Thursday, December 10, 2015

EL CLUB FANALOZA DE PENCO CONTRATÓ EN LOS 50 AL GRAN GOLEADOR CHILENO MARIO LORCA




Mario Lorca, extraordinario goleador chileno, se vino de Santiago a Penco para jugar por Fanaloza.
Un domingo por allá por 1957 en el estadio de la refinería, en medio de la disputa de una fecha del Campeonato Regional de Fútbol, en la que se enfrentaban el local Fanaloza y Caupolicán, de Chiguayante, comenzó a correr el rumor que el club locero adquiriría a la estrella del balompié chileno, el viñamarino René Meléndez. El delantero de Everton vendría a integrar la línea ofensiva del equipo de la camiseta cruzada pencona. Se decía que las gestiones de la directiva locera, encabezada por uno de los hermanos Díaz, estaban listas y que Meléndez vendría a la brevedad a exhibir sus habilidades deportivas.Sin embargo, el domingo siguiente, en el mismo recinto futbolero, el rumor se diluyó porque en  reemplazo de Meléndez llegaba el ex Unión Española, Mario Lorca, también famoso goleador integrante de la selección chilena entre 1950 y 1952. Lorca con su fútbol de primera clase le subió el pelo a Fanaloza, un club animador de la competencia regional. Su nombre se unía a Pedro Flores, Gustavo Piturra y otros valores nacionales que llegaban a la zona atraídos por el prestigio de los clubes. El único inconveniente --que se podía pasar por alto-- era que las canchas de entonces no tenían pasto. La exquisitez del césped estaba reservada al estadio nacional y otros recintos santiaguinos. Sin embargo, a modo de bálsamo, las canchas de suelo desnudo tenían una ventaja para los arqueros o los servidores de tiros libres. Con sus manos ellos podían hacer pequeños montículos para instalar la pelota y facilitar así la ejecución del disparo. Valga esto como un consuelo.

Sin duda, Fanaloza hizo un desembolso grande para traer a Mario Lorca a Penco. Aquí el astro goleador tuvo su domicilio en una hermosa casa ubicada en la calle San Vicente con línea férrea. Estaba recostada hacia el cerro con una espectacular vista de la bahía. El costo que representó para el club tuvo su repercusión en la cultura popular de la fábrica de loza. Por ejemplo, en la sección molinos se necesitaba agregar un nuevo trapiche, esos equipos necesarios para reducir las piedras de cuarzo a gránulos o a partículas diminutas. El trapiche funcionó bien, pero la inversión fue enorme. Por eso los trabajadores le pusieron el sobrenombre de "trapiche Lorca", mucha plata para los resultados.


 

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