sábado, octubre 24, 2026

UN BRINDIS CON LOS ÁNGELES


Varios centímetros menos de su contenido original tenía la botella sellada de Chivas, la cual Manuel esperaba destapar para que brindáramos juntos en alguna de mis visitas a Penco. La botella era parte de su reserva guardada por décadas.

   —Cuando vengas, amigo —me dijo—, nos vamos a conversar una copa de ese Chivas.

   No son frecuentes mis viajes a Penco, por eso aquel encuentro se fue postergando. En el intertanto, los médicos le diagnosticaron a Manuel una enfermedad fatal. Cinco meses sobrevivió con un ejemplar coraje.

   Un par de semanas después de la mala noticia médica, viajé para saludarlo y estar con él. Nos reunimos en su casa, como siempre lo habíamos hecho. Lo vi afectado por su enfermedad, pero no dejó de sonreír y, menos aún, de conversar. Entre historia e historia, me dijo que no se olvidaba de su invitación a una copa de whisky. Y de ese modo apareció la botella de Chivas de 12 años, guardada «por mucho tiempo», fecha que Manuel no pudo precisar.

   Desde el lugar donde yo estaba sentado, vi que a la botella le faltaba contenido. Raro, porque estaba sellada de fábrica.

   En mi presencia Manuel le sacó las etiquetas e intentó abrirla, pero las fuerzas no le ayudaron, así que me la extendió para que yo la destapara. A juzgar por lo que me costó, esa botella no había sido tocada por nadie más que por nosotros.

   Manuel escanció el whisky en un vaso y me ofreció hielo, agua o una combinación de ambos. Le dije que no porque quería saborear el contenido sin añadidos. Bebí mientras me miraba, puesto que él ya no podía hacerlo por su enfermedad. Así que fue más bien un brindis a medias, donde mi acción se parecía más a la de un catador.

   Enseguida me dijo, como si me hubiera leído el pensamiento:

   —Me imagino que te extrañó que a la botella le faltara un poco...

  Le contesté que sí, que me había sorprendido.

   —Te voy a explicar lo que pasó —continuó—. Se relaciona con la física: hay casos de evaporación a través del corcho, que es un material vegetal poroso. Otras veces ocurre que por muy herméticas que sean las botellas presentan alguna microscópica imperfección en el cuello por donde el whisky se escapa en cantidades mínimas con el tiempo.

   La explicación era pertinente. Además, como Manuel era un gran conversador y amante de la ciencia, el tema venía muy al caso. Sin embargo, terminó su relato citando a un conocido suyo:

—Hace muchos años le oí decir a un amigo, ante una situación parecida: «El whisky que le falta a la botella sellada se lo tomaron los ángeles».


No hay comentarios.: