Saturday, October 03, 2015

LOS COLÉRICOS OÍAN MÚSICA MODERNA Y DIERON UN GIRO A LA HISTORIA. TAMBIÉN, EN PENCO

Kiu Sakamoto interpretando Sukiyaki, a comienzo de
los sesenta. Una reseña de este artista al final del texto.
Para las nuevas generaciones de pencones la palabra “coléricos” puede que no tenga sentido, pero sin saberlo, ellos son herederos de coléricos, esa tendencia que vivieron sus padres y sus abuelos de finales de los años cincuenta hasta los setenta (1950-1970), tendencia que significó una separación de ellos con el pasado. Como nunca antes los jóvenes de entonces adhirieron masivamente a la nueva música popular que provenía de todas partes, con creativos en casa y lejos en el exterior. En Chile el movimiento de la nueva ola con sus artistas; en Estados Unidos con Elvis Presley; en Inglaterra con The Beatles, en Francia con Silvie Vartan, en Italia con Boby Solo, en Japón con Kiu Sakamoto… y –por favor—fueron muchísimos más.

En Penco los coléricos se reunían a oír esa música moderna que sonaba con instrumentos electrónicos, voces nuevas y ritmos innovadores. Se juntaban en la casa de un amigo a escuchar las nuevas producciones en vinilo. Reuniones de este tipo no habían ocurrido jamás en el pasado. Porque el mundo estaba dando un giro. Los jóvenes habían adquirido carácter por sí solos, carácter que era muy distinto del de sus padres. La juventud constituía un estamento social que exigía sus derechos y desafiaba al futuro. Los coléricos tenían sueños difíciles de cumplir pero ahí estaban perseverando con esa música de fondo que los identificaba. No eran muchachos violentos, sin embargo, los adultos los miraban con recelo a lo mejor con envidia porque ya se sentían desplazados o porque ellos no alcanzaron a rasguñar las emociones de ese nuevo mundo de la música que acentuaba los sueños de los jóvenes. “¡Estos son los coléricos!”, decían en voz alta y con tono despectivo los adultos por la calle cuando veían a grupos de muchachos intercambiando sus nuevas experiencias en alguna esquina de Penco. A su vez el mundo se hacía más urbano.
Los coléricos no fueron un movimiento político, sino una tendencia transversal no diremos pacifista, pero sí pacífica. Estaban a la vanguardia e impulsaron su cultura propia. Pero, ¿qué cultura?: preocupados del mundo, de sus novedades, en estado de alerta constante, críticos del pasado y llanos a aceptar ideas contemporáneas, confiados en el porvenir, con fe en sus propias virtudes.  Estas características se observaban claramente en Penco. Y sin duda el punto de reunión de esos jóvenes era el transporte público, en tiempos en que Penco no tenía establecimientos de enseñanza media. Los viajes obligados a Concepción de ida y regreso fueron una opción de encuentro. Los coléricos iban bien peinados, a la gomina. Las niñas con mochilas y bolsones con distintivos modernos. Los coléricos le pusieron calor a la guerra fría.  
Los jóvenes actuales heredaron esa rebeldía; ellos no la inventaron. Sus padres y sus abuelos ya la habían ejercido en sus tiempos de colegio y universidad. Ellos fueron los primeros en romper con de la cultura de sus padres y de sus abuelos. Los coléricos con su cultura modificaron la forma tradicional de la vida en Penco y en muchas partes. 
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Kiu Sakamoto nació en Japón en 1941. Su canción Sukiyaki vendió 13 millones de copias en Estados Unidos y estuvo en la cúspide de las encuestas en 1963. El verdadero título del tema es "Camino Mirando al Cielo", pero se la bautizó Sukiyaki al parecer por razones comerciales. Sakamoto fue también vastamente popular en Chile. El artista japonés falleció en un accidente aéreo el 12 de agosto de 1985. Tenía  43 años. Se dice que alcanzó a escribir una nota de adiós a su esposa cuando supo que iba a morir.    

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