Sunday, June 21, 2015

UN CUENTO QUE SE SALIÓ DE UNA REVISTA Y SE HIZO REAL UNA NOCHE EN PENCO

Foto referencial: una portada de la revista Don Fausto, obtenida de internet.
Esa noche de invierno estaba como para contar y oír historias de terror en aquellas tertulias familiares de trasnoche en la que además participaban algunos vecinos. La señora María tenía la palabra y todos estábamos en silencio absoluto para saber de qué se trataba su relato. Y ella contaba con voz quieta y una mirada pícara la experiencia que había vivido tiempo atrás en su casa, estando allí sola con su hermano Regino, quien padecía de una limitación neurológica. Aquel hablaba con mucha dificultad, había que conocerlo bien para hallarle algún significado básico a su lenguaje… Por ello, la señora María era la mejor intérprete de las conversaciones de Regino, ella comprendía lo que para el resto eran sonidos vocales y balbuceos. Contó que era muy tarde aquella noche y ella estaba inmersa en una lectura terrorífica que incluía ese número de la revista Don Fausto. La narración, contaba ella, trataba de una aparición misteriosa en el fondo del pasillo de una casa. Una figura oscura, un fantasma merodeando por ahí, con ruidos y todas esas cosas sobrenaturales. A pesar de su miedo creciente no podía soltar la revista y seguía adelante con su lectura. Regino la miraba con esos ojos cariñosos y dulzones de una persona limitada de mente ajeno por completo al tema de lectura de María. Decíamos que por algún motivo no había nadie más en esa casa de familia numerosa. Regino calentaba sus manos junto al brasero, porque era una de aquellas noches para dar diente con diente en Penco. Metida en la lectura, decía la señora María, ya comenzaba a creer que el fantasma del texto se salía del papel y rondaba por algunas de las piezas interiores.  Si hasta le parecía oír ruidos extraños. Entonces, para romper el vórtice creciente del miedo que la invadía le ordenó a Regino que fuera a buscar carbón allá al fondo de la casa, sin duda el lugar más oscuro y cerrado de aquellas habitaciones para alimentar el brasero. Su hermano se paró y caminó en la oscuridad a buscar algunos trozos de carbón de madera que María le había encargado. Ella, en tanto, siguió a concho en la historia de Don Fausto. Regino desapareció en la oscuridad. Al quedar sola la señora María  atizó el fuego para agregarle el carbón que traería su hermano.
Al poco rato Regino regresó con las manos vacías y con el rostro pálido como que hubiera visto una aparición. Sorprendida y asustada ella la preguntó que qué pasaba, dónde estaba el carbón... Él entre avergonzado y timorato le respondió algo que a ella no le hubiera gustado oír en esas circunstancias. A media lengua Regino le dijo: “Allá adentro hay un caballero de negro. Tiene fuego en la boca… parece que es un jo-jorito*, parece que es un cigarrito… ¿Quién es hermana?”
 
La señora María y Regino se miraron. Ella dejó la revista sobre la mesa, se paró, lo tomó por el brazo, encendió las otras luces y ambos caminaron rumbo a la carbonera haciendo de tripas corazón. “Aquí estaba”, le dijo Regino indicando el punto.  Y ella en su soledad y en su miedo no vio a nadie, no había nadie…
                                       (* se refería a un palo de fósforo encendido).

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