Saturday, November 24, 2018

LAS TRIQUIÑUELAS PARA HUMEDECER LA ZONA SECA EN PENCO


          La ley de alcoholes de entonces ordenaba que los establecimientos comerciales del ramo debían cerrar a una determinada hora del último día hábil de la semana. O sea, autorizaba atención a público de lunes a viernes. La ley fue hecha a la medida de las bodegas de vinos para controlarlas; por tanto fueron las más “afectadas” por la ordenanza y, por cierto, los consumidores. Eran los tiempos de la venta de vino a granel. Sábado y domingo, zona seca.
         Como si las costumbres pudieran echarse al saco por la fuerza durante dos días a la semana, la ley obligaba a acatar la normativa. Así, debido a que tal planteamiento resultaba difícil de seguir al pie de la letra, en Penco bodegueros aplicaron estratagemas para sortear la prohibición con la apariencia de respetarla. Para ellos, antes que la ley estaban los clientes 24/7 de consumo de pipeño. Para tal fin, en la mayoría de los casos, estos negocios tenían dos puertas a la calle, una, la oficial y otra ingenua, lateral o posterior. Así se podían burlar, hasta cierto punto, las fiscalizaciones severas los fines de semana.
          Los niños o los muchachos de los mandados sabían que esos días había que golpear la puerta ingenua. Alguien disimulado del interior se asomaba, miraba en todas direcciones y después el comprador, como si de una visita se tratara, entraba. Hartas visitas ingresaban o salían por esa puerta. Ya adentro y bajo el techo de la bodega, se abría un mundo: un hervidero de gente conversando en voz alta, con sus copas en la mano o apoyados en pipas vacías o a medio llenar. Entonces el de los mandados mostraba su botella al dependiente y compraba la medida de vino que le habían encargado. Pagaba y salía, atrás quedaban las conversaciones y los comentarios cada vez más destemplados.
          El de los mandados llevaba su envase envuelto en papel de diario, para que nadie, ni la policía sospecharan que cargaba vino en contravención con la ley. La botella envuelta iba aprisionada entre el brazo y el pecho. Cerca del mediodía o avanzada la tarde de un sábado o un domingo  era frecuente ver en las calles a muchachos portando estos cilíndricos paquetes ya fuera saliendo o ingresando a los domicilios. Nadie era tan un nerd para no darse cuenta de qué se trataba.

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