jueves, septiembre 02, 2021

MINISTRO DARÍO SILVA GUNDELACH RECIBIÓ CARIÑOSA DESPEDIDA LUEGO DE 48 AÑOS EN EL PODER JUDICIAL

EL MINISTRO DE LA CORTE DE APELACIONES de Chillán, Darío Silva Gundelach, recibe un caluroso aplauso durante el acto de su despedida del Poder Judicial.

          La página web del Poder Judicial dice: «Brindan emotiva despedida a ministro Darío Silva Gundelach por cese de funciones tras 48 años en el Poder Judicial». El diario de Chillán «La Discusión» desplegó la noticia en términos parecidos.
           Pero, en realidad, fue mucho más que una ceremonia que se realiza cuando una persona en un alto cargo ha cumplido el tiempo que establece la ley para finalizar su carrera. Este episodio formal incluyó un aspecto fuera de lo común: fue la primera vez en la historia del Poder Judicial que un presidente de la Corte Suprema, en este caso Guillermo Silva Gundelach, encabezara el acto oficial de despedida de un ministro que es su hermano. En virtud de su cargo, fue Guillermo quien leyó el discurso principal. 
        Otro aspecto, que para los lectores de este blog reviste un valor especial, es que ambos jueces fueron ex vecinos de Penco y además tienen fuertes lazos con Ránquil.
          Hijos de Fernando Silva Segura, ex empleado de CRAV, y de Esther Gundelach Casanueva, ex profesora (Q.E.P.D.) tienen otros dos hermanos: Carmen y Fernando. En los 70 la familia se mudó a Concepción y Darío y Guillermo, luego de recibirse de abogados en la U penquista, se incorporaron al Poder Judicial.

LA CARRERA PROFESIONAL DE DARIO SILVA G.

 Su carrera profesional la inició a comienzos de los años 70 como secretario en un juzgado de Linares, prosiguió como juez en el Juzgado de Letras de Pisagua, con asiento en Huara en la región de Tarapacá. Luego volvió como juez a Linares, para posteriormente asumir en el Juzgado de Letras de Constitución y más tarde pasar al Juzgado de Letras de San Javier. En 1980 fue nombrado secretario de la Corte de Apelaciones de Talca, donde tuvo la oportunidad de acercarse a cabalidad a la forma de trabajo propias de las Cortes de Alzada. Después se desempeñó como magistrado del Segundo Juzgado de Letras de la misma ciudad, cargo en el que estuvo hasta 1989. De allí dio el paso trascendental para de integrar la Corte de  Apelaciones de Chillán, donde trabajó por 32 años hasta el día del término de su carrera. En la capital de Ñuble asumió en siete ocasiones la presidencia de esa Corte.


PERFIL DEL MAGISTRADO DE PENCO

Durante la ceremonia a la que nos referimos, el saliente ministro Darío Silva envió un mensaje con un profundo contenido humano y cristiano a las nuevas generaciones de jueces: «...que por sobre todo sean misericordiosos porque hay que entender también los errores, que son personas las que tienen esta tarea tan difícil de juzgar la conducta de un semejante, es una labor que requiere mucha responsabilidad y consideración».

Darío Silva no sólo ha sido durante su vida un estudioso del sentido de las leyes y de los vacíos legales, allí donde el juez debe aplicar su criterio, aquel que emana de la formación como persona, sino que también se ha apoyado fuertemente en la cultura. Gran lector de los clásicos, ha manifestado siempre su amor por el correcto uso de la lengua española. Y eso lo supieron muy bien los abogados litigantes, quienes en su presencia debieron esforzarse por hablar con la mayor pulcritud y precisión que les fuera posible, así como escribir sin errores y ni pensar en faltas de ortografía porque conocían al magistrado y sus exigencias.

 Si bien el fondo de los argumentos es lo relevante ‒más de alguien puede decir‒ el ministro Silva no transó jamás frente al descuido por las formas. Cuando los errores gramaticales o los ruidos semánticos cometidos por algunos abogados en el foro o en sus escritos le parecían inaceptables, no los dejaba pasar. Hacía justos reproches, sin herir dignidades. De igual modo reconocía la habilidad para expresarse y la buena educación de los profesionales a los que debía escuchar.

Con este alejamiento por ley de Darío Silva, la judicatura se priva de un integrante reconocido por sus pares a nivel nacional y por el medio social por su probidad, convicciones humanas, su conocimiento de las conductas de las personas, su intuición fina frente a las argumentaciones, su convicción resolutiva y, por sobre todo, su amor hacia la más importante de las cuatro virtudes cardinales: la justicia. 

DOCENCIA Y PASEOS A CABALLO

Al mismo tiempo que ejercía de juez, Darío Silva se hizo un tiempo para dedicarlo a la docencia. Se desempeñó como profesor de Derecho Penal en una de las universidades penquistas, con un gran reconocimiento de parte de sus alumnos.

En sus días de descanso ha disfrutado del contacto con la naturaleza y los paseos a caballo. Sus lugares predilectos para cabalgar han sido las áreas bucólicas en torno a la comuna de Ránquil: Vegas de Concha, la Capilla, San Ignacio de Palomares, Lomas Coloradas, los fundos El Milagro, La Quinta, La Lorena, puente Queime, el Cerro Cayumanque... 

EL TESTIMONIO DE SU HERMANO MAGISTRADO

  «Entramos prácticamente juntos al Poder Judicial ‒dijo en la ceremonia el Presidente de la C. Suprema, Guillermo Silva, hermano del magistrado saliente‒; estudiamos Derecho juntos, por lo que de algún modo yo me veo reflejado en él». 

En la parte final de su discurso, ante autoridades, colegas, funcionarios, la prensa, familiares e invitados especiales, Guillermo, dijo para despedir a Darío: 

    «El destino me ha puesto en esta posición para brindar esta despedida, pero no habría sido extraño que los papeles estuvieran invertidos, porque talento, experiencia, sapiencia y vocación le sobran, y es indudable que si yo no hubiera llegado a la Corte Suprema lo habría hecho él». 

LOS HERMANOS, Darío a la izquierda y Guillermo a la derecha, aparecen en Penco. La foto, de finales de los años 60, fue captada por José Miguel Garmendia.


 

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