Wednesday, December 23, 2009

LOS AÑOS NUEVOS DE PENCO




Marcaban la medianoche la potente sirena de Fanaloza y al unísono el ronco y profundo silbato del pito a vapor de la Refinería. Los bomberos hacían sonar su alarma.

El ulular de las sirenas y ese silbido similar al de un barco perdido en una tormenta anunciaban la llegada del año nuevo. ¿Esa era la característica de tales celebraciones durante Era Industrial? Al menos así ocurría en Penco en los años cincuenta.

El reloj pulsera a cuerdas podía marcar las doce de la noche, las radios podían emitir sus gongs horarios, pero si no sonaban las tres bocinas antes señaladas, simplemente no había abrazos. Tal era el rito de las fiestas.

La Refinería hacía sonar su pito a vapor durante tres minutos. Fanaloza y los bomberos se tomaban tiempos similares. La gente llenaba sus copas de ponche de frutillas y duraznos, los niños retiraban los viejos calendarios de papel colgados de las murallas y los reemplazaban por nuevos, los que lucían la misma publicidad, del almacén de la esquina.

Acto seguido, todos a la calle, a visitar a los vecinos a repartir abrazos. Los niños más grandes disparaban petardos, empanadas y viejas. Los bolsillos de sus pantalones cortos iban cargados de cohetes y piedras embadurnadas de pólvora seca. Esas piedras se hacían rodar por la calles. Brincaban como trompos cucarros por los golpes y las explosiones.

Los viejos se iban a la cama después de los pitazos; los enamorados caminaban por la plaza en la noche cálida y los borrachos tambaleándose buscaban algún sitio donde comprar más vino.

Temprano al día siguiente, las familias se iban de picnic. Los pinos de Playa Negra; la poza de Coihueco, las bateas de Copucho eran los lugares preferidos. Así se cerraba la celebración de año nuevo en Penco.

¡Feliz 2010!

2 comments:

perrol said...

El relato no puede estar más apegado a la realidad. Efectivamente, era un ritual que, desgraciamente, se ha perdido. En el recinto de la Refinería, en donde esta ubicada la munticancha, se efectuaba un festival pirotécnico, comandado por Humberto Nova, con globos, bombas de ruido y luces, cohetes y todo aquello disponible para el efecto. La calle Oberto Ovalle era ideal para lanzar, cuesta abajo, las famosas piedras tronadoras. Nostalgia. ¿Fueron tiempos mejores? Queda abierta para la respuesta.

cheo said...

Se acuerdan de las pileras de ramas y leña, tenian que encenderse a la medianoche, lo mejor era quemar la del barrio vecino.