Wednesday, October 16, 2019

LOS ALUMNOS DE PENCO QUE OBTUVIERON NOTA 7 EN MORAL


               El día de entrega de las libretas de notas congregó a los padres, las madres y los apoderados en la puerta de aquella escuela de Penco que tenía una amplia plataforma de concretocomo un escenario, que por un lado conducía a la entrada de la edificación de una planta toda de madera, y por el otro contaba con 3 escalones que daban a la vereda. Debió ser finales de junio de 1956. Se disponían a entregar esos delgados cuadernillos los profesores Leyton, Montero, Bustos, etc. De manos de cada maestro, cada apoderado recibió cada libreta, mientras cada alumno evaluado esperaba con dudas sus propias calificaciones registradas en ese documento. Decenas de pequeños ojos castaños miraban el trayecto de la libreta de las manos de sus profesores a las otras, de sus padres o madres. Una primera lectura de los resultados se reflejaba en los rostros de los mayores: alegría, orgullo, seriedad, indiferencia, preocupación. El día de la verdad. Castellano 7, matemática 6, religión 7, educación física 6, moral 7. Sonrisas, apretones de mano, saludos. ¿Un helado barquillo donde el turco Marcos? No, en invierno está cerrado. Caminata por la línea de regreso a casa. Hora de almuerzo.

              —¿Qué cosa es moral, papá?—, preguntó José, el alumno de las mejores calificaciones del curso cuyo profesor era el señor Servio Leyton. No recordaba ese ramo,  ni tenía ninguna anotación sobre eso de moral en su cuaderno de vida. ¿Entonces, de dónde salió?
               —¡Veámoslo después!—. Siguieron caminando dando saltitos sobre los durmientes (porque la línea del tren también se usaba como una peatonal). José no insistió porque comprendió que su papá estaba cansado, tal vez no lo escuchó bien o quizá tampoco sabía. Mejor sería preguntarle a la mamá. Ella estuvo muy feliz de revisar y confirmar las excelentes calificaciones del hijo, pero ahí mismo le cayó la pregunta, en la mesa, mientras almorzaban. Su respuesta.
             —Mira, José, la moral es no decir atrevimientos. Es no andar repitiendo malas palabras, menos en la escuela.
                 Punto.
               La pregunta planteada por José a propósito de su nota en moral es en realidad una pregunta muy antigua en filosofía. Qué es moral y, por añadido, qué es ética. Son palabras distintas, pero en el lenguaje común no hay diferencia. En las universidades se las imparte como una sola cosa, ética, en prácticamente todas las carreras. Ambas voces etimológicamente tienen la misma raíz griega «ethos», término que en castellano se traduce también con dos palabras: costumbre y carácter. Esta última se entiende como la creencia, por parte del individuo, en valores los cuales al hacerse hábitos conforman su personalidad moral. O sea, la persona reflexiona acerca de cuáles son las mejores costumbres o las buenas prácticas para vivir en sociedad.
Fotograma tomado del video El Talón de Aquiles, de Youtube.com

               Estudiosos de esta materia afirman que moral son los valores verdaderos que permean una comunidad y cuyos miembros practican. (*)
               Pero, el asunto no es simple. Hay inconvenientes como, por ejemplo, que la ética presenta dos caras: cara 1, como la persona concibe los valores morales y cara 2, como esa persona se comporta en la vida diaria.  Entonces se da la contradicción: que baste con hablar de estas cosas morales pero no practicarlas. Por eso, los griegos sostuvieron que la ética no podría enseñarse como las otras ciencias. Si se la enseñara como un curso teórico se agravaría la contradicción entre lo que se piensa y lo que se hace. Por tanto enseñarla implica comprometer hábitos de buena conducta. O sea, la mejor manera de aprender la moral es seguir los buenos ejemplos éticos y cuyo resultado es la bondad.
               José hizo una gran pregunta a su padre cuando iban por la línea del tren en Penco. «¿Qué es la moral?». Pero, fue su mamá quien le entregó una gran respuesta, durante el almuerzo, dentro de su modestia como una dueña de casa esposa de obrero. «Es no decir atrevimientos»(**). A partir de lo dicho, si analizamos por un momento la calificación en moral que el señor Leyton le anotó a José en su libreta, el 7 no lo logró en la sala de clases, sino que fue el resultado de lo aprendido en casa y practicarlo en la escuela. José siguió los buenos ejemplos que observó en el seno de su familia. Y eso es lo que los profesores evaluaban para llenar el casillero «moral» en la libreta de notas.
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(*) Resumen de conceptos incluidos en el curso de Ética, del profesor Miguel Giusti, UC de Perú, en youtube.

(**) El sustantivo atrevimiento se usó en Penco como sinónimo de grosería en el hablar, garabato.

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