstas costas, él cumplirá los 24.
Llega con ansias de corroborar in situ lo que en la península se dice… se canta…  con alarma se lamenta, y a la vez, se admira:
¡No puede ser…! no es  posible que allá, al otro lado de la mar océano, donde el nuevo mundo presenta sus últimos rincones inexplorados, que por allá… en la “región antártica famosa, haya gentes tan soberbias, gallardas y belicosas, que no hayan sido por rey jamás regidas, ni a extranjero sus dominios sometida…” 
Al Imperio español, aquel cuyos territorios son tan vastos; donde jamás se pone el sol, un pueblo indómito lo pone en jaque.
Podemos suponer que Ercilla comienza a delinear su maciza obra literaria, una vez que pasa de la isla de enfrente, la Quiriquina y toca las arenas de nuestras playas penconas; pero no es así, su trabajo creador comienza dos años antes, y paradójicamente, de todas formas, comienza inspirado en Penco, a pesar de estar él aún en España.
Alonso de Ercilla es de aquellos personajes universales, que está en el lugar correcto en el momento exacto.
En octubre de 1555 se embarca en Sanlúcar de Barrameda, cerca de Cádiz, hacia los confines del orbe. Nuestro ya conocido Jerónimo de Alderete va en la misma nave, de regreso a Chile. Alderete estaba en España por encargo de Valdivia, quien para esa fecha, ya había sido víctima mortal de Lautaro en Tucapel.
En la nave, también viaja el nuevo Virrey del Perú, Andrés Hurtado de Mendoza, y su joven hijo García, quien estaba, como ya se ha dicho, destinado a ser gobernador de éste reino. Que mejores acompañantes para una travesía de largos y penosos meses, por el Atlántico océano.
Ercilla contará entonces con el primer insumo para su obra creadora, con el germen que iluminará las gloriosas páginas que enarbolan nuestra identidad ancestral.
Con los testimonios, las vivencias, o mejor dicho… las sobrevivencias en tierras mapuche, que le irá narrando Alderete durante la travesía, Alonso de Ercilla va configurando el carácter de nuestro pueblo, de nuestra raza originaria.
El alcalde Figueroa y el presidente de la SHP, Jaime Robles el día de la inauguración. (Foto penco.cl)
Un mes antes que Ercilla arribara a Penco, Lautaro es muerto por Villagra a orillas del Mataquito. Quizás fue la más alta decepción para un poeta épico como él: no conocer al “semidiós” de quien tantos reportes e impactantes referencias había recogido.  
Las letras de Ercilla han permitido que en la memoria de los tiempos se afiance la admiración por el toqui del wallmapu, y en pleno siglo XXI, a distantes casi cinco siglos de las gestas ensalzadas, es nuestro querido Penco, el que reúne, frente a frente, desde ésta, la nueva plaza, al majestuoso muro de nuestra primera escuela pública, las figuras señeras de Leftrarú y Don Alonso.
La Araucana, ha sido, es y será, el libro inspirador de quienes buscan la gloria de la patria; la patria grande: Chile, y Penco, nuestra patria íntima.
Permítanme por ello, agregar a estás breves palabras, el mensaje que a  nosotros, los pencones, nos dirige el más alto de nuestros próceres, iluminado en la lectura de las figuras espartanas, descritas por Ercilla en la Araucana.
Bernardo O’Higgins Riquelme, que en Penco, tomando el mando de las tropas patriotas en febrero de 1814, en nuestro fuerte La Planchada, arenga al pueblo levantado en armas contra la tiranía, en el amanecer de nuestra gesta de independencia.
Nos dice O’Higgins:
“…Porque desde hoy en adelante y para siempre, el suelo del Pencón y de todo Chileno, llevará el glorioso nombre cuyo título ha inmortalizado el de Arauco de tierra de libertad.”
Y agrega,
“…Pencones, no aparties vuestra vista del lado opuesto del BIO BIO, y jureis por las manos del inmortal Lautaro, de Galvarino y de Caupolicán, de vivir libres o morir con honor.”
En ésta arenga se deja ver la fuente de la cual bebió el espíritu del libertador: La Araucana, de don Alonso de Ercilla.
Por ello celebráramos la presencia en nuestro principal paseo público, de la escultura que hoy inauguramos. No porque Ercilla requiera un reconocimiento más, de los muchos con que ya cuenta en el mundo; sino, porque para contar nuestra historia, la historia de Penco, la Araucana, y la figura de Don Alonso de Ercilla y Zúñiga, es la piedra angular de nuestro relato.
Vecinas y vecinos, penconas y pencones, le herencia de la que he hecho una ligera semblanza, es libre de ser tomada. Está ahí, esperando que quienes con orgullo y admiración la han acogido, tengan dignos nuevos portadores.
No es tarea exclusiva de elites intelectuales ni sólo de la academia, es tarea de todo ciudadano, que como ya he dicho, desea hacer grande a su patria, comenzando por el pueblo en cual hace su vida y la de su familia.
El primer deber es entonces, conocer, apreciar y compartir el rico patrimonio de nuestra tierra, nuestra historia de toda época, de todos los siglos.
Termino este mensaje, felicitando a las autoridades comunales que en hora buena, con visión de futuro, en la reivindicación de nuestro pasado, han aceptado y  resuelto traer a la ciudad tan magnífica obra escultórica.
Felicito entonces, en nombre de la Sociedad de Historia de Penco, al señor alcalde y al concejo municipal en pleno, por ésta acción, que enaltece la noble función edilicia que llevan sobre vuestros hombros.
Muchas gracias.-


El alcalde Figueroa se dirige a los presentes durante la ceremonia en la remozada plaza de Penco.

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