viernes, abril 17, 2026

CADA DÍA VEINTE, LOS LOCEROS ANDABAN CONTENTOS

EL VIEJO MERCADO DE CONCEPCIÓN, sector de las cocinerías. En esos años. era posible ver a trabajadores loceros disfrutando de un plato de mariscal con «una tacita de té», el día del suple.

 

El suple era un dinero sagrado para llegar a fin de mes. Se llamaba suple a un anticipo que solicitaba el obrero por el trabajo realizado y que, en el caso de Fanaloza, en Penco, se pagaba los 20 de cada mes. Este adelando no estaba normado, pero se establecía de común acuerdo entre los sindicatos y la empresa y fue una práctica generalizada entre las idustrias nacionales durante el siglo XX. De esta manera, el trabajador recibía su salario los primeros días del mes y un adelanto los 20.

    El día del suple ‒así lo llamaban‒ era distinto del día del pago del salario. Este último exigía toda la responsabilidad para con el manejo de la casa, pago de deudas principalmente o ajustar los gastos para la pulpería y el comercio. Los primeros no eran días de fiesta o relajo. Por eso los veinte eran distintos, una pequeña parte del ingreso, un anticipo, permitía un breve recreo en las necesidades. Las cosas fundamentales, ésas se pagaban con el sueldo y el rostro serio.

   Es cierto que el anticipo menguaba el salario, por eso no podía ser mayor al 30 por ciento del ingreso. Sin embargo, ese dinero permitía pagar asuntos urgentes o la familía podía permitirse una indulgencia y comprar algo de carne para hacer más llevadero un fin de semana. Como fuera, para fin de mes sólo faltaban diez días.

   Esta gimnasia estaba generalizada en Penco, así que cada día 20 era una pequeña fiesta, un bálsamo que alegraba los corazones y ayudaba mitigar los problemas o disipar las preocupaciones para más adelante. De no haber existido esta fórmula, es decir, si el obrero hubiera recibido todo su salario el primero de cada mes sin disponer de un adelanto entre el 15 y el 20, la vida hubiera sido más difícil, por la falta de conocimiento del manejo de recursos escasos en el tiempo por parte de personas menos letradas.

   En Penco cuando llegaba el 20 había sonrisas por todas partes, suspiros de alivio porque se podía pagar parte de las deudas de la libretas de consumo que concedían algunos comercios. El sólo pago mantenía abierto el crédito. Y era posible comprar al rayeo alguna cosita rica para consumir en casa. Los trabajadores se dejaban una mínima parte del anticipo para sus gastos personales, como por ejemplo, para una cerveza y jugar al cacho con amigos en el Capri, gracias al suple.

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«una tacita de té». Se llamaba así a vino blanco servido en tasa y platillo para simular un té, en caso de fiscalización por el cumpimiento de la Ley de Alcoholes.

al rayeo. Al crédito, seguramente por describir el gasto con un lápiz en  una libreta (rayar sobre la hoja como un documento). 

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