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| LA OTRA CARA DE LOS INCENDIOS PARA LOS DAMNIFICADOS: Tener que someterse a tediosos trámites en las redes del Estados para recuperar las casas incendiadas. |
Sólo los damnificados conocen el dolor de haber perdido a familiares, pertenencias y casas. Nadie más que ellos viven día a día las incomodidades. Y ven como todo se demora. Se dan perfectamente cuenta que ya están metidos en la telaraña de los trámites, los papeles, los funcionarios, la burocracia. En ninguno de esos papeles hay un casillero para contar sus dolores o la indignación de no tener su cama donde dormir. Los demás vemos el exterior del problema a través de los medios. Estamos ajenos a la vivencia del drama por dentro. Y en medio del barullo los políticos, cuál más cuál menos, exhiben toda su hipocrecía aprovechando la oportunidad para réditos. Hablan por la televisión, por las redes sociales, ellos en primera persona. Los damnificados son nada más que la materia prima para el discurso. Cuando cae la noche, cuando comienza a irse el verano ahí están esas inocentes personas sufriendo eso que no alcanzamos a divisar.
Ojalá los improvisados proyectos de reconstrucción o de emergencia avancen con celeridad para que el invierno no agregue más sufrimiento a esa abnegada gente de las poblaciones siniestradas. Recordemos que son gentes humildes que han perdido todo de lo poco o nada que poseían. Tengamos en cuenta que se trata de personas sin locuacidad. Nunca oiremos a uno de los más humildes hablar por un micrófono para contarnos sus penas. Por eso es el momento de recordar el poderoso mensaje del Evangelio de San Mateo 5: 3-12, en el Sermón de la Montaña en palabras de Jesús: «Dichosos los pobres de Espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos los humildes porque ellos poseerán en herencia la tierra. Dichos los que lloran porque ellos serán consolados...»
¡Qué esperan para resolver con rapidez y menos palabras señores y señoras de la política!

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