Thursday, October 23, 2014

LOS COBRADORES EN LAS GÓNDOLAS CONCE-PENCO

Recreación de cómo el cobrador de micros ordenaba sus billetes para cumplir su oficio.
Un viaje de Penco a Concepción en góndola (micro) duraba unos 45 minutos. Camino de tierra, motores con poca fuerza. En la subida de la refinería alguien podía ir caminando afuera y avanzar más rápido. La marcha, a la vuelta de la rueda. Colmadas de pasajeros, la góndolas apenas aumentaban su velocidad cuando alcanzaban los sectores planos de la ruta.


Una góndola --parecida a las de entonces-- virando desde  O'Higgins a calle Penco. (Imagen construida con Photoshop).
La tripulación de una góndola la integraban el chofer y un cobrador. Las personas subían a la micro, las que podía tomaban asiento y el resto se armaba de paciencia para viajar de pie. El panorama no es diferente del que se vive hoy. Pero, el cobrador era el protagonista que marcaba la diferencia con respecto al presente. Una vez que la góndola iniciaba su marcha, el cobrador comenzaba a hacer su trabajo. Recorría el pasillo recibiendo el importe del pasaje. Él entregaba un boleto (igual que los actuales) y si había que devolver dinero, lo hacía. Llevaba suficientes billetes ordenados entre sus dedos para el cambio. En cosa de vueltos no había problemas.
El cobrador era un tipo con personalidad, hablaba en voz alta a los pasajeros y de cuando en vez saludaba o respondía con una sonrisa. En esos años los viajeros se conocían, Penco era una localidad pequeña, nada había que temer con respecto a la presencia de delincuentes que a veces hoy suben al transporte público.
Teniendo en cuenta esa realidad, igualmente el cobrador decía la cantinela de su oficio: “Por favor, avanzar por el pasillo…” y si entre el público viajaba algún amigo suyo le ponía un agregado: “avancemos por el pasillo, cuidado con los bolsillos”…  

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