Thursday, March 14, 2013

EL VINO CLARO Y BRILLANTE DE LAS MURTILLAS



            Ir al campo a recoger murtilla en Penco era una fiesta, una costumbre popular en el siglo XX y que consistía en que familias enteras y en forma muy numerosa salían a los cerros de madrugada y con harto cocaví cada Viernes Santo.
            Pareciera que ese sabroso fruto silvestre alcanza su punto de maduración para los días de Pascua de Resurrección. Sin concertarse los improvisados cosechadores de murtillas aún sin rayar el sol salían de sus casas y comenzaban entretenidas procesiones cerro arriba para recoger esas pequeñas bayas globosas, dulces y deliciosas y traerlas en bolsas y canastos a casa al final del día.
Abate Molina.
       Niños –en realidad los más entusiastas--, mujeres y hombres mayores subían hacia Villarrica y las emprendían rumbo a Primer Agua, lugar donde amplias explanadas muy expuestas al sol de verano exhibían grandes manchones de estos arbustos cargados de las jugosas murtillas. El fruto es esférico y pequeño no mayor de 1,5 centímetros. Es dulce por esencia con notas ácidas parecidas al membrillo, pero con un aroma distintivo, único y delicioso.

            El Abate Molina en el siglo XVIII escribió que los mapuches hacían vino de murtilla. El mosto tardaba en fermentar, pero al final decantaba en un líquido claro y brillante de sabor suave y muy agradable. Tal fue el juicio del abate al término de sus investigaciones sobre el valor de la murtilla. Los mapuches llamaban a este fruto “ugni” o “uñi”, por lo que su nombre científico es hoy “ugni molinae”.

            La planta de este fruto es un arbusto de no más de un metro y medio de altura. Se desarrolla muy bien en suelo seco y expuesto al sol. Florece en noviembre, sus flores tienen forma acampanada. Algunos conocedores dicen que existen frutos de tres variedades: blanco, rosado y rojo, muy ricos y apreciados estos últimos.


Un pie de murtillas y arándanos preparado por Lorena Palma.

               Con la murtilla en Penco las familias preparan delicadas y finas mermeladas, también hacen tortas y postres. Para este último propósito, cuecen rodajas de membrillos y murtillas en almíbar. El resultado es sorprendente. Y algunas personas también usan la fruta para preparar tragos echando un puñado de murtillas en una botella con agua ardiente. La fruta se pasa con los días y se va al fondo. Reponedor trago como bajativo en días de invierno.

            Las cosechas de murtilla silvestre en los cerros de Penco, terminaban, como decíamos, al final de la jornada de Viernes Santo. Por cierto que no faltaban algunos adultos que luego de recoger la fruta pasaban a una “picada” en Los Barones, donde brindaban con generosidad vino tinto pipeño con harina. Un cabezón harinado los devolvía contentos y alegres a sus casas luego de un agotador día de trabajo al sol sumergidos entre los arbustos proveedores de este magnífico fruto del fin de cada verano.

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