lunes, julio 08, 2019

PROFESOR DE PENCO NOS HIZO LLEGAR SU HERMOSO RELATO DEL ECLIPSE DESDE CACHIYUYO


NOTA DE LA EDITORIAL: El profesor pencón Juan Espinoza Pereira, quien se desempeña en una escuela de Copiapó y quien es además colaborador de nuestro blog, nos ha hecho llegar un relato de su experiencia junto con sus alumnos en el eclipse total del 2 de julio de 2019. Compartimos el texto, notable por su valor testimonial así como por la inclusión de detalles, todos ellos muy tiernos, que sólo un profesor con vocación de maestro puede comunicar. Felicitamos a Espinoza Pereira por ese trabajo. 

Eclipse Solar Total en Cachiyuyo

      
         Cada época tiene su afán, sin lugar a dudas que así es; en el eclipse del ’94 me encontraba trabajando en el Liceo de Diego de Almagro, entonces, nos organizamos los profesores para sacar el mayor provecho a esta maravilla de la naturaleza: se hicieron experiencias de cálculo en matemáticas, observaciones de plantas y animales, se pudo calcular la velocidad de la luna y de la tierra. En mi caso, me tocó exponer sobre el primer eclipse registrado por Thales de Mileto en vieja Grecia para todo el liceo.

      Este eclipse del ’19, me pilló participando en una Escuela Básica de Copiapó, con una gran cantidad de educandos que viven cada día con carencias básicas para la sobrevivencia, además de un número significativo de niños inmigrantes latinoamericanos. Junto a un grupo de 40 niños y niñas nos fuimos a Cachiyuyo (la localidad del teléfono de la propaganda) a 256 kms al sur de Copiapó. Para muchos de nuestros niños era su primera experiencia de viaje fuera de la ciudad, por lo tanto tenían muchas expectativas, cada uno portaba su Guía de Aprendizaje para desarrollar una vez producido el fenómeno natural, sus lápices y su colación de viaje.
El profesor Espinoza con alumnos en Cachiyuyo.


     Cachiyuyo no tiene más 87 habitantes en forma permanente y hasta 300 con trabajadores esporádicos que se dedican a la minería, la localidad se encuentra en una quebrada y cuando iniciamos ingreso a elal se podía apreciar una multitud de personas de las más diversas nacionalidades, de diferentes regiones (se incluyen a 4 pencones patiperros que se encuentran desparramados en la macro zona norte), un mar de vehículos 4x4, buses, carpas, vendedores santiaguinos de mercachifles diversos… era una verdadera babilonia. Inicialmente nuestros niños se pusieron nerviosos de ver a gente europea, chinos y japoneses, todos hablando idiomas que no entendían y tanta tecnología en las calles (cámaras fotográficas, telescopios, computadores, cámaras de televisión), investigadores intercambiando ideas, otros portando libros.

     Todo lo teníamos planificado: el lugar, las guías de Ciencias Naturales, las de Ciencias Sociales, los lentes oficiales y block de dibujo; pero nada resultó, sólo los lentes ya que a las 16:10 se levantó una leve brisa muy helada, el termómetro indicaba que había un descenso de 7°C y que habría de llegar hasta 10°C cuando se produjo el eclipse total en un breve lapsus de tiempo; fue el momento en que los niños se asustaron y buscaron refugio en los adultos, algunos se emocionaron a tal extremo que rompieron en llanto, a otros se lo comieron los nervios y sólo reían. Al momento de producirse la noche falsa, cuando las aves buscaron refugio, los perros durmieron algunos segundos, las flores cerraron sus pétalos, entonces nuestros niños dimensionaron la maravilla del universo, nos sentamos para conversar, otros para caer en un profundo silencio y varios secaban sus caritas por las cuales rodaban pequeñas lágrimas hasta que nuevamente se hace el día interrumpido, hicimos un círculo y les agradecí por haberme acompañado en esta experiencia pedagógica más para los adultos que para los estudiantes; luego el regreso a casa para todos: cansados, extasiados y contentos. Empezamos a dejar descansar a esta hermosa localidad de Cachiyuyo que en 126 años más vivirá su nuevo eclipse solar total con nuevos actores.

     Cada época tiene su afán, y tal vez esta ha sido la más impactante para mí, sobre todo cuando se trata de ese pequeño mundo de la Enseñanza Básica, todo lo vivido es impagable en este hermoso desierto Atacameño.

      Un abrazo desde Atacama.

Juan Espinoza Pereira


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