miércoles, agosto 19, 2026

LA CARA ESCONDIDA DE LAS TIERRAS RARAS

 

La extracción de tierras raras en el mundo no ha resuelto ninguno de los graves problemas ambientales que genera: la contaminación del aire en un radio enorme, según los vientos; la pérdida del suelo para cultivos, y las filtraciones de metales peligrosos en el agua, que hacen inseguro su consumo. No existe una minería verde relacionada con las tierras raras. Los costos para las personas que viven en los alrededores son preocupantes.
    Las tierras raras tienen usos notables; por eso se las considera los minerales del siglo XXI. Sus propiedades magnéticas, luminiscentes y electroquímicas las hacen indispensables para su empleo en tecnologías de punta. Se trata de 17 elementos químicos metálicos. También se los denomina lantánidos, cuya etimología griega significa «escondido». Y es precisamente esa característica la que hace tan compleja su explotación. Los elementos de las tierras raras están dispersos o enlazados químicamente con otros elementos. Extraerlos no es como explotar carbón o cobre. Hay que remover tierra y descargarla en piscinas de lixiviación para que los líquidos químicos disuelvan y arrastren los componentes solubles de un material sólido. Así se separan los elementos que interesan; después hay que purificarlos y refinarlos. Todo el proceso es complicado y peligroso para el entorno.
    Quienes están interesados en el negocio de extraer tierras raras solo cuentan una cara de la moneda: sus aplicaciones en el mundo moderno. Por ejemplo, sirven para la fabricación de celulares; hay, a lo menos, 16 de esos elementos en cada móvil. El neodimio (Nd), el disprosio (Dy) y el praseodimio (Pr) hacen que los celulares vibren. El terbio (Tb) les da viveza a los colores de las pantallas. Otro ejemplo: los imanes de neodimio hacen funcionar los motores de los vehículos eléctricos. Se necesita un kilo de ese elemento para las baterías y diez kilos para los motores. Esos imanes también sirven para operar las turbinas eólicas. Se dice, y con razón, que las tierras raras tienen aplicaciones en la industria espacial, en la medicina, etc. Lo que no se dice, y esta es la otra cara de la moneda, es que esos elementos también se necesitan para fabricar sensores de precisión para misiles balísticos. Su aplicación permite afinar la puntería de esas armas estratégicas. De ahí el interés manifestado por potencias como Estados Unidos y Japón. La extracción de estos minerales tiene un contexto geopolítico.
    Los procesos de explotación y de ahí la preocupación de comunidades de Penco tienen efectos devastadores en el medio ambiente, plantean consecuencias económicas y, además, generan un impacto psicológico en la población circundante. Hay quienes defienden estos proyectos con cierta frivolidad. Dicen que generan puestos de trabajo. Eso es verdad, en algún sentido. Pero se olvidan de que los trabajos son mayormente mecanizados o robotizados y de que los puestos son mínimos en comparación con la historia minera de Penco. Destrozar la naturaleza por un puñado de puestos de trabajo no merece la pena. También dicen que quienes están en contra son unos flojos, que no quieren trabajar. Eso es más ideología que argumento.
    En Suecia se informó del hallazgo de un gran depósito de tierras raras. Las autoridades han dicho que les tomará a lo menos 15 años planificar y desarrollar una extracción segura. Las piscinas donde se precipitan los elementos con la ayuda de productos químicos se secan con el tiempo; parte del líquido contaminado se filtra hacia las napas subterráneas y, en la superficie, queda un polvo radiactivo. El viento completa la tarea de transportarlo en todas direcciones. El impacto sobre la salud humana y animal está demostrado.
   Cuando la empresa Aclara decida trasladarse, por agotamiento del recurso, para seguir explotando tierras raras en otros lugares de la región, esa será la herencia que le dejará a Penco.

No hay comentarios.: