Thursday, July 28, 2016

LOS BUZOS CON ESCAFANDRA DE PENCO, CERRO VERDE Y LIRQUÉN CONFIABAN SUS VIDAS A SUS COMPAÑEROS DE A BORDO



Imagen de referencia: una embarcación dotada de bomba de aire para buzos.
Foto Word Press.
 En Penco había gente con esa rara virtud de confundir la ficción con la realidad. En particular si el entorno ayudaba. Por ejemplo, para el terremoto de 1939, la gente que fue sorprendida en el teatro de la Refinería, creyó que el sismo era parte de una demolición que se veía en la pantalla en ese preciso momento. Los niños lloraban de puro miedo cuando en el telón se veían enormes microbios ampliados miles de veces por una filmación con microscopio. Creían que eran horribles monstruos de otro planeta recién llegados a la tierra… Describamos ahora otro ejemplo…
 
En los cuarenta y cincuenta, algunos pescadores de la comuna disponían de equipos de buzo con escafandra para mariscar a un par de metros bajo la superficie. El aparejo era pesadísimo, para permitir que el mariscador, una vez que se lanzaba por la borda, se fuera rápidamente al fondo. Sus densos zapatones de plomo le permitían hacer pie en el lecho marino y desde ahí desplazarse erguido por el sustrato en búsqueda de locos. El mariscador submarino llevaba una barra de fierro en una mano enguantada y un canasto tejido de alambres en la otra. Permanecía conectado al bote por un ducto de aire fresco, consistente en una manguera de goma que recibía el flujo de una bomba a bordo. Y también un cordel para las comunicaciones: un tirón significaba que había que izar el canasto seguramente lleno de locos; y dos tirones significaban que los hombres arriba del bote debían sacar rápidamente el buzo a la superficie.
Un buzo con escafandra siendo izado
desde el fondo del mar. Foto tomada de
El Llanquihue.
 
Desde las playas de Penco o de Lirquén era común ver estas operaciones extractivas de los pescadores mariscadores varios metros mar adentro. Los dos grandes volantes de las bombas accionadas por los pescadores de abordo para suministrar aire al buzo allá en el fondo eran características en el centro de los botes. Los que las operaban parecían estar moliendo café apoyados en una manivela pegada al aro exterior de la rueda. Era un movimiento acompasado,  gimnástico y monótono.
 
Pues bien, ocurrió que esa noche en el teatro de la Refinería exhibían una película cuya trama era de un buzo con escafandra que trabajaba en el fondo del mar y que tenía problemas de amores con la persona –una mujer—que accionaba la bomba en el bote. La escena era muy familiar a lo que ocurría en Penco. El drama cinematográfico continuaba con la venganza que la mujer cobraba al buzo. Ella, víctima de su compañero de trabajo, sola a bordo, decide no accionar más la bomba y privarlo del aire vital… Así continuaba la película…
 
Los pescadores que estaban allí, sentados en los bancos de la galería, cambiaban de postura algo nerviosos, porque, se les pasaba por la cabeza, que a ellos podría ocurrirles algo parecido. Como fuera, ellos como buzos entregaban la seguridad de sus vidas a aquellos que quedaban arriba. La diferencia  --y la tranquilidad—era que en Penco, Cerro Verde y Lirquén, no había mujeres celosas a cargo de las bombas de aire. No, los operadores eran rudos pescadores capaces de bombear lealmente bajo las peores condiciones. En el silencio de la película se oían tallas a media voz lanzadas por los pescadores instalados en la galería del teatro refinero. Algunos estaban, una vez más, confundiendo la ficción con la realidad.    

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