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| FOTO de la colección de María Ana Palma. |
Los cisnes de cuello negro y los cisnes coscoroba, que son blancos, no siempre se avistaron en Penco. Durante treinta años, no se conocían en nuestro entorno. Es cosa de preguntarle a los viejos. Las especies más grandes que rondaban por aquí en esos tiempos eran los pelícanos. Los cisnes que ahora vemos son originarios y hoy en día es posible encontrarlos desde los canales australes hasta el río Huasco por el norte. Un censo del 2020 estimó que había unos 33 mil ejemplares. Son una especie protegida por el Servicio Agrícola y Ganadero. Se recomienda no aercarse a ellos, ni menos alimentarlos con comidas de consumo humano. Sus depredadores naturales son los lobos marinos, que afortunadamente no son su frecuentes en las playas de Penco.
Su ausencia de décadas por aquí puede haberse debido a algún problema de contaminación que redujo su fuente de alimentos, una alga denominada luchecillo. Pero, puede que las causas hayan sido diversas.
Estos cisnes eran abundantes en el río Cruces en Valdivia. Pero la contaminación del cauce por parte de la Celulosa de Valdivia en 2004 provocó la muerte de miles de aves de esta especie. El escándalo medio ambiental puso a las víctimas, los cisnes de cuello negro, en los noticiarios de televisión. Hecho curioso, a partir de ese momento se comenzaron a avistar estos cisnes en el mar y en humedales de más al norte. Aparecieron en Biobío y comenzaron a familiarizarse en Penco. La sociedad local los ha tratado con benevolencia, como debe ser. Y, sin duda, los protocolos transmitidos por el SAG, se han acatado.
Los cisnes se aparean a partir de octubre. Nidifican cerca de humedales y sus nidos los construyen con pastos y juncos. El llamado también es a respetar este proceso. Los estudiosos de las avaces han dicho que los cisnes son monógamos, esto es que tienen una sola pareja a lo largo de su vida. Cuando una de ellas muere, el otro no busca nueva compañía, permanece solitario por el resto de su existencia.
Vuelvo sobre el hecho narrado al comienzo que nunca vimos cines en la playa de Penco en los 50, los 60 y los 70. No existían. Y ahora veo que en los noticiarios locales de televisión se sorprenden por la cantidad de estas aves nadando muy cerca de donde revientan las olas. Pero, ¡qué bien!
Leo al escritor italiano Alessandro Barico «...el día en que suceda algo feliz, se abren las puertas de par en par y se mira como miles de pájaros vuelan a plena libertad». Algo así ha ocurrido en Penco con los cisnes de cuello negro, se abrieron las puertas, llegaron y están aquí. ¿Ha sucedido algo feliz? A lo mejor todavía no.

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