Wednesday, July 27, 2016

LAS CARTAS DE AMOR HOY SÓLO ESTÁN EN EL RECUERDO DEL CORREO DE PENCO


Julián Camaño, Víctor Rojas y Juana Sepúlveda, atienden el correo de Penco.
Era tanta la gente que acudía al correo que había que esperar turno para recibir atención. Unos iban a comprar estampillas para pegarlas en los sobres de sus cartas, otros llevaban encomiendas en cajas de cartón. En los mesones los encargados le agregaban lacre derretido a las amarras y les estampaban sellos. Otros iban a despachar telegramas y para colmo, más de algún profesor encabezando a algún curso iba al correo para explicarle a los niños cómo se enviaba un giro o qué papeleta había que llenar para despachar un telegrama. Un par de metros más al interior del mesón había un operador codificando mensajes con el "tac-tac-tac" del sistema Morse. Otras personas llegaban con sus llaves a revisar sus casillas. Y los más jóvenes miraban con los ojos largos las listas mecanografiadas pegadas en un panel por si aparecían sus nombres en la sección cartas recibidas. Eran las esperadas cartas de amor manuscritas en una hoja especial. Cuántos movían sus cabezas desesperanzados por no recibir respuesta... En el correo de Penco, había horas de actividad febril. Porque no eran sólo servicios para la personas, sino también para las empresas e instituciones. Venían estafetas del banco, de las industrias Fanaloza, Vipa y Refinería a despachar y recoger correspondencia. En los mesones se venían montones de cartas, ordenadas y clasificadas, muchas de ellas listas para ser enviadas por ferrocarril a sus destinos. Y otras iban a los bolsones de cuero de los carteros, quienes salían a repartir a las direcciones. Estos repartidores recibían una propina por la entrega de una carta de parte del destinatario. ¿Devuélvase al remitente? Sí, algunas veces los sobres traían la dirección incompleta o incorrecta, entonces el cartero seguía el protocolo de reenviarla al origen.  Sin duda el trabajo era arduo en el correo. No en vano el 90 por ciento de las comunicaciones pasaban por ese servicio…
Nada de esa feroz demanda existe hoy en Penco. La modernidad ha diversificado las formas de comunicación y ahora las personas en todo el mundo nos relacionamos prescindiendo del correo tradicional. Sin embargo, hay quienes han proseguido con el hábito de antaño. Una de esas personas en Penco es Manuel Suárez, quien con frecuencia va a la oficina del correo en el edificio municipal a revisar su casilla, la número 16, que él heredó de su padre, el doctor
Manuel Suárez revisa la casilla n° 16 en nuevo formato. A la derecha, los antiguos casilleros.
Emilio Suárez. “Claro que ahora no se reciben cartas personales ni familiares como entonces”, nos dice Manuel, “hoy en día sólo llegan cuentas”. Pero, en realidad, es mucho mejor disponer de una casilla y evitar así que tiren las cuentas por debajo de la puerta. La devoción de Manuel por los recuerdos de sus años juveniles es tal, que cuando correos cambió los paneles de casillas por nuevos casilleros, él adquirió aquel que fue removido, pero que incluía la n° 16.
Manuel Suárez Braun, en la puerta del correo de Penco.
En el recuerdo hay muchos nombres de personas y personajes que atendieron público y dirigieron el servicio de correos de Penco. El más nombrado fue Tomás Tolrá. También estuvo en ese cargo la señora María Ana Isabel Vidal Barría, pero ella se firmaba María de Peters y fue muy conocido entre los pencones un cartero y repartidor de telegramas Hernán Jara.  

No comments: