Wednesday, October 05, 2011

"COMPRO HUESOS, VIDRIOS BLANCOS Y FIERROS VIEJOS"

La calle Alcázar vista desde el mirador de Villarrica. Por allí solía pasar el comprador de cachivaches en su carretón. En primer plano, el autor de esta nota.
Un carretón  tirado por un caballo y un hombre al control de las riendas solía recorrer las calles de Penco hace muchos años para comprar al menudeo tres tipos de desechos: vidrios blancos, fierros (cachivaches) y huesos. El mayoral llevaba una balanza abordo y en ella pesaba estos objetos que mucha gente salía de sus casas diligentemente a vender sin grandes ilusiones. El hombre no pagaba mucho, casi nada. Pero,  esta basura específica rendía algunas monedas al fin y al cabo.

El comprador a domicilio guiaba su carretón entonando una cantinela que rimaba bien y que al oído tenía ritmo:

“¡Compro huesos, vidrios blancos y fierros viejos…!”

Y hacía sonar un pedazo de metal --a modo de campana-- para que los interesados despertaran de sus siestas y salieran a vender. Pronto se abrían las ventanas de las casas para ver qué pasaba y después, las puertas. Por ellas los entusiastas vendedores salían con canastos de huesos de vacuno, restos de pasadas cazuelas, para entregárselos al carretonero cantor. Otros vecinos llevaban chatarras oxidadas con envejecidas telarañas colgando para que se las pesaran y recibir a cambio unos pesos. Los vidrios blancos de ventanas quebradas eran un producto más escaso, a pesar de la cercanía de la fábrica Vipla. Pero, ¿cuál era el destino de tales efectos, cuyo fin natural debía ser la basura?

Entonces nadie explicaba nada, menos aún el mayoral un hombre gris y misterioso sin más palabras que su conocida letanía. Cuando ya ha pasado un largo tiempo llegué a una conclusión, a respuestas tentativas. Estoy llano a recibir precisiones si mi razonamiento va por el camino incorrecto.

Los fierros mohosos podrían ir a fundiciones o a trabajos en fraguas. El hierro barato tenía, supongo, un mercado interesante, teniendo en cuenta que Huachipato todavía no producía acero suficiente para satisfacer toda la demanda.

Los vidrios blancos, pudieron ser destinados al reciclaje en Vipla.

¿Y los huesos de las cazuelas? Me informaron que sus químicos servían para darle consistencia a la loza fina que producía Fanaloza. Durante un tiempo la industria locera utilizó ingredientes de huesos en sus pastas de caolín para obtener más firmeza del producto y reducir las saltaduras o picaduras de tazas y platos más finos. Parte del insumo para fabricar loza de selección al parecer lo producía una empresa que acopiaba huesos y los sometía a algunos procesos. Funcionaba donde actualmente se levantan los edificios Cochrane. Vecinos mayores de Penco recuerdan todavía los malos olores que emanaban de dicha empresa como era natural.

Un día el comprador callejero de esos desechos dejó de pasar. No volvió nunca más. Sin duda porque el negocio se acabó con el desarrollo de las tecnologías. Con los años la mayoría se olvidó de este desconocido cantor en carretela y nadie podría precisar hoy cuándo fue su último recorrido. Debido a su carga de fierros, vidrios y huesos, el carretón apestaba. Una nube de moscas lo seguía en su recorrido. Como no apareció de nuevo, muchos tuvieron que botar a la basura sus desechos clasificados guardados para la venta. Los menos se quedaron con el retintín en la memoria: “¡Compro huesos, vidrios blancos y fierros viejos…!”

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