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| ANATOLE FIGUERAS, estrella de las comunicaciones penquista, lee un libreto ante público y ante el micrófono de la desaparecida radio Cóndor de Concepción. (Color con chatgpt). |
Generaciones disfrutaron de los años dorados de las radios penquistas entre las décadas de los cincuenta y los setenta, donde la guinda de la torta fue el programa en vivo infaltable en los radioreceptores domésticos en las mañanas de los fines de semana : Ritmo y Canción de Los Domingos con la animación, producción y dirección del genial hombre de la comunicaciones de la época Anatole Figueras (su verdadero nombre, Anatolio Figueroa Vivanco). Ese espacio radial del recuerdo fue un modelo de entretenimiento, de difusión de historias dramáticas, de otras fascinantes, de solidaridad y de mucha música nacida del pueblo penquista.
Si para entonces se hubieran hecho mediciones de sintonía, cuando hablaba a los micrófonos Anatole Figueras, las estadísticas habrían marcado claramente récords en su favor, a pesar de todos los esfuerzos creativos que hubieran desplegado tanto Mario Chandía en la Simón Bolívar como Enrique Arjona, en la radio Araucanía, estos dos últimos también rockstars de la radiotelefonía de Concepción de esos años maravillosos. Pero, esta nota no apunta a analizar la competencia entre «monstruos» del micrófono, sino a destacar el valor añadido que tenía el programa dominical de Figueras y de otros que él conducía.
Anatole Figueras era una persona afable, de trato directo y correcto. Fuera de las ondas radiales, hablaba como cualquiera de nosotros, ni arrogante ni a alto volumen, sino más bien en tono sencillo. Interactué con él un par de veces en la ex radio El Sur, donde Figueras tenía alguna participación en la gestión de la emisora. Era como un papá, un tipo cariñoso. Cuando lo conocí, él ya estaba de vuelta. Sin embargo, quiero abundar en las virtunes increíbles del personaje quien a través de la radio cautivaba a miles y miles de auditores en la zona y solucionaba tantos problemas por la vía de la solidaridad basada en la buena voluntad. Ése era el sentimiento al que apelaba su conductor.
Fue el creador, el genio y el intelectual del programa. Lo ideó, lo construyó, lo puso en el aire y lo mantuvo ahí por 38 años. Su don de cercanía con las personas que tenía enfrente le permitió descubrir talentos, artistas, que él catapultó a la fama. Además esa aura le abría las puertas al comercio y a las empresas cuya publicidad le permitía financiar su exitoso programa.
Ritmo y Canción de Los Domingos era una plataforma de lanzamiento para cantantes amateurs, de muy buena calidad de la zona que Anatole Figueras audicionaba previamente y les daba el ok para ir al aire. E igualmente, como él adoptó un nombre artístico, rápidamente les elegía seudónimos a sus estrellas que probaban fortuna en el gusto popular a través de la radio y del espacio dominical. Por ejemplo, Ana María Ortiz fue presentada a las audiencias como Anamía. La joven, original de Hualpencillo, se abrió paso y llegó a México donde también cautivó con sus canciones. Otro tanto ocurrió con el trío de hermanos de apellido Arriagada los que pasaron a ser Los Hermanos Arriagada, con el agregado publicitario «Los Amos del Bolero». Ellos fueron toda una revelación musical en el medio artístico, una especie de Bee Gees penquistas, muy aplaudidos y que después alcanzaron exitosas presentaciones en Centramérica. Y hay muchos otros casos.
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| ANAMÍA, a la izquierda, cantante de Hualpencillo, que conquistó México. Y a la derecha, Los Hermanos Arriagada, promovidos como "los amos del bolero". |
Anatole Figueras, un auténtico cazatalentos también buscaba apoyar a personas necesitadas. Para lograrlo daba a conocer sus historias dramáticas sensibilizando por los micrófonos a los auditores para que hicieran erogaciones o cedieran bienes para ayudar. Su convicción era tal que las respuestas llagaban rápido. Su equipo de producción contaba, entre otros, con tres trabajadoras sociales que calificaban las solicitudes de quienes rogaban por ayuda a fin de atenderlas a través del programa. Figueras implantó un sistema transparente y riguroso para recibir erogaciones, todo contra boletas. Se recibía no sólo dinero, sino que ropas, alimentos, enseres.
La solidaridad social alcanzaba niveles institucionales, más allá de casos particulares. Por ejemplo, Ritmo y Canción... ‒que duraba tres horas en las mañanas de domingos‒, consiguió equipar en gran parte a la Unidad de Pediatría del Hospital de Niños Leonor Mascayano, un logro estupendo, gracias al público. Cuando las huelgas por reivindicaciones de los mineros del carbón de Lota, se prolongaban generando graves problemas de hambre entre sus familias, Ritmo y Canción llegaba con alimentos para atender las ollas comunes dentro de su quehacer humanitario. Figueras ideó una novedosa forma para proveer ropa adecuada a los hijos de padres de escasos recursos en meses de invierno. Estaba conmovido por el frío que soportaban esos niños. Creó dentro del espacio radial, la participación de tejedoras de barrios que concurrían a tejer chalecos, motivadas por el llamado del locutor, con el único fin de ayudar. En la radio las mujeres tejían decenas de esas prendas que eran distribuidas en las escuelas, mientras miles de auditores seguían emocionados el desarrollo de Ritmo y Canción...
Figueras también fue el autor del programa El Cantor de los Barrios, que iba al aire anualmente durante una temporada y que consistía en una competencia de talentos provenientes de poblaciones penquistas. Si bien los cantantes o grupos musicales se iban descartando en el circuito del programa, igualmente fue otra plataforma para los artistas amateurs de los barrios que no tenían recursos para exponer sus habilidades ante públicos.
Pero, ¿quién fue Anatole Figueras? Anatolio Figueroa Vivanco nació en Parral el 7 de ctubre de 1916 y falleció en Concepción el 12 de abril de 1993 a la edad de 76 años. Casado con Dina Urbina Parra. El matrimonio tuvo cuatro hijos, Anatolio (fallecido), Dina, Cristina y Wladimir. Siendo muy joven Figueroa dejó Parral y se trasladó a la ciudad penquista, a mediados de los años cuarenta. Su primera vocación era la publicidad, fue publicista. En Concepción creó una agencia. Sin embargo, el llamado interior era demasiado fuerte, su verdadera vocación eran las comunicaciones radiales, para descubrir y apoyar a artistas populares y alentar a las audiencias a tener una actitud solidaria frente a las urgente necesidades humanas.
Su vida creativa como productor de programas, de seguro tuvo sus sinsabores, que desconocemos, pero que él ocultó detrás de una sonrisa. En su casa, en soledad, escribía poemas, cuyas copias permanecen en poder de su familia. Su imagen, su voz y su obra perduran en el recuerdo. También hubo muchas anécdotas.
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| HERIBERTO RAMOS, arriba como el cantante Mario Rey. Abajo, como trabajador de la sección Decorados de Fanaloza. |
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| EL PROGRAMA Ritmo y Canción de Los Domingos, de Anatole Figueras, estuvo en el aire 38 años y se difundió sucesivamente por las radios Cóndor, Cooperativa Vitalicia, Caracol y Almirante Latorre. |
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Post Scriptum: Colaboraron con datos el periodista Héctor Coto Alarcón Manzano y Cristina Figueroa Urbina, hija de Anatole Figueras, el personaje de esta crónica. Muchas gracias.




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