Monday, October 05, 2015

CLONES DEL MUSCULOSO CHARLES ATLAS EN LA PLAYA DE PENCO



Charles Atlas (Angelo Siciliano) en
una fotografía de publicidad.
La imagen y las historias exitosas de Charles Atlas, un fisicoculturista norteamericano de los años cincuenta, marcó a muchos jóvenes en Penco, en Chile y en todo el mundo. El personaje real se expresaba en tiras cómicas, con relatos de un hombre flaco humillado por un tipo más robusto, que se tomó venganza después cuando hubo desarrollado un cuerpo musculoso.

Charles Atlas levantaba la autoestima de los flacos y los motivaba a mejorar su físico con simples trabajos rutinarios de 15 minutos al día. Impuso el término despectivo “alfeñique” o persona delicada, de cuerpo sin complexión, según el diccionario RAE. Por tanto, nadie quería ser un alfeñique en Penco. ¡No seas un alfeñique!



Charles Atlas fue un nombre de fantasía para promover el negocio de la superación física en todo el mundo. El verdadero nombre del personaje era Angelo Siciliano, nacido en Italia en 1892. Emigró a Estados Unidos donde siendo adolescente recibió una “pateadura” de parte de un muchachón fornido y prepotente en la playa. Un episodio como éste perfectamente podría ocurrir en la playa de Penco, pensaban los jóvenes pencones. Para evitar una situación hipotética como la narrada, sería mejor prevenir y convertirse cada uno en un clon de Charles Atlas.


Y proseguía la historia: Siciliano luego de contemplar la estatua de Hércules en el museo de Brooklin, y con sangre en el ojo se juró que nadie se volvería a burlar de él si desarrollaba su musculatura. Hasta que lo consiguió pero no a través de viajes y jornadas en el gimnasio. Siciliano creó su propio sistema para aumentar su aspecto. La llamó Tensión Dinámica. Se fijó que los animales salvajes no iban a los gimnasios para ser fuertes. Concluyó que el secreto estaba en mantener la tensión entre los músculos. Comenzó a ejercitarse haciendo torsión de músculo contra músculo. Así pudo aumentar el doble de su peso y se tomó la revancha… La tira cómica salía en casi todas las revistas de jóvenes de esos años.



La historia de Charles Atlas la impulsó un publicista inteligente, Charles Roman, quien vendió el concepto de “Charles Atlas el hombre del cuerpo más perfecto del mundo”. Ciertamente que el cuento y el slogan calaron profundo en Penco, donde los adolescentes estaban dispuestos a seguir paso a paso los consejos de este nuevo fortachón. Porque su historia era muy buena, de alfeñique pasó a ser un Hércules trabajando el físico apenas 15 minutos al día. ¿Sería eso posible? Y ante esa pregunta clave, la tira cómica respondía “Sí, es muy sencillo siguiendo mi curso de Tensión Dinámica”. Faltó solamente el “llame ya” de los infomerciales de hoy en televisión. Demás está decir que Charles Atlas ganó millones y transformó su vida de pobre a hombre rico. Fue también un referente del modelo americano: la autosuperación y la fijación de metas. Charles Atlas murió en 1972.


Como en Penco, la gente era buena para las tallas, cuando alguien se vanagloriaba de estar siguiendo el cursillo por correspondencia y no se notaban progresos, las ironías llovían:



 “Fulano de tal no es pupilo de Charles Atlas, es pupilo de Charles Guata”.


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